LOS LASTRES DE LA DERECHA ESPAÑOLA

                                           

          Soy de la opinión de que la derecha política mayoritaria de España, representada por el Partido Popular, no es homologable con otros grandes partidos de derecha europeos, como la UMP francesa de Nicolás Sarkozy, el partido conservador británico de David Cameron o la democracia cristiana alemana de Angela Merkel. La fuerza política española que hoy lidera Mariano Rajoy presenta una serie de rasgos particulares que la sitúan, por decirlo de alguna manera, en una posición de inferioridad intelectual con respecto a sus principales colegas del resto de Europa. Me explicaré.

          La primera característica que presenta, y a mi entender la que más devalúa a la derecha española actual, es su aceptación más o menos explícita del pasado franquista de nuestra nación. El Partido Popular nunca ha rechazado el franquismo, con lo que demuestran su simpatía para con el régimen anterior, al que parecen considerar algo “natural” y “benigno” en la historia reciente de nuestra patria. Cuando se les interpela directamente por esta cuestión, responden con evasivas (pues en el fondo saben que su postura es indefendible), argumentando que son cosas del pasado remoto y que no interesan al hombre de hoy, preocupado con otros problemas más acuciantes. Obviamente, el pasado no se puede modificar, pero sí que es imprescindible fijar con claridad nuestra postura ante él, máxime cuando, como fue nuestro caso, tuvimos que soportar a la fuerza un sistema político anómalo e ilegítimo, nacido de un golpe militar en contra de la legalidad vigente, y que se mantuvo nada menos que durante cuatro décadas.

          No, una fuerza política que presume de democrática y que representa a muchos millones de españoles no puede aceptar un régimen dictatorial encarnado en la figura de un general golpista que, tras provocar una tragedia tan lamentable como la Guerra Civil, se instauró en el poder “por la gracia de Dios”, llevó a cabo una muy cruel represión y construyó una España monocolor, sin libertades políticas y sociales, en la que medraron a placer los miembros de una sola clase social (la más acomodada), junto con la Iglesia Católica más conservadora y retrógrada. A mí, en particular, me resulta bochornoso y vergonzante que un país como España, europeo occidental y en pleno siglo XX, haya estado dominado por espacio de cuarenta años por un sistema político de origen claramente fascista y que adoptó una ideología nacional-católica-excluyente que ofendía cualquier inteligencia librepensadora. Así pues, volviendo al principio del artículo, no me parece concebible a estas alturas mantener una postura simpatizante hacia el antiguo régimen.

          Hay otros rasgos censurables de la derecha española actual que, en realidad, son una consecuencia directa de lo que acabo de referir. Uno de ellos es la mentalidad de “propietarios” en exclusiva del concepto de España y de sus símbolos, como la bandera nacional. Los políticos del Partido Popular, cuando hablan en público (sobre todo en los mítines, naturalmente) se refieren a España como si fuera algo propio, un territorio y una identidad que sólo ellos saben cuidar y defender. Consideran a sus oponentes políticos, a los de su izquierda, como personajillos despreciables, incapaces de hacer nada bien (“de hacer algo a derechas”) y que, con sus nefastas acciones, sólo consiguen debilitar la unidad de la Patria, fragmentarla y arruinarla. Esta estrategia y estos mensajes calan en su electorado y  provocan malestar y un renacido enfrentamiento entre españoles, que a estas alturas debería estar desterrado por completo. Luego está la utilización en exclusiva de la bandera española por parte de los simpatizantes de la derecha, como si ese símbolo les perteneciese sólo a ellos (véanse manifestaciones, mítines y demás concentraciones colectivas). En esta cuestión, me siento especialmente dolido e irritado, puesto que la bandera (al igual que otros símbolos de la nación española) ES DE TODOS, nos pertenece a todos los españoles demócratas sin distinción de ideologías o simpatías políticas, y nadie puede apropiársela para sus fines e intereses partidistas. A este respecto, yo aconsejaría a todas las demás fuerzas políticas que exhibieran nuestra bandera nacional con más profusión y sin ningún tipo de complejos. Es intolerable que siga pareciendo patrimonio exclusivo de la derecha.

          Todas estas lacras que hoy por hoy afectan al Partido Popular podrían solucionarse si esta formación decidiera centrarse y moderar su mensaje político, de una manera similar a como hizo en su día la UCD de Adolfo Suárez, estableciendo distancias nítidas con las posiciones más de extrema derecha y  nostálgicas del franquismo, cuyo espacio probablemente ocuparían otros partidos hoy día marginales. Perderían votos, posiblemente, pero sería un justo precio para conseguir una formación más moderna y coherente, con mejor proyección de futuro y sin ningún tipo de complejos por sus posibles vinculaciones con nuestro pasado político.

          Todo esto, sin embargo, no deja de ser un conjunto de buenos deseos que dudo mucho se hagan realidad, a día de hoy. El Partido Popular se siente ahora muy satisfecho de sí mismo ante las buenas perspectivas que le ofrecen las encuestas, por lo que no debe sentir ninguna necesidad de renovarse y modificar (hacia el centro) su proyecto político. Estaremos atentos a todo lo que vaya ocurriendo en los próximos meses.

          Saludos cordiales a quienes hayan leído esta entrada.

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