Archive for 22 febrero 2016

MAD MEN: ALGUNOS COMENTARIOS MÁS – II

Glamour y distinción en la noche neoyorquina.

Glamour y distinción en la noche neoyorquina.

          En mi post anterior (11.02.16) me dediqué preferentemente a presentar algunos de los personajes más significativos de la magnífica serie creada para la televisión por Matthew Weiner. No pretendo ni de lejos realizar un estudio exhaustivo sobre Mad Men, aunque la serie lo merezca sin duda, pero sí me gustaría recordar aquí una pequeña selección de situaciones y escenas que me han llamado especialmente la atención. Pido disculpas de antemano por dejarme en el tintero muchas otras cosas que con toda seguridad son al menos tan significativas e interesantes como las que voy a mencionar.

          Por razones que resultan obvias, el escenario central de la serie es la agencia de publicidad Sterling Cooper, en cuyas oficinas se desarrolla la actividad profesional de Donald Draper y su nutrido grupo de colegas. Lo cierto es que bien merecería la pena ver la serie al completo tan sólo para observar los procesos de captación de clientes, generación de ideas básicas para anunciar sus productos, desarrollo de las mismas, presentación a los clientes y demás, por el realismo de la puesta en escena y la naturalidad con que se conducen todos los personajes, todo ello en una época y un entorno fascinantes, como es el Nueva York de los años 60. El gran valor añadido de la serie es que, como ya señalaba en mi artículo anterior, Mad Men va mucho más allá en todos los sentidos.

Mad Men - Lee Garner Jr. y Roger Sterling

          Para una agencia publicitaria, sobre todo cuando la que se recrea en la serie es de reducido tamaño y tiene que pelear duramente para abrirse camino entre las grandes, está claro que el cliente constituye el objetivo primordial, aquel al que hay que satisfacer plenamente al precio que sea. Esta circunstancia hace que en muchas ocasiones, en especial cuando el cliente es muy poderoso y supone más de las tres cuartas partes del negocio, se den situaciones de claro abuso sobre los componentes de la agencia de publicidad. El caso de Lucky Strike, el gran fabricante de cigarrillos estadounidense, es muy significativo. El representante de esta compañía, Lee Garner Jr., hijo del propietario de la potente empresa tabaquera, aprovecha una ocasión para humillar sin piedad nada menos que al altivo y elegante Roger Sterling, el gerente de nuestra agencia publicitaria. Todo ocurre durante uno de los días previos a las fiestas navideñas, cuando los empleados están en plena celebración dentro de las oficinas. Lee Garner Jr. está de visita, invitado por los directivos de Sterling Cooper, y en un momento dado no vacila en pedir a Roger (más bien a exigírselo) que se ponga un disfraz de Santa Claus y actúe como tal delante de toda su plantilla. Roger comprende que no puede negarse, pese a que por dentro se lo lleven todos los demonios; acaba aceptando el “encargo” de su cliente, y se pone a hacer el ganso con la ridícula indumentaria.

Mad Men - Lee and Sal

          En otra ocasión, la víctima del caprichoso representante de Lucky Strike es el director de arte Salvatore Romano (interpretado por Bryan Batt). Salvatore, más conocido entre sus colegas como Sal. es homosexual. Aunque él intenta llevarlo con la mayor discreción posible -no olvidemos que nos encontramos en otra época-, su condición acaba por trascender su círculo de relaciones más inmediato. Hay una escena en la que ambos personajes, Lee Garner Jr. y Salvatore Romano, se quedan solos en una estancia donde Sal está manipulando unos rollos de película. Lee se acerca por detrás, lo abraza y le hace ver de inmediato sus intenciones (es bisexual), pero Sal reacciona enseguida, asombrado por la descarada insinuación de su cliente, y le indica como mejor puede que él no está en el trabajo para semejantes aventuras. Lee se lo toma mal, con indisimulado rencor, y muy poco después exige a Roger Sterling que despida a su director de arte, sin más razones que la de no resultar de su agrado. El infeliz Salvatore, a pesar de ser un buen profesional y desarrollar un papel muy importante en Sterling Cooper, resulta despedido de forma fulminante. De nada le sirve explicar a Donald Draper todo lo ocurrido; éste último se muestra frío y muy poco empático con Sal, llegándole a insinuar que, dada su homosexualidad (que desde luego Don no ve con buenos ojos), debería haber accedido a los caprichos del hombre de Lucky, por el bien del negocio. Este es uno de esos episodios que te dejan un poso de amargura y tristeza, por la evidente injusticia que se comete.

