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EN TORNO A LA INMIGRACIÓN

 

          Vaya por delante que me tengo por una persona abierta, defensora a ultranza de lo público, crítica con el sistema actual, orientada a lo social y, en definitiva, de izquierdas. Creo haberlo demostrado suficientemente a través de múltiples artículos publicados en mi blog personal, así como por medio de mi actividad en Twitter. Sin embargo, hay una cuestión de gran importancia (vital, diría yo) para nuestra sociedad, en la cual discrepo abiertamente de lo que parece ser el pensamiento común de los partidos más progresistas, así como de las opiniones que vierten a diario los medios de comunicación más afines a la izquierda ideológica.

          Me refiero al problema de la inmigración. Se tiende a considerar siempre al inmigrante como una persona a proteger a toda costa (lo que dice mucho en favor del que así lo piensa, dicho sea de paso). Cuando llega por mar en condiciones de lo más precario, se procura su rescate por todos los medios posibles, se le facilita abrigo y alimento, se le atiende en el aspecto sanitario, y se presiona desde la opinión pública para que las autoridades y fuerzas del orden le permitan entrar en nuestro país, con o sin papeles en regla. Esto, desde un punto de vista objetivo y humanitario, puede resultar encomiable, muy especialmente en el caso de los refugiados de guerra (tenemos el ejemplo paradigmático de Siria, un país destruido y devastado por 7 largos años de guerra). Ahora bien, el problema reside en cómo gestionar el gran número de inmigrantes que desde hace ya bastantes años están penetrando de manera irregular en nuestras fronteras, particularmente los que arriban a nuestras costas de Andalucía y Canarias, que por otra parte no suele ser el caso de los ciudadanos sirios que escapan del horror de su país (éstos últimos suelen huir de su territorio a través de Turquía y Grecia, al otro lado del Mediterráneo). Sinceramente preocupado por este fenómeno, me he propuesto escribir y compartir algunas reflexiones, aún a riesgo de que lo que vaya a exponer se pueda considerar por muchos como “políticamente incorrecto”. Pero es cosa sabida que quien tiene el valor de opinar, se arriesga al juicio quizás negativo del que le escucha.

          Los ciudadanos norteafricanos y, también en gran medida, los procedentes del Sahel y del Africa central (Mali, Mauritania, Senegal, Burkina, Níger, las dos Guineas, Ghana, Nigeria, República Centroafricana, Camerún, Gabón y otros países que integran la inmensa región del golfo de Guinea) llevan ya muchos años intentando entrar en España y Europa en gran número, y este es un fenómeno que tiende a ir en aumento. Las razones son muy variadas, pero de lo que no cabe duda es de que éstas actúan conjuntamente: pobreza, falta de oportunidades, miseria, violencia, corrupción extrema, estados fallidos, y también una importante explosión demográfica, como la que afecta a la superpoblada Nigeria, así como a otras naciones de su entorno. Estaremos todos de acuerdo en que son razones muy poderosas para que uno se plantee muy seriamente emigrar en busca de una vida mejor. Es algo que no se pone en duda.

          Lo malo de la cuestión es que estas oleadas continuadas de inmigrantes, que como ya he señalado no tienen visos de detenerse ni de menguar, exceden nuestras capacidades de acogida e integración, y aún excederán más en el futuro. En 2017 se calcula que entraron ilegalmente por nuestras costas y a través de Ceuta y Melilla más de 27.000 inmigrantes, más del doble de los que lo hicieron en 2016 (unos 13.900); en 2015 penetraron casi 17.000; y en los últimos 11 años la cifra asciende a más de 140.000 personas, de acuerdo con las estadísticas facilitadas por el Ministerio del Interior.

          En primer lugar, lo más importante, no hay trabajo que ofrecerles. En España tenemos 3,8 millones de parados según las estadísticas oficiales (EPA 4º trimestre 2017), y se sabe que muchos desocupados reales ya no figuran en las cifras del paro, por ser de muy larga duración y no percibir ningún tipo de ayuda al desempleo, o bien por haber perdido por completo la esperanza de encontrar trabajo, en razón de su edad. Además, a nadie se le oculta que el trabajo humano se encuentra en recesión (no sólo en España, sino en todo el mundo desarrollado), por efecto de la automatización creciente de gran número de tareas y empleos. La robotización, que ya hace bastantes años hizo su aparición en las cadenas de montaje de las grandes factorías automovilísticas, ahora va un paso más allá en su grado de sofisticación y está comenzando a implementarse en un gran número de actividades empresariales y administrativas de todo tipo. ¿Cómo se van a ganar la vida todos los inmigrantes que nos llegan?, ¿de manteros?, ¿pidiendo limosna a las puertas de los supermercados? A la postre, la única salida posible que a muchos se les presenta es la de dedicarse indefinidamente a la mendicidad, cuando no a algo peor.

