Archive for 24 septiembre 2013

¡BIEN DICHO, SANTO PADRE!

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          Hace muy pocos días, el Papa Francisco viajó a la cercana isla de Cerdeña. Allí, tras escuchar los testimonios de varias personas especialmente golpeadas por la precariedad y la falta de trabajo y de perspectivas, improvisó un discurso salpicado de frases tan certeras y sinceras como sorprendentes en un Pontífice de la Iglesia Católica:

     “La falta de  trabajo te lleva a sentirte sin dignidad … El actual sistema económico nos está llevando a una tragedia. Vivimos las consecuencias de una decisión mundial, de un sistema que tiene en el centro  a un ídolo que se llama dinero … Señor Jesús (oración), a ti no te faltó el trabajo, enséñanos a luchar por él”.

          Me parece extraordinario que un Papa de Roma tenga la valentía de denunciar con palabras tan sencillas y claras los excesos del capitalismo. ¡Ya era hora! Debo confesar que, desde el primer momento he sentido una creciente simpatía hacia este nuevo Papa. Ya no me cabe la menor duda de que ha aportado a la Iglesia, no sólo un lenguaje y unos modos nuevos y mucho más cercanos, sino también un mensaje de fondo rupturista con aquello a lo que nos tenían acostumbrados sus antecesores inmediatos. En la isla italiana de Cerdeña, el Papa Francisco ha señalado sin tapujos el meollo de la crisis actual, su causa última, que no es sino el exceso de codicia por parte de unos pocos (en términos relativos), de aquellos que idolatran y acaparan el dinero, lo que trae como consecuencia directa la falta de trabajo y la pobreza de muchos.

          Obviamente, se puede explicar la situación actual con términos mucho más amplios y técnicos (la globalización, la deslocalización de empresas y procesos productivos, el imperativo de abaratar al máximo los costes, el exceso de competencia, el automatismo creciente que destruye sin cesar puestos de trabajo, la locura del crecimiento sin límites, la imposición de objetivos de beneficio cada vez más ambiciosos, etc.), pero no cabe la menor duda de que la esencia, el núcleo del problema, es el denunciado ahora por Jorge Mario Bergoglio. Celebro que, por fin, la Iglesia Católica, por medio de su cabeza visible, dé un paso adelante y se pronuncie con rotundidad en el mundo actual de la economía y el trabajo.

          Su nuevo mensaje debería entroncar y reforzarse mutuamente con las ideas expresadas ya por muchos científicos, economistas y personas de bien de todo el mundo, sinceramente preocupadas por el bienestar y el futuro de la humanidad. El capitalismo depredador es ciego, sólo piensa en crecer y en acumular más y más riqueza, sin tener en cuenta las limitaciones que impone per se un planeta finito y pequeño como la Tierra. Además, genera cada vez mayores diferencias de renta y bienestar, impulsa las grandes bolsas de miseria, estimula el consumismo irresponsable y no se preocupa por sus gravísimas consecuencias: montañas y montañas de residuos, paisajes degradados, agotamiento de recursos naturales, grave contaminación del medio ambiente, etc. Es imprescindible luchar contra todos estos excesos que amenazan severamente la vida sobre la Tierra, y bienvenidas sean todas las aportaciones, ya sean desde el humanismo científico, desde el cristianismo responsable, o bien desde cualquier otra postura ideológica comprometida de verdad con el hombre y la Naturaleza.

          ¡Gracias, Francisco, por su sinceridad y su compromiso! Contamos con su Santidad.

          Para terminar, yo me permitiría darle un buen consejo: guárdese bien de sus enemigos, principalmente de los de su propia casa. Sospecho que su nuevo mensaje y sus nuevas maneras no serán bien vistas por muchos de sus “colegas” que visten sotana. No creo que me equivoque al sospechar que monseñor Rouco Varela, su fiel portavoz Martínez Camino y otros “pajarracos de mal agüero” deben de estar echando humo por las orejas, ante los nuevos aires que soplan en la Iglesia.

ASPIRACIÓN FRUSTRADA … Y YA VAN TRES

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          No pudo ser, una vez más. Por razones que aún desconocemos con amplitud y exactitud, el Comité Olímpico Internacional dijo no por tercera vez consecutiva a la candidatura de Madrid, como futura sede de unos Juegos Olímpicos. Bueno, ¿qué le vamos a hacer? Era un riesgo que se corría, y desde luego una posibilidad muy real. Comprendo bien la frustración de muchos, en especial de la gente joven, los aficionados al deporte y todo el colectivo de deportistas españoles, para los que la posibilidad de albergar unos Juegos en Madrid constituía un acicate y un motivo de ilusión. No lo siento tanto, en cambio, por otros muchos, políticos, oportunistas y empresarios, sobre todo, que sólo veían en este proyecto una oportunidad de hacer negocio de la manera más acostumbrada en este país, a saber, mediante concesiones a dedo y construcciones de caros edificios, vías de comunicación y otras instalaciones fijas. Aunque pueda parecer un poco frívolo, en estos momentos tristes para muchos, me atrevo a decir que no pasa nada, que la vida sigue, y que no es necesario albergar unos Juegos Olímpicos para pensar con optimismo en el futuro. ¡No se hunde el mundo, caramba!