          Por ironías de la vida, más adelante Lucky Strike acaba por abandonar a Sterling Cooper, sumiendo a la agencia publicitaria en una de sus peores crisis (ya hemos dicho que los cigarrillos de esta marca representaban la mayor parte de la facturación de nuestra compañía). Es en ese momento cuando surge el máximo talento de Don Draper y envía por su cuenta y riesgo al New York Times  una arriesgada carta que causa sensación y hace tambalear muchos cimientos. Pero prefiero no dar detalles y que el lector vea por sí mismo el capítulo correspondiente. Merece la pena.

Mad Men - Conrad Connie Hilton

          Donald Draper conoce casi de casualidad al poderoso dueño de la prestigiosa cadena de hoteles Hilton, Conrad “Connie” Hilton. El magnate ve algo especial en Don y simpatiza enseguida con el creativo publicitario, con quien comienza a tener una serie de encuentros de carácter profesional. Ni que decir tiene que Don acoge de muy buen grado esta aproximación y pone toda la carne en el asador para llegar a establecer una suculenta línea de negocio. Pero Hilton es uno de esos hombres que, debido a su peculiar idiosincrasia y a su muy elevada posición social y económica, tratan y manejan a los demás mortales como si de sus esclavos se tratara. Acapara a Don de un modo absorbente, asfixiante, le cita a cualquier hora del día o de la noche, no duda en llamarlo por teléfono a su propia casa a altas horas de a madrugada, obligándolo a reunirse de inmediato con él. Luego, durante sus fatigosas charlas, abruma a Don con sus ideas personales, pseudo-filosóficas y a veces delirantes, como cuando le dice con todo el convencimiento del mundo que los Estados Unidos son mejores que la Unión Soviética, porque “ellos, los americanos, tienen a Dios”(¡?). Donald Draper hace todo lo posible por agradar a Conrad Hilton, quien a su vez, y según sus propias palabras, lo considera como su propio hijo (en un evidente intento de manipularle). Cuando todo este largo proceso parece que está a punto de cristalizar y traducirse en un gran negocio para Sterling Cooper, el poderoso magnate rechaza el inteligente y elaborado proyecto de campaña que se le presenta, alegando que no es lo suficientemente ambicioso. Y es que lo que Conrad pretendía, ¡ver uno de sus hoteles en la Luna!,  iba realmente en serio, algo que Don había interpretado como una broma, guiado por su sentido común. En resumen, un esfuerzo agotador y un gran consumo de energía … para nada.

Mad men - Ken Cosgrove          Por su parte, el brillante  ejecutivo de cuentas Ken Cosgrove (interpretado por Aaron Staton) sale bastante mal parado tras sus intentos por agradar y satisfacer a sus clientes potenciales. Ken es un joven empleado, ambicioso y eficaz, que en un primer momento aparece como un serio rival de Pete Campbell en el área de cuentas. Aunque Ken alberga en su fuero interno otros proyectos profesionales, pues muestra una gran ilusión por abrirse camino como escritor, diversas circunstancias le obligan a proseguir en el sector publicitario. Cuando se hace cargo de la cuenta de Chevy (General Motors), sus jefes le imponen una dedicación exclusiva, ya que el negocio, aún potencial, puede llegar a ser inmenso. Se traslada a vivir a Detroit y se las arregla para mantener todo el contacto posible con su poderoso cliente. Un día, tras una gran cena, regada con abundante alcohol, se pone al volante de su automóvil, acompañado por varios ejecutivos de GM, éstos completamente borrachos y con unas ganas irrefrenables de juerga. Entre carcajadas le llegan a tapar los ojos a Ken para que conduzca a ciegas y a gran velocidad. Como es de suponer, sufren un serio accidente de tráfico y, aunque no se mata ninguno, nuestro hombre sale con heridas y magulladuras. Para colmo, poco después, en el transcurso de una jornada cinegética con los mismos ejecutivos, uno de ellos realiza un movimiento incontrolado, pretendiendo hacer blanco sobre una posible presa, pero acaba abriendo fuego a poca distancia de la cara de Ken, quien pierde un ojo. Un precio demasiado caro sólo por hacer su trabajo, no cabe duda.