          Por otra parte, no nos olvidemos de que son muchos, la inmensa mayoría de ellos, los que entran sin documentación y de manera irregular. No hay un control adecuado. De muchos no se conoce el país de origen, ni su actividad anterior, ni siquiera su nombre auténtico. Existe la sospecha (esto se comenta en diversos foros) de que un cierto número de ellos procedan de las numerosas guerrillas que surgen en países que están en permanente conflicto tribal, cuando no en abierta, sangrienta y cruel guerra civil. ¿Se trata siempre de personas seguras, en quienes podamos confiar? No se sabe, y obviamente nadie puede aseverar a priori que estemos siempre ante personas estupendas, honradas, pacíficas y trabajadoras, aunque muchas de ellas sí lo sean realmente.

          También está el factor de la asistencia sanitaria. Nuestra Sanidad pública, a partir del año 2012, cuando subió al Gobierno el PP de Mariano Rajoy, comenzó a sufrir recortes muy serios en sus asignaciones presupuestarias, lo que para nuestra desgracia se ha traducido en menos medios humanos y materiales, en una peor calidad en el servicio y en un aumento en las listas de espera. Un exceso de pacientes procedentes del extranjero incrementa seriamente el peligro de colapso en nuestra red hospitalaria y asistencial; lo que es seguro es que supone una merma considerable en la hasta ahora buena calidad que venía ofreciendo nuestro sistema público de Salud. Los “mal pensados”, y en cierto modo me incluyo entre ellos, podrían incluso atribuir al Gobierno neoliberal del PP la siniestra intención de acelerar con todo ello el deterioro de nuestra Sanidad pública (cosa que no sería nada descartable, conociendo sus preferencias por la sanidad privada, que no se molestan en ocultar).

          Voy a ir terminando. No, amigos, el “buenismo” que impregna el modo habitual de encarar el fenómeno de la inmigración por parte de muchas personas (bienintencionadas, no lo niego), así como de medios informativos, grupos de opinión, y fuerzas políticas de la izquierda, no debe impedirnos ver la realidad tal como es. Y la realidad, tanto actual como futura, no es agradable ni complaciente; ante los desafíos que nos presenta (laborales, sanitarios y de seguridad), se revelan inútiles las meras buenas intenciones de quienes apoyan sin más la acogida de los inmigrantes . En este artículo me he referido fundamentalmente a los inmigrantes africanos, que constituyen a día de hoy el flujo de inmigración irregular más importante en España, pero no podemos olvidar que en épocas bien recientes ha penetrado en nuestro territorio un número muy cuantioso de ciudadanos sudamericanos, marroquíes y de varios países de la Europa del Este, muy a menudo de manera también incontrolada, y que desde el momento de desatarse la crisis de 2007/08 quedaron desocupados en una gran proporción. Debemos afrontar y analizar el grave problema de la inmigración con criterios más fríos y racionales, sin perder nunca de vista la protección de nuestros propios intereses, como ciudadanos españoles y europeos.

          La solución de fondo, si es que la hay, habrá de pasar por que nuestros gobiernos, la Unión Europea e incluso la O.N.U. se comprometan seriamente a ayudar a los países de origen de todos estos emigrantes, prestándolos apoyo financiero, técnico, educativo y médico -asistencial (seguramente con apoyo militar capaz de garantizar el cumplimiento de toda esa compleja labor), para que esas sociedades rotas y desestructuradas del Sahel y del centro de África salgan del pozo de miseria y violencia en que se encuentran y comiencen a desarrollarse y a ofrecer un futuro digno y sostenible para sus gentes, sin necesidad de que éstas se vean obligadas a emigrar hacia el Norte (en el que se encuentra España en primerísima línea). Es en esta actividad en la que han de concentrarse los esfuerzos de Europa y de toda la comunidad internacional.

          Mientras tanto, la inmigración masiva y descontrolada habrá de ser frenada de algún modo, so pena de que nuestras propias sociedades (la española se ve particularmente afectada) comiencen a deteriorarse de manera irremisible, con malas y desagradables consecuencias para todos nosotros y nuestros descendientes. Sería bueno que nuestros políticos y gobernantes, sean de la ideología que sean, reflexionasen sobre todo ello, con rigor y en toda su integridad, sin criticarse ni descalificarse mutuamente como resulta habitual.

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“CAMBALACHE” – REFLEXIONES SOBRE EL MUNDO ACTUAL

 

          Existe un viejo tango que lleva por título “Cambalache“. Lo compuso allá por 1934 el maestro argentino Enrique Santos Discépolo, y alcanzó bastante popularidad tanto en su tierra natal como en otros países de habla hispana. Su letra, jocosamente amarga y de pura denuncia social, adquiere hoy, a pesar de los años transcurridos, plena vigencia y una enorme actualidad. Entresaco aquí algunos de sus párrafos más reveladores, aunque toda ella es sumamente acertada:

“Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé …… pero que el siglo veinte es un despliegue de maldad insolente ya no hay quien lo niegue …… Hoy resulta que es lo mismo ser derecho (honrado) que traidor, ignorante, sabio, chorro (ladrón), generoso, estafador. ¡Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor! …… Siglo XX, cambalache (negocio sucio), problemático y febril, el que no llora no mama y el que no afana es un gil (huelga explicar el término) …… Es lo mismo el que labora noche y día como un buey que el que vive de los otros, que el que mata o el que cura o está fuera de la ley.”

