Archive for 17 noviembre 2013

PELAYO, ¡QUÉ GRAN PERSONA!

Pelayo - Amar es para siempre

          Me gustaría dedicar unas palabras de elogio a un conocido personaje televisivo. Como muchos sabrán, se trata de Pelayo, el entrañable tabernero de la serie Amar es para siempre (y antes, de Amar en tiempos revueltos), admirablemente recreado por Jose Antonio Sayagués. Este hombre regenta el bar El Asturiano, con la ayuda de su hijo Marcelino y su nuera Manolita, y todos ellos (junto con la nieta de Pelayo, Leonor) forman una de las familias nucleares de la serie. Esta producción televisiva, cuya primera etapa se emitía antes en TVE-1  y ahora lo hace en Antena 3, goza de bastante éxito y se ha ganado por derecho propio un estimable hueco entre la audiencia. ¿Su secreto? Probablemente, son varios. Es una serie coral, protagonizada por muchos y diversos personajes, con los que inevitablemente uno se puede sentir identificado de una u otra manera; las tramas son interesantes y “enganchan” al espectador. Los actores y actrices desempeñan bien su trabajo y cuentan con la colaboración de compañeros muy prestigiosos, como es el caso de Jordi Rebellón y Jaime Blanch, recientemente incorporados a la trama. Y, además, la ficción se desarrolla en una época (la España de principios de los sesenta) que muchos hemos vivido y que, por tanto, nos trae multitud de recuerdos.

          Pero volvamos a Pelayo. Este personaje es un compendio de virtudes, que lo hacen especialmente querido. Lo que más llama la atención es su gracejo proverbial, reflejado en una forma de hablar salpicada de dichos populares y palabras tan castizas como caletre, colodrillo, pollo-pera, cuchipanda, menda, entresijos, más rojos que los pimientos morrones (en el sentido político de la expresión) o “el Chaparrito” (general Franco). Es un lenguaje con el que siempre acierta a arrancarnos una sonrisa o una carcajada, y eso no tiene precio. Pero Pelayo es también una excelente persona. Quiere con locura a su familia, a su hijo, nuera y nietos, y mantiene también una gran complicidad con su nieta mayor, la inteligente y sensible Leonor, de la que es seguramente su mejor consejero, a pesar de la gran diferencia de edad entre ambos. Y en todo momento se muestra optimista y simpático con cualquiera que se acerca a la barra de El Asturiano. Si su interlocutor es un personaje apesadumbrado por cualquier problema, Pelayo, desde su sabiduría natural, encuentra palabras de ánimo e inevitablemente acaba contagiando su optimismo al otro. Es una persona muy positiva y, en cualquier situación, hace lo posible por empatizar con los que le rodean. Eso no le impide tener sus arranques de genio, por supuesto, que se manifiesta ante las injusticias y los abusos de poder. Siempre que tiene ocasión, y las circunstancias no lo impiden, despotrica a placer contra el régimen y dedica al “Chaparro del Pardo” todos los epítetos que se le vienen a la cabeza, hasta tal punto que su hijo Marcelino (más prudente), se ve obligado a frenar sus impetuosos cabreos. Eso sí, nunca llega a perder las buenas formas y la educación, como hombre de bien que es. Como simpática anécdota, recordaré aquí sus escuchas “clandestinas” de Radio Pirenaica por medio del pequeño transistor que suele tener guardado en algún rincón de sus estantes de bebidas.

          En fin, desde este mi humilde blog quiero trasmitir a Jose Antonio Sayagués mi calurosa enhorabuena por saber recrear de forma tan divertida y entrañable al personaje de Pelayo. ¡Cuánto me gustaría tener de cerca a un buen amigo como este tabernero! ¡Tendríamos tantas cosas de que charlar y tantos recuerdos que compartir! Un abrazo muy cordial y felicidades por su estupendo trabajo.

