Archive for 22 marzo 2011

14 de abril. La República

Fernando De la Torre y Alejandra Prado

          Me gusta mucho la serie de TVE-1. La considero un auténtico regalo que tengo la suerte de disfrutar todos los lunes por la noche, desde hace ya varias semanas. Criticamos muy a menudo a la “caja tonta” por la ausencia de buenos contenidos, por la proliferación de programas de mal gusto, telebasura y demás. Pocos meses atrás me llevé una gran decepción cuando transformaron el canal CNN+ en una especie de reality 24h, privándolo de todas sus noticias, comentarios de actualidad, entrevistas y coloquios, amén de enviar al paro a todos los profesionales que lo hacían posible. Lamentable. Sin embargo, de tarde en tarde la televisión nos obsequia con algún que otro programa de calidad, y es justo saber reconocerlo.

          En “14 de abril. La República” (spin-off de otra serie de éxito, “La señora”) aprecio casi todos sus ingredientes. La trama y las relaciones entre los distintos personajes son intensas y dramáticas en el mejor sentido de la palabra. El momento histórico elegido como telón de fondo, los primeros años de la II República, es fascinante y creo que está retratado con bastante objetividad, aunque sé que algunos no estarán de acuerdo conmigo (luego dedicaré unas palabras a esta sensible cuestión). La puesta en escena tiene una calidad impecable y evidencia un gran esfuerzo de ambientación por parte de la productora (Diagonal TV), lo cual es muy de agradecer. Finalmente, el conjunto de actores y actrices desempeñan sus papeles francamente bien, y la mayoría nos deleitan con soberbias interpretaciones, de gran hondura psicológica; entre todos, componen un mosaico muy variado de personajes que logra captar siempre la atención del espectador. El amor, la amistad, los intereses, las intrigas, las dudas, las pasiones, las ilusiones y los temores se agitan y se entremezclan en una trama de gran interés humano. No se cae en una visión cainita, con buenos y malos, sino que los protagonistas ofrecen una personalidad compleja y diversa, aunque no oculten sus tendencias ideológicas, como es natural.

          En definitiva, mi opinión acerca de la serie es muy positiva y felicito sinceramente desde aquí a la productora, a la dirección, a todos los actores y a TVE-1, que hacen posible cada lunes la magia de retroceder en el tiempo y vivir las experiencias vitales de un grupo de hombres y mujeres sumergidos en un periodo convulso y difícil de nuestra historia reciente. Ojalá siga habiendo producciones similares de alto nivel en nuestra televisión.

          Según he leido, al principio surgieron algunas voces de protesta desde el PP (¡ay, Dios mío, siempre ellos!), a los que al parecer molestaban frases puestas en boca de algunos personajes de tendencia izquierdista que aparecen en la serie. Venían a acusar a la dirección de RTVE poco menos que de manipulación y revisionismo histórico. ¿Por qué? ¿Simplemente porque uno de los personajes mostraba su intención de votar a un partido de izquierdas por estar convencido de que ello llevaría al progreso de la nación? Seamos serios, por favor, y maduros de una vez por todas. Estamos en 2011. Han pasado 80 años desde 1931, la época retratada en la serie televisiva. Ya es hora de contemplar lo sucedido en la España de entonces con serenidad y objetividad; naturalmente que podemos sentir simpatía hacia unos y rechazo hacia otros, según nuestras ideas y afinidades, pero de ahí al escándalo o a posicionarse con virulencia a favor de unos y en contra de otros, sacando a relucir un profundo rencor desde nuestras entrañas, hay un abismo. Por supuesto que las posiciones ideológicas en la época estaban muy radicalizadas y existía un claro enfrentamiento entre lo que se ha llamado las dos Españas; por desgracia para todos, no se pudo evitar al final la terrible tragedia de la guerra civil, que dio al traste con las ilusiones de muchos y sumió a nuestro país en una larga y penosa postguerra de unos 20 años de duración, y supuso la privación de libertades durante un periodo aún mucho más largo. Sin embargo, todo eso ya pasó y debemos considerarlo superado. No podemos a estas alturas atrincherarnos en una bronca de “fachas” y “rojos”, como por desgracia se ve a diario en muchos foros de Internet de contenido político. Tenemos que ser ya lo suficientemente adultos como para contemplar aquellos hechos sin complejos, sin pasión y, sobre todo, sin olvidar que estamos de lleno en el siglo XXI, en un mundo muy diferente, lleno de nuevos problemas y desafíos, para bien o para mal.