          Podríamos ampliar el significado del término “cambalache”, trasladándolo a nuestra vida actual y asemejándolo a conceptos como el muy español de cachondeo, o al de sin dios, o al de maricón el último, si se me permite la licencia. Y es que en realidad el mundo de ahora, del año 2018, está bastante trastornado. Quizás nunca estuvo sano, por lo que se refiere a muchas de las actividades protagonizadas por nuestra especie, la del mal llamado Homo Sapiens, pero estoy convencido de que nunca antes habíamos llegado con nuestra acción a un punto tan crítico para con nosotros mismos y el entorno natural en que vivimos. Hagamos un breve repaso de algunos de los grandes problemas que aquejan a la Humanidad en estos momentos:

  • Inseguridad, conflictos armados, terrorismo yihadista, tensiones entre las grandes potencias, las amenazas del líder norcoreano, peligro nuclear, estados fallidos, en fin, en los que reinan el caos, la anarquía y los grupos armados descontrolados. La sustitución de Barack Obama hace ahora justo un año por el magnate Donald Trump en la presidencia de la primera potencia mundial no ha contribuido precisamente a la mejora del equilibrio global; más bien lo ha empeorado de manera significativa.
  • Superpoblación. El crecimiento demográfico no se detiene, pese a habérsenos quedado el planeta pequeño desde hace décadas. China e India superan los 1.300 millones de habitantes cada una. A pesar de su extrema pobreza, el África subsahariana experimenta un boom demográfico, una de cuyas consecuencias es la presión migratoria que sufrimos en Europa, y que es muy probable vaya a más en los años venideros. De modo parecido, los U.S.A. padecen el mismo problema con respecto a Centroamérica y Sudamérica. Y esto sucede, no lo olvidemos, cuando el trabajo humano está seriamente amenazado con la automatización y la robotización crecientes.
  • Desigualdades económicas profundísimas, no sólo entre unas naciones y otras, sino también, dentro de los propios estados, entre grandes masas de población en situación de precariedad y/o pobreza y minorías cada vez más poderosas y ricas. La acumulación de riqueza por parte de unos pocos (en términos relativos) ha llegado a niveles absolutamente obscenos.
  • Mientras tanto, la Naturaleza se halla en franco retroceso, debido a la sobreexplotación de los campos, bosques, aguas continentales y mares. La presión demográfica, los vertidos industriales, la acumulación de desperdicios y desechos de todo tipo, la caza y la pesca indiscriminadas, la explotación de todo tipo de recursos naturales, todo ello conlleva el exterminio de especies animales y vegetales. Para colmo, el sobrecalentamiento de la atmósfera, por causa de las emisiones de gases contaminantes, altera el clima, como ya estamos comprobando, provoca inundaciones y también genera grandes sequías, lo que no hace sino empeorar y poner en grave peligro las condiciones de vida sobre la Tierra.
  • Incapacidad de las clases dirigentes, especialmente de los gobiernos, para abordar con eficacia todos estos grandes problemas. Se observa una preocupante ausencia de visión a medio y largo plazo por parte de quienes asumen las mayores responsabilidades políticas. Tampoco se aprecia en la mayoría de ellos inteligencia ni imaginación para cambiar el estado de cosas. Asimismo, albergo serias dudas acerca de sus principios éticos y buenas intenciones, ya que siempre optan por adular a las grandes corporaciones y los más poderosos, antes que escuchar las continuas voces de alarma que surgen del mundo cientifico y las propias sociedades civiles. Volviendo a lo que indicaba en el punto primero, la presencia de un personaje tan discutido y anti-ecológico como Mr. Trump en la Casa Blanca es desalentadora.

          ¿Por qué ocurre todo esto, precisamente cuando “disfrutamos” de la mayor cantidad de información que hubiéramos podido nunca imaginar, cuando las comunicaciones entre cualesquiera puntos del planeta son prácticamente instantáneas, y cuando la evolución científica y técnica no deja de sorprendernos cada día con nuevos logros, adelantos y aplicaciones? ¿Acaso no parece paradójico? Lo cierto es que, a pesar de ello, todos estos avances parecen incapaces de ofrecernos unas perspectivas optimistas acerca de un mundo mejor, más seguro, sano y justo. Se me ocurren algunos motivos que explican el “cambalache” actual, en el que estamos todos enfangados.

          1) En primer lugar, están los todopoderosos intereses económicos por parte de algunos Estados y (sobre todo) de entidades y grandes grupos empresariales, financieros y de comunicación, que acumulan más dinero y poder real que los propios gobiernos nacionales. Frente al poder arrollador de los mercados, hemos podido comprobar la debilidad de las democracias, que han perdido grandes cuotas de independencia y soberanía en este mundo globalizado, una globalización por cierto que nos ha venido impuesta no se sabe bien desde qué instancias superiores y a la que nos hemos tenido que entregar a la fuerza, perdiendo en el camino derechos, capacidad adquisitiva, seguridad y confianza en el futuro. El principio básico por el que todo parece regirse es el egoísmo avaricioso, la búsqueda del máximo beneficio posible; los niveles de acumulación de capital financiero en unas pocas manos han llegado a ser abrumadores.