          A mi modo de ver, se han exagerado ampliamente las supuestas ventajas económicas que iba a tener para Madrid -y España- el evento olímpico. Por un lado, sí es cierto que los Juegos iban a atraer a gentes de todos los países a nuestra capital, y que convertirían a Madrid en un escaparate privilegiado ante el mundo entero, durante los meses previos a la celebración de las Olimpiadas y, por descontado, durante las semanas en las que éstas se desarrollasen. La industria turística gozaría de un buen empujón durante este periodo, pero no olvidemos que este fenómeno positivo funcionaría sólo durante un cierto lapso (luego se acabaría todo de golpe). En el otro lado de la balanza, por el contrario, habría que invertir mucho dinero público en crear las infraestructuras que faltan, rematar las que están a medias, dejarlo todo listo en organización, medios de transporte, seguridad, etc. Nadie nos iba a regalar esos dineros, sino que saldrían de nuestros presupuestos y, por tanto, de nuestros humildes y castigados bolsillos. Por supuesto que unos pocos sacarían buen provecho de esos gastos e inversiones públicas, pero a estas alturas de la vida, ya sabemos todos muy bien quiénes serían los afortunados: promotores, entidades financieras y empresarios de la construcción. La historia se repite, y lo hace con tozudez, por cierto.

          A los jóvenes, a los aficionados y, en especial, a los deportistas españoles, a quienes admiro muy sinceramente, les diría que lo más importante es seguir practicando y entrenando con ilusión, de cara a los próximos Juegos de Río de Janeiro, de Tokio y de donde toque en el futuro, y por supuesto de cara a todas las demás citas y encuentros deportivos que se celebran en el mundo año tras año. El lugar no es lo decisivo. Lo importante es participar y acudir con posibilidades de ganar, sea donde sea. Yo les animo a seguir trabajando y esforzándose, porque lo hacen muy bien y lo van a seguir haciendo mejor, ellos y ellas. El deporte español nos está proporcionando últimamente muchas alegrías, y eso se consigue con esfuerzo, disciplina, constancia, humildad y también, claro está, con el apoyo de las instituciones públicas (espero que éste no decaiga nunca).

          Dicho todo esto, me gustaría hacer algunas reflexiones y lanzar al aire alguna que otra pregunta. Me parece a mí que las instituciones públicas, Ayuntamiento de Madrid, Comunidad de Madrid, COE, Gobierno de la nación, etc., han contribuido a crear unas ilusiones y expectativas desmesuradas en torno a la candidatura de Madrid 2020. Muchos actos y presentaciones, demasiadas fiestecitas, mucha publicidad y alharaca, gastos, gastos, gastos. La expedición oficial española a Buenos Aires fue impresionante, creo que en torno a unas 200 personalidades, entre polìticos, deportistas de élite, empresarios, periodistas y adheridos. ¿Qué diablos pintaba allí Rita Barberá, la alcaldesa de Valencia, por poner un ejemplo? Tampoco me agradó, la verdad, ver a personajes como Juan Rosell y Arturo Fernández, de la CEOE. También estaba Florentino Pérez, ¡cómo no!, el todopoderoso presidente del Real Madrid. ¿Les habremos costeado entre todos los cuantiosos gastos de viaje, manutención y hospedaje a todos estos señores? Mucho me temo que sí, conociendo cómo se hacen las cosas en este país. Una anécdota; según fuentes bien informadas, en el viaje de ida de la nutrida representación institucional española, se agotaron todas las reservas de ginebra (unos 300 botellines) y hielo del avión, porque nuestros “sanos y deportivos” representantes se bebieron todos los gin-tonics que pudieron. Se ve claramente que ya iban de fiesta a la ida. Me pregunto qué pasará a la vuelta, puesto que habrá que ahogar las penas de algún modo, ¿no?

          Y un último apunte. Vergonzoso, una vez más, el nivel de inglés de nuestros máximos representantes. Seguimos igual en este terreno, haciendo el ridículo y creyendo que en el mundo entenderán bien nuestro bochornoso spanglish. La señora alcaldesa de Madrid podía haber desempeñado un papel más digno (al menos podía haber hecho un uso correcto de los medios que se ponían a su disposición, es decir, de los cascos de traducción simultánea, que para algo estaban). En cuanto al presidente del Comité Olìmpico español, señor Blanco, también se lució con aquello de “no listened the ask”. En fin, para qué seguir. A estas alturas, los idiomas siguen siendo una de las asignaturas pendientes de nuestra avezada clase política.