REFLEXIÓN TRAS EL 11 DE MARZO

A continuación, transcribo literalmente mi comentario de hoy en el video-blog de Iñaki Gabilondo, web del diario El País:

Buenos días, Iñaki.

Me alegro que abordes este asunto, porque desde ayer no pienso en otra cosa. Han pasado ya 8 años desde aquel trágico 11 de marzo de 2004. Sin embargo, en vez de permanecer unidos en el dolor inmenso que causaron los terribles atentados en los trenes de cercanías, la peculiar y discordante interpretación que una parte de la sociedad, alentada por la derecha política de este país, viene efectuando sobre la autoría de la masacre ha abierto una brecha profunda entre los españoles. Personalmente, me repugna la llamada teoría de la conspiración y detesto que, a estas alturas, aún se dude acerca de la autoría de los atentados y se abriguen sospechas sobre intereses ocultos que los pudieron alentar. Al lógico dolor por las víctimas, que todos hemos compartido, se ha venido a unir un veneno absurdo nacido de la paranoia de unos cuantos indeseables, que siguen sin aceptar la versión judicial de los hechos y se obstinan en buscar oscuras culpabilidades donde no las hay.

Yo tengo una opinión muy clara. Si España no se hubiera involucrado en aquella locura de la guerra de Irak, no hubiéramos sufrido los atentados del 11-M, obra de grupos islamistas radicales que quisieron vengarse de esta manera de nuestra participación en el conflicto. Los atentados supusieron un terrible jarro de agua helada sobre la sociedad española, que mayoritariamente había expresado antes su repulsa por la mencionada guerra, y también mayoritariamente castigó con su voto a un Partido Popular que nos había metido de lleno en ella. El problema es que muchos dirigentes del PP no aceptaron la verdad y se empeñaron en buscar otra interpretación de los hechos, al tiempo que siempre vieron a Rodríguez Zapatero como un intruso que les había arrebatado el poder que “legítimamente” les correspondía. Dividieron a las víctimas, dividieron a la sociedad, no aceptaron de buen grado los resultados del largo proceso judicial que tuvo lugar tiempo después, e iniciaron una oposición política al Gobierno socialista malintencionada, descalificatoria, desleal y antipatriótica, como todos hemos tenido ocasión de comprobar.

Muchas veces se ha dicho que, mientras los atentados del 11-S en Nueva York y Washington unieron el sentimiento de los norteamericanos, los atentados del 11-M en Madrid nos han dividido a los españoles, por la mala fe de unos pocos. Es tan cierto como lamentable.

Sólo quiero añadir que ayer participé en la gran manifestación que tuvo lugar en Madrid en contra de la reforma laboral y en favor de los servicios públicos. Se demostró que no había ninguna incompatibilidad entre dicha manifestación de protesta y los actos de homenaje a las víctimas de los atentados. Estoy muy orgulloso de haber formado parte de la misma, y espero y deseo que la oposición de los trabajadores españoles a los planes del Gobierno sea rotunda y tenaz. ¡Ya está bien de que siempre se exijan sacrificios a los más débiles, que no hemos tenido ninguna responsabilidad en esta maldita crisis financiera y económica!

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