          2) Paralelamente, las masas de población (naturalmente, de quienes se lo pueden permitir) están de forma permanente empujadas al consumo  de todo tipo de bienes y servicios, por encima de lo que sería necesario y sensato para vivir con normalidad. Las promociones de toda índole, el marketing telefónico, la publicidad, que se cuela por todos los dispositivos imaginables, todos estos medios nos bombardean incesantemente para comprar hasta lo que no precisamos de ningún modo. Ya sé, se me dirá que “es necesario, porque así se mueve la rueda de la economía y circula el dinero”. No lo voy a discutir, y menos en el espacio de este post, pero sí quiero dejar muy claro que lo que sí se consigue con este sistema es acelerar el ciclo PRODUCCIÓN-CONSUMO-DESECHOS. De esta manera, contribuímos “con mucha eficiencia” al rápido deterioro del medio.

          3) Otro factor que, a mi modo de ver, explica lo enfermo que está nuestro mundo es el paulatino embrutecimiento de la sociedad, de la gente en general. Me explicaré, antes de que el lector se enfade conmigo. Valores como el amor por la cultura, la edcuación en nuestro modo de expresarnos y relacionarnos con los demás, la filantropía, el sentido de servicio a los otros, la honradez, la nobleza de espíritu, la elegancia y la sobriedad, en suma, todo aquello que nos eleva y nos hace mejores está en crisis. Lo vemos en los programas de TV, a menudo y curiosamente en los de mayor audiencia, en el tipo de cine violento y duro que normalmente se exhibe (¡qué diferencia con el de otras épocas!), en la forma de comunicar ideas y sentimientos por los distintos canales de Internet (Twitter, Whatsapp, redes sociales en general, foros de opinión). Lo vulgar, lo soez, los chismes intrascendentes, las gracietas facilonas, los exabruptos, los insultos y las faltas de respeto son lo que predomina de forma abrumadora en nuestras comunicaciones. ¿Qué ocurre en las aulas y escuelas? Los esfuerzos de maestros y profesores, la inmensa mayoría de ellos bienintencionados, se estrellan contra la pésima educación y la preocupante violencia de muchos chicos y chicas. El resultado es que se pierde un tiempo valiosísimo en intentar mantener un mínimo de orden en las clases, lo que va en detrimento de la calidad educativa. La figura del profesor/a no está suficientemente protegida ni dotada de la necesaria autoridad. La más mínima reprimenda o llamada de atención a un alumno muchas veces es contestada por parte de los airados padres con una gran bronca o incluso una agresión física al educador (esto debería ser intolerable y, al menos aquí en España, se viene permitiendo desde hace ya décadas).

          4) Por último, qué duda cabe que la continua y grosera exhibición de comportamientos vergonzosos y delictivos por parte de responsables políticos, en connivencia con empresarios sin escrúpulos, desmoraliza a la sociedad civil. La corrupción político-económica, que en mi país (España) ha alcanzado niveles insoportables y aún no ha sido plenamente castigada con contundencia, supone un pésimo ejemplo para la gente, y para los más jóvenes en especial. Se lanza el mensaje de que las conductas irregulares y los actos fraudulentos constituyen una vía fácil y rápida hacia el enriquecimiento, en lugar del trabajo honrado y la conducta respetuosa para con los demás. Sí -pensarán muchos-, existe el riesgo de que le pillen a uno, pero es una manera de conseguir pasta en poco tiempo y disfrutar a tope de la buena vida. Además, hasta que se ponga en marcha la maquinaria judicial, ¡fijaos todo lo que podemos “afanar”!

 

A MODO DE CONCLUSIÓN

          Los hombres y mujeres que formamos la sociedad del siglo XXI no podemos seguir caminando a ciegas, como un pollo sin cabeza. Tenemos que ser muy conscientes para discernir con claridad en qué punto nos encontramos, en términos temporales, y adivinar qué peligros globales nos acechan a la vuelta de la esquina, en caso de no aplicarse medidas contundentes y lo suficientemente amplias. En vista de la miopía que afecta a casi toda nuestra clase política (por no hablar directamente de mala fe en muchos casos), hemos de usar la razón, separar el grano de la paja (entre tanta y tan confusa información), prestar atención a los científicos e intelectuales de prestigio, y no a los charlatanes y cantamañanas, y exigir en definitiva a nuestros representantes políticos que cambien rápidamente el rumbo de nuestra civilización para así conjurar el desastre.

P.D.: A continuación dejo uno de los numerosos enlaces para escuchar el tango que ha inspirado y dado nombre a este artículo:  https://www.youtube.com/watch?v=YYaG2ne-QZM

 

 

 

Enrique Santos Discépolo, poeta del tango y autor de “Cambalache”. Allá donde se encuentre usted, ¡un afectuoso saludo, maestro!

 

 

¿QUÉ SIGNIFICA HOY SER DE IZQUIERDAS?

José Múgica, ex-presidente de Uruguay (periodo 2010-15), y Manuela Carmena, actual alcaldesa de Madrid.

