Archive for 27 mayo 2014

TRAS LAS ELECCIONES DEL 25 DE MAYO: UN BREVE COMENTARIO

         Urna elecc.europeas

          Los resultados de las elecciones europeas del domingo admiten, a nivel nacional, una lectura positiva, al constatarse un amplio y contundente rechazo al bipartidismo tradicional, con ascensos de UPyD e Izquierda Plural y, sorprendentemente, con la fuerte irrupción de Podemos, la formación recientemente formada por Pablo Iglesias, que de la nada ha logrado nada menos que un 8% de los votos y 5 escaños en el nuevo Europarlamento. El panorama político español experimenta, pues, un cambio muy importante, y ofrece alternativas de cierto peso bastante opuestas a la política que se ha venido desarrollando en nuestro país durante los últimos años.

          Los hasta ahora dos grandes partidos nacionales, PP y PSOE, pierden muchos votos y relevancia, si bien el primero gana las elecciones por mayoría simple (poco más de 4 millones de votos), pese al desgaste sufrido tras dos años y medio de permanencia en el Gobierno, a su marcado carácter neofranquista, y a la considerable impopularidad suscitada por casi todas sus medidas. El resultado obtenido por el PSOE, con casi medio millón de votos menos que su principal rival, es bastante decepcionante. Por curioso que pudiera parecer, el primer partido de la oposición sufre un castigo electoral aún mayor que el partido en el Gobierno. ¿Cómo es posible?

          En mi modesta opinión, el socialismo español no ha logrado quitarse de encima el sambenito por la pesada carga heredada de la última legislatura de Rodríguez Zapatero, con todos sus errores, indecisiones y sumisión final a los dictados del supremo poder europeo. También ha influido considerablemente en su mala prensa, justo es recordarlo, la agresiva política goebbeliana de acoso y derribo llevada a cabo de forma inmisericorde por su mortal enemigo, el PP, el cual se ha empleado a fondo en desacreditar al ejecutivo socialista antes de la crisis, durante la crisis e incluso ahora mismo, tras más de dos años después de haberle arrebatado el poder. Esto ha sido una constante en la política de comunicación del Partido Popular, y no me cabe la menor duda de que ha calado con fuerza en buena parte de la ciudadanía.

          El PSOE, independientemente de una necesaria renovación (su secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, no ha tardado ni un día en anunciar su retirada, en un gesto de coherencia política que le honra), ha de someterse de una vez por todas a una profunda reflexión y autocrítica sobre su papel en el Gobierno desde el inicio de la crisis, reconociendo sincera y públicamente sus desaciertos. Asimismo, ha de diseñar y difundir un programa nítidamente diferenciado con respecto a la política económica neoliberal de la derecha, porque muchos ciudadanos aún no terminan de apreciar claramente la diferencia. Yo me permitiría aconsejar a los socialistas que no caigan en el desaliento y que acometan con humildad y coraje un rearme ideológico de gran calado. El PSOE pasa por horas bajas, pero tengo la seguridad de que aún tiene mucho que decir y hacer.

          Con respecto a Europa, las cosas no están demasiado claras. El Partido Popular Europeo pierde muchos escaños con respecto a 2009, aunque sigue siendo la formación más votada. La sigue muy de cerca la coalición socialista encabezada por el alemán Martin Schulz, que consigue mantener su peso relativo en el Parlamento de Estrasburgo. Muy inquietante es el ascenso de los populismos de extrema derecha, en particular el de Francia, con una victoria casi arrolladora del Frente Nacional de Marine Le Pen. ¿Quién iba a suponer algo tan -si se me permite- grotesco en un país que siempre ha defendido con vigor las libertades democráticas, sociales y culturales? Ojalá se trate solamente de un sarampión, aunque la situación generada en el país vecino es ahora mismo bastante preocupante. También aparecen nubarrones parecidos en otros países, producto sin duda del desencanto que experimentan en general los ciudadanos europeos a raíz de las políticas conservadoras y neoliberales que se vienen aplicando desde el inicio de la crisis. La Unión Europea, lejos de ilusionar a la gente de la calle, genera cada vez más descontento. Pero esta es sin duda otra historia. Tiempo habrá para reflexionar sobre ella.

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REFLEXIONES ANTE EL CARTEL ELECTORAL DE ARIAS CAÑETE

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          Observemos el nuevo cartel electoral del Partido Popular para las próximas elecciones al Parlamento Europeo del 25 de mayo.  En él aparece el cabeza de lista, Miguel Arias Cañete, junto a diversos eslóganes, algunos de los cuales aluden (¡cómo no!) a la herencia socialista, y una especie de rúbrica fija al pie de la imagen, que dice textualmente: En la buena dirección —> PP. La imagen, un dibujo del candidato, presenta el rostro satisfecho, confiado, orondo, pulcro y venerable del señor Cañete, hasta hace pocos días ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

          La imagen pretende transmitir seriedad, respetabilidad, fiabilidad y buen hacer. Desde lo alto de su valla publicitaria, el señor Arias Cañete contempla al sufrido viandante muy seguro de sí mismo, perfectamente trajeado y encorbatado, con su muy bien cuidada barba, su porte de hombre de bien, sus aires de persona acostumbrada a mandar, de toda la vida de Dios. El hombre o la mujer de la calle lo verán como un selecto miembro del sistema, un dirigente nato, un señor que encajaría como un guante en el consejo de administración de cualquier gran empresa del IBEX-35, a semejanza de Rodrigo Rato, casualmente compañero de partido y persona de gran éxito profesional (¡?), fichado sin ningún problema por personajes de la talla de Emilio Botín y César Alierta, tras el “brillante” paso de aquél por Caja Madrid – Bankia.