          En fin, lo dejo por hoy. Buena suerte a todos y hasta pronto.

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El coronel Gadafi

 

         Celebro la noticia de hoy mismo de que la ONU, ¡por fin!, haya autorizado intervenir militarmente en Libia para contener el avance de las tropas leales a Gadafi y proteger a los rebeldes, que aún mantienen Bengasi bajo su control. Sólo espero que el ataque selectivo sea lo suficientemente rápido para lograr su objetivo. Me repugna un poco desear , también, que sea lo suficientemente contundente como para eliminar al tirano lo antes posible, pero opino que esta es una de esas pocas ocasiones en que una acción militar se hace imprescindible, a modo de cirugía para extirpar un tumor maligno.

          Un personaje de la calaña de Muamar el Gadafi no tiene cabida en el mundo actual y se da de bofetadas con la ola de libertad y democracia que recorre diversos paises árabes.

          Estaremos al tanto de lo que sucede.

Unas palabras sobre Japón

         

          Hoy se cumple una semana de ese día fatídico en que un terremoto de gran intensidad y un tsunami como pocas veces se ha visto llevaron el caos y el horror a una parte del Japón. Desde ese momento, hemos contemplado con espanto y tristeza las imágenes y testimonios que nos van llegando desde allí, con el agravante añadido de los gravísimos problemas surgidos a continuación en la central nuclear de Fukushima.

          Más que el terremoto en sí mismo, ya de una escala impresionante, lo peor fue  la ola gigante que se produjo a continuación y el tremendo ímpetu con que se llevó por delante todo cuanto encontró, penetrando kilómetros tierra adentro. Todos lo hemos visto en TV, internet y prensa, por lo que sobran los comentarios al respecto. Sabemos que Japón está muy preparado para resistir los movimientos telúricos, pero ante un tsunami como el que hemos contemplado no creo que se pudiese haber tomado medida preventiva alguna.

          Me uno desde aquí a las numerosas voces que vienen expresando estos días un mensaje de solidaridad y afecto con la sociedad japonesa, muy especialmente con los habitantes de esa costa nordeste que ha sufrido directamente el impacto del maremoto. Siento una gran simpatía hacia ellos y espero que reciban cuanto antes todas las ayudas posibles para reconstruir sus pueblos y campos devastados. Ojalá funcione bien la solidaridad internacional y puedan disponer de los medios suficientes para ponerse manos a la obra y normalizar su vida y su economía. Considero a Japón como un país admirable por muchas razones: su gran capacidad de trabajo, su tenacidad, su amor por lo bien hecho, el gusto por el detalle, el refinamiento de su cultura, el gran espíritu de civismo de sus gentes,…Son virtudes que les convierten en un ejemplo para el mundo entero. Por todo eso me duele en especial verles azotados por estas calamidades, aunque estoy seguro de que saldrán pronto adelante precisamente gracias a esas cualidades que les caracterizan.

          Por su parte, por el momento parece que la situación en la central nuclear mencionada sigue siendo muy crítica. Sabemos que un equipo numeroso de técnicos se están empleando a fondo para controlar el estado de los reactores afectados. Deseo fervientemente que lo consigan y que impidan un nuevo desastre, como sería sin duda una emisión masiva y de gran alcance de radiación. Prefiero pensar en positivo.

          Este accidente ha suscitado en todo el mundo que se reabra el debate acerca de la energía nuclear, sobre si son seguras o no las centrales. Vaya por delante que no soy técnico en la materia, por lo que las opiniones que doy a continuación son simplemente eso: opiniones a título personal. Dicho esto, quiero manifestar lo siguiente:

1) Lo ocurrido en Japón es absolutamente excepcional y me atrevería a asegurar que casi imposible de extrapolarse a otras partes del mundo, o al menos a España, cuyo riesgo sísmico es mucho menor. Por tanto, el accidente de Fukushima no debería causar un drástico cambio de valoración acerca de la energía nuclear. Debate sí, pero con calma y siempre contando con la opinión de los científicos y técnicos especializados. En parecidos términos se expresaba el otro día el diputado de CiU Durán i Lleida, personaje que tiene todo mi respeto, cuando le preguntaban sobre el particular en los pasillos del Congreso.

