Archive for 28 septiembre 2012

EL GOBIERNO FALLIDO DEL PP

          Tras nueve meses desde el inicio de la legislatura, es innegable que el proyecto político y económico del Gobierno de Mariano Rajoy ha fracasado, aunque sería más exacto no hablar de proyecto (que nunca lo ha tenido), sino de mera gestión de la crisis.

          No sólo la realidad de nuestra vida diaria ha empeorado de forma notoria en este periodo de tiempo sino, lo que es aún peor, ha aumentado alarmantemente la desesperanza de la inmensa mayoría de los españoles ante su propio futuro. Ni se vislumbra ni se percibe la tan ansiada salida de la crisis. Es muy cierto que la situación de recesión que padecemos es grave, de carácter estructural e inscrita en una Europa que también pasa por un momento muy tenso y difícil. Pero lo que no se puede perdonar a la formación política que ahora dirige nuestros destinos  es que utilizasen con total descaro e irresponsabilidad una serie de señuelos engañosos para ganarse al electorado, señuelos del tipo: “lo primero, el empleo”, “con nosotros volverá la confianza”, “aseguraremos el crecimiento y la generación de empleo”, “el primer día del nuevo gobierno será también el principio del fin de la crisis”, “el único problema de este país tiene un nombre: Zapatero”, y otras fanfarronadas por el estilo.

          Desde el primer momento, el Gobierno de Rajoy se embarcó en una especie de cruzada contra el déficit público, imponiéndonos un aluvión de medidas cuya única finalidad era recortar gastos de la manera más rápida y expeditiva posible. Naturalmente, y como era de esperar, todas esas medidas de ajuste duro se han traducido en congelaciones y disminuciones de salarios, aumentos de las cargas fiscales, encarecimiento y empeoramiento de los servicios públicos, eliminación de derechos, mayor precariedad, despidos, malestar y empobrecimiento para millones de españoles. Y, por paradójico que pudiera parecer a simple vista, las expectativas gubernamentales de disminución del déficit se han hecho aún más difíciles de cumplir, por causa de la reducción alarmante de la recaudación de impuestos y también de la caída del PIB.

          Y lo malo es que todo esto no ha venido sólo. Junto a una política tan agresiva de recortes de carácter económico, el Gobierno ha empezado también a aplicar otras medidas de tipo político y social muy regresivas, que afectan al ámbito de las libertades políticas y democráticas. Quizás el ejemplo más paradigmático haya sido la toma de control de RTVE, lo que ha supuesto la expulsión de magníficos profesionales de la comunicación, que habían protagonizado la etapa más prestigiosa y reconocida del ente público, avalada tanto por el éxito de aceptación y audiencia de sus programas como por toda una serie de premios internacionales. Otros ejemplos de derechización promovida desde el Gobierno son el proyecto de ley sobre la regulación del aborto que se está preparando en el ministerio de Justicia, las peculiares reformas educativas del controvertido ministro Wert, la nefasta reforma laboral emprendida por la ministra Báñez, que ha echado por tierra derechos y conquistas sociales logradas por los trabajadores a lo largo de décadas, el curioso apoyo que se está dando a la tauromaquia, que por cierto regresa a la televisión pública, la “caza y captura” que se practicó contra el juez Garzón, etcétera.

          En medio de toda esta situación tan poco halagüeña, también quería yo denunciar conductas y declaraciones individuales, protagonizadas por ministros, altos cargos del PP e incluso el mismo presidente Rajoy, que me parecen muy definitorias de su particular mentalidad y, desde luego, absolutamente censurables. Veamos varios ejemplos:

* La filtración vergonzosa y miserable que realizó a la prensa la ministra Fátima Báñez sobre el proyecto de ERE que estaba planteando el PSOE. Que yo sepa, la ministra no ha pagado responsabilidad política alguna ante un hecho tan indigno.

