Archive for 31 agosto 2011

¿ERA NECESARIO TODO ESTE ALBOROTO?

Zapatero, Rajoy, Rubalcaba y Durán i Lleida

El final de agosto nos ha sorprendido a todos con el anuncio, por parte del Presidente del Gobierno, de su decisión (consensuada con el líder de la oposición, Mariano Rajoy) de incluir una modificación urgente en nuestra Constitución para establecer unos límites inequívocos al déficit público y, por tanto, al nivel de endeudamiento del Estado español, comunidades autónomas incluidas. En un tiempo récord, se ha anunciado, se ha discutido y negociado, se ha explicado rapidísimamente a las bases socialistas (a las que ha pillado por sorpresa), se ha llevado al Congreso de los Diputados y se ha aprobado con los votos, casi en exclusiva, de los dos principales partidos nacionales. Ha sido un proceso insólito, sobre todo por la extrema celeridad con que se ha llevado a cabo.

Parto de la base de que, en los tiempos que corren, la exigencia de una disciplina presupuestaria y de una severa limitación al nivel de déficit público y endeudamiento es no sólo conveniente, sino casi imprescindible. Realizar una política económica contraria a este principio es irresponsable y lleva indefectiblemente al abismo, pues la acumulación continua de deuda conduce a la ruina, cuando el país no dispone de otros recursos (grandes riquezas naturales, importantes reservas de oro, fuerte potencial productivo), con las que poder responder en el futuro y sin problemas de sus deudas. Ahora bien, esta filosofía debe formar parte de su política económica corriente, que se sup0ne ha de ser gestionada con prudencia y eficacia en el día a día por parte del gobierno de turno. De no actuar así, el estado democrático y la propia sociedad disponen de instrumentos de control y vigilancia que deben dar la voz de alarma y denunciar la irresponsabilidad, llegado el caso,  de su equipo de gobierno.

Francamente, modificar nada menos que la Constitución para insertar una cláusula que indique que no se va a rebasar determinada línea roja de déficit y que, en definitiva, el Estado va a ser moderado y austero, no me parece en absoluto necesario. Si lo que se pretende es enviar un mensaje de cordura y seriedad a los mercados de capitales, manifestando nuestra intención de ser “buenos chicos”, mi opinión es que es una manera muy ingenua y bastante inútil de hacerlo. Mucho me temo que esta especie de brindis al sol por parte del Estado español no tenga el más mínimo efecto sobre los poseedores de los grandes capitales y fortunas del mundo. De cualquier manera, hubiera sido incluso más efectivo y práctico establecer limitaciones presupuestarias en una ley ordinaria, negociada y consensuada por la mayor parte de las fuerzas políticas, y elaborada en un plazo más razonable de tiempo.

Da la impresión de que, a la primera insinuación hecha por Merkel y Sarkozy, tras las turbulencias financieras de las semanas anteriores, nos hemos precipitado a hacer los deberes antes que nadie, para dar la imagen de los más aplicados de la clase. Estamos, me temo, ante una forma de hacer política basada en las apariencias, en salir bien en la foto, más que en trabajar en serio por mejorar la economía real. Y es que esta modificación constitucional no es más que un mensaje, un flash, una declaración de buenas intenciones, pero completamente vacía de contenido; en suma, no aporta nada.

Siento de veras tener que reconocerlo, pero iniciativas como ésta (o como las recientes medidas laborales, que consagran el empleo temporal y precario) perjudican seriamente las posibilidades del PSOE y de su candidato Rubalcaba en las elecciones del 20-N. Este no es el camino, y espero que al equipo de Rodríguez Zapatero no se le ocurran más “ideas brillantes” en los 3 meses escasos que le quedan al frente del ejecutivo.

