Archive for the ‘Política’ Category

UNAS PALABRITAS SOBRE AZNAR

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          Cada vez que veo la tristemente famosa fotografía del trío de las Azores, con el entonces presidente Aznar soltando esa obscena y frívola risotada, me es imposible disociar dicha imagen de la de los trenes despanzurrados por las bombas un año después en Madrid, el 11 de marzo de 2004, con sus 191 víctimas mortales y sus más de 1800 heridos. Tampoco puedo olvidarme de Irak, un país roto y deshecho por los continuos y terribles atentados que siguen sucediéndose diez años después de aquella absurda intervención militar aliada, basada en un colosal engaño (la de las supuestas armas de destrucción masiva de Sadam Hussein), y que a la postre no sirvió más que para sustituir un dictador por el caos y el terror para la desdichada población de aquel país.
Jose María Aznar, lejos de mostrar el más mínimo arrepentimiento por aquella guerra tan injusta e innecesaria a la que prestó su entusiasta apoyo, continúa exhibiéndose en público con sus habituales frialdad y aires de superioridad, negándose sistemáticamente a dar ninguna explicación sobre aquel atropello de lesa humanidad. Por el contrario, y paradójicamente, sí han tenido que darla -y sufrir las consecuencias de su errónea decisión- sus colegas George W. Bush y Tony Blair.
Este personaje, que parece despertar cierta gracia en su amigo americano, me hace sentir vergüenza del papel desempeñado por España en aquel episodio. Puso todo su empeño en salir en la foto (nunca mejor dicho), junto a sus poderosos aliados, pero ni siquiera tuvo el coraje de arriesgarse militarmente en aquel conflicto armado. Dejó que sus colegas estadounidense y británico cargaran con todo el trabajo duro de enfrentamiento y ocupación, y luego se limitó a «vigilar» con nuestras tropas una determinada zona previamente conquistada. Actuó exactamente como el cobardica bravucón que jalea y aplaude a los matones de turno en una pelea callejera, pero que se cuida muy mucho de permanecer a salvo tras las recias espaldas de sus fornidos compinches.

¿SON DEMÓCRATAS LOS PARTIDARIOS DE LAS PRIVATIZACIONES?

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            Ayer expuse una idea muy simple en la red Eskup, de la web del diario El País. Estaba yo participando en un foro sobre el modelo de sanidad pública española, que como se sabe está siendo objeto de un ataque directo por parte del actual gobierno de la Comunidad de Madrid, encargado de su gestión. El pensamiento que subí al foro, y que voy a reproducir aquí, no es nuevo, al menos para mí. Ya hace tiempo que me bulle en la cabeza, e incluso tuve ocasión de exponerlo en un antiguo post mío de este mismo blog. Si la memoria no me falla, en aquella ocasión criticaba el movimiento de ultraderecha estadounidense denominado Tea Party, encabezado por la señora Sarah Palin.

         La cuestión es la siguiente. Hay una serie de políticos, como es el caso de Ignacio González,  Fernández-Lasquetty (Presidente y Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, respectivamente) y tantos otros dirigentes del Partido Popular, que no creen en la gestión pública de los servicios que se prestan al ciudadano. Nos dicen una y otra vez que la gestión pública es ineficiente y no administra bien los recursos. Con ese indemostrable argumentario, además de descalificarse a sí mismos (al fin y al cabo, ellos son servidores públicos, aunque no les guste el término), están evidenciando que no son verdaderos demócratas en el auténtico sentido de la palabra. ¿Por qué? Muy sencillo, porque en una sociedad moderna y avanzada, sometida al imperio de la Ley, el Estado y las instituciones públicas y democráticas son los únicos entes que pueden garantizar de verdad la protección y el bienestar social a la inmensa mayoría de los ciudadanos. Nunca podrán cumplir este objetivo las empresas o compañías privadas que, por su propia naturaleza, sólo aspiran a una cosa: maximizar sus beneficios para retribuir a los accionistas y aumentar su capital. Es la lógica pura y universal del negocio privado: si no hay beneficio económico, no hay negocio, y el beneficio hay que maximizarlo siempre. Este concepto o postulado tan elemental es uno de los primeros que se aprenden en cualquier facultad o escuela de ciencias empresariales.

         El concepto de servicio público es otra cosa bien distinta. Aquí no se busca la rentabilidad como primer y único objetivo, sino la prestación de un buen servicio a la sociedad, a fin de procurar la satisfacción de una serie de necesidades básicas, tanto por parte de la colectividad como por parte de los individuos que la componen. ¿Alguien confiaría en una policía privada, por poner un ejemplo extremo? Por supuesto, ello no debe nunca estar reñido con una rigurosa y escrupulosa administración de los bienes y caudales públicos, y existen muchos y eficaces mecanismos de control para garantizarla, sin olvidar la profesionalidad de que son capaces de hacer gala la inmensa mayoría de los funcionarios. Creo que la idea está muy clara, y nadie puede poner sinceramente en tela de juicio estos sanos principios, salvo que recurra a la mala fe o a los falsos argumentos (la gestión privada es siempre mucho más eficaz, la gestión pública es ineficiente y despilfarra, etc.) tan del gusto de los llamados neoliberales. Por cierto, hay que ver cómo se ha prostituido este término, el del liberalismo, que en otra época fue sinónimo de avances, progreso, cultura y libertad. Pero ésta es otra cuestión.