* La clamorosa ausencia pública del ministro Arias Cañete (Agricultura y Medio Ambiente) durante casi todo el verano, mientras decenas de miles de hectáreas de nuestros montes ardían impunemente, a sabiendas de que la mayoría de los fuegos eran provocados. Hace pocos días, este ministro reclamaba en Bruselas “ayudas o indemnizaciones” por tanta superficie quemada. Me gustaría preguntarle qué medidas había adoptado desde su ministerio para prevenir y mitigar estos desastres, y si tiene algún plan para el futuro. ¿Estamos condenados a ver España arder todos los veranos?

* La ocurrencia de la ministra Ana Mato recomendando a los españoles, ancianos incluidos, acudir a los herbolarios para paliar el encarecimiento de los medicamentos. ¿Es ésto serio? ¿Acaso los remedios de herbolario, suponiendo que sean más o menos eficaces, son gratuitos? ¿En qué mundo vive la ministra?

* La extrema frivolidad de Dolores de Cospedal, secretaria general del PP y presidenta de Castilla La Mancha, al anunciar sonriente que había “resuelto el sudoku” de los gastos de su comunidad, tras anunciar su primer paquete de medidas de recorte, que conllevaba el despido masivo de un gran número de trabajadores y funcionarios de su comunidad.

* La prepotencia y soberbia exhibidas por el ministro Montoro al amenazar con controlar e intervenir las cuentas de las CCAA, especialmente (¡claro!) las de aquellas no administradas por el PP.

* El patinazo del ministro Gallardón, cuando expresó todo su apoyo a Carlos Dívar durante los primeros días de este lamentable y bochornoso caso, que como se sabe terminó con la dimisión del magistrado. Se vio claramente que Gallardón siempre se sitúa del lado del stablishment, por definición.

* La incompetencia manifiesta del ministro Soria, que ha sido incapaz finalmente de resolver el problema de nuestro intrincado y artificioso mercado eléctrico y energético, proponiendo un proyecto de ley que sólo viene a complicar un poco más las cosas y, naturalmente, a encarecer más la factura que pagaremos los usuarios finales. No ha conseguido satisfacer a nadie, ¡ni siquiera a las empresas productoras!

* Finalmente, la actitud siempre esquiva, distante e indefinida que mantiene el presidente Rajoy en todo momento. No sólo ignora a la opinión pública, sino que demuestra no tener ningún plan concreto, va navegando al pairo, sin un rumbo determinado, a la espera de que sucedan cosas en el exterior que le solucionen la papeleta. Ante asuntos tan importantes y urgentes como la ayuda europea para la recapitalización de nuestra banca o el tan traído y llevado rescate de nuestra economía, Rajoy no sabe ni contesta, sólo espera, espera, espera… Su última y genial ocurrencia, expresada el otro día ante la asamblea general de Naciones Unidas, la de pedir a Londres que se reanuden las conversaciones sobre la soberanía de Gibraltar, me hace pensar seriamente que este hombre no está en la realidad.

          Podría seguir con muchos más ejemplos que revelan las aptitudes e idiosincrasia de nuestros actuales gobernantes, pero para muestra vale un botón, como reza el dicho popular.

Anuncios

CARTA DE UN JOVEN INDIGNADO

          Un joven bastante allegado a mí me ha enviado un e-mail con el ruego de que incluya sus reflexiones en mi blog, a fin de darlas toda la difusión que me sea posible. Esta persona, que hace poco cumplió los 30 años, lucha como tantos otros por abrirse paso en el dificilísimo mundo laboral de nuestros días. Tras unos primeros años prometedores, luego vinieron regulaciones de empleo, cambios de trabajo, empeoramiento de condiciones laborales, bajadas de salario y desempleo. En su caso, la cualificación profesional, e incluso la experiencia de varios años, no le han ayudado demasiado. Como él, decenas de miles de chicos y chicas bien preparados y con ganas de trabajar, se han topado bruscamente con una de las caras peores de la crisis: el paro y la degradación de las condiciones de trabajo. Al mismo tiempo que pugna por encontrar una salida digna a sus aspiraciones profesionales, contempla la realidad social y económica que nos rodea, observa muchas mentiras y contradicciones, y se indigna ante el enfoque engañoso que se pretende dar a ciertos aspectos de la vida real. En mi opinión, no le falta razón. Sin más preámbulos, paso a transcribir su escrito.