          Hace dos o tres días, el diario El País insertaba en su página web un artículo en el que se formulaba en parecidos términos la pregunta que da título a este post, y procedía a trasladar esta cuestión a diversas personas más o menos destacadas de la izquierda española. Tengo para mí la sospecha -es una opinión personal- de que la intención del artículo no era demasiado benévola ni sincera, habida cuenta de la deriva que ha experimentado el citado medio de comunicación desde no hace mucho tiempo, con una línea editorial claramente escorada hacia el centro derecha y las posiciones neoliberales. Incluso la propia redacción del texto parecía pretender destacar una vacilación en los propios entrevistados ante una pregunta tan directa, con el objetivo de poner el foco en las posibles contradicciones e inconsistencias de quienes dicen considerarse claramente de izquierdas.

          Por lo que a mí respecta, no voy a entrar a analizar las diferentes respuestas que dieron a la periodista los personajes mencionados en el artículo. Allá cada uno con su interpretación y sus ideas y sentimientos. Pero me voy a colocar en el lugar de un posible entrevistado y voy a exponer la que hubiera sido mi respuesta, que por otra parte no me parece demasiado difícil. Allá va:

I – Lo primero de todo, un hombre o una mujer de izquierdas es, esencialmente, alguien con capacidad de crítica objetiva y de profundización en las cuestiones y problemas sociales y económicos.

II – Es también alguien con un desarrollado sentido de la justicia social, que siempre simpatizará con todo lo que signifique un reparto más equitativo de la riqueza, lo que conlleva inequívocamente definir un sistema tributario justo y progresivo.

III – Asimismo, se trata de una persona que cree en la igualdad de oportunidades y que luchará por unas condiciones mínimas de bienestar para los más desfavorecidos.

IV – Del mismo modo, es alguien intelectualmente inquieto, amante de la cultura y la educación, y que se preocupará en todo momento por buscar y/o apoyar (según su responsabilidad) las mejores soluciones a los diferentes problemas que afecten a la sociedad. Por descontado, nunca pensará en aprovecharse ruinmente de los demás (muy en especial cuando se trate de los recursos públicos), para lucrarse en beneficio propio.

V – Una persona de izquierdas cree y confía en el sector público, porque éste es el único que puede garantizar el bien común y satisfacer de verdad muchas de las necesidades de la población. Ello no significa en modo alguno denostar ni arrinconar al sector privado, de enorme importancia e imprescindible también en el desarrollo de la economía, el comercio y la industria. Pero el papel del Estado como árbitro y regulador del conjunto del sistema ha de estar siempre fuera de toda duda.

          En fin, con estas pinceladas, me parece que queda bastante bien definida una auténtica personalidad de izquierdas, y ello sirve tanto en nuestro entorno más inmediato, en España, como en Europa y el resto del mundo.

          Quisiera añadir un comentario final. Una mujer o un hombre de izquierdas pueden perfectamente ser también elegantes en su comportamiento, en sus formas e incluso en su aspecto externo. No tiene por qué haber conflicto alguno entre la educación y las buenas maneras, de un lado, y el hecho de hacer gala de una sincera ideología de izquierdas, de otro lado. Quiere esto decir que la torpeza, la grosería, los malos modos, el lenguaje chabacano o el aspecto desaliñado e indecoroso nunca deben confundirse con una personalidad de izquierdas. Podría pensarse que ésta es una cuestión accesoria, pero creo que mucha gente todavía alberga unas ideas bastante equivocadas al respecto, tanto desde el seno de la propia izquierda como desde otras perspectivas sociales e ideológicas.

RECORDANDO A ANTIGUOS ACTORES: PETER CUSHING

Peter Cushing

          Es para mí un honor hacer una reseña de Peter Cushing (1913-1994), un actor imprescindible en el cine clásico de misterio y terror. Buen amigo de ese otro gran intérprete llamado Christopher Lee, también británico, ambos colaboraron en un buen número de películas de la legendaria Hammer Productions, una productora que recogió los grandes mitos del cine de terror llevados a la pantalla grande en los años 30 por la estadounidense Universal y ofreció sus propias versiones sobre los mismos, esta vez en color y con un resultado de mayor calidad visual. Así, mientras Lee daba vida a los monstruos habituales del género, Cushing encarnaba al Doctor Frankenstein o al Doctor Van Helsing, poseedor de los conocimientos ocultos necesarios para acabar definitivamente con los insaciables vampiros.

          Asimismo, Peter Cushing se puso en la piel del más famoso detective de todos los tiempos, Sherlock Holmes, en la película “El perro de los Baskerville” (1959), también producida por la compañía Hammer. Y unos años después repetiría el papel del genial detective, esta vez en la segunda temporada de la serie que realizó con este nombre (Sherlock Holmes) la BBC para la televisión a finales de los años 60, y que pudimos ver en España. Muchos críticos y aficionados coinciden en señalar la interpretación de Peter Cushing como la más acertada de cuantas se hayan llevado a cabo del arquetípico personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle, con permiso de ese otro gran actor clásico llamado Basil Rathbone (admito que habrá opiniones encontradas sobre el particular). Su saber hacer, su sobria elegancia, su figura a la vez enjuta y enérgica, y su inteligente mirada, todo contribuyó a que recrease a la perfección el personaje de Holmes. Para muchos, y yo me incluyo en el grupo, es y será el Sherlock Holmes por antonomasia.

