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EN TORNO A «LOS SOPRANO»

 

          Hace pocos días terminé de ver al completo la serie televisiva Los Soprano, aproximadamente unos 13 años después de que se emitiese el último episodio. Podría parecer que ando «un poco» retrasado en lo que a novedades de la ficción en la pequeña pantalla se refiere, ¿verdad?, pero debo decir en mi defensa que si algo me caracteriza es redescubrir cosas valiosas del pasado, ya sea reciente o más remoto, y entusiasmarme con ellas. Y esto es exactamente lo que me ha sucedido con Los Soprano. Nunca es tarde si la dicha es buena.

          Soy consciente de que se ha escrito muchísimo sobre esta celebradísima serie de la cadena HBO, en general en un tono más que favorable. No en vano ha cosechado numerosos premios y críticas elogiosas, puesto que verdaderamente no le faltan méritos. Su creador, guionista y coproductor, David Chase, traza muy sabiamente el desarrollo argumental de todos los episodios (nada menos que 86, distribuidos en 6 temporadas), alternando con agilidad los turbios asuntos del clan mafioso italo-americano de New Jersey, dirigido por Tony Soprano, con los aspectos más diversos de su vida cotidiana y familiar. Además, todo el conjunto se enriquece con la participación de un gran número de personajes, muy diversos, bien caracterizados y a menudo complejos y contradictorios, que interactúan entre ellos de forma natural. Es más, el mundo criminal y el familiar no aparecen nítidamente separados, sino que por el contrario se solapan y se condicionan mutuamente, con un realismo que no deja de sorprender. La acción fluye con naturalidad, sin que sobre ni falte ninguna escena y con un ritmo perfecto, de tal modo que uno ni se aburre ni se siente abrumado en ningún momento de la serie. Este es uno de los grandes méritos de David Chase y su equipo de colaboradores.

          Ciertamente, o al menos a mí me ha ocurrido, no identificas bien a todos los personajes en un primer momento, al tratarse de una serie muy coral, pero a medida que vas avanzando capítulo tras capítulo te vas familiarizando con todos ellos, situándolos bien en la trama, conociendo sus rasgos personales e incluso, lo que no deja de sorprender, creando inconscientemente un lazo de simpatía con algunos de ellos (con unos más que con otros, desde luego). Desde luego, uno no olvida que se trata de mafiosos profesionales, con toda la carga de violencia y criminalidad que ello conlleva y que debería repugnar al espectador en buena ley. Pero, al mismo tiempo, son seres humanos, con sus problemas y complicaciones vitales, su vida familiar y sus debilidades.

          Casi todos ellos, los mafiosos, comparten en mayor o menor grado ciertos rasgos dignos de resaltar. Todos son italo-americanos, como lo demuestran claramente sus apellidos. Pese a desenvolverse sin pudor en el mundo del crimen, sin cuestionarse su peculiar manera de ganarse la vida, se muestran muy respetuosos con las tradiciones y con la religión (católica, por supuesto), dando mucha importancia a los ritos, imágenes, ceremonias y celebraciones. Pero al mismo tiempo son muy racistas, pues desprecian a los negros, a los hispanos e incluso a los judíos (salvo que, en este último caso, les convenga por razones prácticas hacer negocios con ellos). Asimismo, son machistas y bastante conservadores, con un nivel cultural muy escaso; en efecto, tienden a simplificar en exceso la realidad e interpretarla a su manera. Por último, obviamente, comparten una sólida afición por el lujo y los productos caros: automóviles nuevos y de alta gama, buenas casas, grandes banquetes, afición a los juegos de azar, prostitutas y strippers de cuerpos espléndidos, etcétera.

          Detengámonos ahora en algunos de los personajes principales de la serie, comenzando por su indiscutible protagonista, Tony Soprano.

          El personaje central de la serie es Tony Soprano, interpretado soberbiamente por James Gandolfini. Muy al principio de la ficción accede al cargo de Jefe de la mafia de New Jersey, el clan DiMeo/Soprano, que en el pasado estuvo bajo el mando de su padre (ya fallecido) y del hermano de éste, Corrado Soprano, más conocido como su tío Junior (Dominic Chianese). Aunque éste último sobrevive, no tiene más remedio que aceptar el liderazgo familiar de su sobrino Tony, quien exhibe una personalidad mucho más fuerte y resolutiva.

           Tony Soprano es un hombre complejo y poliédrico. Es listo, perspicaz, duro, con dotes de mando (su poderoso físico le ayuda a ello, indudablemente), pero a la vez puede mostrarse cercano, cariñoso, simpático y protector, cualidades que te hacen verle desde muchas ópticas bien distintas. Quiere a sus hijos y a su mujer, eso sí, sin ocultar su genio cuando hay conflictos, pero engaña a su esposa de manera sistemática con diversas amantes que se van cruzando en su camino. Ejerce como padre de familia bien dispuesto, aunque tanto él como Carmela, su mujer, han de enfrentarse muy a menudo con los problemas generados por los dos hijos de ambos, problemas que suelen desquiciarle y sacar a la luz su perfil violento. Los problemas familiares, además, no provienen exclusivamente de sus chicos, Meadow y Tony Jr., sino también de su anciana madre Livia, que a pesar de sus atenciones le desprecia y maltrata psicológicamente, de su tío Junior, que también le causa unos cuantos quebraderos de cabeza, y de su hermana Janice, una mujer inestable, ambiciosa y caprichosa.