PERFIL ABREVIADO DE LOS MIEMBROS DEL GOBIERNO RAJOY

Gobierno de Rajoy

Tras casi un año y medio desde el comienzo de la actual legislatura, ya hemos ido conociendo bien la personalidad y lo que pueden dar de sí los integrantes del gabinete presidido por Mariano Rajoy Brei. He aquí, en pocas palabras, el perfil de cada uno.

Soraya Sáenz de Santamaría, marisabidilla, deslenguada como la que más durante la etapa de oposición a Zapatero (igualita en eso a su querida compañera Dolores de Cospedal), y aupada muy prematuramente a la vicepresidencia del Gobierno. No obstante, parece que se esfuerza por dar una imagen de cierta sensatez y moderación, aunque sea ésta una tarea imposible. La verdad es que sus rifirrafes en el Congreso con la otra Soraya (Rodríguez, del PSOE) no son muy edificantes.

García Margallo (Exteriores), obsesionado con aquello tan viejo de Gibraltar español. Poco diplomático, la verdad. Transmite una imagen mucho más caduca que su antecesora Trinidad Jiménez.

Fernández Díaz (Interior), hombre también muy carca y anticuado. Muy poco hábil a la hora de  gestionar correctamente el final de ETA, tras el anuncio de su cese de la actividad  armada.

Ruiz Gallardón (Justicia), taimado, ambicioso en extremo, retorcido, muy pagado de sí mismo, redicho y profundamente retrógrado, en contradicción con la imagen cultivada por él mismo durante todos los años anteriores. Los madrileños le recordaremos siempre como el que llevó a la ruina al Ayuntamiento de nuestra querida ciudad, dejando tras de sí una deuda de SIETE MIL MILLONES de euros. El Gran Despilfarrador.

Luis de Guindos (Economía y Competitividad) … sencillamente, la economía se le va de las manos. De la competitividad, ni hablemos, porque es algo desconocido de lo que ni se ocupa.

Montoro (Hacienda), prepotente, va de sobrado y graciosillo. Poco serio y con muy mala leche. Le gusta amenazar a todo el que se le ponga por delante, como Gran Guardián de los datos fiscales de todos los españoles.

Fátima Báñez (¿Empleo o Desempleo?), una completa inútil que, pese a ello, parece tenérselo muy creído. Su Reforma Laboral ha sido el mayor fracaso de este Gobierno, que ya es mucho decir. No parece que la Virgen del Rocío le haya hecho demasiado caso, pese a sus entusiastas invocaciones del verano pasado. Fue muy rastrero y obsceno su chivatazo a la prensa sobre el ERE que tenía proyectado el PSOE, acogiéndose a su propia reforma.

Arias Cañete (Agricultura y otras cosas), sin lugar a dudas el ministro más nefasto para el medio ambiente de nuestro país. De momento, los bosques y las costas de nuestra Patria ya están sufriendo su política, en la que se percibe una intensa añoranza de los años de la burbuja inmobiliaria. Sus invitaciones a consumir yogures caducados o a ducharse con agua fría, para ahorrar, resultan cuando menos pintorescas.

Ana Mato (Sanidad), animal -con perdón- político de toda la vida, sin otras responsabilidades fuera del partido, y crecida durante largos años a la sombra de Aznar. Debería haber dimitido por vergüenza y coherencia cuando salieron a la luz los escándalos de su ex-marido, de cuando formaban matrimonio. La Sanidad pública, víctima de severos recortes, y los sufridos usuarios de la misma nos acordaremos mucho de ella, y no de forma positiva.

Jose Manuel Soria (Industria y Energía). Parece un clon de Aznar, aunque algo más espigadito, eso sí, y con acento isleño. Incapaz de solucionar el problema de la energía en España, incluido el monumental disparate del déficit tarifario de la electricidad. Un hombre bastante mediocre.

José Ignacio Wert (Educación, Cultura y Deportes). Iba de simpático y liberal (en el buen sentido), con su pasado de tertuliano ocurrente y dicharachero, pero ha demostrado desde el primer momento una sorprendente obediencia a los postulados de la Conferencia Episcopal. Ha logrado la enemistad de toda la enseñanza pública española, que está sufriendo de primera mano sus graves recortes. No creo que deje buenos recuerdos cuando se vaya.

Pedro Morenés (Defensa). El más desconocido de todos, seguramente por ser el que menos declaraciones efectúa. Dicen que el que no habla tampoco se equivoca. Lo que no gusta demasiado es que provenga de una empresa fabricante de sistemas de armamento. ¿Será objetivo e imparcial en sus decisiones de compra? Ahí queda la duda. La verdad es que echo mucho de menos a su antecesora Carme Chacón, ¡qué le vamos a hacer!

Ana Pastor (Fomento), quizás la única que se salva un poco de la quema, al menos en lo que a su seriedad personal y capacidad de gestión se refiere. Eso sí, si nadie lo remedia, pasará a la historia como la verdugo del ferrocarril español, entendido como servicio público: pretende privatizar RENFE Operadora, previo troceo de la misma.

Mariano Rajoy, en fin, el amo de todo el cotarro. Personalmente, le otorgo el título de Supremo Cabeza Hueca. Con aspecto muy digno, notorios aires de superioridad y cierta imagen decimonónica, pero absolutamente falto de ideas. Su habilidad principal consiste en repetir frases hechas e ideas simplonas, antes en público, y ahora tras un gran plasma de TV (la valentía no es una de sus cualidades). Un buen peón de doña Angela Merkel.