          Como anécdota curiosa, mencionaré que se pudo ver a Peter Cushing (¡también acompañado por Christopher Lee!) en “Pánico en el Transiberiano” (1972), una coproducción hispano-británica más bien mediocre y un tanto irregular, en la que también aparecía Telly Savalas; el director, Eugenio Martín, y muchos intérpretes secundarios eran españoles ¡Menudo conglomerado! En fin, no dejó de ser una experiencia cinematográfica bastante atípica. Afortunadamente, el gran cineasta George Lucas le homenajeó, esta vez con mucha mayor dignidad, ofreciéndole el papel de Moff Tarkin, el inflexible y despiadado Gobernador de la Estrella de la Muerte en la primera entrega de la saga Star Wars (La Guerra de las Galaxias), que luego quedaría como el Episodio IV de la exitosa y millonaria serie.

          Hasta aquí mi modesto y sentido homenaje a este gran actor, toda una referencia para mí.

Peter Cushing - 2

 

HOMENAJE A LAS AGUAS FLUVIALES (Y UN GRITO DESESPERADO POR SU SALUD)

 

Un plácido y bello paraje del río Júcar, en la provincia de Cuenca (España)

 

          Hoy, día 22 de abril, se celebra el Día Internacional de la Tierra. Con tal motivo me parece adecuado escribir siquiera unas pocas palabras en favor de todas esas corrientes fluviales que recorren la geografía de las tierras emergidas del planeta, y es que los ríos y los lagos poseen una importancia capital para la vida. Por muy obvia que nos pueda resultar tal afirmación, nunca está de más recordárnosla.

          Las aguas continentales son un regalo de la Naturaleza. Constituyen una fuente imprescindible de vida. Las corrientes de agua modelan y transforman el paisaje, lo reverdecen y embellecen. En su propio seno, así como en sus riberas y proximidades, la vida vegetal y animal prolifera, proporcionando un imprescindible sustento al ser humano que habita junto a ellas. El hombre antiguo supo reconocer sabiamente esta virtud extraordinaria de los ríos, y aprendió a respetarlos desde el principio de los tiempos. Incluso en muchas civilizaciones se los deificó, como signo máximo de reconocimiento.

          Por desgracia el hombre moderno, a partir de la Revolución Industrial, y de modo especialmente devastador a partir de la segunda mitad del siglo XX, ha maltratado a sus ríos y lagos (¡y también a los mares!, que merecerían un comentario aparte), convirtiéndolos en vertederos y alcantarillas a las que arrojar todo tipo de desperdicios y desechos. ¡Bonita manera de corresponder por parte del ser humano a los inmensos beneficios recibidos! La polución y degradación de las aguas es una de las grandes catástrofes de nuestro tiempo. Si no reaccionamos con rapidez y de modo contundente, a nivel de todo el planeta, terminaremos viviendo en un inmenso basurero y nuestros ríos acabarán convirtiéndose de manera irreversible en lastimosas y apestosas cloacas. Un final lamentabilísimo, que además nos perjudicará directamente a nosotros, como especie, por cierto una especie superdepredadora y aniquiladora de recursos naturales, merced a nuestro acelerado ciclo de producción y consumo.

          Es imprescindible cambiar radicalmente nuestra mentalidad, nuestro modo de vida, y nuestros métodos a la hora de hacer uso de los recursos naturales y deshacernos de los residuos. Hemos de volver a tratar con el mayor de los cuidados a nuestros ríos y corrientes de agua, desde los cursos fluviales más importantes y caudalosos del planeta, hasta los más modestos y pequeños riachuelos, como los que serpentean por nuestras propias y sedientas tierras castellanas, andaluzas, levantinas o catalanas.

          Volvamos nuestra mirada hacia ese milagro de la Naturaleza y hagamos todo lo posible por asegurar su limpieza y dignidad. Si las administraciones públicas miran hacia otro lado y no muestran la necesaria preocupación por el problema, es nuestro deber de ciudadanos exigir que se involucren de lleno y con todos los medios posibles.

INTOXICACIÓN INFORMATIVA Y ESTUPIDEZ HUMANA

 

 

