Archive for 17 julio 2012

¡HASTA PRONTO!

          Me voy a ausentar unos días para disfrutar de unas cortas vacaciones. Como no dispongo de portátil ni de conexión móvil inalámbrica, dejo mi blog durante este breve paréntesis, que durará hasta los primeros días de agosto. De todas formas, seguiré bastante pendiente de todo lo que sucede, en este verano particularmente “calentito”, con amplios sectores de la sociedad española cada vez más alarmados e irritados ante los bárbaros hachazos a los que nos está sometiendo este gobierno de Mariano Rajoy. Me parece que, desde que vivimos en democracia, nunca se ha vivido una reacción popular tan intensa ni tan extensa como la de estos últimos días, en contra de una política determinada.

          Claro que, reconozcámoslo, nunca han concurrido tantos motivos para la indignación ciudadana como los que ahora nos está proporcionando el señor Rajoy y sus ministros. A los severos recortes de tipo económico, que están afectando clarísimamente a nuestra capacidad adquisitiva e incluso a la misma supervivencia de ciertos sectores de la población, se unen otros elementos bastante inquietantes: uso abusivo del poder, que no puede justificarse de ninguna manera por la mayoría absoluta conseguida en las elecciones, gestos de prepotencia y frivolidad en muchas de las declaraciones e intervenciones públicas, una insistencia enfermiza en culpabilizar al ejecutivo anterior por cómo está la situación, reiterados embustes y engaños a la ciudadanía (¿qué han cumplido de todo lo que prometieron?), gestos y actitudes muy censurables, como la de la ministra de Empleo difundiendo datos confidenciales con mala fe manifiesta, o la incalificable y reciente agresión verbal de la diputada Andrea Fabra. En definitiva, sufrimos un preocupante déficit democrático que le está restando credibilidad a raudales a este gobierno del Partido Popular.

          Por fortuna, la gente está viva y reacciona. No somos necios ni aborregados, sino que vemos, leemos, escuchamos, nos relacionamos y podemos exigir, de manera más o menos espontánea u organizada, otros modos muy diferentes de hacer política y gobernar. Sabemos discernir lo que es justo y sensato de lo que son atropellos a los derechos y libertades sociales e individuales. Es posible también que la oposición parlamentaria haya estado, en parte, un tanto anestesiada e inactiva durante estos primeros meses del gobierno de Rajoy, pero ya hay indicios claros de que la labor opositora va a ser más contundente a partir de ahora.

          En fin, seguiremos en la brecha, atentos a todo cuanto acontezca, y, por mi parte, seguiré aportando mis puntos de vista sobre política, economía y actualidad, principalmente. Muchas gracias a todos los visitantes de mi blog, a los que animo a dejar sus comentarios y opiniones tras cada uno de los posts que voy publicando. Les aseguro que son muy valiosos para mí.

          ¡Hasta pronto, amigos y amigas!

EL AUTÉNTICO MEOLLO DEL PROBLEMA

Puerto de Shanghai (vista parcial)

          Ayer miércoles el presidente del gobierno Mariano Rajoy anunciaba un nuevo y durísimo paquete de medidas destinadas a reducir nuestra deuda, aproximarnos a los objetivos de déficit y satisfacer tanto a las autoridades europeas como a los todopoderosos mercados financieros. Como ya he expresado en este blog en ocasiones anteriores, tales medidas provocarán más recesión, vía reducción de la demanda interna, pero ahora no es mi intención desgranar las nuevas decisiones del gobierno con detalle. Lo dejaré, en todo caso, para otro momento. Lo que sí me gustaría destacar es que, una vez más, toda la preocupación de los dirigentes actuales, españoles y europeos, se centra en los aspectos financieros y fiscales de la economía, olvidando clamorosamente otras facetas de al menos igual importancia, si no más. En efecto, desde hace ya muchos meses, entre los políticos y los medios de comunicación hay una obsesión generalizada por conceptos como:

     – Austeridad

     – Objetivos de déficit

     – Precio de la deuda soberana

     – Prima de riesgo

     – Rescate

     – Subidas de impuestos

     – Reducción del gasto público

           Como resulta más que evidente (ahí tenemos los tristes ejemplos de Irlanda, Portugal y Grecia), todo este proceso de ajuste y observancia rigurosa del cumplimiento de los objetivos fiscales conducen indefectiblemente a menos inversión, más desempleo, menos consumo, más recesión…y mayores dificultades para pagar la propia deuda, en un esquema pernicioso que se retroalimenta negativamente y que se traduce en una espiral recesiva de la que cada vez es más difícil salir. Mediante unos sencillos cálculos, cualquiera puede comprobar que si el PIB de un país disminuye o, lo que es lo mismo, se halla en recesión, el cumplimiento del objetivo de déficit público, medido en % sobre el PIB, se hace más y más difícil de lograr, por cuanto supone más miles de millones de euros de disminución del gasto público.

     Es fácil llegar a la conclusión de que la mejor vía para llegar -o aproximarse al menos- a un equilibrio fiscal es una economía en crecimiento. Por fortuna, desde que François Hollande comenzara su batalla política que le llevaría poco después a la presidencia francesa, se empezó a hablar simultáneamente de la necesidad de crecimiento y de estímulos a la inversión, introduciendo así una importante variable en el discurso económico habitual. Para que un país salga adelante y tenga un futuro despejado, tiene que producir y vender más y mejores bienes y servicios, de manera que aumenten su PIB, los ingresos de las empresas, la renta de los trabajadores y consumidores, así como la propia recaudación del Estado, lo que a su vez llevará a un mejor y más rápido cumplimiento de sus objetivos presupuestarios.