PARTIDO ¿POPULAR?: DEBERÍAN CAMBIARSE EL NOMBRE

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          Es indudable que la sucesión ininterrumpida de noticias a lo largo de estas últimas semanas, concernientes al partido que sustenta el actual Gobierno de España, están produciendo en él un profundo descrédito, reflejado con bastante fidelidad en las encuestas más recientes. Las evidencias de corrupción que se desprenden de los supuestos papeles contables del ex-tesorero Luis Bárcenas, y sus más que posibles conexiones con la trama Gürtel, han significado una auténtica lluvia de chapapote sobre la cúpula del partido que preside Mariano Rajoy. Y las reacciones oficiales airadas e indignadas, por parte de la secretaria general primero y del propio presidente después, ni aclaran nada ni desmienten de manera convincente los graves indicios de financiación irregular y cobro de sustanciosos sobresueldos en dinero negro.

          En particular, la «comparecencia» del señor Rajoy este último sábado, día 2 de febrero, a puerta cerrada y rodeado sólo por los suyos, desde un monitor de TV, y sin la menor posibilidad de atender las preguntas de los medios informativos, fue una burla a todo el pueblo español. Por mucho que repitiese, de forma lenta y remachada sus frases escritas (Es falso. Lo diré otra vez: es falso…), negando porque sí toda veracidad a los datos publicados, su encorsetado discurso resultó clamorosamente insuficiente. Hacen falta otras pruebas, otras actitudes y otros hechos, si realmente quieren recuperar su imagen de credibilidad y honradez. Como han señalado muchos comentaristas, a estas alturas no estamos para actos de fe.

          Como ya escribí en mi post LOS LASTRES DE LA DERECHA ESPAÑOLA, publicado en este mismo post el 05.05.2011, lo que sucede en el Partido Popular y la actitud de sus líderes trasmiten una imagen muy penosa, y sitúan a esta formación muy por debajo de otras fuerzas políticas europeas más o menos equivalentes, desde el punto de vista moral y en lo que a prestigio y seriedad se refiere. Para muestra, un botón. He ahí personajes como Jose Luis Baltar, en Orense, o Carlos Fabra, en Castellón, enmarcados en el más rancio, clasista y prepotente caciquismo español, que hunde sus raíces en el franquismo y aún mucho más atrás. Son una prueba palpable de que el PP no es más que un conglomerado de meros intereses económicos y de poder, carente de una ideología mínimamente válida para servir de manera útil al conjunto de la sociedad. Lo único que buscan es preservar los privilegios de una clase dominante (y de sus numerosos advenedizos), que continúa manejando los hilos de muchas empresas, grupos empresariales y entidades financieras de este país.

          En este contexto, me parece una burla de muy mal gusto autodenominarse Partido Popular, como si intentasen vender la idea de estar actuando al servicio del pueblo. Nada más lejos de la realidad, como ha quedado palpablemente demostrado a lo largo de todo el nefasto año 2012 que acaba de terminar, marcado por los brutales recortes y su feroz ataque a todo lo público. Y lo peor es que, en muchas ocasiones sus dirigentes siguen inistiendo en la idea, como cuando María Dolores de Cospedal tuvo la desfachatez de afirmar que ellos eran «el partido de los trabajadores», llegando al colmo del sarcasmo. Por desgracia, puede que hayan conseguido engañar con su burda propaganda a muchos trabajadores de buena voluntad (que ahora imagino amargamente arrepentidos de haberles prestado sus votos), pero insisto: de POPULARES, nada de nada. Su mero nombre ya constituye un insulto a la inteligencia de millones de españoles.

¿QUÉ DIABLOS CELEBRAN?

Observen ustedes la foto. Corresponde, como muchos ya sabrán, a la noche del domingo 25 de noviembre de 2012, en Barcelona. Alicia Sánchez Camacho, lideresa del PP catalán brinda con cava tras conocerse los resultados casi definitivos de las elecciones celebradas ese día en Cataluña. Alegría desbordante, júbilo, risas y sentimiento de victoria. Pero, ¿acaso han ganado las elecciones? ¡¡Noooo!! ¡Qué va!  La realidad objetiva es que han quedado en cuarta posición, tanto en número de votos como en escaños obtenidos, por detrás de CiU (a gran diferencia), ERC (la formación que más creció en dicha jornada electoral) y el PSC (que, a pesar de su importante caída, no tan grande ni desastrosa como se vaticinaba, aún mantuvo una ventaja de unos 50.000 votos sobre los populares).

Con tales datos en la mano, la verdad es que no se comprende a qué vienen tantas alegrías y fiestas en la sede de su partido. Cualquier observador que contemplase la escena y desconociese los verdaderos resultados de los comicios daría por sentado que esa noche el PP habría ganado rotundamente las elecciones. Habría que explicarle que, en realidad, lo que están celebrando en el fondo la señora Sánchez Camacho, el ministro de Interior Fdez. Díaz y otros cuantos adláteres de la formación conservadora es que Artur Mas y CiU no han logrado la tan ansiada victoria por amplia mayoría absoluta a la que aspiraban, con lo que, según los populares, tendrán serias dificultades para llevar a cabo sus planes de consulta acerca de la soberanía de Cataluña, durante la próxima legislatura.