“Estoy harto de escuchar y leer a muchos políticos, periodistas y ciudadanos cómo equiparan lo público con lo gratuito, como si fueran sinónimos. Es un gran ejemplo de falacia autocumplida: de tanto repetir que lo público es gratis, la gente se lo acaba creyendo.

Parece como si el dinero público lo generara el Gobierno, las comunidades autónomas o los ayuntamientos, o que saliera de la nada, o quizás de los bolsillos de los políticos. No se dice tan a las claras, pero indirectamente te van metiendo esa idea en la cabeza, es algo que te vas creyendo, hasta que un buen día ves en el impreso de matrícula de un módulo de grado superior lo que realmente cuesta el módulo, y lo que te va a “regalar” la comunidad de Madrid, para justificar que ahora tengas que re-pagar 200 euros de tu bolsillo y encima lo hagas con gusto.

Y aquí nos encontramos con uno de los problemas de fondo de esta gran falacia que se esconde tras la crisis. El dinero público sale del dinero de nuestras nóminas, del IVA de los productos que compramos, de nuestras declaraciones de la renta, de la gasolina que repostamos, etc… y se utiliza para que exista un sistema público, el Estado en una palabra, que asegure la igualdad de todos los españoles en sanidad, educación, servicios sociales, cultura, etc.

Los ciudadanos elegimos cada cierto tiempo a unos señores en las urnas para que gestionen ese dinero público que ha salido del bolsillo de todos, y, como a todo gestor se les da un sueldo más que digno para desarrollar esa función, no lo hacen gratis en absoluto. La crisis viene en gran medida porque esos gestores han gestionado mal nuestro dinero (cuando no se han beneficiado directamente de él), dinero proveniente tanto de gente de derechas como de izquierdas, de nacionalistas o apátridas, de todos los que en definitiva pagan sus impuestos en España.

Esto es algo así como si tuvieras unos ahorros y contrataras los servicios de un gestor privado que invirtiera tu dinero para que esté, cuanto menos, seguro e incluso que aporte algunos beneficios. Y al cabo de unos años te encontraras con que el gestor ha hipotecado tu casa, ha pedido créditos a diestro y siniestro, y te tienes que hacer responsable de tan nefasta gestión, porque eres tú mismo el que va a pagar sus errores.

Esto va mas allá de las ideologías. Se trata de una simple cuestión de buena administración. Nosotros no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, sino que simplemente se nos ha dado a entender que podíamos vivir así, que no había motivo para preocuparse porque nuestro dinero estaba en buenas manos. Parecía normal que todas las capitales de provincia pudieran exigir una estación del tren de alta velocidad, un aeropuerto, una gran ciudad de la cultura, unas largas autovías subterráneas, etc., porque había dinero de sobra, cuando la cruda realidad es que era mentira, que había que pedir cuantiosos créditos para gestionar promesas que solo pretendían ganar elecciones.

En resumen, resulta que el dinero de nuestros impuestos no era suficiente, y que estos pésimos gestores de lo público han ido pidiendo fondos prestados para ir ocultando la mala gestión que se ha hecho de nuestro dinero público. Todo se ha destapado, pero ¡no hay responsables!, sino que nos hacen creer que la culpa es del ciudadano, que no podemos vivir a costa del Estado, que un universitario debe pagar el doble de lo que venía costando su matrícula en años anteriores, que los parados no deben “mamar de la teta” del Estado sin “nada” a cambio.