     La cuestión que se ha de plantear, pues, estriba en cómo crecer, cómo ser más competitivos y cómo vender más al exterior. Es obvio que hay que generar bienes y servicios atractivos, en calidad y en precio, que sean demandados por otras naciones. Y aquí llegamos al núcleo del problema: en España tenemos un tejido productivo mermado y debilitado. Si exceptuamos la aún potente industria del automóvil (toda ella en manos de multinacionales extranjeras, eso sí), el sector turístico y algunas otras actividades de menor peso específico, la industria escasea en nuestro país, y ello por una serie de motivos:

     * Reconversiones industriales

     * Debilidad de la inversión privada

     * Escasez de crédito (ahora más que nunca)

     * Deslocalización

     * Apertura ilimitada a las importaciones del resto del mundo

     * Tendencia a los negocios especulativos, en detrimento de los productivos

          Adquirimos del exterior todo tipo de bienes de consumo, tan corrientes como prendas de vestir, calzado, herramientas, juguetes, toda clase de artículos de electrónica, informática y fotografía, maquinaria, papel, electrodomésticos, componentes, artículos alimenticios elaborados y sin elaborar, etc., bienes que en buena medida hemos sido capaces de fabricar o producir nosostros mismos en otros momentos de nuestra historia reciente. Se me dirá, claro, que la producción nacional no era rentable ni competitiva, y que traía más cuenta comprar fuera todos esos productos y muchos más que no he mencionado. Bueno, quizás haya algo de verdad en ciertos casos, pero la realidad es que, poco a poco, nos hemos ido desprendiendo de fábricas y procesos productivos (¡e incluso administrativos y de servicios!), se ha ido despidiendo trabajadores incesantemente, se han cerrado múltiples salidas profesionales a nuestros jóvenes y, al mismo tiempo, hemos ido importándolo todo. Entonces, hay que preguntarse: ¿qué es lo que podemos ofrecer a cambio a los demás países del mundo? Aparte de sol, playa, turismo……¿qué más?

          Durante décadas hemos ido desmontando muchas, demasiadas formas y modos de ganarnos la vida. Mientras recibíamos fondos de cohesión de la Unión Europea, y mientras nuestros bancos y cajas de ahorros adquirían dinero barato a raudales y se creaba el monstruo inmobiliario, aparentemente todo iba bien, ¿verdad? Pero ahora, cuando todo eso se ha terminado, nos hemos quedado como quien dice a la luna de Valencia (nunca mejor dicho).

          ¿No sería sensato exigir a nuestros gobernantes, españoles y europeos, recuperar de alguna manera ese tejido productivo que hemos llegado a tener y limitar de algún modo las importaciones que tan alegremente hacemos de países como China, Corea del Sur, India, Pakistán, Brasil, Turquía, Sudáfrica, Colombia, Chile, Marruecos, Indonesia, Vietnam, etc.? Creo, estoy seguro de que ahí reside el secreto del verdadero equilibrio económico. El otro, el presupuestario o fiscal, del que tanto se habla, vendría por añadidura.

LA ROJA: EL TRIUNFO DEL TRABAJO BIEN HECHO

          Nuestra selección nacional de fútbol nos ha dado una inmensa alegría a todos los españoles. Incluso yo, que confieso no haber sido nunca especialmente aficionado al balompié, he seguido con gran interés todos los partidos jugados por España en Polonia y Ucrania, en esta Eurocopa 2012, y me he sentido fuertemente contagiado por el júbilo que ha experimentado la inmensa mayoría de nuestro país antes, durante y al término del fabuloso partido final de ayer domingo frente a Italia. Estos jugadores impresionantes, bajo la batuta maestra del gran Vicente del Bosque, han conseguido un milagro: que nos sintamos extraordinariamente orgullosos y satisfechos del equipo que lleva nuestros colores.

          Evidentemente, la tremenda alegría al verles recoger la copa de Europa al final del encuentro es el broche de oro definitivo, pero hay que subrayar todo el trabajo que hay detrás: el proyecto del seleccionador, su esquema de juego, la planificación, los duros y largos entrenamientos, el espíritu extraordinario de conjunto, el esfuerzo continuado de los jugadores. El triunfo final es la culminación de un trabajo largo, sacrificado, bien coordinado e ilusionante por parte de un magnífico equipo humano, que, sin embargo, ha sabido mantener los pies en el suelo y luchar palmo a palmo y minuto a minuto, sin ceder nunca al triunfalismo ni a la prepotencia. Esta es la gran lección que nos ha dado a todos el equipo que dirige Del Bosque (quien ya recogió lo sembrado por su antecesor, Luis Aragonés): nunca hay enemigo pequeño, hay que saber siempre ser prudentes y humildes, y hay que trabajar, trabajar y trabajar, para sacar en el terreno de juego lo mejor de cada uno y del conjunto entero.

          Hoy lunes, tras la alegría desbordante que a todos nos inundó la noche de ayer, volveremos a la otra realidad, la realidad cotidiana y fea de la economía, los sueldos ajustados, las ayudas al sector financiero, la crisis de Bankia, los recortes en los sectores sanitario y educativo, el paro, la prima de riesgo, los incendios que asolan el interior de la provincia de Valencia, las infamias de la ministra de Empleo que no vacila en divulgar datos confidenciales, el futuro del CGPJ, y otras muchas miserias que “adornan” nuestra vida pública diaria. Como muy sabiamente advirtiera el propio Del Bosque antes de comenzar este último torneo, el fútbol no arregla los problemas de España. Es cierto, desde luego, pero también es verdad que este fútbol de “La Roja”nos señala a todos el camino y la manera de afrontar los problemas y los retos de la vida, sean de la naturaleza que sean: mediante esfuerzo, rendimiento, calidad, sacrificio y, en definitiva, el trabajo bien hecho.

          ¡¡¡ENHORABUENA, TRICAMPEONES!!!