Bueno, en realidad nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que va a ocurrir a partir de ahora. En mi modesta opinión, las aspiraciones independentistas no se han truncado, sino que los planes personales del señor Mas, de CiU, han sufrido un cierto revés, por lo que en adelante  no tendrá más remedio que ponerse de acuerdo con ERC para preparar y llevar a cabo cualquier iniciativa, sea del tipo que sea, lo que no deja de ser incómodo para los señores de Convergençia, situados un poco en las antípodas ideológicas de Esquerra, al menos en el plano económico y social. De cualquier modo, la CUESTIÓN CATALANA sigue ahí, sobre la mesa, y va a dar todavía mucho, pero mucho  que hablar.

Lo que es evidente es que estos brindis tan ufanos y triunfalistas por parte de los políticos del PP está totalmente fuera de lugar. A lo mejor alguien (quizás la famosa mano invisible de los antiguos economistas clásicos) les ha puesto delante de sus ojos una lente de color de rosa. O azul, más bien.

REFLEXIONANDO SOBRE NUESTRO FUTURO COMO PAÍS

          El periodista Iñaki Gabilondo, desde su video-blog del diario El País, invitaba antesdeayer a reflexionar acerca del modelo de país que queremos construir de cara al futuro inmediato y a medio plazo, mucho más allá de las medidas concretas e instrumentales que está tomando el actual Gobierno y que están cosechando una fuerte y creciente contestación ciudadana, como quedó bastante palpable durante la jornada de huelga general del pasado día 14-N. Venía a decir el comentarista que nadie sabe a ciencia cierta hacia dónde nos conduce la política de duro ajuste presupuestario que está aplicando la administración de Rajoy, y que genera enormes dudas en todos los ámbitos. Pero, de la misma manera, y me duele especialmente reconocerlo, tampoco se define una alternativa suficientemente sólida y coherente capaz de dibujar un futuro más optimista y esperanzador para este país. ¿Qué nos está pasando, entonces? Dicho en pocas palabras, la realidad es que carecemos de unos objetivos, de unos programas, de unas ideas, en definitiva, que perfilen y establezcan los cauces de nuestro desarrollo económico y bienestar colectivo.

          No es la primera vez que trato sobre este tema en mi blog pero, dada su trascendencia y su vital importancia, sin lugar a dudas merece ser abordado cuantas veces sean necesarias. Es aquí, pienso yo, donde deberíamos intentar todos un ejercicio de reflexión lo más profundo posible. El colapso del sector inmobiliario español, y el consiguiente hundimiento de nuestra economía en la grave crisis recesiva actual, evidencia un gran fracaso colectivo, de todo el país en su conjunto, no sólo por parte del Gobierno anterior, que obviamente falló a la hora de prever el estallido de la crisis y también en no apreciarla en toda su dimensión, sino de toda la clase política, oposición incluida, de instituciones tan fundamentales como el Banco de España, de todo el sector financiero y bancario, de las organizaciones empresariales, de los gobiernos de las CCAA, de muchísimos ayuntamientos y, en definitiva, de todos aquellos que tenían algún tipo de responsabilidad en la marcha de la economía española y/o en la administración de nuestros recursos. Es evidente que el desarrollo económico de este país seguía un modelo claramente desequilibrado y erróneo, y nadie, nadie con autoridad y responsabilidad alzó nunca su voz para corregir el rumbo cuando aún estábamos a tiempo de hacerlo.

          España tiene que reinventarse, con ayuda de Europa, sí, pero por encima de todo contando con sus propias fuerzas, energías y conocimientos. Ahora mismo estamos inmersos en una profunda crisis, pero no sólo económica sino también política y territorial. Las causas habría que buscarlas en la incapacidad y en la falta de imaginación y talento por parte de nuestra clase dirigente, formada por gobernantes, políticos, banqueros y empresarios. A su clamorosa miopía, que sólo les hace ver las cosas muy a corto plazo, habría que añadir también un alto grado de corrupción y una defensa numantina de sus intereses particulares o de clase (corporativismo), males que lastran enormemente las posibilidades de recuperación de todo el país. Para colmo de desgracias, las únicas reformas que ha emprendido este Gobierno consisten en dinamitar las pocas cosas buenas que hasta ahora funcionaban razonablemente bien y que proporcionaban un mínimo de cohesión social y vertebración en este país, como son sobre todo la sanidad y la educación públicas. Por último, constituye un fenómeno gravísimo y descorazonador el que nuestros jóvenes, muchos de ellos bien preparados y cargados de ilusión, no tengan otra alternativa mejor que hacer las maletas y buscarse su futuro en otros países. Este es el más rotundo y claro exponente que evidencia el fracaso colectivo de nuestro país.

          Yo creo que en España hay talento de sobra, imaginación, conocimiento, ideas y ganas de hacer las cosas mucho mejor, en línea con lo que el mundo actual, con sus grandes retos y problemas, nos exige a todos. Pero aquí fallamos estrepitosamente a la hora de encontrar los cauces para que fluya sin obstáculos todo ese caudal positivo y revierta en beneficio de la sociedad entera. Ojalá se encuentre pronto la fórmula o la manera para que el conjunto de la maquinaria del país empiece a funcionar de un modo sostenido y sostenible.