2) Hoy por hoy, la generación de energía es un tema tan crítico que no se puede, a mi juicio, prescindir precipitadamente de una fuente tan importante como la nuclear. Es evidente que se debe ir hacia energías limpias, no contaminantes y sin riesgo para la salud y el medio ambiente, pero las centrales atómicas generan una parte significativa de la energía que se consume, son bastante seguras (se diga lo que se diga) y por el momento habría que seguir contando con ellas. Si es preciso mejorar sus niveles de seguridad y la calidad de su mantenimiento, que se adopten las medidas que sean necesarias.

3) Nuestras fuerzas políticas (me refiero a las españolas) se deben “mojar” en este asunto y proponer una política energética seria, coherente y duradera, y deben explicársela a los ciudadanos. Son muchos los problemas y las restricciones que existen en este complejo asunto, pero para eso les votamos y les pagamos, ¿no?

          No me extiendo más. Ojalá vayamos teniendo en los próximos días noticias más positivas y alentadoras desde Japón. Un saludo a todos.

CARTA ABIERTA A MARIANO RAJOY

                                                  

          A pocas semanas de las elecciones municipales y autonómicas en España, y con la vista puesta ya en la elecciones generales del año próximo (si es que no se adelantan al presente ejercicio), todas las encuestas parecen coincidir en darle a su partido, el PP, una notable ventaja sobre el PSOE, estimada en unos 15 puntos. Es decir, que de continuar las cosas así, su tan ansiada entrada en la Moncloa puede convertirse pronto en una realidad, tras estos largos años en la oposición, ¿no es así, Sr. Rajoy?

          Al final, el que la sigue la consigue. En su caso, su política continua y machacona de rechazo sistemático a la labor del Gobierno, centrada de modo muy especial en atacar la persona de su presidente, Jose Luis Rodríguez Zapatero, va a dar finalmente sus frutos. Hay que reconocer que no le ha costado a usted mucho trabajo, ¿verdad, don Mariano? Tan sólo ha habido que decir que no a todo, desprestigiar una y otra vez a su oponente político, descalificar por norma todo lo que propusiera el Gobierno, acusarlo de todos los problemas habidos y por haber, mostrarse duro e  inflexible, ¡ah! y sobre todo no comprometerse en nada ni proponer nada concreto, que el que aporta algo se arriesga a equivocarse o incluso a que sus ideas sean recogidas y puestas en práctica por el enemigo, ¿no es cierto?

          De manera que, finalmente su política de acoso y derribo, bien aprendida y aplicada por sus colaboradores, Cospedal, Sáenz de Santamaría, González Pons, Arenas y demás, ha terminado por dar resultado. El viejo dicho de “calumnia, que algo queda” va a demostrar que es cierto. Lo mismo podría afirmarse de aquello de que una mentira repetida mil veces acaba siendo verdad. Usted ha contribuido decisivamente a devaluar el debate político en nuestro país, reduciéndolo a menudo al nivel de riña de patio de colegio. Usted ha conseguido que, en el ánimo de millones de españoles, Rodríguez Zapatero sea el culpable directo del paro, la crisis económica, la carestía del petróleo, la falta de confianza de los ciudadanos y las empresas, el fracaso escolar, la falta de competitividad, el desequilibrio en la balanza comercial y cualquier cosa que se les ocurra. Usted ha protagonizado la etapa de oposición más desleal en la historia de la democracia española. Hiciera lo que hiciera, dijera  lo que dijera, Zapatero siempre era culpable. ¿verdad, Sr. Rajoy?

