EL PARTIDO POPULAR Y EL EMPLEO

                                           

         Ayer lunes por la noche presencié una entrevista a Carlos Floriano, secretario de comunicación del PP, en el espacio “La Noche” del canal 24H de TVE, dirigido por el periodista Vicente Vallés. Durante la entrevista, el invitado se sometió a diversas preguntas tanto del presentador como de otros periodistas de diversos medios (y de diferente ideología, por supuesto), que componían la mesa de debate.

          Se preguntó a Carlos Floriano por cuestiones varias de actualidad, como el lamentable episodio de las gravísimas acusaciones de su partido ante el traspaso de poderes en Castilla – La Mancha, el caso de los imputados en tramas de corrupción y, lo que más me interesa señalar aquí, la nueva política económica del PP no sólo para las comunidades autónomas sino para el conjunto del Estado, suponiendo, naturalmente,  que ganen las próximas elecciones generales.

          Tengo que decir, antes de nada, que casi sentí lástima del señor Floriano por la ínfima calidad y rigor de las respuestas que iba dando a las distintas preguntas, nada rebuscadas por cierto, que se le formulaban. A casi todas ellas, el entrevistado respondía con lugares comunes, con los mismos tópicos a que estamos tan acostumbrados tras escuchar tantas veces declaraciones de Rajoy, Cospedal, Arenas, González Pons, etc. Prácticamente, no respondió de forma directa a ninguna de las preguntas, se le veía sin argumentos de cierto peso y, como señalaba hace un momento, casi inspiraba compasión.

          En lo relativo a la “nueva” política económica que pretende aplicar el PP cuando gobierne, cayó en la misma trampa que todos los de su partido, Mariano Rajoy incluido. Confundió políticas a implantar con deseos, al indicar que ellos iban a hacer todo lo posible para crear empleo (¡toma! ¿y quién no?), porque una vez creado empleo todo lo demás se soluciona sólo, la sanidad, la educación y no sé cuántas cosas más. ¿Cómo se puede ser tan cándido? ¿O es que nos consideran subnormales a la gente de la calle? El objetivo puede ser el de crear empleo, por descontado, pero la pregunta a formular tiene que ser: ¿qué políticas hay que implementar para conseguirlo? A esto es a lo que nunca responden los hombres y mujeres del PP.

          Daría lo que fuera por saber qué planes tienen en mente los dirigentes del PP para crear empleo. El Estado puede hacerlo directamente convocando oposiciones para ampliar sus plantillas de funcionarios, o bien contratando trabajadores públicos pero, claro, en estos tiempos que corren no se va a hacer tal cosa. Sería insensato aumentar aún más el gasto público cuando lo que se demanda es austeridad y adelgazamiento presupuestario. Entonces, si el Estado no puede generar empleo de manera directa, sólo quedan las empresas, grandes, medianas y pequeñas para asumir esta tarea.

          El problema, la madre del cordero, es que las empresas no crearán nunca empleo si no venden, si no facturan lo que esperan, y tampoco lo harán si, como realmente sucede, no hay apenas crédito por parte de los bancos ni para invertir (a largo plazo) ni para pagar a los proveedores y facilitar el funcionamiento habitual de las empresas (a corto plazo). Estando así las cosas, el margen de maniobra del gobierno es más bien escaso. Abaratar el despido no es la solución, como se está comprobando. Remover la legislación laboral puede satisfacer algunas demandas tanto internas como externas, pero no ataja el problema de raíz. ¿Qué se puede hacer para que nuestras empresas sean más competitivas y vean crecer sus ventas, única vía para que vuelva a haber crecimiento económico y se cree trabajo?

          La respuesta no es sencilla ni unidireccional. El objetivo planteado exige la aplicación de muchas medidas, tanto desde la Administración Pública como desde el propio mundo empresarial, que tiene en esto una responsabilidad evidente. Adelgazamiento de gastos superfluos, inversiones públicas selectivas, educación y formación, fomento de iniciativas empresariales en sectores de gran interés para la economía nacional, apertura en las líneas de crédito bancarias, colaboración leal de todas las instituciones, seriedad y rigor, predicar con el ejemplo, tener visión a largo plazo, transparencia, castigos rápidos y ejemplares a los corruptos, y cosas por el estilo. No hay ningún milagro, sino la integración de muchas medidas, actitudes y voluntades que persigan de verdad solucionar los problemas y mejorar la calidad y el nivel de vida de los españoles.

          ¿Seremos capaces de centrarnos todos en la tarea y de hablar con seriedad de lo que de verdad interesa? Veremos.

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