          Es imprescindible, y ya termino por hoy, que nos pongamos todos las pilas y exijamos a nuestra clase política, a la actual o a otra mejor que pueda llegar en un futuro inmediato, una revisión a fondo de nuestro modelo administrativo y económico-productivo, porque ahora mismo el horizonte de este país está totalmente perdido en una espesa nebulosa. No podemos conformarnos de ninguna manera con la vaga, imprecisa y muy poco creíble promesa que pronuncia sin cesar el Gobierno de Mariano Rajoy, esa con la que nos intenta convencer de que , tras sus actuales reformas y después de un tiempo indeterminado (que nadie se atreve ya a precisar), vendrán el tan ansiado crecimiento y la generación de empleo. Seguro que ni ellos mismos se lo creen ya.

PROGRAMADOS PARA LA RIÑA

            Miércoles, día 10 de octubre de 2012. Madrid, Congreso de los Diputados. Tiene lugar una sesión de control al Gobierno. La portavoz del grupo socialista, Soraya Rodríguez, pregunta al Gobierno si no se sienten responsables del grave empeoramiento de nuestras perspectivas económicas, a juzgar por las últimas previsiones del FMI sobre la evolución de nuestro PIB, al que se atribuye una caída del 1.3% para 2013, lo cual arroja de hecho un jarro de agua fría sobre la credibilidad del proyecto de presupuestos que acaba de presentar el propio Gobierno. Respuesta de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría:

            – «Dice usted si este Gobierno se siente responsable. ¿Y el suyo, señoría?»- Justo a continuación, la vicepresidenta se lanza a un ataque contra las políticas practicadas por el gobierno de Jose Luis Rodríguez Zapatero, tildándolas de puro despilfarro, para finalizar espetando a la portavoz socialista que ellos (el PSOE) no tienen legitimidad para reclamar aquello que recortaron, refiriéndose al mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones.

            En resumen, a una pregunta -incómoda, pero justa y razonable- de la oposición, la señora Sáenz de Santamaría no sólo no responde, a lo que estaba obligada ante la Cámara, sino que despliega un ataque furibundo contra el gobierno anterior y contra el grupo parlamentario que lo sustentaba. No conforme con eso, les niega además toda legitimidad (¡?) para reclamar que se mantengan ciertos derechos sociales, olvidando que el grupo que ahora ocupa los escaños de la oposición sigue representando a siete millones de españoles y que, por consiguiente, tiene todo el derecho del mundo para interpelar al Gobierno en todos los asuntos de interés general sobre los que considere necesario preguntar.

            No voy ahora a entrar en cuestiones económicas o técnicas sobre los presupuestos, ni sobre las previsiones del FMI, ni sobre la pésima situación de nuestra economía, ni sobre las pensiones. Lo que me interesa subrayar aquí es que la bronca continúa instalada en el Congreso. Las riñas, las invectivas, las descalificaciones y los reproches siguen siendo lo más característico de nuestras sesiones parlamentarias. No hay debate propiamente dicho, ni se esgrimen datos ni argumentos más o menos bien construidos y razonados. Se pregunta por algo y, a cambio, se recibe un insulto por toda respuesta. Donde debiera haber un debate de cierta altura, sólo nos topamos con una riña propia de un patio de colegio, como ya hemos comprobado hasta la náusea una y otra vez.

            ¿Para esto elegimos los españoles a nuestros más altos representantes políticos? ¿Cómo es posible que éstos se escandalicen ante un hecho tan constatable como la gran desafección de los ciudadanos hacia nuestra clase política en general? ¡Si nos lo están sirviendo en bandeja cada día! Cuando discuten entre sí, o bien cuando hacen declaraciones ante los medios, se tratan unos a otros como enemigos, sin ahorrar esfuerzos para ridiculizar al contrario. El espectáculo es desalentador y deprimente. Y, por desgracia, los propios medios contribuyen muy a menudo a proyectar sobre la ciudadanía esta triste imagen de confrontación continuada.

            Hay que decir alto y claro que estamos hartos de este maldito juego. En un momento tan sumamente crítico como el actual, es imprescindible un entendimiento y un gran pacto de Estado entre todas las fuerzas políticas, y no me refiero sólo al PP y al PSOE, con el fin de sentar las bases de una estabilidad y un crecimiento sostenido y sostenible, que evite seguir profundizando en esta gravísima recesión. Está en juego nada menos que nuestro futuro y nuestra supervivencia como sociedad. Exigimos respeto, leal colaboración y soluciones. ¿Es mucho pedir?

EL GOBIERNO FALLIDO DEL PP

          Tras nueve meses desde el inicio de la legislatura, es innegable que el proyecto político y económico del Gobierno de Mariano Rajoy ha fracasado, aunque sería más exacto no hablar de proyecto (que nunca lo ha tenido), sino de mera gestión de la crisis.

          No sólo la realidad de nuestra vida diaria ha empeorado de forma notoria en este periodo de tiempo sino, lo que es aún peor, ha aumentado alarmantemente la desesperanza de la inmensa mayoría de los españoles ante su propio futuro. Ni se vislumbra ni se percibe la tan ansiada salida de la crisis. Es muy cierto que la situación de recesión que padecemos es grave, de carácter estructural e inscrita en una Europa que también pasa por un momento muy tenso y difícil. Pero lo que no se puede perdonar a la formación política que ahora dirige nuestros destinos  es que utilizasen con total descaro e irresponsabilidad una serie de señuelos engañosos para ganarse al electorado, señuelos del tipo: «lo primero, el empleo», «con nosotros volverá la confianza», «aseguraremos el crecimiento y la generación de empleo», «el primer día del nuevo gobierno será también el principio del fin de la crisis», «el único problema de este país tiene un nombre: Zapatero», y otras fanfarronadas por el estilo.