          Claro que sería injusto no mencionar otros factores que también han puesto su granito de arena en el desgaste del Gobierno. El más notorio ha sido la mayor crisis económica mundial que se ha sufrido tras la Gran Depresión de 1929, originada al otro lado del Atlántico, y que ha afectado gravemente a todas las economías occidentales, incluida la nuestra, agravada en nuestro caso por el estallido de la burbuja inmobiliaria, cuya gestación supuso un largo periodo de aparente prosperidad del que se beneficiaron gobiernos anteriores, incluidos los del Sr. Aznar (no lo olvidemos). Asimismo, las fuertes tensiones sufridas hace pocos meses en los mercados en relación con la deuda soberana, obligando a nuestro Gobierno a adoptar medidas urgentes de ajuste, también han supuesto una dura prueba para el Presidente y sus ministros, ya que las medidas tomadas son forzosamente impopulares. Tampoco nos podemos olvidar, desde luego, de algunos errores y meteduras de pata, contradicciones y cambios de timón, por otra parte inevitables en quien tiene la nada fácil tarea de gobernar, pero que indudablemente han sido un buen pretexto para redoblar la lluvia de críticas por parte de las filas de la oposición. En definitiva, don Mariano, que entre una cosas y otras se lo han puesto en bandeja.

          Ahora bien, llegados a este punto, me gustaría hacer algunas reflexiones sobre usted y el partido al que representa. Realmente, ¿qué es lo que ofrecen a los españoles?, ¿acaso tienen ustedes la clave para salir rápidamente de la crisis y remediar el altísimo nivel de paro que padecemos? Usted no se cansa de repetir que hay que crear empleo, lo cual no deja de ser un deseo que compartiría cualquier ciudadano/a de este país, tenga las ideas que tenga, pero ¿cómo lo haría? Usted sabrá -me imagino- que los que crean empleo suelen ser los empresarios, y que éstos sólo lo harán en condiciones muy favorables: con expectativas de beneficio, con facilidad de crédito, con poder de compra por parte de los ciudadanos (lo que implicaría mejores salarios), con fuentes de energía más baratas, con más competitividad ante el exterior, incluso con más imaginación por parte de nuestras propias empresas para vender productos y servicios más atractivos. ¿De verdad que tienen usted y los suyos las recetas para conseguir todo esto? ¿O acaso estarán pensando que habría que volver al viejo modelo anterior de desarrollo español, basado en el ladrillo, que ese sí que absorbía mano de obra? Explíquenlo, hombre, no se corten.

          En otro orden de cosas, tengo muchas lagunas en cuanto a sus intenciones y planes de gobierno. A ver si me lo aclara usted. Nunca le he oido nada acerca de sus ideas sobre medio ambiente y lucha contra el cambio climático, cosa que ya ha dejado de ser un “camelo”, como pensaba hasta hace poco su antecesor Sr. Aznar. Sospecho que todo esto sigue siendo para usted una cuestión menor. ¿Y qué hay de la política energética? Usted acusa al Gobierno de no tenerla clara, lo cual es posible. Pero, ¿tiene usted este asunto bien estudiado y planificado, con una visión de futuro a largo plazo? Podríamos hablar de otros asuntos, igualmente importantes, como el fracaso escolar y el modelo educativo, o la sanidad, de los que apenas tiene a bien pronunciarse. No sé, sospecho que tras ese aspecto exterior de hombre serio y pontifical que quizás satisfaga tanto a parte de su electorado más conservador, hay un gran vacío de ideas para solucionar y encauzar correctamente los grandes desafíos que tiene planteados España en estos momentos.

          A mí no me engaña, Sr. Rajoy. No me convence. Carece usted de categoría de estadista, con visión de futuro y con el talante (sí, talante) necesario para pactar con la oposición soluciones a los problemas fundamentales del país. No se olvide que el Sr. Zapatero y los socialistas están ahí por el voto de muchos millones de españoles/as, que siguen representando a un sector muy importante de la sociedad española. Al desacreditarle a él con tanto ahínco, ha estado burlándose también de millones de votantes. Si se aspira a gobernar, habrá que gobernar para todos, con generosidad y altura de miras, superando los propios intereses partidistas, aún a costa de perder algunos votos. Eso es lo que marca la diferencia entre un estadista y un simple político.

          En fin, ya termino. Si este escrito es del agrado de quien lo lea, le agradeceré muy especialmente que contribuya a darle la mayor difusión posible, vía e-mail o redes sociales. Ojalá estas palabras mías lleguen a su verdadero destinatario. Así habrían cumplido su objetivo final.

          Un saludo a todos y hasta pronto.

