Archive for the ‘Política’ Category

EL DEBATE A CUATRO DE LA NOCHE DEL 7 D

Otra imagen debate electoral 07.12.15

Reproduzco a continuación, con pocas variaciones, mi comentario personal subido al video-blog de Iñaki Gabilondo el día 08.12.15, en relación con el debate organizado por Atresmedia en la noche del día anterior:

En mi opinión, el debate de ayer tuvo un enorme interés, generó una expectación  fuera de lo común, y seguramente contribuyó en gran medida a clarificar las posiciones y propuestas políticas de los distintos participantes. Me agradó el formato, ágil, abierto y flexible, sin trampa ni cartón, y debo elogiar la excelente labor de los dos periodistas conductores del programa, Vicente Vallés y Ana Pastor, que contribuyeron a marcar un antes y un después en este tipo de debates pre-electorales. Por poner algún que otro pero, eché de menos a otros líderes, singularmente a Alberto Garzón (IU), un político honesto y coherente a quien considero muy válido. Y también me disgustó que no se tratase para nada el gran problema del medio ambiente y el cambio climático, uno de los grandes temas ausentes ayer noche (otra importante cuestión eludida fue la presión inmigratoria).

Lo más chocante (y yo diría que delirante) en la organización del debate fue sin duda alguna la negativa de Mariano Rajoy a asistir al mismo y medirse de igual a igual con los líderes del PSOE, Podemos y Ciudadanos. Ya hizo lo mismo en el debate convocado una semana antes por el diario El País, y retransmitido en directo por la web. Estas clamorosas ausencias pasarán factura con toda seguridad al ahora presidente del Gobierno, quien en esta ocasión ha preferido «delegar» en su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. En cualquier caso, se trata de un hecho insólito y que dice muy poco en favor del coraje personal del señor Rajoy.

Pasando ya al desarrollo del debate, en mi opinión ganaron a los puntos los líderes de los dos partidos llamados emergentes (Podemos y Ciudadanos), que estuvieron más brillantes y captaron más la atención del espectador. Y a mi modo de ver, destacó sobre todos Pablo Iglesias (Podemos), quien acudió al evento más y mejor armado de argumentos sólidos y fue el más incisivo a la hora de señalar los problemas económicos y sociales causados por la política neoliberal seguida hasta el momento. Sus críticas fueron demoledoras y no admitieron réplicas de fondo. En cuanto a Albert Rivera (Ciudadanos), demostró una vez más lo que ya sabemos de él, que es un orador hábil, que sabe exponer con brillantez sus puntos de vista y que no vacila en lanzar cargas de profundidad a ambos lados, en especial al PP y al PSOE. Personalmente, no puedo estar de acuerdo con él a la hora de enjuiciar a los dos grandes partidos tradicionales como la misma cosa, o como las dos caras de la misma moneda. Me parece un argumento facilón y bastante alejado de la realidad, que merece un análisis más profundo y maduro. También veo a Rivera un tanto crecidito y arrollador, como si no tuviese ninguna duda en verse a sí mismo ganador.

En cuanto a Pedro Sánchez (PSOE), aunque es un político a estimar y valorar, con buenas intenciones  y aptitudes personales y una imagen impecable, lo veo demasiado acorralado entre Podemos y Ciudadanos, razón por la cual le está resultando muy difícil abrirse paso entre ambas fuerzas emergentes, situadas ambas respectivamente a su izquierda y a su derecha. Y ello no es por su culpa, sino por la de su propio partido, que sufrió una enorme pérdida de credibilidad en la segunda legislatura de Zapatero, y me temo que no se ha recuperado aún de aquella debacle. Me temo que esta formación deberá resolver todavía profundas contradicciones internas, así como una crisis permanente de liderazgo, motivada por la escasa lealtad demostrada continuamente por la líder andaluza Susana Díaz hacia su Secretario General.

Queda finalmente Soraya Sáenz de Santamaría (PP). La actual vicepresidenta del Gobierno defendió como pudo su posición y mantuvo una cierta dignidad, si bien más en las formas que en el fondo. Para defender sus tesis, se aferró a una serie de clichés bien aprendidos, como aquello de que «ahora España crece» (un crecimiento que aún no es sólido, que ha tardado en exceso en empezar a producirse, y que ha ido acompañado de un peligroso aumento de la deuda pública, entre otras cosas negativas que se soslayan) «y crea empleo» (un empleo absolutamente precario, temporal y de pésima calidad, en cualquier caso), y se vio incapaz de defender la posición de su partido en el gravísimo tema de la corrupción. Y es que, reconozcámoslo, es imposible defender lo indefendible, cuando todas las evidencias van clamorosamente en tu contra. También se vio acorralada cuando se trató, por ejemplo, la cuestión educativa. ¿Quién puede hablar a favor de la reforma llevada a cabo por el ex-ministro Wert, que ha conseguido poner en su contra a TODA la comunidad educativa española? Un plan educativo condenado a desparecer desde el mismo momento de su implantación.