          Desde el primer momento, el Gobierno de Rajoy se embarcó en una especie de cruzada contra el déficit público, imponiéndonos un aluvión de medidas cuya única finalidad era recortar gastos de la manera más rápida y expeditiva posible. Naturalmente, y como era de esperar, todas esas medidas de ajuste duro se han traducido en congelaciones y disminuciones de salarios, aumentos de las cargas fiscales, encarecimiento y empeoramiento de los servicios públicos, eliminación de derechos, mayor precariedad, despidos, malestar y empobrecimiento para millones de españoles. Y, por paradójico que pudiera parecer a simple vista, las expectativas gubernamentales de disminución del déficit se han hecho aún más difíciles de cumplir, por causa de la reducción alarmante de la recaudación de impuestos y también de la caída del PIB.

          Y lo malo es que todo esto no ha venido sólo. Junto a una política tan agresiva de recortes de carácter económico, el Gobierno ha empezado también a aplicar otras medidas de tipo político y social muy regresivas, que afectan al ámbito de las libertades políticas y democráticas. Quizás el ejemplo más paradigmático haya sido la toma de control de RTVE, lo que ha supuesto la expulsión de magníficos profesionales de la comunicación, que habían protagonizado la etapa más prestigiosa y reconocida del ente público, avalada tanto por el éxito de aceptación y audiencia de sus programas como por toda una serie de premios internacionales. Otros ejemplos de derechización promovida desde el Gobierno son el proyecto de ley sobre la regulación del aborto que se está preparando en el ministerio de Justicia, las peculiares reformas educativas del controvertido ministro Wert, la nefasta reforma laboral emprendida por la ministra Báñez, que ha echado por tierra derechos y conquistas sociales logradas por los trabajadores a lo largo de décadas, el curioso apoyo que se está dando a la tauromaquia, que por cierto regresa a la televisión pública, la «caza y captura» que se practicó contra el juez Garzón, etcétera.

          En medio de toda esta situación tan poco halagüeña, también quería yo denunciar conductas y declaraciones individuales, protagonizadas por ministros, altos cargos del PP e incluso el mismo presidente Rajoy, que me parecen muy definitorias de su particular mentalidad y, desde luego, absolutamente censurables. Veamos varios ejemplos:

* La filtración vergonzosa y miserable que realizó a la prensa la ministra Fátima Báñez sobre el proyecto de ERE que estaba planteando el PSOE. Que yo sepa, la ministra no ha pagado responsabilidad política alguna ante un hecho tan indigno.

* La clamorosa ausencia pública del ministro Arias Cañete (Agricultura y Medio Ambiente) durante casi todo el verano, mientras decenas de miles de hectáreas de nuestros montes ardían impunemente, a sabiendas de que la mayoría de los fuegos eran provocados. Hace pocos días, este ministro reclamaba en Bruselas «ayudas o indemnizaciones» por tanta superficie quemada. Me gustaría preguntarle qué medidas había adoptado desde su ministerio para prevenir y mitigar estos desastres, y si tiene algún plan para el futuro. ¿Estamos condenados a ver España arder todos los veranos?

* La ocurrencia de la ministra Ana Mato recomendando a los españoles, ancianos incluidos, acudir a los herbolarios para paliar el encarecimiento de los medicamentos. ¿Es ésto serio? ¿Acaso los remedios de herbolario, suponiendo que sean más o menos eficaces, son gratuitos? ¿En qué mundo vive la ministra?

* La extrema frivolidad de Dolores de Cospedal, secretaria general del PP y presidenta de Castilla La Mancha, al anunciar sonriente que había «resuelto el sudoku» de los gastos de su comunidad, tras anunciar su primer paquete de medidas de recorte, que conllevaba el despido masivo de un gran número de trabajadores y funcionarios de su comunidad.

* La prepotencia y soberbia exhibidas por el ministro Montoro al amenazar con controlar e intervenir las cuentas de las CCAA, especialmente (¡claro!) las de aquellas no administradas por el PP.

* El patinazo del ministro Gallardón, cuando expresó todo su apoyo a Carlos Dívar durante los primeros días de este lamentable y bochornoso caso, que como se sabe terminó con la dimisión del magistrado. Se vio claramente que Gallardón siempre se sitúa del lado del stablishment, por definición.

* La incompetencia manifiesta del ministro Soria, que ha sido incapaz finalmente de resolver el problema de nuestro intrincado y artificioso mercado eléctrico y energético, proponiendo un proyecto de ley que sólo viene a complicar un poco más las cosas y, naturalmente, a encarecer más la factura que pagaremos los usuarios finales. No ha conseguido satisfacer a nadie, ¡ni siquiera a las empresas productoras!

* Finalmente, la actitud siempre esquiva, distante e indefinida que mantiene el presidente Rajoy en todo momento. No sólo ignora a la opinión pública, sino que demuestra no tener ningún plan concreto, va navegando al pairo, sin un rumbo determinado, a la espera de que sucedan cosas en el exterior que le solucionen la papeleta. Ante asuntos tan importantes y urgentes como la ayuda europea para la recapitalización de nuestra banca o el tan traído y llevado rescate de nuestra economía, Rajoy no sabe ni contesta, sólo espera, espera, espera… Su última y genial ocurrencia, expresada el otro día ante la asamblea general de Naciones Unidas, la de pedir a Londres que se reanuden las conversaciones sobre la soberanía de Gibraltar, me hace pensar seriamente que este hombre no está en la realidad.

