Archive for 22 julio 2013

WEST SIDE STORY: UN MUSICAL ASOMBROSO DE HACE MÁS DE 50 AÑOS

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A mi hermano Andrés, que vibró y soñó intensamente con esta película, en un momento especialmente importante de su vida. Donde quiera que estés ahora, deseo de corazón que hayas encontrado al fin la paz y el bienestar. Hasta siempre.

          En 1961, el cine norteamericano lanzó al mundo una producción sin precedentes, que marcó un antes y un después en la historia del musical cinematográfico. Me atrevería a afirmar que, en muchos aspectos, no ha sido superada, pese al tiempo transcurrido desde su estreno. Ciertamente, la historia no era nueva. Ya se había estado representando desde hacía unos años en un teatro de Broadway, y el núcleo narrativo no era sino una versión actualizada del archifamoso Romeo y Julieta de William Shakespeare. Sin embargo, la película de Mirisch Pictures, dirigida por Robert Wise, supuso un paso de gigante en la difusión de este musical, que desde entonces ocupa un puesto de privilegio en el mejor cine de todos los tiempos.

West Side Story - prologue

          Muy en resumen, diré que se trata de una historia de amor, sobre un escenario particularmente tenso y difícil. En una zona marginal de Nueva York, en el West Side, conviven dos bandas rivales de jóvenes, a medio camino entre la adolescencia y una incipiente madurez. Por un lado están los Jets, de origen anglosajón, y por otro los Sharks, de ascendencia puertorriqueña. El odio entre unos y otros se solventa en pequeñas escaramuzas y persecuciones callejeras, en un principio sin mayores consecuencias. En este contexto, María (Natalie Wood), la bella y jovencísima hermana del líder puertorriqueño Bernardo (George Chakiris), se enamora profundamente -y es correspondida desde el primer instante- de Tony (Richard Beymer), antiguo jefe de los Jets, que ha madurado y decidido trabajar y afrontar la vida de un modo más sensato. El amor surge con ímpetu entre ambos jóvenes, pero justamente desde el primer momento aparecen las dificultades. Bernardo y su novia Anita (Rita Moreno) se oponen frontalmente a esta relación. por su parte, Riff (Russ Tamblyn) y el resto de los Jets, a los que ahora capitanea, ejercerán también una gran presión sobre su antiguo compañero Tony, anteponiendo su implacable rivalidad con los Sharks frente a cualquier otra consideración. La suerte está echada, y todos los factores que conducirán a un trágico y rápido desenlace están sobre la escena.

west_side_story - tonight

          Hasta aquí el argumento. Pero además están los bailes, las espléndidas coreografías debidas a Jerome Robbins, y, por encima de todo …… la música , esa música maravillosa del genial Leonard Bernstein que convierte el espectáculo en algo único. Temas como el Prólogo, María, Tonight, América, el Quinteto previo a la lucha (the rumble) o Somewhere alcanzan un altísimo nivel artístico y emocional. Sinceramente, no creo que haya exageración ninguna en mis palabras. La banda sonora de West Side Story es inigualable.

Aquí dejo dos enlaces como botón de muestra:

          Por otra parte, aunque en un plano bien distinto, hay que señalar que la película contiene una seria reflexión sobre los problemas sociales que se derivan de la marginalidad, el enfrentamiento y el rechazo mutuo que suelen darse entre grupos raciales diferentes, que se ven forzados a coexistir forzosamente. Incluso la canción satírica que interpretan en tono jocoso los Jets (¡Caramba, el policía Krupke!), refleja muy bien los graves problemas de los adolescentes, hijos de familias desestructuradas, que rechazan el orden y la disciplina de la escuelas y viven la mayor parte del tiempo en la calle, siempre al borde de la delincuencia. En este sentido, lo que se trata en la película no es demasiado diferente de la realidad actual en cualquier suburbio de una gran ciudad, pese a los cambios evidentes en los gustos, las modas, los estilos, el lenguaje y los gestos de los jóvenes (50 años no pasan en balde, no lo olvidemos).

Wset Side Story - Anita

          West Side Story se estrenó en España con cierto retraso con respecto a su salida en Estados Unidos. Si mis datos no fallan, en Madrid se proyectó por vez primera en la primavera de 1963, en el cine Paz, de la calle Fuencarral (en Barcelona había comenzado su exhibición pocos meses antes). En principio se le puso el nombre castellanizado de Amor sin barreras, no muy atractivo, la verdad. Por suerte, este título no caló demasiado entre el público español, y al final se conocería siempre la película por su nombre original. Indudablemente, el musical causó un gran impacto entre los espectadores, y sobre todo entre los jóvenes, como no podía ser de otra manera. Mi hermano, que por aquel momento tenía 15 años y aparentaba un poco más (lo que le permitió “colarse” en el cine sin dificultades, pese a que estaba prohibido a menores de 18), se quedó tan impresionado y entusiasmado tras la primera proyección, que luego la volvería a ver 6 o 7 veces más, en un corto intervalo de tiempo. Y, por las referencias que tengo, no fue un caso aislado. Por mi parte, yo, que sólo contaba con 9 años de edad, pero que oí hablar tantas veces de la película, tuve que esperar al verano de 1972 para verla por vez primera, aprovechando un re-estreno estival en el Real Cinema, de la madrileña Plaza de la Ópera.

