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HOMENAJE A LAS AGUAS FLUVIALES (Y UN GRITO DESESPERADO POR SU SALUD)

 

Un plácido y bello paraje del río Júcar, en la provincia de Cuenca (España)

 

          Hoy, día 22 de abril, se celebra el Día Internacional de la Tierra. Con tal motivo me parece adecuado escribir siquiera unas pocas palabras en favor de todas esas corrientes fluviales que recorren la geografía de las tierras emergidas del planeta, y es que los ríos y los lagos poseen una importancia capital para la vida. Por muy obvia que nos pueda resultar tal afirmación, nunca está de más recordárnosla.

          Las aguas continentales son un regalo de la Naturaleza. Constituyen una fuente imprescindible de vida. Las corrientes de agua modelan y transforman el paisaje, lo reverdecen y embellecen. En su propio seno, así como en sus riberas y proximidades, la vida vegetal y animal prolifera, proporcionando un imprescindible sustento al ser humano que habita junto a ellas. El hombre antiguo supo reconocer sabiamente esta virtud extraordinaria de los ríos, y aprendió a respetarlos desde el principio de los tiempos. Incluso en muchas civilizaciones se los deificó, como signo máximo de reconocimiento.

          Por desgracia el hombre moderno, a partir de la Revolución Industrial, y de modo especialmente devastador a partir de la segunda mitad del siglo XX, ha maltratado a sus ríos y lagos (¡y también a los mares!, que merecerían un comentario aparte), convirtiéndolos en vertederos y alcantarillas a las que arrojar todo tipo de desperdicios y desechos. ¡Bonita manera de corresponder por parte del ser humano a los inmensos beneficios recibidos! La polución y degradación de las aguas es una de las grandes catástrofes de nuestro tiempo. Si no reaccionamos con rapidez y de modo contundente, a nivel de todo el planeta, terminaremos viviendo en un inmenso basurero y nuestros ríos acabarán convirtiéndose de manera irreversible en lastimosas y apestosas cloacas. Un final lamentabilísimo, que además nos perjudicará directamente a nosotros, como especie, por cierto una especie superdepredadora y aniquiladora de recursos naturales, merced a nuestro acelerado ciclo de producción y consumo.

          Es imprescindible cambiar radicalmente nuestra mentalidad, nuestro modo de vida, y nuestros métodos a la hora de hacer uso de los recursos naturales y deshacernos de los residuos. Hemos de volver a tratar con el mayor de los cuidados a nuestros ríos y corrientes de agua, desde los cursos fluviales más importantes y caudalosos del planeta, hasta los más modestos y pequeños riachuelos, como los que serpentean por nuestras propias y sedientas tierras castellanas, andaluzas, levantinas o catalanas.

          Volvamos nuestra mirada hacia ese milagro de la Naturaleza y hagamos todo lo posible por asegurar su limpieza y dignidad. Si las administraciones públicas miran hacia otro lado y no muestran la necesaria preocupación por el problema, es nuestro deber de ciudadanos exigir que se involucren de lleno y con todos los medios posibles.