Mad Men-Despedida de Bert Cooper completa

          La serie nos regala muchas otras historias y escenas memorables, alguna de ellas incluso de carácter surrealista. Tal es el caso de la imaginaria despedida de Cooper, el ya anciano socio y fundador de la agencia. Bertram Cooper (Robert Morse) ejerce durante todo el tiempo una labor supervisora de la empresa, a cierta distancia y sin descender demasiado a la arena del día a día, aunque siempre acude puntualmente a las reuniones periódicas de socios. Es un personaje que llama la atención, debido a su mayor edad, su personal forma de vestir, sus ocurrencias y también sus excentricidades, en particular la de andar siempre en calcetines por su despacho, obligando también a descalzarse a cualquiera que entre a visitarlo. Se aprecia que Bert siente debilidad por el arte japonés, ya que son muchos los objetos procedentes del país nipón que decoran su lujosa estancia. El viejo Bert muere en la última temporada de la serie, pero los guionistas nos hacen ver que lo hace feliz y gozoso, justo después de ver en TV los primeros pasos que da el astronauta Neil Armstrong, del Apolo XI, sobre la superficie de la Luna. Como es de esperar, su fallecimiento causa una gran conmoción en la agencia, entre todos los directivos y empleados. Tras mantenerse una reunión de urgencia con tal motivo entre Roger Sterling y los demás socios, vemos a Don Draper dirigirse, sólo y pensativo, hacia su despacho. De repente, una voz familiar le llama a sus espaldas. Don se vuelve y contempla asombrado al bueno de Bert al pie de una escalera, descalzo (como era habitual en él) y con aspecto divertido y jovial. Ante la mirada atónita de Don,  Bert se pone a bailar y cantar al más puro estilo de los viejos musicales de Broadway, acompañado y coreografiado por un ramillete de guapísimas secretarias. El mensaje cantado que traslada a Don es que las mejores cosas de la vida no se compran con dinero, sino que son gratis. En fin, una despedida que no puede resultar más inesperada, a la vez que original y simpática.

Mad-Men-finale

          Para terminar el artículo, parece imprescindible volver nuestra mirada a Donald Draper, al fin y al cabo el personaje central de la serie. Estamos ya en el final de la última temporada, y ha sucedido lo que parecía inevitable: la absorción definitiva de Sterling Cooper & Partners por parte de la todopoderosa McCann Erickson, una de las compañías mayores del sector, si no la que más. El cambio es traumático para los protagonistas de nuestra serie. De un día para otro, quienes en buena medida eran dueños de su destino se ven ahora atrapados y diluídos en una gran organización, en la que imperan unas reglas del juego a las que no estaban acostumbrados. Entristece ver a Don Draper, alma y factótum de la antigua agencia, asistiendo a una reunión de muchos directores creativos (del mismo rango que el suyo) y escuchando la charla de un ejecutivo de marketing acerca del perfil del consumidor potencial de un nuevo producto de una conocida marca cervecera (charla que en otro momento y lugar podría haber dado él mismo, probablemente con mayor autoridad y credibilidad). Todos los asistentes, excepto Don, se muestran muy atentos y toman nota obedientemente de cuanto dice el conferenciante, sin preguntas ni interrupciones. Es evidente que éste no es el sitio de Don, quien se abstrae de la insulsa charla y vuelve su mirada al cielo, a través de uno de los ventanales. Se fija en un avión que cruza a gran altura el azul infinito -una clara alegoría de la libertad- y acto seguido se levanta, abandona la sala de reuniones … y desaparece del que había sido su mundo hasta ese momento. Sin decir nada a nadie, emprende en solitario un largo viaje de evasión por todo el país, sin rumbo fijo. En el momento final, parece que Don vuelve a reconciliarse con el mundo y a reencontrarse consigo mismo.

          Mad Men, la serie “en la que no ocurre nada”, al decir de algunos, pero que lo dice todo. Yo, desde luego, volveré a verla y a disfrutar de todos y cada uno de sus momentos.