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          A nadie se le escapa que, a lo largo de los últimos 12 o 14 años, los hábitos de vida y consumo de una gran parte de la población mundial han cambiado radicalmente. Sobre la base ya existente de Internet, la utilización masiva de los dispositivos móviles, en especial de los smart-phones y las tablets, ha acelerado este proceso, en paralelo con el desarrollo fulgurante de las redes sociales, los buscadores y las diferentes plataformas proveedoras de servicios digitales. Un elevadísimo porcentaje de habitantes de nuestra sociedad, y ya no sólo del mundo económicamente más desarrollado, estamos hiperconectados. Y esto sucede a muchos niveles: social, informativo, profesional, publicitario y comercial, lúdico, etcétera. Compartimos toda clase de mensajes, imágenes, fotografías, videos, archivos, noticias y opiniones. La circulación global de información por los medios digitales alcanza un volumen inmenso en todo momento. Basta un sólo dato para hacernos idea de su magnitud: se estima que cada minuto que pasa se suben a la plataforma YouTube ¡más de 300 horas de video!, y probablemente esta cifra ya esté desfasada. No nos separamos de nuestro móvil ni un instante al día, algunos (entre los que me incluyo) por obligación, y muchos otros (sobre todo los más jóvenes) por pura adicción. Siempre estamos pendientes del último mensaje de Whatsapp o de la noticia más reciente; nos acostamos escrutando la pantallita táctil, y lo primero que hacemos al despertar es consultarla de nuevo.

          Un observador externo e imparcial podría pensar, a la vista de este fenómeno que ha irrumpido tan repentinamente en nuestras vidas, que los humanos ahora somos mucho más sabios y más inteligentes, al manejar constantemente tanta información. Pues lamentablemente no creo que sea así, al menos desde una óptica general. Tras un primera y rápida reflexión, es fácil deducir que un exceso de información no le hace a uno mejor conocedor de lo que realmente importa e interesa, máxime cuando todo ese caudal informativo está plagado de nimiedades, fruslerías, meras distracciones visuales, datos cazados a la ligera y sin contrastarse debidamente, opiniones poco fundamentadas e incluso noticias contradictorias. Y hay que señalar que todos estos graves defectos que restan en gran medida valor a la información no son exclusivos de los canales digitales ya mencionados, sino que también se vierten abundantemente sobre la sociedad a través de los medios tradicionales (que aún cuentan con audiencias masivas), como la televisión, la radio y la prensa.

          La búsqueda sincera de la verdad, la intención honrada por describir la realidad de la manera más objetiva posible, las opiniones rigurosas y fundamentadas sobre datos y hechos objetivos, son conceptos que hoy día están seriamente amenazados, si no en franco retroceso. La manipulación de las mentes se halla en estos momentos, por desgracia, peligrosamente activa. De un lado, medios como la televisión y muchos canales digitales nos bombardean con estúpidos reality-shows, en los que las discusiones y las peleas de famosillos y caraduras profesionales están a la orden del día, siempre a causa de trivialidades y bobadas intrascendentes; no faltan tampoco pseudo-debates políticos presididos por el ruido, la falta de respeto y el robo continuado de la palabra entre los distintos tertulianos; los noticiarios no conceden a las noticias los tiempos ni la importancia que cada una merece,  sino que evidencian una gran arbitrariedad en su tratamiento, y muy a menudo nos ofrecen sucesos y curiosidades con los que parecen querer distraer nuestra atención y alejarla de lo más importante.  De otro lado, actúa la superpoderosa publicidad, que acapara todos los medios posibles, incluidos por supuesto los digitales, a través de los que extrae todo tipo de información sobre nosotros, los consumidores, y no cesa de intentar vendernos cuanto más mejor y al mayor ritmo posible. Por último, ¿qué decir de los políticos? Estos merecen un comentario aparte.

          Gran parte de la clase política, salvo honrosas excepciones, ha optado por abandonar la prudencia y la sensatez y se ha lanzado descaradamente a la utilización de la táctica del engaño puro y duro. Se tergiversan los datos, se silencian las verdades, se echa mano de todo tipo de eufemismos, se practica la auto-alabanza sin mesura al tiempo que se desacredita siempre y por sistema al rival, se incumple lo prometido, se utiliza el miedo, se miente, se miente, se miente… Aquella frase tan tristemente célebre atribuida al ministro de propaganda del III Reich, Joseph Goebbles, acerca de que una mentira repetida mil veces acaba siendo verdad, está ahora más de actualidad que nunca, porque refleja perfectamente lo que está ocurriendo. El lenguaje y las formas puramente “mitineras” se adoptan ya en el día a día de una buena parte de los políticos. Todo vale con tal de defender e imponer las tesis de cada partido, así como de presentarse ante los electores como los mejores, si no los únicos válidos, para llevar las riendas del gobierno. “Fíjense ustedes qué unidos estamos nosotros, frente a esa especie de jaula de grillos de Vistalegre, en la que no se ponen de acuerdo en nada”, repetían hace pocos días destacados dirigentes del Partido Popular, en alusión al congreso que celebraban al mismo tiempo los miembros de la formación Podemos. Fariseísmo político descarnado, ¿no cree el lector?

          Recientemente se ha acuñado el término posverdad. Este vocablo, en principio, hace referencia a que, a la hora de crear y modelar la opinión pública, los hechos objetivos se trasladan a un segundo término, en favor de las apelaciones a las emociones y creencias personales. Bueno, esta sería una definición demasiado ecléctica y suave para describir lo que está sucediendo, porque realmente la posverdad no es más que una manera de ocultar la verdad tras otra interpretación subjetiva y manipulada de la realidad, mucho más del gusto personal del político de turno y de su audiencia más incondicional. No sé si es el mejor ejemplo, pero el eslogan central que presidió la reciente campaña presidencial de Donald Trump, “We will make America great again” (“Haremos que los U.S.A. vuelvan a ser grandes”, en traducción más o menos libre) encierra una gran falsedad, la de pensar que los U.S.A. habían dejado de ser ya grandes, fuertes y prósperos, cayendo de su aún indiscutible liderazgo mundial. Evidentemente, esto no es así, pero se ha hecho creer lo contrario a muchos ciudadanos americanos, probablemente los más incultos y peor formados.