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ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA IGLESIA

Después de unas pocas semanas ausente de casa y de mis rutinas y quehaceres habituales, vuelvo a retomar gustoso el blog. Ciertamente, el mundo sigue girando y se suceden acontecimientos de todo tipo, y particularmente, echaba de menos este pequeño desahogo que me supone verter mis ideas, opiniones y sugerencias en estas páginas. Aprovecho la ocasión para invitar a cualquiera que comparta más o menos mis inquietudes a expresarse y, por qué no, a debatir nuestros puntos de vista. Lo único que pido es respeto y un mínimo de rigor en lo que se tenga a bien exponer. Creo sinceramente en el diálogo respetuoso y razonado, como medio más adecuado para aproximarse a la verdad.

Tras las inestabilidades financieras vividas muy recientemente, a caballo entre julio y agosto, parece que las aguas se han calmado y nuestra famosa prima de riesgo (el diferencial que tiene el coste de nuestra deuda con respecto a la alemana) ha regresado a niveles aceptables. Sin duda, la intervención del BCE adquiriendo deuda pública de España, Italia y otros países en riesgo ha sido decisiva para que esto haya vuelto a una relativa normalidad. Es imprescindible que el Fondo Europeo de Estabilidad Presupuestaria asuma lo antes posible las nuevas funciones que se le han encomendado en la última cumbre europea. Los siguientes pasos deseables serían la emisión única de eurobonos para toda la zona de la moneda común, y marchar decididamente hacia una gobernanza económica única, aunque no sé cuánto tiempo habremos de esperar para verlo…si es que realmente lo vemos.

Pero, como el lector deducirá a partir del título de esta entrada, no es de economía ni de finanzas comunitarias de lo que quiero hablar ahora. En efecto, la semana pasada hemos asistido a la visita de Benedicto XVI a esta sufrida ciudad de Madrid, y me gustaría escribir algunas líneas relacionadas con esta Iglesia oficial a la que representa el Papa de Roma. Ya el 10.11.2010, en mi artículo titulado “A propósito de la reciente visita del Papa” (en aquella ocasión su viaje fue a Barcelona, como se recordará), me explayé bastante sobre unas desafortunadas declaraciones pronunciadas entonces por el Pontífice. No deseo repetirme, pues creo que en aquel artículo dejaba bastante nítida mi postura genérica acerca de la Iglesia Católica y de su papel en el mundo de hoy día. Ahora bien, esta nueva visita me sugiere algunas ideas nuevas que vienen a complementar las expuestas meses atrás.

Para empezar, debo reconocer que el Papa, como jefe espiritual de los muchos millones de católicos practicantes que hay en el mundo, tiene todo el derecho a reunirse con parte de sus seguidores y de llevar a cabo acciones públicas de carácter pastoral, contando siempre, como es lógico, con  las autoridades del país anfitrión. Ahora bien, dada la situación económica delicada que atraviesa España, y teniendo en cuenta el descontento y el malestar -perfectamente lógicos y legítimos- de muchos de nuestros conciudadanos (jóvenes en su mayoría), hubiera sido mucho más considerado por parte de la alta jerarquía eclesiástica reducir la estancia del Papa y el número de actos públicos a lo más imprescindible, con lo que los gastos ocasionados por su visita se habrían minimizado bastante: menor movilización policial, menos cortes de calles, avenidas y plazas, menos dispositivos de seguridad, etc. Comprendo además perfectamente la indignación de tantos madrileños al saber que los viajes y desplazamientos de los peregrinos por la capital les han resultado a precio de risa, precisamente pocas semanas después de que la Comunidad presidida por Esperanza Aguirre subiera el precio del billete sencillo de Metro y autobús nada menos que un 50%. Tampoco me ha gustado nada comprobar el estado en que ha quedado el aerodromo de Cuatro Vientos, convertido en un inmenso basurero, y con la actividad aérea normal suspendida durante al menos una semana tras el evento.