MAD MEN: REFLEXIONES SOBRE UNA ESPLÉNDIDA SERIE – I

Mad Men - Conjunto

          Con cierto retraso, si bien a marchas forzadas a lo largo de los últimos meses, he conseguido ver todos los capítulos de esta gran serie televisiva norteamericana. En total, 92 episodios repartidos en 7 temporadas. De entrada, debo decir que no me ha pesado en absoluto, sino todo lo contrario. Mi interés por Mad Men no ha decaído en ningún momento, he disfrutado de todos y cada uno de los episodios, y he sentido de veras llegar al irremediable final, de modo semejante a cuando se termina de leer una buena obra literaria. Esto dice mucho en favor de un producto televisivo dramático que, no en vano, ha recibido numerosos elogios y excelentes críticas durante sus casi ocho años de exhibición (desde julio de 2007 hasta mayo de 2015), aparte de 15 premios Emmy y 4 Globos de Oro, todo lo cual sitúa a esta serie como una de las mejor valoradas de todos los tiempos.

          Como muchos lectores ya sabrán, esta serie, ideada para la televisión por Matthew Weiner (guionista y creador también de otro producto de gran éxito, Los Soprano), se centra en el fascinante mundo de la publicidad neoyorquina de la década de los sesenta. Su nombre, Mad Men, constituye un doble juego de palabras, ya que aparte de su significado literal, “hombres chiflados”, es la denominación que se daban a sí mismos los profesionales de la publicidad de La Gran Manzana, pues la mayoría de las agencias en las que trabajaban se ubicaban en Madison Avenue, en la isla de Manhattan. Pero la serie aporta mucho más que eso. Si bien la publicidad y las relaciones que ella mantiene con toda una diversidad de empresas clientes está perfectamente retratada, la trama profundiza sabiamente en las vicisitudes y problemas personales de todos sus numerosos personajes principales, encabezados por el carismático director creativo Don Draper, que se entremezclan entre sí por medio de guiones inteligentes y bien elaborados. La peculiar psicología de cuantos desfilan por la pantalla es un ingrediente de gran valor. Por otra parte, la serie sitúa también de lleno a sus protagonistas en su entorno histórico, en la década prodigiosa de los años 60, desde poco antes del ascenso de John F. Kennedy a la Casa Blanca hasta el año 1970, cuando gobernaba Richard Nixon, Neil Armstrong había puesto su pie por vez primera en la Luna (julio de 1969), el movimiento hippy era una poderosa realidad entre la juventud, y la protesta popular creciente ponía en tela de juicio la participación militar norteamericana en Vietnam. A lo largo de las siete temporadas de Mad Men, observamos muchos cambios -a veces sutiles, otras veces mucho más obvios- en los usos y costumbres, en las relaciones humanas, en la vestimenta, en la tecnología, en las actitudes y opiniones, tal y como fue sucediendo en la realidad. Problemas tan variados y reales como la hipocresía social, el excesivo conservadurismo de algunos, el papel secundario de la mujer, el racismo, el consumo anómalo de alcohol (tan presente en la serie), el tabaquismo omnipresente, las drogas, la rebeldía juvenil, la soledad y la frustración que muchos experimentan (a pesar de su posición privilegiada y de su alto nivel de vida), las frecuentísimas infidelidades de pareja, todo ello, en fin, queda muy bien reflejado a lo largo de los capítulos de Mad Men. Es un retrato magistral de aquellos años que, si bien pueden resultar lejanos para los jóvenes de hoy día, permanecen cercanos aún en la memoria de quienes los vivimos cuando éramos niños o jóvenes, y admirábamos boquiabiertos casi todo cuanto procedía de la otra orilla del Atlántico.

