SOBRE LA PROPUESTA EDUCATIVA DE AGUIRRE

 

                                      

          Hace pocos días, la presidenta de la Comunidad de Madrid, doña Esperanza Aguirre, lanzaba su propuesta de crear un Bachillerato de Excelencia para aquellos alumnos que destaquen especialmente por su rendimiento académico durante la etapa anterior, es decir, la E.S.O. Para ser más exactos, no se trata de una propuesta en estricto sentido, sino de un plan adoptado unilateralmente por la CAM para implantarlo ya el curso que viene, en principio en un solo centro a título experimental, pero con la idea de extenderlo después a todos los institutos de la Comunidad. Todo esto, naturalmente, en caso de ganar las elecciones de mayo.

          Tengo que decir que estoy por completo en desacuerdo con semejante medida, y voy a exponer razonadamente mi posición, como no podría ser de otra manera.

          En primer lugar, no es adecuado que una medida de este calibre se adopte en solitario por una determinada comunidad autónoma. La política educativa constituye un asunto de la máxima importancia para el conjunto del Estado, y cualquier reforma significativa que se pretenda implementar ha de ser presentada y debatida en el Congreso, debidamente estudiada y valorada, y, si prospera con el necesario consenso, ha de aplicarse por igual en todo el territorio nacional. No es serio que cada comunidad, en un asunto tan vital, vaya por libre y modifique los planes educativos según el criterio de cada una (y lo que es peor, según quién gobierne en cada una de ellas). Siempre he mantenido la opinión de que los planes de educación tienen que estar consensuados por las principales fuerzas políticas, y no pueden de ninguna manera estar sometidos a cambios continuos, dependiendo de quienes ejerzan el poder en cada momento. Experimentos, los justos. Estabilidad, la mayor posible.

          En segundo lugar, no creo que esta sea la vía adecuada para mejorar el nivel de conocimientos de nuestros alumnos. Se podrían hacer muchas críticas atendiendo al carácter discriminatorio y elitista de esta medida. En este ámbito, sólo quiero llamar la atención sobre el hecho de que, mientras a unos cuantos chicos y chicas se les aislase del resto y se les facilitase una educación exquisita y “excelente”, se dejaría a su suerte a todos los demás -la mayoría-, presuponiendo que la educación que éstos últimos recibieran sería cuando menos regular o mediocre. Y esta idea me parece intolerable. El grupo de los “elegidos” gozaría ya para siempre de un estatus privilegiado, que se extendería incluso a su futura vida profesional, pues en sus curriculum aparecería de forma destacada el haber cursado el Bachillerato de Excelencia.

          No, no debe caminarse por esa senda. Lo ético y responsable (y también lo difícil, por descontado) es hacer todo lo posible por elevar el nivel académico de todos, adoptando una cultura de esfuerzo y superación en todos los ámbitos y para todos los colectivos: educadores y alumnos, fundamentalmente, y también padres y sociedad en general. Si es necesario apoyar más al profesorado y otorgarle más autoridad, hagamos todo lo que sea preciso para que su figura sea más respetada y goce de todas las ayudas posibles. Si es preciso introducir pequeños -o no tan pequeños- cambios en los planes de estudio, o en el número de horas mínimas destinadas a cada asignatura, que se estudien, se discutan y se implanten. Para eso están el Ministerio y las consejerías de cada comunidad. Hay muchos altos cargos y funcionarios implicados en el ámbito de la enseñanza. Que “se pongan las pilas”, si me permiten la expresión, y luchen por lograr la excelencia educativa de todos o, al menos, de la inmensa mayoría. Es el futuro de España lo que está en juego, ni más ni menos.

          En cualquier caso, ya existen en los centros aulas de enlace y/o aulas de diversificación y apoyo para alumnos que, por las razones que sea, no logran alcanzar un nivel mínimo de rendimiento escolar y han de ser segregados para recibir una atención especial, ya que es evidente que entorpecen y ralentizan el aprendizaje de los demás. Esto se manifiesta sobre todo con muchos hijos de inmigrantes, que llegan a nuestras aulas sin siquiera conocer nuestro idioma, o careciendo de una mínima base cultural previa.

          Un último apunte. Presiento que a una mayoría de los chicos/as  les repugnará un poco la idea de formar parte de un grupo escogido y aislado del resto, por muchas ganas de aprender que tengan y por muy brillante que sea su rendimiento. Muy posiblemente les invadiría un sentimiento de verse de alguna manera señalados o incluso rechazados por los demás, que a buen seguro les tomarían por “bichos raros” (cerebritos, pitagorines, etc.) pertenecientes a un club demasiado exclusivo. ¿Me equivoco?

          Seguiremos con atención el debate de este polémico asunto.

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One response to this post.

  1. Posted by Lara on 13 septiembre, 2011 at 15:46

    Apoyo parte de tus observaciones y estoy de acuerdo en muchas de ellas, sin embargo, por experiencia propia, he trabajado en colegios privados fuera de España, y aunque la educación que se imparte en ellos es bastante igualitaria, también es cierto que si hay alumnos con deficiencias y se trabaja para superarlas, es igualmente recomnedable que los que tengan ciertas habilidades puedan disfrutar de clases adicionales para estimular las mismas. No con ello quiero decir q sea una clase de elites, en este caso se toma en cuanta el desempeño del alumno desde GB.
    También es cierto que los docentes deberían verse más fortalecidos en su papel y los padres involucrarse mucho más en la educación de sus hijos, de esta manera, no hubieran tantos problemas académicos y deserción escolar.
    También hay alumnos que antes de que se hicieran estas propuestas ya son tachados de cerebritos o empollones porque les gusta estudiar, es decir la discriminación o la segregación del resto ya existe, tanto en este caso como en el opuesto, esto no es nuevo.
    Creo que a nivel de la ESO, los alumnos son suficientemente concientes de sus responsabilidades y actos, y los centros deberian trabajar mucho más los valores como el trabajo en equipo, la tolerancia, el respeto y la responsabilidad, porque es un deber de todos. Esto no va a cambiar mientras no se apliquen politicas más idóneas, realistas y menos propaganda electoral.
    Ser justos no es darle a todos por igual, sino darle a cada quien lo que necesita.

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