Aprecio un interés muy especial por parte del Papa y la alta jerarquía eclesiástica en centrar parte de sus actividades internacionales en España. Al fin y al cabo, nuestro país era hasta hace pocas décadas uno de los más firmes -a la par que escasos- bastiones del catolicismo, la tan cacareada “reserva espiritual de Europa“. Sin embargo, el laicismo (natural, no “agresivo”, ¡ojo!) creciente de la sociedad española es un hecho evidente e incontestable, y eso debe asustar bastante a los obispos y cardenales, que constatan la cada vez menor influencia de los dogmas católicos en la vida diaria de los españoles y, en consecuencia, ven peligrar su situación de grandes privilegios heredada de épocas pasadas. De manera que, si no me equivoco, me temo que las “acometidas” del Vaticano sobre nuestro país van a continuar, por ver si enderezan la situación y devuelven la “oveja descarriada” al redil.

Al menos, en esta ocasión, Benedicto XVI ha sabido ser más diplomático y se ha cuidado mucho de no interferir en la forma de llevar los asuntos públicos en España por parte de sus representantes democráticos. Se ha limitado a su actividad pastoral, que es lo que se esperaba de él. De todas maneras, y dada la vocación universal que se supone tiene la Iglesia Católica, he echado particularmente de menos declaraciones sinceras de apoyo a los hombres y mujeres de hoy en lo que se refiere a los graves problemas reales de la vida cotidiana: la crisis económica, el desempleo, la inseguridad respecto a algo tan simple como ganarse dignamente la vida, la falta de perspectivas de los jóvenes, las enormes desigualdades económicas, el deterioro del medio ambiente, de nuestra tierra, de sus ríos, mares y océanos, el futuro que aguarda a nuestros descendientes……¿No tiene nada que decir la Iglesia sobre todos estos problemas? En cuanto a la crisis actual, claramente provocada por la codicia ilimitada de unos pocos y que ha llevado a la ruina, al paro y a la pobreza de muchos, ¿no debería alzar rotundamente su voz el Papa condenando el desmesurado afán  de riqueza de aquéllos, cuya irresponsabilidad nos ha conducido a todos a esta dificilísima situación que ahora padecemos? Yo me pregunto: ¿de dónde es esta Iglesia y a quiénes defiende? La respuesta es fácil, sin embargo: la Iglesia oficial ha estado siempre al lado de los ricos y poderosos, su preocupación fundamental ha sido y es mantener sus privilegios, la pobreza y la miseria de los mortales le traen sin cuidado y, por lo que veo, el futuro y la viabilidad de la vida humana en el planeta también.

En fin, a la Iglesia de Roma le preocupan más los problemas relativos a la moral sexual que los pecados de la codicia y el poder terrenal. Para ellos, parece que es más pecaminoso usar un humilde preservativo que diseñar unos engañosos productos de “ingeniería financiera” con los que especular, obtener ganancias enormes para unos pocos “listillos” en unos minutos de sesión bursátil, y llevar el caos y la ruina a millones de incautos.

ANTE EL DESCALABRO BURSATIL

Reproduzco aquí algunos comentarios personales vertidos en uno de los foros del diario El País de hoy 11.08.11:

Yo también pienso que haber facilitado tantos recursos en su momento a la banca ha sido al final un inmenso error. Si de verdad se aceptan las reglas del mercado, me parece justo que el que haya actuado irresponsablemente, comprando activos-basura o concediendo más créditos hipotecarios de lo razonable, lo pague y desaparezca de la escena. Como alguien ha apuntado en este foro, sería prudente cerrar las bolsas unas cuantas jornadas, a ver si las aguas se calman un poco. Y una idea más: sería bueno pensar seriamente en una banca pública, que actuase con responsabilidad y mirando más por los intereses de los ciudadanos. Ya sé que esta idea “rechina” en las mentes de los neoliberales, pero ya vemos a dónde nos llevan los capitales privados, la especulación pura y dura y la desregulación financiera.

A Javier (54). Estoy muy de acuerdo contigo. Pero para potenciar nuestra economía real, que es la que al final puede equilibrar las cosas, hacen falta como mínimo 3 factores: 1) voluntad política para fomentar la actividad en aquellos sectores productivos de interés; 2) iniciativa empresarial, con visión a medio y largo plazo; 3) crédito suficiente para impulsar estas iniciativas. Además, se impone cambiar radicalmente nuestra mentalidad del “pelotazo” y de los beneficios a corto plazo por otra de esfuerzo, responsabilidad y de trabajo continuado.