Fashion Emmy Nominees

Don Draper: el Hombre

El papel protagonista es indiscutiblemente el de Donald Draper (encarnado por Jon Hamm). Es un hombre que lo tiene casi todo: es muy atractivo, cuida su aspecto exterior y viste siempre de manera impecable, destila seguridad en sí mismo, aplomo y autoridad, ejerce un magnetismo irresistible sobre las mujeres, goza de un éxito profesional fuera de toda duda, tanto como director creativo de su agencia de publicidad como en su papel de puro hombre de empresa, tiene talento, y sabe salir airoso de situaciones particularmente difíciles. Es a la vez admirado y envidiado por casi todos cuantos le conocen. Su prestigio profesional trasciende su propia agencia, Sterling Cooper (de la que más tarde se convierte en socio), y disfruta de reconocimiento en todo el mundillo de la publicidad de Nueva York. Naturalmente, tiene sus lados oscuros, porque es humano a fin de cuentas. Pese a estar casado con una joven y atractiva mujer, Betty, con la que tiene tres hijos, no es feliz en su matrimonio, por varios motivos. En primer lugar, ello se debe en parte a la vaciedad y monotonía que se apodera de su vida conyugal; también influye de forma arrolladora la poderosísima atracción que Don siente por muchas otras mujeres que se cruzan en su camino, con las que es infiel sistemáticamente a su pareja formal (primero Betty, y más tarde la espectacular Megan); y también está el hecho indudable de que a Don Draper lo que le llena más intensamente son  las relaciones y los retos profesionales a las que se enfrenta día a día en Manhattan, siempre lejos de su hogar familiar. Es un bebedor compulsivo, incluso en la propia oficina, donde nunca falta el alcohol en los despachos de los directivos, que aprovechan el más mínimo pretexto para echarse al coleto un buen vaso de whisky; nuestro protagonista muestra desde luego un gran aguante, mantiene el tipo, y no parece que el exceso de bebida le afecte demasiado en su trabajo, aunque en determinados momentos sí le llega a crear problemas serios. El trabajo, el alcohol y el sexo llenan pues la vida de este personaje central, que casi siempre aparece como un tipo frío, calculador y con pleno dominio de la escena.

          Sin embargo, un episodio oscuro de su pasado le amenaza de forma recurrente, y en ocasiones le hace perder el control y llegar a sentir pánico. Durante la guerra de Corea, un bombardeo repentino sorprende a Don y a su inmediato superior, un oficial, que no es sino el auténtico y genuino Donald Draper. Este muere y, en medio del fragor de la escena, Don (que en realidad se llamaba Dick) toma la arriesgada decisión de suplantar la personalidad del oficial, haciéndose pasar por él. Como él mismo está herido tras el ataque, esta circunstancia le sirve para que los equipos de socorro le rescaten del infierno de la batalla, al tiempo que su nueva personalidad le abre un camino bien distinto en su vida futura, lejos de las miserias que habían envuelto su infancia y su juventud, en un entorno familiar bastante pobre y deprimente. Pese a su habilidad para abrirse paso en su nueva existencia, el temor a ser descubierto y castigado por su grave engaño lo acosa en diferentes momentos, quebrando el férreo control que ejerce sobre sí mismo y los demás.

Mad Men-Peggy Olson

Peggy Olson: el largo y difícil camino de la mujer

A principios de los años sesenta del pasado siglo, las cosas no eran nada fáciles para la mujer en el mundo laboral y profesional, ni siquiera en la avanzada y próspera Norteamérica. El machismo era claramente dominante en las empresas, donde el personal masculino raramente concebía que una mujer ocupara un puesto de responsabilidad, un puesto que no fuese el de mera secretaria. Para colmo, las insinuaciones, las bromas de mal gusto y las faltas de respeto para con sus compañeras de trabajo eran algo desgraciadamente muy habitual. Es en este desalentador escenario donde aparece al principio el personaje de Peggy Olson (interpretado por Elisabeth Moss), probablemente el más positivo  y digno de admiración de cuantos desfilan por la serie. Al menos, yo le tengo una gran simpatía.

          Peggy es una chica bastante joven y sencilla que entra en la agencia Sterling Cooper como simple secretaria. Proviene de una familia católica y de costumbres muy tradicionales, lo que se traduce en su habitual discreción e incluso en su forma de vestir, al principio bastante pacata y puritana. Su personaje va evolucionando poco a poco y transformándose en todos los sentidos a lo largo de la serie, a medida que va adquiriendo más confianza, asumiendo tareas de mayor rango y sintiéndose más valorada por los clientes y sus compañeros de la empresa, incluido el propio Donald Draper. Sin embargo, nunca pierde su buen fondo, ni su actitud habitualmente respetuosa para con los demás, ni tampoco su capacidad de asombro, que trasmite muy bien mediante la gran expresividad de sus ojos. Peggy es trabajadora como la que más, eficaz y servicial, y pronto uno de sus jefes, un veterano creativo llamado Frederick C. Rumsen (Joel Murray), advierte el especial talento para la publicidad que tiene la muchacha. Esta circunstancia la convierte en redactora y a partir de ahí su prestigio y valía van en aumento. Pese a todo ello, Peggy Olson no es ninguna “doña perfecta”; como todos los demás, tiene sus tropezones y sus momentos de desaliento, en ocasiones provocados por la actitud hostil de sus propios colegas, tanto masculinos como femeninos. Don Draper, aunque la valora y aprecia, también la presiona y se muestra duro con ella, convirtiéndose con el tiempo en un obstáculo a su carrera de publicista. En lo relativo al ámbito amoroso, Peggy no es demasiado afortunada, y parece claro que ella echa de menos una vida sentimental estable y satisfactoria. Al final de la serie, encontrará el amor donde quizás ella menos se lo imagina.

