ELOGIO DEL “WESTERN”

          Soy un gran admirador del cine, al que considero el arte por excelencia del siglo XX . Se ha definido muchas veces a Hollywood como “la fábrica de sueños”, y esta definición me parece acertadísima, aunque yo la haría extensiva a toda la industria del cine en el mundo. La gran pantalla es una ventana mágica que nos traslada a otros lugares y otras épocas, que nos deleita con la belleza de sus imágenes, que nos hace reír o nos conmueve profundamente, que despierta en nosotros un sincero entusiasmo cuando conecta con nuestros propios anhelos, que nos hace soñar, en fin, con personajes -actrices y actores- cuya belleza, glamour, valor y elegancia nos cautivan irremediablemente.

          Ahora bien, dentro del cine hay un género por el que siempre he sentido una especial predilección: el western. Desde niño me he sentido fuertemente atraído hacia él, cosa bastante comprensible, ya que cuando empecé a ir al cine y a darme cuenta de lo que veía en él (lo que suele conocerse como uso de razón), las películas del Oeste eran extraordinariamente frecuentes en nuestras salas de cine, y el género vivía aún su época dorada en su Norteamérica natal. Estoy hablando de los primeros años de la década de los sesenta.

          Recuerdo muy bien cuando estrenaron en Madrid la película “La conquista del Oeste” (originalmente, How the West was won) en el cine Albéniz, que entonces era la única sala madrileña habilitada para proyectar en Cinerama, sistema que utilizaba tres proyectores a la vez y que conseguía una gran espectacularidad en la pantalla. Como tantas otras veces en mi infancia, me acompañaba mi querida tía , a la que nunca he podido agradecer bastante el gran número de tardes de cine que me dedicó durante los años escolares. Solíamos ir al cine todos los jueves por la tarde, que era libre, sin clases, en los colegios (luego la libranza pasaría a los miércoles por la tarde). Volviendo a la película, ésta me dejó maravillado. Su banda sonora épica, sus numerosas escenas de acción, la grandiosidad de la imagen, el desfile de actores y actrices de primera fila (James Stewart, Gregory Peck, Debbie Reynolds, Caroll Baker, John Wayne, Richard Widmark, Henry Fonda, George Peppard, Eli Wallach,…), todos ellos en la cumbre de sus carreras, fueron absolutamente fascinantes para mí. Por supuesto, he vuelto a visionar la película en varias ocasiones y, aunque el impacto ya no ha sido el mismo, siempre la he visto complacido. Yo me quedaría sobre todo con su música, quizá lo más destacable del film (compuesta por Newman/Darby) y lo que mejor aguanta el paso del tiempo.

          “La conquista del Oeste” pretendía ser una especie de fusión, compendio u obra cumbre de todos los elementos más destacables que aparecían en el género del “western”. Pese a su grandiosidad y a todos los recursos utilizados, no lo consiguió, desde luego. El western, por fortuna, era mucho más, tan extenso y variado como el paisaje geográfico que le sirvió siempre de escenario, y sin duda ha dado títulos de mayor calidad y prestigio que la pelicula mencionada. No pretendo dar aquí una lista completa de los mejores títulos, pero no quisiera dejar de mencionar algunos de los que me han dejado mejor recuerdo: “Sólo ante el peligro” (con un inolvidable y arquetípico Gary Cooper), “Raíces Profundas” (Shane, en origen, film sobrio pero de gran belleza), “Horizontes de Grandeza”, “Duelo al sol”, “El último tren de Gun Hill”, “Duelo de titanes”, “La diligencia”, “Duelo en la alta sierra”, “El árbol del ahorcado”, “El Álamo”, “Murieron con las botas puestas” (versión muy adornada y peculiar de la vida del coronel Custer, revisada años más tarde con  “La última aventura”), “El hombre que mató a Liberty Valance”, “Los siete magníficos”, “La legión invencible”, “Río Bravo”, “Tren de las 3:10 para Yuma”, “Mayor Dundee”, “Grupo salvaje”,……Por supuesto que tendría que añadir muchas más, pero no es mi intención escribir un artículo enciclopédico. Eso sí, debo hacer mención del llamado spaguetti western, subgénero que se caracterizaba por tener directores italianos (Sergio Leone, sobre todo) y rodarse en los secos paisajes almerienses; eso sí, con actores norteamericanos. Entre estas películas, yo destacaría “El bueno, el feo y el malo”, “Por un  puñado de dólares” y “La muerte tenía un precio”. Clint Eastwood fue la estrella indiscutible de este subgénero, normalmente secundado por Lee Van Cleef y Eli Wallach, soberbios villanos en la pantalla. Ya que hablo de villanos, personajes imprescindibles en el western, no tengo más remedio que recordar a actores como Jack Palance, Lee Marvin, John Carradine y tantos otros. Indudablemente, sin ellos, los héroes nunca hubieran brillado como lo hicieron.

