Archive for 25 mayo 2011

TRAS LOS RESULTADOS ELECTORALES DEL DIA 22-M

                                                   

          Reproduzco aquí lo comentado por mí mismo en el video-blog de Iñaki Gabilondo (web del diario El País de hoy miércoles 25 de mayo):

Muy buenos días a todos. Ahora todo son interrogantes, con lo que no hay demasiado margen para opinar. Bajo mi punto de vista, el partido socialista tiene que someterse a un profundo debate interno (un congreso extraordinario) y elegir por consenso al sucesor de Rodríguez Zapatero. No me gusta la idea de unas primarias, puesto que generarían un desgaste y un enfrentamiento de candidatos innecesario e inconveniente. Aún está muy reciente la experiencia de las primarias para elegir candidato/a a la Comunidad de Madrid, que resultaron bastante desastrosas.
De cualquier manera, a día de hoy me parece que Rubalcaba es el candidato más fiable y de mayor peso para pilotar el PSOE hacia las próximas generales. Es sobradamente inteligente, realista y buen comunicador. Y gana a todos en soltura y experiencia. Con todos mis respetos para Carme Chacón, creo que el puesto le viene grande todavía. Debe reservarse para el futuro, pues representa un gran valor en potencia. Es aún muy joven y ya llegará su momento.
Saludos, Iñaki y contertulios.

REFLEXIONES DE UN DÍA DESPUÉS

                                

          Un breve comentario tras los resultados electorales. No por esperado ha resultado menos lamentable el derrumbamiento del PSOE. Los electores han castigado duramente al partido en el gobierno por la gravedad de la crisis económica y por la sensación generalizada de que no se ha sabido gestionar de la manera más adecuada. El partido socialista ha perdido muchos votantes que, o bien han votado en blanco, o bien han probado con otras opciones políticas, o simplemente se han quedado en casa, desengañados todos ellos por la marcha de los asuntos económicos. Frente a ellos, los votantes tradicionales (y algunos más) del PP han hecho piña y han aupado a esta formación a unos resultados bastante brillantes.

          El recién creado movimiento del 15-M (Democracia Real Ya), si ha ejercido alguna influencia, sin duda ésta ha sido claramente negativa para el PSOE, pues le ha restado votos de la izquierda social y de los jóvenes. Por su parte, la opción centrista representada por UPyD ha experimentado un aumento significativo y lógico de votantes, sobre todo en Madrid, pero aún insuficiente como para configurarse como una gran partido a nivel nacional. La legislación electoral, que este mismo partido intenta con ahínco modificar, sigue actuando en su contra.

          Ahora se abre un periodo de transición hasta las próximas elecciones generales, durante el cual me imagino que el PP presionará con fuerza para adelantar los comicios. El presidente Rodríguez Zapatero tendrá que tener muy buenas razones para resistir la presión y agotar su mandato. Mucho me temo que el nivel de tensión y crispación enturbie el ambiente sociopolítico durante los meses venideros, en los que quizá, quizá, se podrían sentar las bases para  una ansiada recuperación de nuestra economía. En fin, estaremos al tanto de todo lo que vaya ocurriendo y, también, observaremos con lupa todo lo que haga el PP, pues éste ya empieza a gozar de una importante cuota de responsabilidad en la marcha global del país, con lo que no les debería valer la estrategia fácil del “me opongo a todo porque sí” que han llevado a cabo hasta ahora.

ANTE LAS ELECCIONES DEL 22 DE MAYO

                                      

          A falta de muy pocos días para las elecciones autonómicas y municipales, me gustaría expresar en pocas palabras mis ideas sobre las ofertas políticas que se nos ofrecen a los ciudadanos de la calle.

          Acaba de producirse una interesante novedad, la del movimiento de protesta denominado 15-M, impulsado por la plataforma “Democracia real ya”. Aunque acaba de nacer y, en consecuencia, es muy prematuro adivinar qué forma va a adoptar y cuál va a ser su influencia real, bienvenido sea. Ya era hora de que se produjera una corriente espontánea de protesta ante la acumulación de problemas a los que nos enfrentamos la gente normal, y ante la inoperancia de la clase política y dirigente de este país a la hora de resolverlos. Realmente, los problemas son sumamente graves; por citar algunos:

1) Altísimo índice de paro, sobre todo del juvenil, de los que aspiran a su primer puesto de trabajo.

2) Precariedad laboral en aumento.

3) En el otro extremo, sueldos y privilegios de escándalo en las cúpulas directivas y consejos de administración de las grandes empresas.