          Podría seguir con muchos más ejemplos que revelan las aptitudes e idiosincrasia de nuestros actuales gobernantes, pero para muestra vale un botón, como reza el dicho popular.

CARTA DE UN JOVEN INDIGNADO

          Un joven bastante allegado a mí me ha enviado un e-mail con el ruego de que incluya sus reflexiones en mi blog, a fin de darlas toda la difusión que me sea posible. Esta persona, que hace poco cumplió los 30 años, lucha como tantos otros por abrirse paso en el dificilísimo mundo laboral de nuestros días. Tras unos primeros años prometedores, luego vinieron regulaciones de empleo, cambios de trabajo, empeoramiento de condiciones laborales, bajadas de salario y desempleo. En su caso, la cualificación profesional, e incluso la experiencia de varios años, no le han ayudado demasiado. Como él, decenas de miles de chicos y chicas bien preparados y con ganas de trabajar, se han topado bruscamente con una de las caras peores de la crisis: el paro y la degradación de las condiciones de trabajo. Al mismo tiempo que pugna por encontrar una salida digna a sus aspiraciones profesionales, contempla la realidad social y económica que nos rodea, observa muchas mentiras y contradicciones, y se indigna ante el enfoque engañoso que se pretende dar a ciertos aspectos de la vida real. En mi opinión, no le falta razón. Sin más preámbulos, paso a transcribir su escrito.

«Estoy harto de escuchar y leer a muchos políticos, periodistas y ciudadanos cómo equiparan lo público con lo gratuito, como si fueran sinónimos. Es un gran ejemplo de falacia autocumplida: de tanto repetir que lo público es gratis, la gente se lo acaba creyendo.

Parece como si el dinero público lo generara el Gobierno, las comunidades autónomas o los ayuntamientos, o que saliera de la nada, o quizás de los bolsillos de los políticos. No se dice tan a las claras, pero indirectamente te van metiendo esa idea en la cabeza, es algo que te vas creyendo, hasta que un buen día ves en el impreso de matrícula de un módulo de grado superior lo que realmente cuesta el módulo, y lo que te va a «regalar» la comunidad de Madrid, para justificar que ahora tengas que re-pagar 200 euros de tu bolsillo y encima lo hagas con gusto.

Y aquí nos encontramos con uno de los problemas de fondo de esta gran falacia que se esconde tras la crisis. El dinero público sale del dinero de nuestras nóminas, del IVA de los productos que compramos, de nuestras declaraciones de la renta, de la gasolina que repostamos, etc… y se utiliza para que exista un sistema público, el Estado en una palabra, que asegure la igualdad de todos los españoles en sanidad, educación, servicios sociales, cultura, etc.

Los ciudadanos elegimos cada cierto tiempo a unos señores en las urnas para que gestionen ese dinero público que ha salido del bolsillo de todos, y, como a todo gestor se les da un sueldo más que digno para desarrollar esa función, no lo hacen gratis en absoluto. La crisis viene en gran medida porque esos gestores han gestionado mal nuestro dinero (cuando no se han beneficiado directamente de él), dinero proveniente tanto de gente de derechas como de izquierdas, de nacionalistas o apátridas, de todos los que en definitiva pagan sus impuestos en España.

Esto es algo así como si tuvieras unos ahorros y contrataras los servicios de un gestor privado que invirtiera tu dinero para que esté, cuanto menos, seguro e incluso que aporte algunos beneficios. Y al cabo de unos años te encontraras con que el gestor ha hipotecado tu casa, ha pedido créditos a diestro y siniestro, y te tienes que hacer responsable de tan nefasta gestión, porque eres tú mismo el que va a pagar sus errores.

Esto va mas allá de las ideologías. Se trata de una simple cuestión de buena administración. Nosotros no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, sino que simplemente se nos ha dado a entender que podíamos vivir así, que no había motivo para preocuparse porque nuestro dinero estaba en buenas manos. Parecía normal que todas las capitales de provincia pudieran exigir una estación del tren de alta velocidad, un aeropuerto, una gran ciudad de la cultura, unas largas autovías subterráneas, etc., porque había dinero de sobra, cuando la cruda realidad es que era mentira, que había que pedir cuantiosos créditos para gestionar promesas que solo pretendían ganar elecciones.

En resumen, resulta que el dinero de nuestros impuestos no era suficiente, y que estos pésimos gestores de lo público han ido pidiendo fondos prestados para ir ocultando la mala gestión que se ha hecho de nuestro dinero público. Todo se ha destapado, pero ¡no hay responsables!, sino que nos hacen creer que la culpa es del ciudadano, que no podemos vivir a costa del Estado, que un universitario debe pagar el doble de lo que venía costando su matrícula en años anteriores, que los parados no deben «mamar de la teta» del Estado sin «nada» a cambio.

Lo que expongo es independiente de que el gobierno sea de derechas o de izquierdas. No se trata de cuánto tiene que ocupar «lo público» en la vida de la nación, sino que, tenga la dimensión que tenga, debe gestionarse bien PORQUE ES NUESTRO DINERO, no el de los políticos. Si un partido político liberal quiere reducir lo público, debe decirlo sin ambages en su programa electoral y, si gana las elecciones, debe hacerlo impecablemente bien, sin que queden en el debe de los ciudadanos deudas que no se puedan pagar. Y lo mismo debería ocurrir con un gobierno progresista/ socialista.