 A Javier (63). Es cierto que el exceso de burocracia resulta bastante negativo para todos, en la medida en que ralentiza o frena las actividades y resulta muy costosa, sobre todo como sucede en el caso español, en el que tenemos varias administraciones (estatal, autonómica y municipal), que están sobredimensionadas y muchas veces se solapan. Pero lo que yo veo aquí es un problema de grado; es decir, no a la burocracia excesiva y repetitiva, pero sí a una administración pública con una dimensión ajustada e imprescindible para regular y equilibrar la actividad privada. Particularmente, tampoco me siento muy orgulloso de nuestra clase empresarial (salvo honrosas excepciones), pues creo que carecen de empuje, creatividad y competitividad a nivel internacional, y en cambio sólo parecen tener ojos para maximizar los beneficios a muy corto plazo, lo que les lleva indefectiblemente a especular y no a crear valor a largo plazo. Mi blog: https://elmiradordedonfrenando.wordpress.com/

UNA BREVE REFLEXION SOBRE EL TEA PARTY

          Una de las ideas centrales del denominado Tea Party, movimiento ultraconservador norteamericano, es su rechazo al Estado, al que vienen a decir, hablando en plata, que no interfiera en sus asuntos y que se meta los impuestos donde le quepan (pido perdón por la grosería, pero creo que he expresado muy gráficamente su línea de pensamiento).

          La verdad es que, hablando un poco más en serio y a la vista de lo publicado en los medios sobre este movimiento de extrema derecha, Sarah Palin (en la foto) y sus seguidores carecen de una ideología con un mínimo de rigor. Ellos reafirman su genuina “americanidad”, como si fueran los únicos y legítimos herederos de la Norteamérica real y profunda. Según parece, se creen de alguna manera amparados por Dios (¡qué miedo me dan los que citan continuamente a Dios y lo acaparan para sí!). Desprecian e ignoran a los demás, incluidos los restantes paises que habitamos este sufrido planeta. Y desautorizan al propio Estado, sobre todo cuando la Casa Blanca está ocupada por un demócrata, que encima es negro. Pese a su vaciedad, su demagogia  y su ausencia de rigor intelectual, el Tea Party se ha hecho un hueco importante en la sociedad norteamericana actual y cuenta con numerosos seguidores. Su última hazaña ha sido la de rebelarse dentro del propio partido republicano, al que por ahora pertenecen, y poner contra las cuerdas a su propio país, al dificultar extraordinariamente un gran acuerdo político entre los dos grandes partidos para solucionar el problema de la colosal deuda externa y evitar la suspensión de pagos.

          Sólo quiero expresar una idea al respecto, y que creo bastante consistente. La voluntad popular, la democracia en definitiva, se ejerce a través de las instituciones del Estado, tanto en USA como en cualquier otro país democrático. Y son las instituciones del Estado las encargadas de velar por el bien común, las que pueden cambiar las cosas a mejor, las que pueden corregir desequilibrios indeseables, las que pueden preservar el patrimonio natural, cultural y artístico de los pueblos, y también las que pueden echar una mano a los más desfavorecidos de la sociedad. Estas son tareas que sólo un Estado democrático puede realizar.

          La deseable iniciativa privada, es decir, las empresas, tienen otra misión, necesaria y positiva, desde luego. Pero éstas siempre van a obedecer a intereses privados, particulares. Intentarán maximizar sus beneficios a corto o a largo plazo, e incluso aspirarán a detentar cuotas de poder, como se ve continuamente en la realidad. Pero no existe una “mano invisible” que corrija desequilibrios y modere la situación, como argumentaban los economistas de la antigua escuela clásica británica.

          Llegados a este punto, quiero afirmar con toda rotundidad que aquellos que desean cuanto menos Estado mejor y que creen ciegamente en el mercado, en realidad NO SON DEMÓCRATAS, no creen en el poder de las urnas ni en la capacidad de los pueblos de gobernarse a sí mismos. Me gustaría que se reflexionase sobre esta idea, simple pero muy clarificadora.