          Muy posiblemente a causa de todos estos conflictos en el plano familiar. le sobrevienen crisis de ansiedad que acaban con él literalmente desmayado en el suelo. Por consejo médico, Tony acude a la consulta de una psiquiatra, madura y atractiva, la Dra. Jennifer Melfi (Lorraine Bracco), con la que establece una prolongada y un tanto irregular relación de terapia. Eso sí, la eficacia del tratamiento es cuando menos relativa, o incluso dudosa, ya que Tony se ve obligado a ocultar demasiados «detalles» acerca de su actividad, disimulada tras la denominación genérica de «gestor de residuos». Por su parte, la Dra. Melfi, que se percata enseguida de la verdadera calaña de su paciente, se debate entre su deber deontológico como profesional de la Psiquiatría y su íntima repugnancia ante el modo de vida de Tony.

          Hablemos ahora de los capos o capitanes que forman el círculo de confianza de nuestro protagonista.

          Aquí nos encontramos con una variopinta serie de personajes, entre los que destacan Paulie Gualtieri  (Tony Sirico) y Silvio Dante (Steven Van Zandt), seguramente sus dos hombres más leales, aparte de resultar arquetípicos. Paulie, un matón que trabajó en el pasado como guardaespaldas del padre de Tony, es presumido y cuida mucho su aspecto físico, manteniendo siempre su tez morena y sus plateadas sienes bien peinadas hacia atrás; como la mayoría de sus colegas, es bastante inculto, con ideas delirantes, pero se muestra siempre muy atento a los deseos e instrucciones del Jefe. Es muy expresivo e incluso puede resultar también divertido, aunque cambia rápidamente de registro a la hora de extorsionar, amenazar o ajustarle las cuentas a alguien. Pese a su lado oscuro, debo confesar que me cae bastante simpático (¡qué le voy a hacer!); podría ser el compañero ideal para tomarse unas cervezas y echar unas risas. En cuanto a Silvio, compone un personaje muy curioso; siempre va perfectamente trajeado o, al menos, cuidadosamente vestido, aunque su indumentaria «cante» bastante por lo llamativa. Sin duda, también le preocupa su aspecto externo hasta la exageración. Llama poderosamente la atención su abundante pelo, espeso, engominado y repeinado, que parece irreal. Muestra en todo momento un gesto como de desagrado o desaprobación, con el labio inferior prominente y torcido hacia abajo. Pese a todos estos signos externos, se conduce normalmente con mesura y cautela, ejerciendo el papel de «consigliere» tranquilo de Tony. Junto con este último, regenta una sala de strippers, en la que la clientela toma sus copas y realiza sus apuestas mientras se deleita observando a las chicas; en dicho local se reúnen habitualmente y en privado los componentes del clan.

          Tenemos también a Chris, Christopher Moltisanti (Michael Imperioli), sobrino y protegido de Tony, muy presente a lo largo de toda la serie. Es un joven impetuoso, a menudo violento, que vive deslumbrado por el dinero fácil y todo lo que se puede conseguir con él: buenos coches, lujos, placeres… Se empareja con una chica realmente espectacular, Adriana La Cerva (Drea de Matteo), la cual permanece siempre bastante enamorada de él, a pesar de que el mal carácter de Chris aflora con frecuencia y la maltrata en diversas ocasiones. Con el tiempo, Chris acabará teniendo serios problemas con el alcohol y las drogas. Otro capo importante y a las órdenes de Tony es Big Pussy Bonpensiero (Vincent Pastore), que resulta captado como informante por el FBI y, al ser descubierto, acabará de mala manera, como es de suponer. Bobby Baccalieri (Steven R. Schirripa) es probablemente el único al que podría ponerse la etiqueta de «buenazo», por su carácter pacífico; durante un tiempo se le encarga cuidar al tío Junior en la casa de éste, dada su avanzada edad y por encontrarse confinado en su domicilio por orden judicial. Más adelante, se convierte en cuñado del propio Tony, al formar pareja con la hermana de éste último, Janice.

          Ralph Cifaretto y Richie Aprile son quizá los mafiosos más villanos, sádicos y detestables de la larga lista. Tony Blundetto (Steve Buscemi) asume un papel especialmente complejo, atormentado y rico en matices. Vito Spatafore, que llama la atención por su baja estatura y gran obesidad, protagonizará con el tiempo una historia interesante debido a su naturaleza homosexual, que deja al descubierto ya muy avanzada la serie. En fin, como ya he señalado, son muchos y muy variados los personajes que aparecen en la trama, y todos ellos destacan con su perfil propio, aunque permanezcan menos tiempo en pantalla. Sería muy injusto terminar sin referirme a los capos de la orilla opuesta del río Hudson, los miembros de la mafia neoyorquina, de Brooklyn para ser exactos; como son limítrofes, los conflictos, acuerdos y choques entre ambos grupos están asegurados. A destacar en este último clan Johnny Sack y Phil Leotardo, por supuesto también italo-americanos.