No nos dejemos engañar, nosotros (los ciudadanos) somos los dueños del dinero, y ellos (los políticos electos) los gestores contratados para hacer buen uso de él. Sólo pido que no se diga que lo público es gratis, o incluso subvencionado por el Estado. La realidad es que está sufragado por todos y cada uno de nosotros, porque así lo hemos querido. Si se quieren cambiar las cosas, que se cambien por mayorías amplias, pero llamando a las cosas por su nombre, sin mentiras.»

          Hasta aquí el comentario que me traslada este joven. No quiero añadir nada más, a excepción de subrayar otra falacia a la que nos tienen muy acostumbrados los políticos y gobernantes del PP, y es la idea absurda e infame de que lo público está, «por definición», mal gestionado y que la iniciativa privada siempre es más eficaz y rentable. Rentable, ¿para quién? Ya he hablado de esto en otros posts de mi blog, y he dejado bien claras mis posiciones al respecto.

ACERCA DEL SOBERANISMO CATALÁN

          Con la multitudinaria celebración de la Diada en las calles de Barcelona, se ha abierto un nuevo frente en la ya de por sí bastante agitada política nacional. Hasta ahora, el independentismo catalán permanecía más o menos latente, ambiguo, semioculto, siendo sólo reivindicado expresamente por partidos «menores», como ERC. Pero, tras la gigantesca manifestación del martes, el soberanismo ha pasado de golpe a la primera línea de las exigencias políticas por parte de una mayoría muy significativa de los catalanes, encabezados por CiU.

          No sé muy bien si esto era lo que pretendía de verdad Artur Mas, pero me da la impresión de que ha contribuido a abrir una puerta que ya no se va a cerrar y que le va a obligar a dar una serie de pasos hacia adelante muy difíciles y peligrosos, cuyas consecuencias nadie está en condiciones de medir con precisión. El asunto se le puede ir de las manos con gran facilidad. Mi interpretación es que el President se ha precipitado a utilizar la reivindicación soberanista para ocultar un fracaso más que evidente de su política económica y desviar así la fuerte contestación o rechazo social que sus durísimas medidas de austeridad han surgido entre los propios ciudadanos catalanes. Ese descontento se une a la indignación que también está provocando entre TODOS los ciudadanos españoles la política del gobierno de Mariano Rajoy, con sus continuos y duros ajustes y su desvergonzado giro hacia una derechización que creíamos ya superada, con lo que la combinación es muy explosiva y peligrosa. Está suficientemente demostrado que, en fases de gran descontento social, las posturas radicales y extremas proliferan como setas y, que me perdonen muchos catalanes y vascos por expresar mi libre opinión, considero que el independentismo nacionalista es una postura extrema que no está de acuerdo con los tiempos que corren, porque me parece un movimiento regresivo.

          No cabe duda de que nos hallamos ante una cuestión muy sensible y que provoca reacciones radicalmente enfrentadas. Tenemos la obligación todos (ciudadanos y políticos) de realizar un gran esfuerzo por abordar este problema con sosiego y cabeza, sin dejarnos llevar por sentimientos viscerales que chocan frontalmente entre sí e imposibilitan el diálogo. Abrir ahora la caja de los truenos, reivindicando la independencia como único camino posible, no es una actitud responsable, viene en un momento pésimo y puede desencadenar unas tensiones muy peligrosas para nuestra convivencia. Frente a los que defienden esta salida (la independencia) como la única viable y aseguran que no pasaría nada, porque sería un proceso pacífico y «natural», opino que nadie está en condiciones de prever en su justa dimensión todas las consecuencias.

          Dicho esto, quisiera expresar también mi convencimiento de que los nacionalismos catalán y vasco no se han tratado bien en toda esta ya larga etapa de la España democrática. La solución de las CC.AA., de «café para todos», no ha sido la adecuada. Admito unas características especiales tanto en Cataluña como en Euskadi, de carácter cultural, lingüístico, económico y de sentimiento identitario nacional, que hubieran requerido desde el primer momento un tratamiento específico, el cual hubiese cumplido satisfactoriamente sus aspiraciones de autogobierno, dentro del Estado español. Comprendo que muchos catalanes y vascos se sientan incómodos dependiendo del gobierno de Madrid en las actuales condiciones, puesto que no se les ha dado un trato «diferencial» al que se consideran acreedores. Las críticas, descalificaciones e incluso insultos que han ido recibiendo por parte de ciudadanos del resto de la península, por el hecho de defender sus reivindicaciones, no han hecho más que alimentar y radicalizar su hostilidad y su postura nacionalista, dentro de un proceso perverso de antipatía mutua que no ha hecho más que acentuarse con el tiempo. En particular, el Partido Popular ha mantenido siempre una posición despectiva y distante con respecto a las sensibilidades catalana y vasca, y desde luego el gobierno actual de Mariano Rajoy está en las antípodas para lograr un entendimiento razonable y satisfactorio con los nacionalistas.

          En definitiva, estamos ante un puzzle muy intricado y difícil de resolver, pero que precisamente por eso requiere grandes dosis de tranquilidad y mente fría. La reivindicación soberanista viene, sin duda, en el peor de los momentos.

P.D.: Recomiendo la lectura de mi segundo comentario al presente post, publicado el 25.09.12. Me parece una adecuada ampliación a lo que pienso sobre este asunto tan sensible.