Lo que expongo es independiente de que el gobierno sea de derechas o de izquierdas. No se trata de cuánto tiene que ocupar “lo público” en la vida de la nación, sino que, tenga la dimensión que tenga, debe gestionarse bien PORQUE ES NUESTRO DINERO, no el de los políticos. Si un partido político liberal quiere reducir lo público, debe decirlo sin ambages en su programa electoral y, si gana las elecciones, debe hacerlo impecablemente bien, sin que queden en el debe de los ciudadanos deudas que no se puedan pagar. Y lo mismo debería ocurrir con un gobierno progresista/ socialista.

No nos dejemos engañar, nosotros (los ciudadanos) somos los dueños del dinero, y ellos (los políticos electos) los gestores contratados para hacer buen uso de él. Sólo pido que no se diga que lo público es gratis, o incluso subvencionado por el Estado. La realidad es que está sufragado por todos y cada uno de nosotros, porque así lo hemos querido. Si se quieren cambiar las cosas, que se cambien por mayorías amplias, pero llamando a las cosas por su nombre, sin mentiras.”

          Hasta aquí el comentario que me traslada este joven. No quiero añadir nada más, a excepción de subrayar otra falacia a la que nos tienen muy acostumbrados los políticos y gobernantes del PP, y es la idea absurda e infame de que lo público está, “por definición”, mal gestionado y que la iniciativa privada siempre es más eficaz y rentable. Rentable, ¿para quién? Ya he hablado de esto en otros posts de mi blog, y he dejado bien claras mis posiciones al respecto.

ACERCA DEL SOBERANISMO CATALÁN

          Con la multitudinaria celebración de la Diada en las calles de Barcelona, se ha abierto un nuevo frente en la ya de por sí bastante agitada política nacional. Hasta ahora, el independentismo catalán permanecía más o menos latente, ambiguo, semioculto, siendo sólo reivindicado expresamente por partidos “menores”, como ERC. Pero, tras la gigantesca manifestación del martes, el soberanismo ha pasado de golpe a la primera línea de las exigencias políticas por parte de una mayoría muy significativa de los catalanes, encabezados por CiU.

          No sé muy bien si esto era lo que pretendía de verdad Artur Mas, pero me da la impresión de que ha contribuido a abrir una puerta que ya no se va a cerrar y que le va a obligar a dar una serie de pasos hacia adelante muy difíciles y peligrosos, cuyas consecuencias nadie está en condiciones de medir con precisión. El asunto se le puede ir de las manos con gran facilidad. Mi interpretación es que el President se ha precipitado a utilizar la reivindicación soberanista para ocultar un fracaso más que evidente de su política económica y desviar así la fuerte contestación o rechazo social que sus durísimas medidas de austeridad han surgido entre los propios ciudadanos catalanes. Ese descontento se une a la indignación que también está provocando entre TODOS los ciudadanos españoles la política del gobierno de Mariano Rajoy, con sus continuos y duros ajustes y su desvergonzado giro hacia una derechización que creíamos ya superada, con lo que la combinación es muy explosiva y peligrosa. Está suficientemente demostrado que, en fases de gran descontento social, las posturas radicales y extremas proliferan como setas y, que me perdonen muchos catalanes y vascos por expresar mi libre opinión, considero que el independentismo nacionalista es una postura extrema que no está de acuerdo con los tiempos que corren, porque me parece un movimiento regresivo.

          No cabe duda de que nos hallamos ante una cuestión muy sensible y que provoca reacciones radicalmente enfrentadas. Tenemos la obligación todos (ciudadanos y políticos) de realizar un gran esfuerzo por abordar este problema con sosiego y cabeza, sin dejarnos llevar por sentimientos viscerales que chocan frontalmente entre sí e imposibilitan el diálogo. Abrir ahora la caja de los truenos, reivindicando la independencia como único camino posible, no es una actitud responsable, viene en un momento pésimo y puede desencadenar unas tensiones muy peligrosas para nuestra convivencia. Frente a los que defienden esta salida (la independencia) como la única viable y aseguran que no pasaría nada, porque sería un proceso pacífico y “natural”, opino que nadie está en condiciones de prever en su justa dimensión todas las consecuencias.