VERDADES Y MENTIRAS SOBRE EL EMPLEO

          Hace pocos días, cuando el Presidente Zapatero anunció la fecha definitiva de las próximas elecciones generales, el señor Rajoy se apresuró a convocar una rueda de prensa (en el transcurso de la misma mañana), en la que pretendió esbozar una especie de programa de gobierno o declaración de intenciones, que se articulaba en varios ejes. El primero y principal de dichos ejes de actuación es, para los populares, el crecimiento y la generación de empleo, según las propias palabras de su líder. El problema, como siempre en todas sus declaraciones públicas, es que no dijo más, confundiendo un deseo -compartido por todas la fuerzas políticas, incluído el PSOE, faltaría más- con un plan o programa serio de acción. Daría lo que fuera por saber qué pasos tiene pensados el Sr. Rajoy y las gentes de su partido para que la creación de empleo sea una realidad desde el momento en que asuman la tarea de gobernar la nación, como ellos esperan. Lo más “concreto” que llegan a decir es que un nuevo gobierno del PP daría más confianza, habría más certidumbre y, como “consecuencia natural”, la economía española comenzaría a crecer y a crear empleo. No sé a usted, amigo lector, qué le parecen estas ideas; a mí, desde luego, no me convencen en absoluto.

          Sobre el tema del desempleo ya he escrito unas cuantas cosas en entradas anteriores de este mismo blog: ACERCA DEL DESEMPLEO (03.11.10) y EL PARTIDO POPULAR Y EL EMPLEO (07.06.11). Me remito a todo cuanto señalé al respecto en ambos artículos. Hoy me gustaría ir un poco más allá y profundizar en la naturaleza de un problema gravísimo que nos afecta de manera muy directa a los españoles, desde luego, pero que también amenaza a muchas otras sociedades de nuestro entorno.

          Durante las últimas décadas, hemos asistido a un avance espectacular de las nuevas tecnologías: la microinformática, las aplicaciones de software, el desarrollo de las telecomunicaciones, el crecimiento exponencial de las capacidades de almacenamiento de datos, el correo electrónico, las redes sociales, la robotización, etc. Nadie pone en duda los beneficios que sobre la vida diaria de la mayoría de nosostros ejercen todas estas novedades tecnológicas: comodidad, rapidez, manejo de gran cantidad de información, comunicabilidad, por citar unas cuantas. Sin embargo, y aquí empieza el problema, si bien es cierto que las nuevas tecnologías ahorran mucho tiempo en tareas que antes podían ser mucho más lentas, no es menos cierto que favorecen también la eliminación de puestos de trabajo. Si antes fue la mecanización en la industria (y también en otros campos, como la agricultura, la minería o la pesca) la responsable de la amortización de innumerables puestos de trabajo manuales, ahora es la informatización masiva y las nuevas tecnologías en general las que están destruyendo un enorme número de trabajos administrativos. Y esta tendencia es imparable, como todo lo que se refiere al desarrollo tecnológico humano.

          Pongamos un ejemplo muy ilustrativo. Donde antes se requería un equip0 de varias personas a plena dedicación, con su jefe correspondiente, para llevar la contabilidad de una empresa mediana, hoy día un solo empleado a tiempo parcial (a veces incluso el mismo director o empresario), con un ordenador portátil y un programa especializado, puede llevar a solas toda la contabilidad de la compañía. Un balance de situación, cuya elaboración antes podía requerir muchas horas-hombre, ahora sale por la impresora en escasos segundos. Si, además, las ventas y el almacén están debidamente automatizados, las ventas, las compras, las existencias y su valoración se contabilizan de manera inmediata y automática, sin intervención del contable. Y ya que hablamos de almacenes, la mecanización y la robotización han avanzado tanto en este terreno que la presencia humana es cada vez menos necesaria. ¿Se ha fijado el lector en los sistemas robotizados presentes ya en muchas farmacias, mediante los que el medicamento solicitado cae directamente junto al mostrador, tras ser seleccionado a distancia desde la pantalla del ayudante o farmacéutico de turno? Como éstos se podrían citar muchos otros ejemplos en casi todas las áreas de la actividad mercantil y empresarial. Cada cual, en su sector o ámbito laboral, lo puede ver con claridad.