          Sólo quiero añadir que West Side Story obtuvo nada menos que 10 Oscars de la Academia de Hollywood. En lo que se refiere a su reparto, la única actriz  que triunfaría de modo indiscutible y con posterioridad en el cine fue Natalie Wood, la inolvidable María. Russ Tamblyn, George Chakiris y Rita Moreno sólo gozarían después de un éxito bastante modesto, si bien ésta última destacaría como intérprete en el mundo musical norteamericano. En cuanto a Richard Beymer (Tony en la película), no conozco ninguna intervención suya destacable en los años siguientes. De todas formas, ahí queda para siempre el trabajo de todos ellos en un espectáculo cinematográfico único y portentoso.

West Side Story - prólogo

LA COBARDÍA DEL PP SE REFUGIA TRAS SUS MUROS PROTECTORES

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          Una vez más, hemos asistido en Madrid al mismo fenómeno de reacción por parte del PP frente a la indignación popular. Y ya van unas cuantas veces. Grupos más o menos numerosos de ciudadanos, justamente enfadados y cabreados por el escándalo continuado que nos ofrece el partido que nos gobierna, se topan contra un fortísimo muro policial  que les impide aproximarse a menos de 300 o 400 metros de su sede nacional en la calle Génova.

          ¿Hasta qué punto es legal y legítimo que un partido político, como es el PP, utilice de manera tan abusiva los recursos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado para blindarse y proteger tan desproporcionadamente sus sedes, que no son en modo alguno organismos oficiales ni de interés general que haya que cuidar a toda costa? ¿Se puede cortar una arteria tan céntrica e importante del centro de Madrid, tan sólo para que la señora De Cospedal o cualquiera de sus subordinados, como González Pons o Floriano, mantengan sus delicados oídos fuera del alcance de la voz de los ciudadanos, que se rebelan frente a tanta basura política? Mi opinión es que esta reacción no es lícita. Se están usando con abuso manifiesto los contingentes y medios  de la Policía Nacional para amordazar y sofocar la indignación popular, que es aquí el único factor inequívocamente legítimo y justo. El PP, aprovechando que tiene a sus miembros destacados al frente de la mayoría de las instituciones (en este caso, y sobre todo, la Delegación del Gobierno en la Comunidad de Madrid), no tiene el menor escrúpulo en ordenar la movilización de las fuerzas de seguridad para “proteger” algo que es privado y que, además, tendría el deber ineludible de escuchar en primera persona la protesta ciudadana. ¿Acaso no han obtenido los votos de esa misma sociedad que se indigna ante su reprochable comportamiento? En democracia hay que estar a las duras y a las maduras. No sólo hay que abrir las puertas para celebrar festejos y triunfos.

          La única conclusión que se puede sacar de todo esto es una escandalosa y sonrojante cobardía por parte de los dirigentes del Partido Popular, la misma cobardía que ha exhibido tantas veces su presidente, Mariano Rajoy, cuando se refugia en sus silencios ante el escándalo inaudito del caso Bárcenas (cuyas evidencias de corrupción son ya incontestables), o cuando se limita a lanzar una declaración leída tras un televisor de plasma, con la única compañía  de sus palmeros y compañeros de partido.

          Una pequeña observación adicional. Por supuesto, todo mi apoyo y simpatía a los manifestantes de ayer jueves. Yo mismo me he unido a la protesta en el mismo lugar en otras varias ocasiones . Pero, ¡qué escaso el número de indignados! Estas reacciones de protesta, absolutamente legítimas y democráticas, tendrían que ser mucho más multitudinarias y contundentes. ¿O alguien puede pensar que no existen motivos más que sobrados para ello? ¿A qué hemos de esperar para que el clamor de la calle estalle con mucha mayor intensidad y obligue a cambiar el estado de cosas? Por desgracia, hay una inmensa mayoría de ciudadanos incapaces de sentir rabia e indignación ante el escándalo de los políticos. Y, del mismo modo, existe una opinión bastante generalizada que atribuye el mismo grado de corrupción y sinvergozonería a todos los políticos, sean del color que sean. Este pensamiento es falso y actúa como un freno indeseable con respecto a la movilización ciudadana. Pero incluso, aunque ello fuera cierto, ¿sería una excusa válida para callarse y no salir de casa ante hechos escandalosos como los que se derivan de las declaraciones del ex-tesorero del PP, señor Bárcenas?