En resumen, un debate de altura (algo casi insólito en los últimos tiempos, caracterizados casi siempre por la mediocridad y el detestable «y tú más») y que marca sin duda nuevas formas de hacer y dar a conocer política en España. Ahora, que cada cual analice todo cuanto ayer se dijo y medite bien su voto.

TRAS LAS ELECCIONES DEL 25 DE MAYO: UN BREVE COMENTARIO

         Urna elecc.europeas

          Los resultados de las elecciones europeas del domingo admiten, a nivel nacional, una lectura positiva, al constatarse un amplio y contundente rechazo al bipartidismo tradicional, con ascensos de UPyD e Izquierda Plural y, sorprendentemente, con la fuerte irrupción de Podemos, la formación recientemente formada por Pablo Iglesias, que de la nada ha logrado nada menos que un 8% de los votos y 5 escaños en el nuevo Europarlamento. El panorama político español experimenta, pues, un cambio muy importante, y ofrece alternativas de cierto peso bastante opuestas a la política que se ha venido desarrollando en nuestro país durante los últimos años.

          Los hasta ahora dos grandes partidos nacionales, PP y PSOE, pierden muchos votos y relevancia, si bien el primero gana las elecciones por mayoría simple (poco más de 4 millones de votos), pese al desgaste sufrido tras dos años y medio de permanencia en el Gobierno, a su marcado carácter neofranquista, y a la considerable impopularidad suscitada por casi todas sus medidas. El resultado obtenido por el PSOE, con casi medio millón de votos menos que su principal rival, es bastante decepcionante. Por curioso que pudiera parecer, el primer partido de la oposición sufre un castigo electoral aún mayor que el partido en el Gobierno. ¿Cómo es posible?

          En mi modesta opinión, el socialismo español no ha logrado quitarse de encima el sambenito por la pesada carga heredada de la última legislatura de Rodríguez Zapatero, con todos sus errores, indecisiones y sumisión final a los dictados del supremo poder europeo. También ha influido considerablemente en su mala prensa, justo es recordarlo, la agresiva política goebbeliana de acoso y derribo llevada a cabo de forma inmisericorde por su mortal enemigo, el PP, el cual se ha empleado a fondo en desacreditar al ejecutivo socialista antes de la crisis, durante la crisis e incluso ahora mismo, tras más de dos años después de haberle arrebatado el poder. Esto ha sido una constante en la política de comunicación del Partido Popular, y no me cabe la menor duda de que ha calado con fuerza en buena parte de la ciudadanía.

          El PSOE, independientemente de una necesaria renovación (su secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, no ha tardado ni un día en anunciar su retirada, en un gesto de coherencia política que le honra), ha de someterse de una vez por todas a una profunda reflexión y autocrítica sobre su papel en el Gobierno desde el inicio de la crisis, reconociendo sincera y públicamente sus desaciertos. Asimismo, ha de diseñar y difundir un programa nítidamente diferenciado con respecto a la política económica neoliberal de la derecha, porque muchos ciudadanos aún no terminan de apreciar claramente la diferencia. Yo me permitiría aconsejar a los socialistas que no caigan en el desaliento y que acometan con humildad y coraje un rearme ideológico de gran calado. El PSOE pasa por horas bajas, pero tengo la seguridad de que aún tiene mucho que decir y hacer.

          Con respecto a Europa, las cosas no están demasiado claras. El Partido Popular Europeo pierde muchos escaños con respecto a 2009, aunque sigue siendo la formación más votada. La sigue muy de cerca la coalición socialista encabezada por el alemán Martin Schulz, que consigue mantener su peso relativo en el Parlamento de Estrasburgo. Muy inquietante es el ascenso de los populismos de extrema derecha, en particular el de Francia, con una victoria casi arrolladora del Frente Nacional de Marine Le Pen. ¿Quién iba a suponer algo tan -si se me permite- grotesco en un país que siempre ha defendido con vigor las libertades democráticas, sociales y culturales? Ojalá se trate solamente de un sarampión, aunque la situación generada en el país vecino es ahora mismo bastante preocupante. También aparecen nubarrones parecidos en otros países, producto sin duda del desencanto que experimentan en general los ciudadanos europeos a raíz de las políticas conservadoras y neoliberales que se vienen aplicando desde el inicio de la crisis. La Unión Europea, lejos de ilusionar a la gente de la calle, genera cada vez más descontento. Pero esta es sin duda otra historia. Tiempo habrá para reflexionar sobre ella.

REFLEXIONES ANTE EL CARTEL ELECTORAL DE ARIAS CAÑETE

arias-canete-cartel-electoral

          Observemos el nuevo cartel electoral del Partido Popular para las próximas elecciones al Parlamento Europeo del 25 de mayo.  En él aparece el cabeza de lista, Miguel Arias Cañete, junto a diversos eslóganes, algunos de los cuales aluden (¡cómo no!) a la herencia socialista, y una especie de rúbrica fija al pie de la imagen, que dice textualmente: En la buena dirección —> PP. La imagen, un dibujo del candidato, presenta el rostro satisfecho, confiado, orondo, pulcro y venerable del señor Cañete, hasta hace pocos días ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

          La imagen pretende transmitir seriedad, respetabilidad, fiabilidad y buen hacer. Desde lo alto de su valla publicitaria, el señor Arias Cañete contempla al sufrido viandante muy seguro de sí mismo, perfectamente trajeado y encorbatado, con su muy bien cuidada barba, su porte de hombre de bien, sus aires de persona acostumbrada a mandar, de toda la vida de Dios. El hombre o la mujer de la calle lo verán como un selecto miembro del sistema, un dirigente nato, un señor que encajaría como un guante en el consejo de administración de cualquier gran empresa del IBEX-35, a semejanza de Rodrigo Rato, casualmente compañero de partido y persona de gran éxito profesional (¡?), fichado sin ningún problema por personajes de la talla de Emilio Botín y César Alierta, tras el «brillante» paso de aquél por Caja Madrid – Bankia.