          Dicho esto, quisiera expresar también mi convencimiento de que los nacionalismos catalán y vasco no se han tratado bien en toda esta ya larga etapa de la España democrática. La solución de las CC.AA., de “café para todos”, no ha sido la adecuada. Admito unas características especiales tanto en Cataluña como en Euskadi, de carácter cultural, lingüístico, económico y de sentimiento identitario nacional, que hubieran requerido desde el primer momento un tratamiento específico, el cual hubiese cumplido satisfactoriamente sus aspiraciones de autogobierno, dentro del Estado español. Comprendo que muchos catalanes y vascos se sientan incómodos dependiendo del gobierno de Madrid en las actuales condiciones, puesto que no se les ha dado un trato “diferencial” al que se consideran acreedores. Las críticas, descalificaciones e incluso insultos que han ido recibiendo por parte de ciudadanos del resto de la península, por el hecho de defender sus reivindicaciones, no han hecho más que alimentar y radicalizar su hostilidad y su postura nacionalista, dentro de un proceso perverso de antipatía mutua que no ha hecho más que acentuarse con el tiempo. En particular, el Partido Popular ha mantenido siempre una posición despectiva y distante con respecto a las sensibilidades catalana y vasca, y desde luego el gobierno actual de Mariano Rajoy está en las antípodas para lograr un entendimiento razonable y satisfactorio con los nacionalistas.

          En definitiva, estamos ante un puzzle muy intricado y difícil de resolver, pero que precisamente por eso requiere grandes dosis de tranquilidad y mente fría. La reivindicación soberanista viene, sin duda, en el peor de los momentos.

P.D.: Recomiendo la lectura de mi segundo comentario al presente post, publicado el 25.09.12. Me parece una adecuada ampliación a lo que pienso sobre este asunto tan sensible.

FALTAN PLANES POSITIVOS

          A continuación, transcribo un par de comentarios que he dejado hoy viernes 7 de septiembre en el video-blog “La voz de Iñaki”, en la página web del diario El País. Su contenido no es nuevo, al menos en mi blog, pues ya otras veces me he referido a la imperiosa necesidad de reinventar y revitalizar la estructura productiva española, seriamente dañada tras el derrumbe del sector inmobiliario, que actuó como principal impulsor de nuestra economía durante los gobiernos de Aznar y el primero de Jose Luis Rodríguez Zapatero. Aún conociendo de sobra mis propias limitaciones, como simple hombre de la calle y sin grandes responsabilidades en el mundo de la empresa o de la administración pública, algo en el interior de mi conciencia me obliga a señalar posibles vías de actuación que podrían impulsar el desarrollo económico de nuestro país, superando así esta maldita crisis que no parece tener fin, y devolviéndonos a un proceso sostenible de mejora continua, tanto de nuestro nivel de vida como de nuestras expectativas de futuro.

          Se me puede tachar de ingenuo, pretencioso, chiflado o quizás algo peor. Bueno, es posible, pero no me importa, porque ante la situación de grave deterioro que estamos padeciendo no podemos conformarnos tan sólo con protestar y renegar de nuestros gobernantes, sino que hemos de pasar a otra fase más activa, la de lanzar propuestas con mayor o menor sentido común, de acuerdo con nuestros conocimientos y criterio. De la simple queja hemos de pasar a la exigencia, sobre todo cuando estamos convencidos de la acusada miopía (e incompetencia) de nuestros dirigentes y de que otra política es perfectamente posible. Como ya he hecho en otras ocasiones, lanzo algunas ideas con la esperanza de que al menos algunas de ellas cuenten con el apoyo de otras personas inquietas y, quién sabe, a lo mejor más adelante acaben por tomarse en serio y hacerse realidad.

          He aquí mis comentarios.