4) Planes de reducción de empleo en compañías punteras en beneficios, como el caso de Telefónica.

5) La soberanía de los Estados y su propia viabilidad están supeditados a los movimientos especulativos en los mercados de capitales, cosa sumamente preocupante para todos los ciudadanos (¿dictadura del capitalismo?).

6) Los partidos políticos mayoritarios ni nos informan ni nos tranquilizan, pues parecen incapaces de dar respuestas veraces y satisfactorias a estos problemas. Por el contrario, están inmersos en una especie de pelea de patio de colegio, en la que la descalificación y el insulto han arrinconado por completo al debate razonado y constructivo (en esta cuestión, el Partido Popular ha hecho un daño inmenso a la democracia).

7) Grandes temas como el uso de energías limpias y renovables, el respeto por el medio ambiente, la lucha contra el cambio climático o la apuesta decidida por los sectores económicos de futuro, permanecen ausentes del debate diario, durmiendo el sueño de los justos.

          Lo que me extraña es que la protesta ciudadana en la calle no se haya producido mucho antes.

          En cuanto a los distintos partidos que concurren a las elecciones, seguimos padeciendo un claro bipartidismo que, como se está evidenciando, no nos conduce a nada nuevo.  El partido socialista sufre lógicamente un fuerte desgaste por la grave situación económica, cuya responsabilidad muchos ciudadanos le atribuyen. Esto no es justo, por supuesto, porque la crisis tiene un ámbito mucho más amplio y complejo del que mucha gente piensa. Además, el Gobierno está luchando con energía para sacar adelante las reformas necesarias, dentro de su margen de maniobra (bastante más reducido de lo que se cree). Sin embargo, errores pasados y alguna que otra irregularidad en el presente le restan credibilidad para imponerse de nuevo en las urnas.

          En el otro lado de la balanza, el PP aparece como muy satisfecho, dando por segura una gran victoria en la cita electoral. Pero eso no puede ocultar una estrategia perversa de acoso y derribo al Gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero, llevada a cabo con machaconería y deslealtad durante los últimos siete años, sin que por otra parte hayan ofrecido nunca una alternativa clara, concreta e ilusionante. Y no la ofrecen porque, una de dos, o la ocultan arteramente o carecen de un programa riguroso e imaginativo capaz de combatir la crisis  con eficacia. Si a todo ello unimos los casos de corrupción que les salpican, su populismo, su férrea manipulación de los medios de comunicación afines y su crítica feroz a todo lo que emane del gobierno socialista, comprenderán ustedes que no me inspiren confianza ni optimismo alguno.

          En medio está UPyD, el partido de Rosa Díez, con muy pocos medios y sin posibilidades de darse a conocer en términos de igualdad con los anteriores partidos, ya que la ley electoral no les deja oportunidades para explicar su programa y sus ideas en los medios de gran difusión. Siendo como son un partido de centro, vendría muy bien que ganasen votos de forma notoria y se perfilasen como otra alternativa o, al menos, como un partido bisagra que templase un poco el actual panorama político y abriese nuevos horizontes. Falta hace.

          En Cataluña tienen la suerte (es mi opinión, ojo) de contar con una derecha moderada y dialogante, CiU (¡ay, el añorado “seny” catalán!), que ha dado líderes de la talla de Jordi Pujol, Miquel Roca, Durán i Lleida y el actual president Artur Mas. Por desgracia, su influencia real se circunscribe a Cataluña, que se beneficia claramente de su coherencia, sensatez e inteligencia, pero en la política nacional española sólo podemos contar con ellos en pactos más o menos puntuales. ¿Qué le vamos a hacer?

          En fin, veremos lo que ocurre el domingo. Un saludo a todos.

LOS LASTRES DE LA DERECHA ESPAÑOLA

                                           

          Soy de la opinión de que la derecha política mayoritaria de España, representada por el Partido Popular, no es homologable con otros grandes partidos de derecha europeos, como la UMP francesa de Nicolás Sarkozy, el partido conservador británico de David Cameron o la democracia cristiana alemana de Angela Merkel. La fuerza política española que hoy lidera Mariano Rajoy presenta una serie de rasgos particulares que la sitúan, por decirlo de alguna manera, en una posición de inferioridad intelectual con respecto a sus principales colegas del resto de Europa. Me explicaré.