Mad Men - Roger Sterling

Roger Sterling: el gentleman vividor

Roger Sterling (encarnado por John Slattery) detenta el rango de socio y director de la agencia de publicidad, junto con el veterano y algo excéntrico Bertram Cooper (Robert Morse), quien fundó la compañía con el padre de Roger, ya fallecido. Roger Sterling es un hombre elegante, atractivo y más bien cínico, que asume la máxima responsabilidad de la agencia, con el apoyo y la compañía del viejo Bert. Más específicamente, se encarga de la dirección de cuentas y de las relaciones públicas al más alto nivel. Al igual que Don Draper, es un mujeriego empedernido y un gran bebedor; también es un excelente compañero de juergas. Casado con Mona desde hace bastantes años, tiene con ésta una hija ya adolescente. Eso no le impide mantener una intensa relación amorosa con la voluptuosa y espectacular Joan Holloway (Christina Hendricks), la jefa del equipo de secretarias, en la primera etapa de la serie. Más adelante, se divorcia de su primera esposa y se casa con una joven y guapa secretaria de la propia agencia (casualmente, secretaria de Don), a la que termina dejando también. La verdad es que, pese a la frivolidad y al cinismo del personaje, uno termina sintiendo simpatía por él y lamentando de veras que su vida privada resulte a fin de cuentas bastante vacía y frustrante. Con el tiempo, su liderazgo al frente de la agencia se ve un tanto eclipsado por la poderosa personalidad de Donald Draper, cuyo genio para encontrar salida en situaciones bastante complicadas para la empresa resulta decisivo.

 

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 Pete Campbell: la ambición

Un personaje muy significativo de la serie es Pete Campbell (interpretado por Vincent Kartheiser), joven ejecutivo de cuentas de Sterling Cooper. Es un hombre ambicioso y, al principio, algo inexperto. Carece del aplomo y del carisma propios de Don Draper o de Roger Sterling, y ello unido a su temperamento impulsivo le lleva a sufrir diversas decepciones y encontronazos, algunos de estos incluso físicos. Es muy celoso de su espacio y sus responsabilidades profesionales, poniendo todo su empeño por escalar posición y notoriedad en la agencia. Finalmente, consigue ser admitido como socio de la misma. Poco antes de casarse con la joven Trudy, hija de una familia bastante adinerada, mantiene una relación amorosa pasajera con Peggy (siendo ésta aún secretaria). De resultas de esta relación, Peggy queda embarazada, pero ella decide mantenerlo en absoluto secreto, no se lo comunica a Pete, disimula como puede su estado de gestación, y finalmente decide dar en adopción a su bebé, nada más dar a luz. Ya de casado, aunque todo parece indicar que forma con Trudy la pareja ideal (el bonito y coordinado baile de Charleston que interpretan juntos, durante el transcurso de una fiesta al aire libre, despierta la admiración de todos), comienza a producirse un distanciamiento entre ambos, él se busca una aventura extra-matrimonial (parece que lo ansía), las discusiones y desavenencias se hacen más frecuentes, y acaban por separarse, cuando tienen ya una hija en común. Sin embargo, la separación no será definitiva.

Mad Men - Joan Holloway bis

Joan Holloway: ¡cuidado, que vienen curvas!