1º.- ¡Naturalmente que hace falta un proyecto, Iñaki! Es imprescindible tener ideas, planes y programas para reinventar la economía productiva de este país, desde el momento en que se colapsó el sector inmobiliario de manera tan estrepitosa. Estoy convencido de que, cuando la iniciativa privada no es capaz de desarrollar nuevas industrias o focos de riqueza, y encima con las fuentes de crédito secas, corresponde al sector público llevarlo a cabo, aunque esto vaya en contra frontalmente de la nefasta ideología neoliberal imperante y que tanto agrada al Partido Popular. Hay muchas maneras de tomar la iniciativa para fomentar el crecimiento económico. Se puede hacer directamente, o bien se puede procurar mediante medidas positivas de estímulo, fiscales, laborales, etc. Otras naciones lo tienen mucho más claro y no muestran tantos reparos a la hora de fomentar el desarrollo de su propia economía.

El gobierno del PP ha elegido un camino erróneo, al fijar como única y máxima meta el logro del equilibrio presupuestario en el plazo más corto posible. Además de empobrecer claramente a nuestra sociedad, está destruyendo nuestras propias posibilidades de salir airosamente y en un plazo razonable de la crisis, al reducir de manera drástica recursos en sectores tan fundamentales para el futuro como la educación pública y las actividades científicas y de investigación. Rajoy y sus ministros sólo creen en la austeridad (muy mal entendida) y los recortes, como si les hubieran colocado a todos orejeras de burro, y repiten como un mantra que sólo esta política nos conducirá por la senda del crecimiento y el empleo (posibilidad cada vez más y más lejana). Francamente, creo que este discurso no convence ya ni a ellos mismos. Espero que sigamos hablando más extensamente sobre esta importante cuestión, Iñaki, porque en mi opinión constituye la clave de todos nuestros problemas actuales.

2º.- Aunque no sean cosas que nos corresponda realmente proponer a la gente de la calle, sino a los políticos, porque se supone que para eso están, quizá sea útil señalar campos de actuación sobre los que deban trabajar en serio las administraciones públicas, fundamentalmente el gobierno de la nación. Con toda la prudencia y la humildad que el tema requiere, me permito sugerir unos cuantos puntos, en los que probablemente coincidiré con otros tertulianos del foro:

1) Desarrollo amplio y decidido de la energía solar, aunque ello vaya en contra de los intereses de las grandes empresas eléctricas que hoy por hoy dominan el sector.

2) Apoyo real y tangible, financiero y fiscal, a los “emprendedores” y a las pymes.

3) Recuperación de procesos productivos y de otro tipo deslocalizados y transferidos a países de otros continentes (¡cuánto empleo nacional se ha destruido con esta práctica!).

4) Fomento de una industria integral del reciclado.

5) Ocuparse mucho más de nuestro sector agrícola y ganadero. Los agricultores y ganaderos deben recibir un precio justo y suficiente por sus productos. Hay que esforzarse por crear alicientes para vivir con calidad en las pequeñas poblaciones y en el campo.

6) Apoyo decidido e incondicional a la educación pública (todo lo contrario a lo que se está haciendo). Con más horas lectivas a la semana y más actividades prácticas, el Inglés tiene que dejar de ser de una vez por todas la eterna asignatura pendiente de nuestros jóvenes.

7) Implantar una auténtica cultura de protección medioambiental y ahorro energético.

8) Plantearse seriamente la eliminación de instituciones caras, inútiles y obsoletas, como el Senado y las Diputaciones Provinciales.

Son sugerencias. Se pueden plantear muchas más, pero no cabe duda de que hay muchísimo que hacer, si realmente hubiese una voluntad política seria, comprometida y firme.

          Después de escribir estos comentarios en el blog del periodista Iñaki Gabilondo, como es natural se me ocurren aún más cosas: una lucha implacable contra la corrupción y el delito fiscal (nada de amnistías, sino persecución del fraude), un sistema fiscal progresivo y justo que haga tributar a los grandes patrimonios y fortunas (Iglesia Católica incluida), una defensa más activa y enérgica de nuestros intereses ante la Unión Europea, agilizar definitivamente los procesos judiciales, etcétera, etcétera.

          Que el lector juzgue y opine.