          ¿Cómo no votar a un hombre así, tan poderoso, tan mayestático, tan señorón? Por narices, pensará el incauto ciudadano, tendrá que saber muy bien lo que hace, y además lo hará todo de forma impecable. ¿Seguro? Bien, pues fíjense ustedes que a mí se me ocurren unos cuantos motivos que apuntan justo en el sentido contrario. Veamos algunos de ellos.

  •           Votar al señor Arias Cañete supone aceptar y dar por bueno todo lo hecho por el Gobierno de Mariano Rajoy en estos últimos dos años y medio. Supone ignorar que la economía española, el bienestar de los ciudadanos y el nivel de empleo no han hecho en realidad más que empeorar durante todo este lapso de tiempo. ¡Ojo!, ahora están insistiendo muchísimo en la recuperación económica y en la idea de que, a partir de ahora, todo va a ir a mejor, pero ocurre que esto todavía es una incógnita, algo que es más una promesa que una realidad tangible. Aunque demos por buena la previsión de que el PIB español vaya a crecer en torno a un 1,5% este año y cerca de un 2% el año que viene (veremos si es cierto), todos sabemos que el enorme e insufrible nivel de paro apenas si se va a ver aliviado.
  •           Votar a Cañete supone aprobar la reforma laboral de su compañera de gabinete, Fátima Báñez, que ha pulverizado derechos de los trabajadores, propiciado decenas de miles de despidos tras su implantación, y fomentado con siniestra eficacia la sustitución de empleo estable y dignamente retribuido por empleo temporal, inseguro y pésimamente pagado. Asimismo, supone dar por buena la reforma del sistema educativo llevada a cabo por su otro colega, Jose Ignacio Wert, la cual, en lugar de procurar de verdad la consecución de una mayor calidad en la enseñanza a todos los niveles y en todos los ámbitos, lo único que ha logrado es favorecer a los centros privados y concertados religiosos, tal y como exigía la Conferencia Episcopal Española.
  •           Votar a Cañete supone aplaudir su propia ley de Costas, que entre otras cosas impide que se eliminen miles de edificaciones ilegales construidas sobre nuestras playas y litorales. Y no sólo eso, sino que también se va a permitir edificar obra nueva a tan sólo 20 metros de la línea de la costa. ¡A esto llamo yo una “eficaz” gestión por parte del que se dice responsable del Medio Ambiente! ¡Jolines con el ministro!
  •           Votar a Cañete supone ratificar una política que dificulta severamente la vida de la mayoría de los ciudadanos, en especial de todos aquellos a quienes no les sobran los recursos. Ahí están las subidas de las tasas judiciales, los fuertes aumentos de las tasas académicas universitarias, el gran incremento de la presión fiscal vía IRPF (sólo para los asalariados, vaya por Dios) e IVA, la aplicación del tipo máximo de IVA (21%) al teatro y al cine, la denegación de ayudas económicas a las familias con personas dependientes a su cargo, o los severísimos recortes  impuestos a la Sanidad pública. Por cierto, son los mismos colegas de partido del señor Cañete los que han hecho todo lo posible en la Comunidad de Madrid por privatizar la gestión (y quién sabe cuántas cosas más) de la sanidad pública territorial. Por fortuna, la fuerte presión ciudadana y de los propios profesionales de la salud, junto con una sabia decisión del TS, han hecho posible que se trunquen los planes de Ignacio González y del que fuera su consejero de Sanidad, Fernández Lasquetty.
  •           Votar a Cañete supone dar por buenos los privilegios de las grandes fortunas (que apenas tributan al fisco y por tanto no contribuyen en nada al esfuerzo general), de la banca en su conjunto (la cual recibe cuantiosas ayudas por un lado, y sin embargo apenas concede crédito y practica escrupulosamente los desahucios), y de la Iglesia Católica. De esta última hay que destacar que no sólo sigue sin tributar por el IBI de todo su vasto patrimonio inmobiliario, sino que encima tiene vía libre y tiempo de sobra para seguir matriculando a su nombre un sinnúmero de más inmuebles, prohibidos sin embargo a la gente común, a las familias o a las pequeñas empresas. ¡Todo muy justo, sí señor!
  •        Votar a Cañete supone, en fin, indultar a un partido político infectado internamente como ningún otro por un conjunto de prácticas corruptas escandalosas: trama Gürtel, contabilidad paralela, financiación irregular, reparto de sobres bien repletos de dinero negro, todas ellas interconectadas, sin lugar a dudas. Por increíble que pudiera parecer (pensemos en un observador imparcial de todos estos hechos), nada se ha resuelto todavía a nivel judicial. El partido mira hacia otro lado, como si la cosa no fuera con ellos. Y, por paradójico y grotesco que resulte, sólo hay un condenado real por el llamado caso Gürtel: Baltasar Garzón, el juez que tuvo la “osadía” de empezar a investigar y tirar de los hilos de la madeja. Increíble, ¿no? Naturalmente que sé que la corrupción afecta por desgracia a muchos otros políticos de otras formaciones , pero no olvidemos que, en el caso del PP, está infectada la misma organización interna del partido. La cepa del virus está dentro mismo del cuerpo, valga la expresión, en la cúpula directiva actual y del pasado más reciente.

          Podría seguir aportando más información, pero como muestra bien vale un botón, o más bien unos pocos botones. Sinceramente, creo que los argumentos que he traído aquí son bastante irrefutables y significativos. De modo que puedo terminar diciendo alto y claro:

          ¿Motivos para votar a Cañete-Rajoy-Partido Popular? ¡¡NINGUNO!!

Cañete comilón