TRAS LAS ELECCIONES DEL 25 DE MAYO: UN BREVE COMENTARIO

         Urna elecc.europeas

          Los resultados de las elecciones europeas del domingo admiten, a nivel nacional, una lectura positiva, al constatarse un amplio y contundente rechazo al bipartidismo tradicional, con ascensos de UPyD e Izquierda Plural y, sorprendentemente, con la fuerte irrupción de Podemos, la formación recientemente formada por Pablo Iglesias, que de la nada ha logrado nada menos que un 8% de los votos y 5 escaños en el nuevo Europarlamento. El panorama político español experimenta, pues, un cambio muy importante, y ofrece alternativas de cierto peso bastante opuestas a la política que se ha venido desarrollando en nuestro país durante los últimos años.

          Los hasta ahora dos grandes partidos nacionales, PP y PSOE, pierden muchos votos y relevancia, si bien el primero gana las elecciones por mayoría simple (poco más de 4 millones de votos), pese al desgaste sufrido tras dos años y medio de permanencia en el Gobierno, a su marcado carácter neofranquista, y a la considerable impopularidad suscitada por casi todas sus medidas. El resultado obtenido por el PSOE, con casi medio millón de votos menos que su principal rival, es bastante decepcionante. Por curioso que pudiera parecer, el primer partido de la oposición sufre un castigo electoral aún mayor que el partido en el Gobierno. ¿Cómo es posible?

          En mi modesta opinión, el socialismo español no ha logrado quitarse de encima el sambenito por la pesada carga heredada de la última legislatura de Rodríguez Zapatero, con todos sus errores, indecisiones y sumisión final a los dictados del supremo poder europeo. También ha influido considerablemente en su mala prensa, justo es recordarlo, la agresiva política goebbeliana de acoso y derribo llevada a cabo de forma inmisericorde por su mortal enemigo, el PP, el cual se ha empleado a fondo en desacreditar al ejecutivo socialista antes de la crisis, durante la crisis e incluso ahora mismo, tras más de dos años después de haberle arrebatado el poder. Esto ha sido una constante en la política de comunicación del Partido Popular, y no me cabe la menor duda de que ha calado con fuerza en buena parte de la ciudadanía.

          El PSOE, independientemente de una necesaria renovación (su secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, no ha tardado ni un día en anunciar su retirada, en un gesto de coherencia política que le honra), ha de someterse de una vez por todas a una profunda reflexión y autocrítica sobre su papel en el Gobierno desde el inicio de la crisis, reconociendo sincera y públicamente sus desaciertos. Asimismo, ha de diseñar y difundir un programa nítidamente diferenciado con respecto a la política económica neoliberal de la derecha, porque muchos ciudadanos aún no terminan de apreciar claramente la diferencia. Yo me permitiría aconsejar a los socialistas que no caigan en el desaliento y que acometan con humildad y coraje un rearme ideológico de gran calado. El PSOE pasa por horas bajas, pero tengo la seguridad de que aún tiene mucho que decir y hacer.

          Con respecto a Europa, las cosas no están demasiado claras. El Partido Popular Europeo pierde muchos escaños con respecto a 2009, aunque sigue siendo la formación más votada. La sigue muy de cerca la coalición socialista encabezada por el alemán Martin Schulz, que consigue mantener su peso relativo en el Parlamento de Estrasburgo. Muy inquietante es el ascenso de los populismos de extrema derecha, en particular el de Francia, con una victoria casi arrolladora del Frente Nacional de Marine Le Pen. ¿Quién iba a suponer algo tan -si se me permite- grotesco en un país que siempre ha defendido con vigor las libertades democráticas, sociales y culturales? Ojalá se trate solamente de un sarampión, aunque la situación generada en el país vecino es ahora mismo bastante preocupante. También aparecen nubarrones parecidos en otros países, producto sin duda del desencanto que experimentan en general los ciudadanos europeos a raíz de las políticas conservadoras y neoliberales que se vienen aplicando desde el inicio de la crisis. La Unión Europea, lejos de ilusionar a la gente de la calle, genera cada vez más descontento. Pero esta es sin duda otra historia. Tiempo habrá para reflexionar sobre ella.

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