          La primera característica que presenta, y a mi entender la que más devalúa a la derecha española actual, es su aceptación más o menos explícita del pasado franquista de nuestra nación. El Partido Popular nunca ha rechazado el franquismo, con lo que demuestran su simpatía para con el régimen anterior, al que parecen considerar algo “natural” y “benigno” en la historia reciente de nuestra patria. Cuando se les interpela directamente por esta cuestión, responden con evasivas (pues en el fondo saben que su postura es indefendible), argumentando que son cosas del pasado remoto y que no interesan al hombre de hoy, preocupado con otros problemas más acuciantes. Obviamente, el pasado no se puede modificar, pero sí que es imprescindible fijar con claridad nuestra postura ante él, máxime cuando, como fue nuestro caso, tuvimos que soportar a la fuerza un sistema político anómalo e ilegítimo, nacido de un golpe militar en contra de la legalidad vigente, y que se mantuvo nada menos que durante cuatro décadas.

          No, una fuerza política que presume de democrática y que representa a muchos millones de españoles no puede aceptar un régimen dictatorial encarnado en la figura de un general golpista que, tras provocar una tragedia tan lamentable como la Guerra Civil, se instauró en el poder “por la gracia de Dios”, llevó a cabo una muy cruel represión y construyó una España monocolor, sin libertades políticas y sociales, en la que medraron a placer los miembros de una sola clase social (la más acomodada), junto con la Iglesia Católica más conservadora y retrógrada. A mí, en particular, me resulta bochornoso y vergonzante que un país como España, europeo occidental y en pleno siglo XX, haya estado dominado por espacio de cuarenta años por un sistema político de origen claramente fascista y que adoptó una ideología nacional-católica-excluyente que ofendía cualquier inteligencia librepensadora. Así pues, volviendo al principio del artículo, no me parece concebible a estas alturas mantener una postura simpatizante hacia el antiguo régimen.

          Hay otros rasgos censurables de la derecha española actual que, en realidad, son una consecuencia directa de lo que acabo de referir. Uno de ellos es la mentalidad de “propietarios” en exclusiva del concepto de España y de sus símbolos, como la bandera nacional. Los políticos del Partido Popular, cuando hablan en público (sobre todo en los mítines, naturalmente) se refieren a España como si fuera algo propio, un territorio y una identidad que sólo ellos saben cuidar y defender. Consideran a sus oponentes políticos, a los de su izquierda, como personajillos despreciables, incapaces de hacer nada bien (“de hacer algo a derechas”) y que, con sus nefastas acciones, sólo consiguen debilitar la unidad de la Patria, fragmentarla y arruinarla. Esta estrategia y estos mensajes calan en su electorado y  provocan malestar y un renacido enfrentamiento entre españoles, que a estas alturas debería estar desterrado por completo. Luego está la utilización en exclusiva de la bandera española por parte de los simpatizantes de la derecha, como si ese símbolo les perteneciese sólo a ellos (véanse manifestaciones, mítines y demás concentraciones colectivas). En esta cuestión, me siento especialmente dolido e irritado, puesto que la bandera (al igual que otros símbolos de la nación española) ES DE TODOS, nos pertenece a todos los españoles demócratas sin distinción de ideologías o simpatías políticas, y nadie puede apropiársela para sus fines e intereses partidistas. A este respecto, yo aconsejaría a todas las demás fuerzas políticas que exhibieran nuestra bandera nacional con más profusión y sin ningún tipo de complejos. Es intolerable que siga pareciendo patrimonio exclusivo de la derecha.

          Todas estas lacras que hoy por hoy afectan al Partido Popular podrían solucionarse si esta formación decidiera centrarse y moderar su mensaje político, de una manera similar a como hizo en su día la UCD de Adolfo Suárez, estableciendo distancias nítidas con las posiciones más de extrema derecha y  nostálgicas del franquismo, cuyo espacio probablemente ocuparían otros partidos hoy día marginales. Perderían votos, posiblemente, pero sería un justo precio para conseguir una formación más moderna y coherente, con mejor proyección de futuro y sin ningún tipo de complejos por sus posibles vinculaciones con nuestro pasado político.

          Todo esto, sin embargo, no deja de ser un conjunto de buenos deseos que dudo mucho se hagan realidad, a día de hoy. El Partido Popular se siente ahora muy satisfecho de sí mismo ante las buenas perspectivas que le ofrecen las encuestas, por lo que no debe sentir ninguna necesidad de renovarse y modificar (hacia el centro) su proyecto político. Estaremos atentos a todo lo que vaya ocurriendo en los próximos meses.

          Saludos cordiales a quienes hayan leído esta entrada.