          En medio de todo este caos informativo y de la gran confusión reinante en todo lo concerniente a la política, la dirección de la economía y la evolución de las sociedades, tanto a nivel nacional como europeo y global, se pasan por alto los grandes retos que la Humanidad tiene planteados ahora y en su futuro más inmediato. Quizás el más importante y grave, a juicio de quien esto escribe, sea el problema medioambiental, en sus 3 vertientes de deterioro del entorno natural, agotamiento de los recursos de la biosfera y del subsuelo, y calentamiento global. Muy relacionados con ello, e interconectados entre sí, están sin duda los problemas de crecimiento incontrolado de la población y pobreza severa en determinadas áreas del tercer mundo, los movimientos migratorios (que todo apunta se van a agravar seriamente en los próximos lustros), los conflictos bélicos en los que se entremezclan motivos económicos y religiosos, el arrinconamiento del trabajo humano desplazado paulatinamente por la digitalización y la robotización, la creciente brecha en renta y riqueza entre países e individuos (que está alcanzando niveles de absoluta obscenidad), y el auge de los movimientos populistas de extrema derecha, que tratan de imponer soluciones radicalmente equivocadas, en contra del sentido común, la inteligencia y el mejor humanismo.

          De algún modo, consciente o inconscientemente, se está haciendo creer a la gran mayoría de la población que la única verdad es el poder absoluto del dinero, el predominio de los mercados financieros, la fuerza incontestable del capital (cada vez más y más concentrado en un número muy escaso de manos). Ante este nuevo Dios, las democracias, la libertad individual, la supuesta autonomía de los Estados de Derecho, han pasado a un nivel subsidiario. Y lo más grave es que parecemos aceptar este lamentabilísimo hecho con resignación, despreciando nosotros mismos cualquier loable intento por revertir y cambiar el proceso. Los más nobles ideales se dejan ya sólo para los ilusos y los locos. ¡Qué bajo estamos cayendo!

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P.D.: Quiero agradecer a El Roto la genialidad mostrada en su ingente colección de chistes gráficos. Me siento muy identificado con la mayoría de ellos. Espero que sabrá disculparme la utilización de algunos de ellos para ilustrar este post, así como otros anteriores.

UN VIEJO SUEÑO HECHO REALIDAD: PUBLICACIÓN DE MI LIBRO

Portada de mi libro "MIS RECUERDOS FERROVIARIOS", que acaba de ver la luz como libro electrónico.

Portada de mi obra “MIS RECUERDOS FERROVIARIOS”, que acaba de ver la luz como libro electrónico.

          Como bien dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena. Tras dormir el sueño de los justos durante unos cuantos años, finalmente me he decidido a dar el paso y publicar (en formato electrónico, como e-book) un manuscrito que tenía más o menos preparado desde hacía tiempo.

          Se trata de un conjunto de vivencias que giran en torno al ferrocarril que yo conocí durante mis años de infancia y adolescencia, y un relato de cómo fue creciendo y desarrollándose en mi interior una mezcla de admiración, pasión y amor hacia este medio de transporte, en casi todas sus facetas. No se trata de un libro técnico, sino de un relato emocionado y nostálgico de mis primeras experiencias, aunque también abundan las descripciones detalladas de ciertos trenes, líneas y estaciones, con anotaciones y referencias históricas y, lo que puede resultar especialmente atractivo para el lector, una destacable colección de fotografías hechas en su mayoría por mí mismo.

          Este pequeño libro no sólo va dirigido al puro aficionado al ferrocarril, más concretamente al ferrocarril español de la década de los sesenta, sino a cualquier otra persona interesada en los trenes y en el momento histórico referido, una época de cambio y transformación a todos los niveles, en la que se percibía ya como lejana la tragedia nacional de la Guerra Civil española y la sociedad de nuestro país, pese a seguir gobernada por la dictadura del general Franco, iba modernizándose y adaptándose a los nuevos tiempos (al menos en el plano económico), sobre todo a partir de principios de la década mencionada.

          El índice del libro es el siguiente:

  • Una breve introducción del autor
  • La vía ancha española en general – 1
  • La vía ancha española en general – 2
  • El Ferrocarril del Tajuña
  • El Ferrocarril de Madrid a Almorox
  • Ficciones en torno a la vía estrecha madrileña
  • Panorama ferroviario español a principios de la década de los 70
  • Epílogo

          Como cualquier autor, sólo espero que los posibles y futuros lectores disfruten del libro, de sus textos y de sus imágenes, presididos todos ellos por un cariño innegable hacia el mundo de los trenes.

P.D.: El e-book está disponible en la plataforma Kindle Direct Publishing