Archive for 12 de mayo de 2014

REFLEXIONES ANTE EL CARTEL ELECTORAL DE ARIAS CAÑETE

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          Observemos el nuevo cartel electoral del Partido Popular para las próximas elecciones al Parlamento Europeo del 25 de mayo.  En él aparece el cabeza de lista, Miguel Arias Cañete, junto a diversos eslóganes, algunos de los cuales aluden (¡cómo no!) a la herencia socialista, y una especie de rúbrica fija al pie de la imagen, que dice textualmente: En la buena dirección —> PP. La imagen, un dibujo del candidato, presenta el rostro satisfecho, confiado, orondo, pulcro y venerable del señor Cañete, hasta hace pocos días ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

          La imagen pretende transmitir seriedad, respetabilidad, fiabilidad y buen hacer. Desde lo alto de su valla publicitaria, el señor Arias Cañete contempla al sufrido viandante muy seguro de sí mismo, perfectamente trajeado y encorbatado, con su muy bien cuidada barba, su porte de hombre de bien, sus aires de persona acostumbrada a mandar, de toda la vida de Dios. El hombre o la mujer de la calle lo verán como un selecto miembro del sistema, un dirigente nato, un señor que encajaría como un guante en el consejo de administración de cualquier gran empresa del IBEX-35, a semejanza de Rodrigo Rato, casualmente compañero de partido y persona de gran éxito profesional (¡?), fichado sin ningún problema por personajes de la talla de Emilio Botín y César Alierta, tras el «brillante» paso de aquél por Caja Madrid – Bankia.

          ¿Cómo no votar a un hombre así, tan poderoso, tan mayestático, tan señorón? Por narices, pensará el incauto ciudadano, tendrá que saber muy bien lo que hace, y además lo hará todo de forma impecable. ¿Seguro? Bien, pues fíjense ustedes que a mí se me ocurren unos cuantos motivos que apuntan justo en el sentido contrario. Veamos algunos de ellos.

  •           Votar al señor Arias Cañete supone aceptar y dar por bueno todo lo hecho por el Gobierno de Mariano Rajoy en estos últimos dos años y medio. Supone ignorar que la economía española, el bienestar de los ciudadanos y el nivel de empleo no han hecho en realidad más que empeorar durante todo este lapso de tiempo. ¡Ojo!, ahora están insistiendo muchísimo en la recuperación económica y en la idea de que, a partir de ahora, todo va a ir a mejor, pero ocurre que esto todavía es una incógnita, algo que es más una promesa que una realidad tangible. Aunque demos por buena la previsión de que el PIB español vaya a crecer en torno a un 1,5% este año y cerca de un 2% el año que viene (veremos si es cierto), todos sabemos que el enorme e insufrible nivel de paro apenas si se va a ver aliviado.
  •           Votar a Cañete supone aprobar la reforma laboral de su compañera de gabinete, Fátima Báñez, que ha pulverizado derechos de los trabajadores, propiciado decenas de miles de despidos tras su implantación, y fomentado con siniestra eficacia la sustitución de empleo estable y dignamente retribuido por empleo temporal, inseguro y pésimamente pagado. Asimismo, supone dar por buena la reforma del sistema educativo llevada a cabo por su otro colega, Jose Ignacio Wert, la cual, en lugar de procurar de verdad la consecución de una mayor calidad en la enseñanza a todos los niveles y en todos los ámbitos, lo único que ha logrado es favorecer a los centros privados y concertados religiosos, tal y como exigía la Conferencia Episcopal Española.
  •           Votar a Cañete supone aplaudir su propia ley de Costas, que entre otras cosas impide que se eliminen miles de edificaciones ilegales construidas sobre nuestras playas y litorales. Y no sólo eso, sino que también se va a permitir edificar obra nueva a tan sólo 20 metros de la línea de la costa. ¡A esto llamo yo una «eficaz» gestión por parte del que se dice responsable del Medio Ambiente! ¡Jolines con el ministro!
  •           Votar a Cañete supone ratificar una política que dificulta severamente la vida de la mayoría de los ciudadanos, en especial de todos aquellos a quienes no les sobran los recursos. Ahí están las subidas de las tasas judiciales, los fuertes aumentos de las tasas académicas universitarias, el gran incremento de la presión fiscal vía IRPF (sólo para los asalariados, vaya por Dios) e IVA, la aplicación del tipo máximo de IVA (21%) al teatro y al cine, la denegación de ayudas económicas a las familias con personas dependientes a su cargo, o los severísimos recortes  impuestos a la Sanidad pública. Por cierto, son los mismos colegas de partido del señor Cañete los que han hecho todo lo posible en la Comunidad de Madrid por privatizar la gestión (y quién sabe cuántas cosas más) de la sanidad pública territorial. Por fortuna, la fuerte presión ciudadana y de los propios profesionales de la salud, junto con una sabia decisión del TS, han hecho posible que se trunquen los planes de Ignacio González y del que fuera su consejero de Sanidad, Fernández Lasquetty.
  •           Votar a Cañete supone dar por buenos los privilegios de las grandes fortunas (que apenas tributan al fisco y por tanto no contribuyen en nada al esfuerzo general), de la banca en su conjunto (la cual recibe cuantiosas ayudas por un lado, y sin embargo apenas concede crédito y practica escrupulosamente los desahucios), y de la Iglesia Católica. De esta última hay que destacar que no sólo sigue sin tributar por el IBI de todo su vasto patrimonio inmobiliario, sino que encima tiene vía libre y tiempo de sobra para seguir matriculando a su nombre un sinnúmero de más inmuebles, prohibidos sin embargo a la gente común, a las familias o a las pequeñas empresas. ¡Todo muy justo, sí señor!
  •        Votar a Cañete supone, en fin, indultar a un partido político infectado internamente como ningún otro por un conjunto de prácticas corruptas escandalosas: trama Gürtel, contabilidad paralela, financiación irregular, reparto de sobres bien repletos de dinero negro, todas ellas interconectadas, sin lugar a dudas. Por increíble que pudiera parecer (pensemos en un observador imparcial de todos estos hechos), nada se ha resuelto todavía a nivel judicial. El partido mira hacia otro lado, como si la cosa no fuera con ellos. Y, por paradójico y grotesco que resulte, sólo hay un condenado real por el llamado caso Gürtel: Baltasar Garzón, el juez que tuvo la «osadía» de empezar a investigar y tirar de los hilos de la madeja. Increíble, ¿no? Naturalmente que sé que la corrupción afecta por desgracia a muchos otros políticos de otras formaciones , pero no olvidemos que, en el caso del PP, está infectada la misma organización interna del partido. La cepa del virus está dentro mismo del cuerpo, valga la expresión, en la cúpula directiva actual y del pasado más reciente.

          Podría seguir aportando más información, pero como muestra bien vale un botón, o más bien unos pocos botones. Sinceramente, creo que los argumentos que he traído aquí son bastante irrefutables y significativos. De modo que puedo terminar diciendo alto y claro:

          ¿Motivos para votar a Cañete-Rajoy-Partido Popular? ¡¡NINGUNO!!

Cañete comilón