          Evidentemente, el western vivió una época dorada durante las décadas de los cuarenta, cincuenta y sesenta, produjo un enorme número de títulos (no todos buenos, desde luego), a los que se añadió una buena cantidad de telefilms, y se llegó a una clara saturación. El género, por decirlo de alguna manera, se agotó y los espectadores dejaron de interesarse por él. Sin  embargo y por suerte, nunca ha muerto del todo, puesto que de tarde en tarde se producen películas más que notables que vuelven al mismo escenario del viejo y lejano Oeste americano. Podemos citar aquí “Sin Perdón”, “Bailando con lobos”, “Apaloosa” o la reciente “Valor de ley”. Y es que los ingredientes del western siguen siendo válidos para construir nuevas o viejas historias, contadas éstas con lenguaje renovado.

          ¿Y qué es lo que tienen de especial los western para resultar tan atractivos? En primer lugar, yo mencionaría el escenario natural, los grandes espacios abiertos, la naturaleza majestuosa en la que se desarrollan las cabalgadas, las persecuciones, las emboscadas, la construcción de las primeras vías férreas transcontinentales. La escena física suele resaltarse con bandas sonoras muy inspiradas, que acentúan la grandiosidad del paisaje, como sucede en “Horizontes de grandeza” (The big country) (*), “La conquista del Oeste”, “Los siete magníficos” y muchas más (¡cuánto le debe el género a compositores geniales como Dimitri Tiomkin, Elmer Bernstein, Jerome Moross, Richard Hageman, Max Steiner y otros!). Luego, por supuesto, está la historia humana, en la que habitualmente se enfrentan el bien y el mal, pero de una manera primaria, ruda y salvaje, debido a la ausencia de una estructura de ley y orden en unas poblaciones y territorios jóvenes y primitivos. Se dan, pues, las circunstancias idóneas para que el villano de turno y sus pistoleros  a sueldo opriman y atemoricen a una población indefensa, hasta que indefectiblemente aparece el hombre recto, valiente y, por descontado, diestro con las armas, que se enfrenta a los malvados y termina haciendo justicia. También están, naturalmente, los poblados con sus precarias construcciones de madera, los caballos, las diligencias, el personaje del sheriff, no siempre del lado de la ley, las escaramuzas con los pieles rojas, el fuego de los campamentos en la noche, el silbato del humeante caballo de hierro, todos esos elementos, en fin, que contribuyen a recrear un universo primitivo, salvaje y fascinante. En definitiva, a mi modo de ver, el western refleja el encanto primigenio de una nación joven, con vastos y magníficos territorios sin explorar, y la ilusión de unos hombres y mujeres dispuestos a luchar con coraje contra todos los obstáculos para abrirse camino, y construirse así un futuro próspero para ellos mismos y sus descendientes.

          En fin, sirvan estas modestas palabras mías como sentido homenaje a un género cinematográfico tan extraordinario como es el western.

(*) Mediante el siguiente enlace, se puede disfrutar de una suite basada en la banda sonora de esta película, compuesta por Jerome Moross:http://www.youtube.com/watch?v=EbowH6D2l_c

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