Una breve panorámica de la actualidad

Tras un largo paréntesis, vuelvo a la carga. La verdad es que en estos últimos meses no han dejado de suceder cosas, quizá demasiadas para digerirlas convenientemente y comentarlas con un poco de sensatez. Ojalá mis entradas en el blog sean más regulares y toquen la mayor parte de los temas de interés. A ver si soy capaz.

Lo más destacado a nivel internacional han sido y son sin duda las revueltas populares en los países árabes, entre las que ahora mismo destaca en primerísimo plano la crisis de Libia. Ante todo quiero mostrar mi admiración por el gran valor demostrado por todos esos hombres y mujeres que se han echado a la calle y no han dudado en enfrentarse al coronel Gadafi, siniestro y repugnante personaje que no se merece más que acabar colgado en la plaza pública. Lamentablemente este proceso se está llevando muchas vidas por delante y el dictador, hoy por hoy, aún defiende su posición a sangre y fuego, manteniendo el mando de una parte importante de sus fuerzas armadas. Aunque sea una idea que no guste a muchos, una rápida y contundente intervención armada por parte de la OTAN podría aplastar definitivamente el viejo régimen y dejar el futuro de Libia en manos del pueblo. Veremos lo que pasa, y ojalá que el conflicto no se alargue y degenere en una indeseable guerra civil.

Aquí en España seguimos asistiendo día tras día a los viejos enfrentamientos PP – PSOE, que causan hastío y vergüenza. Me da la sensación de que el gobierno no tiene el rumbo muy claro y pienso que el silencio del presidente Zapatero acerca de su propio futuro está frenando su marcha y dificultando la toma de decisiones. Ya va siendo hora de que desvele sus planes y contribuya a despejar las dudas de su propio partido y del personal en general. Por su parte, el PP sigue con sus descalificaciones acostumbradas y sin definir su postura ante nada; tan sólo se limita a repetir sus tópicos de siempre y a poner palos en la rueda del gobierno. Claro, así no se equivocan y, de manera incomprensible, mantienen en las encuestas una muy alta intención de voto. De seguir así la tendencia, nunca una fuerza política conseguirá ganar unas elecciones con tanta facilidad y sin mover un dedo.

Me ha llamado la atención la enorme diferencia de trato que se ha dispensado a dos personajes públicos que, en el intervalo de apenas unos días, han pasado por el trance de verse ingresados en el hospital por problemas de salud. Me refiero a Esperanza Aguirre y a Alfredo Pérez Rubalcaba. Cuando la primera anunció que iba a someterse a una delicada intervención quirúrgica, desde todos los ámbitos surgieron mensajes de apoyo y buenos deseos, lo cual me parece perfecto y creo que no podría ser de otro modo. Sin embargo, ante la noticia del ingreso en la UCI del Sr. Rubalcaba, los foros de Internet se han llenado de insultos, groserías y comentarios malintencionados, como si este señor fuese el origen de todos los males que afectan a los españoles. Es cierto que se trata de comentarios individuales, efectuados por ciudadanos anónimos que, pienso, no tienen gran eco social, pero me asusta la ira visceral y la total falta de humanismo que se refleja en ellos; son mensajes de odio, primarios, carentes de fundamento y totalmente irracionales; sería imposible mantener un diálogo constructivo con sus autores, y eso es lo inquietante. Y me temo que el discurso cerril de la oposición durante estos años de gobierno de ZP, junto con el bombardeo constante de ciertos medios de comunicación afines al PP mucho tienen que ver con estas manifestaciones de opinión.

Este país necesita mucha más colaboración de sus fuerzas políticas, más espíritu de diálogo y entendimiento, más debate de altura y muchas menos descalificaciones. Los hombres y mujeres de valía, cualesquiera sean sus posiciones ideológicas de base, debe saber reconocerse y unir esfuerzos en proyectos que merezcan la pena y traigan valor y prosperidad a la sociedad española. Hay cuestiones primordiales, como la política energética, la educación, la lucha contra el terrorismo o la posición española en el exterior, que exigen consenso y altura de miras. ¡Más visión de Estado y menos intereses partidistas, por favor!

En fin, lo dejo por hoy. Procuraré seguir en la brecha. Gracias a todo aquel que se moleste en leer estas modestas líneas.