          En definitiva, se podría afirmar que la tecnología ha contribuido claramente a la desaparición de muchos, muchísimos empleos. Antes se solía decir que el progreso eliminaba ciertos trabajos pero creaba otros nuevos. Esto es rigurosamente falso. Es verdad que se crean nuevos trabajos, pero en un número infinitamente inferior al de aquellos que desaparecen.

          A la mecanización y a la automatización masiva de procesos se ha venido a unir un nuevo problema: la deslocalización. Ya me he referido a ella en este mismo blog. Se trata de una herramienta legalmente válida a disposición de las empresas, por la que, cuando éstas lo estiman oportuno, trasladan la fabricación entera de una línea de productos a otro país con mano de obra más barata: China, India, Indonesia, Vietnam o Bangladesh, por ejemplo. En otras ocasiones, no se trata sólo de la producción física de bienes, sino de un servicio de atención al cliente, de un proceso administrativo o un sistema de apoyo técnico a distancia. Mediante este método, se destruyen directamente numerosos puestos de trabajo en el país de origen. La empresa se las ingenia para producir con costes más bajos, según sus cálculos, y mejorar su cuenta de resultados, pero en el país de origen, o sea, en España, mucha gente se va al paro, pierde su empleo, sus ingresos se van al cuerno, la clase media y trabajadora se empobrece, se deja de cotizar a la Seguridad Social, cae el consumo interno y la economía se resiente un poco más.

          Si todo esto que acabo de exponer lo aderezamos con las características propias de la economía española, que ha perdido con el sector inmobiliario uno de sus motores principales creadores de empleo, y cuya ausencia se va a seguir notando durante varios años más, tendremos una imagen bastante real de lo que está sucediendo y de lo que nos espera al menos en un futuro inmediato. ¿Soluciones? La verdad cruda y dura es que no se ven. Por supuesto, nadie, ningún partido o fuerza política tiene la varita mágica, ni siquiera el Partido Popular, que tan seguro está de enderezar la situación una vez en el poder.

          Como no deseo pintar un panorama demasiado negro y pesimista, diré que, si bien no hay soluciones inmediatas, sí que existe un camino a seguir, marcado por la aplicación integrada de muchas medidas por parte de las administraciones públicas, por cambios profundos de mentalidad en los agentes sociales y por una mayor implicación y responsabilidad que la sociedad española debe exigir a sus empresarios (ahí está el concepto de responsabilidad social corporativa, manejado por las grandes compañías del IBEX). Me tomo la libertad de señalar algunos puntos que me parecen básicos:

  1. Adelgazamiento de gastos superfluos y mayor austeridad en las instituciones.
  2. Inversiones públicas selectivas.
  3. Gran esfuerzo en educación y formación.
  4. Fomento de iniciativas empresariales en sectores de futuro.
  5. Apertura de crédito, aunque sea recurriendo a una nueva banca pública.
  6. Colaboración leal y estrecha de todas las instituciones, gobierno, comunidades, etc.
  7. Seriedad y rigor en la toma de decisiones.
  8. Visión a largo plazo.
  9. Profundizar en la idea de que el hombre y la sociedad son lo importante, los que han de recibir los beneficios del progreso, la paz y el bienestar.
  10. Prestigiar el trabajo manual, el esfuerzo individual, el toque humano, que son los que en definitiva pueden aportar el sello de calidad exclusivo de la obra bien hecha.

Si alguien ha tenido la paciencia de llegar hasta aquí, me encantaría conocer su opinión sobre las ideas expuestas. Leeré gustoso sus comentarios. Creo que las ideas, si tienen algo de positivas, deben debatirse, conocerse y difundirse.

Un saludo cordial.