          Por último, dedicaremos unas líneas a los miembros del núcleo familiar que viven bajo el mismo techo que Tony, es decir, su esposa Carmela y sus hijos Meadow y Tony Jr.

          Carmela Soprano (Edie Falco) asume un rol de primera importancia en toda la serie. De carácter y gustos tradicionales, ejerce sin descanso su papel de ama de casa, madre y esposa. Por lo que se refiere a las actividades criminales de su marido, parece ignorarlas (o más bien mirar hacia otro lado), según mi propia interpretación. Al fin y al cabo, los «negocios» de su cónyuge le proporcionan un amplio abanico de comodidades y lujos de los que disfruta plenamente, y a los que sin duda no estaría dispuesta a renunciar. Procura educar a sus hijos según los valores y costumbres tradicionales, soñando con un gran nivel educativo para ambos, aunque en este último aspecto, y en lo referente a su hijo menor, Tony, fracasa por completo. Frecuenta la parroquia de su distrito y participa en sus actividades, manteniendo al principio una relación bastante estrecha (pero no íntima) con el joven y atractivo cura, hasta que éste intenta saltar todas las barreras insinuándose abiertamente a Carmela, momento en el que ésta le rechaza de forma categórica.

          Carmela, una mujer madura pero bastante atractiva, se mantiene casi siempre fiel a su marido (del cual puede afirmarse todo lo contrario, como ya hemos visto), aunque con el tiempo mantendrá alguna aventura extra-matrimonial. Además, sentirá también un sincero enamoramiento que, sin embargo, no podrá verse satisfecho, con el joven Furio Giunta, un soldado de la mafia napolitana «prestado» durante un tiempo al grupo de Tony. En otro orden de cosas, Carmela exhibirá a menudo su fuerte carácter plantándole cara a Tony, con el que tendrá frecuentes discusiones y varias crisis de importancia.

          Meadow (Jaimie Lynn Sigler) es la hija mayor de Carmela y Tony, y la conocemos desde su temprana adolescencia. Se trata de una muchacha inteligente y perspicaz, que se da cuenta por sí misma del tipo de actividad que ocupa a su padre y a todo su círculo de colaboradores. Aunque en el fondo rechaza ese modo de vida y nunca participará en él, se acomoda a la situación, en parte porque es muy joven aún pero también por las comodidades que le ofrece, en particular por las perspectivas que se le abren de poder ir a la universidad que más desee. Es activa y se muestra moderadamente rebelde frente a sus padres, como tantas chicas de su edad, pero tiene buenas dotes para los estudios. Tiene planeado estudiar Medicina, aunque al final se decanta por las Leyes, que le parecen más asequibles y, además, cuenta con la ventaja de haber trabajado como auxiliar en prácticas en un bufete de abogados.

          Por lo que se refiere al menor de los hijos, Tony Jr., las cosas van resultando peores que con su hermana. Le vamos viendo crecer, más o menos desde los 10 años de edad, y enseguida demuestra ser bastante mal estudiante. No parece interesarle ninguna materia en particular, y los videojuegos pronto le ocupan todo su tiempo en casa. No sirven de nada los esfuerzos, las broncas ni los castigos de sus padres, ni tampoco los caros regalos que recibe de éstos; le es imposible ingresar en ninguna universidad, por su mediocre curriculum escolar, y acaba entrando en el mundo del trabajo. Sigue siendo un chico desorientado, rebelde pero errático, que no acierta a encajar en nada. Parecen surgir en él ciertos nobles ideales, como el ecologismo, y se preocupa mucho por el mundo en que vive, por la amenaza del terrorismo islámico y las posibles represalias militares que podría llevar a cabo su país, pero le falta carácter y fuerza interior para madurar.

 

UNA REFLEXIÓN FINAL

No cabe duda alguna de que Los Soprano es una serie excelente, en todos los sentidos. Ahora bien, uno no puede olvidarse de la clase de mundo que tan certeramente retrata, un mundo corrompido, movido exclusivamente por intereses materiales de grupo o clan y con un uso sistemático de la violencia, que se manifiesta bajo múltiples formas: engaño, extorsión, robo, evasión fiscal, desaparición de pruebas, venganzas, palizas y asesinatos. Lo peor es que esta actividad criminal no se limita a las mafias de origen italiano de New Jersey o New York, sino que está presente como una plaga en todo el mundo. El espectador contempla pues uno de los peores aspectos de la actividad humana, y debería sentirse sinceramente preocupado por ello.

¿Es posible un mundo mejor, más justo, más limpio, más pacífico y más respetuoso con nuestro entorno, mientras esta clase de organizaciones sigan actuando? Con franqueza, es muy difícil mostrarse optimista.