El Asturiano -Amar es para siempre

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“EL TIEMPO ENTRE COSTURAS”, UNA DELICIOSA PRODUCCIÓN

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          Desde que empezó la emisión de la serie televisiva “El tiempo entre costuras”, estoy literalmente encantado, deseando que llegue el lunes por la noche para sentarme ante el televisor y ver sus sucesivos capítulos. Basada en la exitosa novela del mismo nombre de María Dueñas, esta producción es todo un regalo para la mente y los sentidos del espectador. Siempre he apoyado y celebrado la ficción nacional televisiva, que en los últimos años ha crecido muy considerablemente tanto en cantidad como en calidad, y no tengo ningún reparo en reconocer que soy seguidor de muchas de sus producciones, no de todas por supuesto, entre otras cosas porque sería una tarea imposible. Me gustan las series cómicas, los dramas, las de ambientación histórica y las de acción y aventura, ingredientes que a veces se unen a la vez en un sólo producto. Aunque haya altas dosis de fantasía y elementos no muy realistas (como podría ser el caso de “Aguila Roja”, o de “Tierra de lobos”, con sus aires de western en la España profunda y caciquil del XIX), me gusta la realización, la interrelación de los numerosos personajes, la puesta en escena y el resultado final, que no es otra cosa que la evasión y el divertimiento del espectador. Nos hace mucha falta, y quizás ahora más que nunca, pasar un buen rato entretenidos y olvidarnos un poco de la fea realidad, con tanto recorte, tanto ajuste y tanta mala noticia proveniente del mundo económico, político y laboral. Es una actividad muy sana para el espíritu, estoy convencido.

     Probablemente, la serie de “El tiempo entre costuras”, producida por Boomerang TV y dirigida por Ignacio Mercero, representa un nuevo salto cualitativo, lo cual es muy gratificante. La novela en la que se basa narra una historia interesantísima, sin lugar a dudas. Nos sitúa en la España inmediatamente anterior a la Guerra Civil y tiene como protagonista a una chica sencilla de Madrid, de profesión costurera, que por azares y caprichos del destino se traslada a Tánger, en aquel entonces importante enclave internacional situado dentro del antiguo protectorado español de Marruecos. De allí pasará luego a Tetuán, capital del territorio administrado por España, vivirá muchos cambios y sorprendentes aventuras, y conocerá a un buen número de personajes interesantes. La ambientación es exquisita, muy cuidada, y tanto los interiores como los escenarios naturales contribuyen a recrear aquellos años convulsos en el Norte de Africa, mientras se libraba una devastadora y fratricida guerra civil en la Península y se gestaba el tremendo conflicto bélico a nivel mundial, que daría comienzo poco después, en 1939, con la invasión de Polonia por parte del ejército alemán. Pese a ello, en aquel territorio la alta sociedad, tanto española como internacional, vivía aún sumergida en una especie de paraíso, presidido por las relaciones diplomáticas, el espionaje, el lujo y el glamour de los años treinta. La excepcional realización de la serie nos transporta de lleno a aquel tiempo y aquel lugar.

          En cuanto a los actores y actrices, su trabajo es extraordinario. La protagonista, Adriana Ugarte, está perfecta en el papel de Sira Quiroga, con su fresca belleza, su sencillez y su encanto natural. El papel le queda como un guante. Un amplio elenco de actores la rodean en sus aventuras y desventuras: Mari Carmen Sánchez, que borda el papel de Candelaria, la animosa y simpática mujer que será fundamental en la vida de Sira, Francesc Garrido, impecable en su personaje del comisario Vázquez, Carlos Santos, metido en la piel de Félix Aranda, buen amigo y fiel consejero de la protagonista, Rubén Cortada, Peter Vives, Alba Flores, Tristán Ulloa, Hannah New, David Muro y un largo etcétera. Todos desempeñan sus roles con gran credibilidad y acierto. No hace falta mencionar que el vestuario y todos los demás detalles están especialmente cuidados. Personalmente, agradezco especialmente ver circular antiguos Citroën y Mercedes de la época por las calles de Tánger y Tetuán, ciudades que han servido como escenario natural para el rodaje de muchas escenas de la serie.

          En fin, sólo quiero felicitar de nuevo a todo el equipo que ha hecho posible la realización de esta ficción. Todo un ejemplo de cómo hacer bien las cosas. Ojalá nuestra producción audiovisual siga por estos derroteros.

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