He aquí a la jefa de secretarias de Sterling Cooper. Mujer de belleza esplendorosa y formas rotundas (que asociamos inevitablemente con el icono sexual de la época, Marilyn Monroe), también está dotada de una gran inteligencia, savoir faire y mucha mano izquierda, hasta tal punto que Joan se convierte en alguien imprescindible para el buen funcionamiento de la agencia de publicidad. En un primer momento la vemos meramente como responsable del pool de secretarias, aunque está claro que su tórrida relación sentimental con Roger Sterling confiere a esta mujer un estatus muy especial dentro de la compañía. Tras sufrir Roger un serio ataque al corazón, ambos abandonan su condición de amantes habituales. Poco después Joan conoce a un apuesto cirujano con quien inicia una relación estable y formal, que se interrumpe cuando a él lo destinan a Vietnam como médico militar. Joan está sinceramente enamorada de su pareja, con la que -en apariencia- tiene un niño (que en realidad es fruto de un nuevo encuentro esporádico con Roger), pero acaba rompiendo definitivamente con él cuando, al regreso de éste, comprueba con estupor que el médico, voluntariamente, ha decidido regresar a Vietnam por tiempo indefinido. Mientras tanto, la carrera profesional de Joan dentro de la agencia va ganando en peso y responsabilidad: pasa a ejercer como jefa de personal, asiste a las reuniones de socios como secretaria ejecutiva, se encarga de resolver problemas delicados, y acaba convirtiéndose en socia de pleno derecho, aparte de gestionar también personalmente algunas cuentas. Vive un episodio particularmente complicado cuando se ve obligada a pasar una noche con uno de los posibles nuevos clientes de la agencia, un alto ejecutivo de la empresa automovilística Jaguar, quien se ha encaprichado de ella y pone esto como condición para adjudicar el negocio a Sterling, Cooper, Draper & Pryce (nuevo nombre de la empresa). Los directivos de la compañía, tras las vacilaciones iniciales, se lo proponen a Joan, quien acaba por aceptar el humillante encargo, pese a la evidente repugnancia que le produce.

Mad Men - Sally Draper & her Mom

Sally Draper: hija, víctima y rebelde

No quiero terminar este breve repaso a los personajes, a mi juicio, más representativos de Mad Men, sin referirme la hija de Don y Betty, Sally Draper (interpretado por la actriz Kiernan Shipka). Podemos ver bien la evolución física y psicológica de esta niña, la mayor de tres hermanos, desde su tierna infancia hasta su compleja adolescencia. Sally se muestra siempre afectivamente mucho más próxima a su padre, pese a que éste pase la mayor parte del tiempo fuera del hogar familiar, por razones obvias. Su madre, Betty, asume su tarea de madre y educadora con excesiva frialdad, dureza y distanciamiento; vive en un cuasi permanente estado de insatisfacción en su vida personal, y pretende moldear a sus hijos como si de meros objetos se tratase, sin mantener con su hija ningún tipo de complicidad. Cuando Don y Betty deciden separarse, la tragedia de la ruptura se ceba particularmente en Sally, que ve cómo su padre se aleja todavía más de su vida, al tiempo que se ve obligada a convivir con el nuevo marido de Betty, Henry Francis, y con la familia de éste, a la que detesta con toda su alma. A partir de aquí, la relación con su madre se vuelve mucho más tormentosa, y las discusiones y desavenencias entre madre e hija son ya constantes.

          Sally aprovecha cualquier oportunidad (aparte de las visitas obligatorias concertadas) para escaparse a Nueva York y ver a su padre, junto al que sueña poder volver a vivir bajo el mismo techo. Simpatiza con la nueva esposa de Don, la bellísima Megan, con quien establece cierta relación de complicidad, de mujer a mujer, aunque no está claro que ese vínculo sea demasiado profundo. Sufre una enorme decepción cuando descubre a su padre en pleno encuentro amoroso con una vecina del edificio de apartamentos en el que viven él mismo y Megan, en apariencia un matrimonio feliz. Es una escena muy fuerte y uno se sitúa dentro de la piel de Sally, que ve cómo su mundo se derrumba en un desgraciado instante. Sally, con la que uno no puede evitar sentir una gran simpatía (en mi caso, se da además la coincidencia de que el personaje naciera el mismo año que el que suscribe, 1954), ingresa en un colegio interno y allí convive con otras chicas de su edad, ya adolescentes, con las que puede compartir libremente sus vivencias y secretos. También se ve de vez en cuando con un chico de su edad al que conocía desde pequeña en su antiguo lugar de residencia; se trata de un confidente y buen amigo de Sally, a quien su madre había prohibido terminantemente ver desde hacía tiempo.

          Termino ya esta primera aproximación al mundo de Donald Draper, un universo muy especial que me ha hecho pasar ratos muy placenteros, por todo cuanto trasmite sobre las personas, sus problemas, conflictos, anhelos, triunfos y fracasos, en un escenario recreado con todo lujo y amor por el detalle. En un próximo post, espero comentar diversos episodios y situaciones que se ven a lo largo de la serie y que me han llamado particularmente la atención.