          ¿Cómo no votar a un hombre así, tan poderoso, tan mayestático, tan señorón? Por narices, pensará el incauto ciudadano, tendrá que saber muy bien lo que hace, y además lo hará todo de forma impecable. ¿Seguro? Bien, pues fíjense ustedes que a mí se me ocurren unos cuantos motivos que apuntan justo en el sentido contrario. Veamos algunos de ellos.

  •           Votar al señor Arias Cañete supone aceptar y dar por bueno todo lo hecho por el Gobierno de Mariano Rajoy en estos últimos dos años y medio. Supone ignorar que la economía española, el bienestar de los ciudadanos y el nivel de empleo no han hecho en realidad más que empeorar durante todo este lapso de tiempo. ¡Ojo!, ahora están insistiendo muchísimo en la recuperación económica y en la idea de que, a partir de ahora, todo va a ir a mejor, pero ocurre que esto todavía es una incógnita, algo que es más una promesa que una realidad tangible. Aunque demos por buena la previsión de que el PIB español vaya a crecer en torno a un 1,5% este año y cerca de un 2% el año que viene (veremos si es cierto), todos sabemos que el enorme e insufrible nivel de paro apenas si se va a ver aliviado.
  •           Votar a Cañete supone aprobar la reforma laboral de su compañera de gabinete, Fátima Báñez, que ha pulverizado derechos de los trabajadores, propiciado decenas de miles de despidos tras su implantación, y fomentado con siniestra eficacia la sustitución de empleo estable y dignamente retribuido por empleo temporal, inseguro y pésimamente pagado. Asimismo, supone dar por buena la reforma del sistema educativo llevada a cabo por su otro colega, Jose Ignacio Wert, la cual, en lugar de procurar de verdad la consecución de una mayor calidad en la enseñanza a todos los niveles y en todos los ámbitos, lo único que ha logrado es favorecer a los centros privados y concertados religiosos, tal y como exigía la Conferencia Episcopal Española.
  •           Votar a Cañete supone aplaudir su propia ley de Costas, que entre otras cosas impide que se eliminen miles de edificaciones ilegales construidas sobre nuestras playas y litorales. Y no sólo eso, sino que también se va a permitir edificar obra nueva a tan sólo 20 metros de la línea de la costa. ¡A esto llamo yo una «eficaz» gestión por parte del que se dice responsable del Medio Ambiente! ¡Jolines con el ministro!
  •           Votar a Cañete supone ratificar una política que dificulta severamente la vida de la mayoría de los ciudadanos, en especial de todos aquellos a quienes no les sobran los recursos. Ahí están las subidas de las tasas judiciales, los fuertes aumentos de las tasas académicas universitarias, el gran incremento de la presión fiscal vía IRPF (sólo para los asalariados, vaya por Dios) e IVA, la aplicación del tipo máximo de IVA (21%) al teatro y al cine, la denegación de ayudas económicas a las familias con personas dependientes a su cargo, o los severísimos recortes  impuestos a la Sanidad pública. Por cierto, son los mismos colegas de partido del señor Cañete los que han hecho todo lo posible en la Comunidad de Madrid por privatizar la gestión (y quién sabe cuántas cosas más) de la sanidad pública territorial. Por fortuna, la fuerte presión ciudadana y de los propios profesionales de la salud, junto con una sabia decisión del TS, han hecho posible que se trunquen los planes de Ignacio González y del que fuera su consejero de Sanidad, Fernández Lasquetty.
  •           Votar a Cañete supone dar por buenos los privilegios de las grandes fortunas (que apenas tributan al fisco y por tanto no contribuyen en nada al esfuerzo general), de la banca en su conjunto (la cual recibe cuantiosas ayudas por un lado, y sin embargo apenas concede crédito y practica escrupulosamente los desahucios), y de la Iglesia Católica. De esta última hay que destacar que no sólo sigue sin tributar por el IBI de todo su vasto patrimonio inmobiliario, sino que encima tiene vía libre y tiempo de sobra para seguir matriculando a su nombre un sinnúmero de más inmuebles, prohibidos sin embargo a la gente común, a las familias o a las pequeñas empresas. ¡Todo muy justo, sí señor!
  •        Votar a Cañete supone, en fin, indultar a un partido político infectado internamente como ningún otro por un conjunto de prácticas corruptas escandalosas: trama Gürtel, contabilidad paralela, financiación irregular, reparto de sobres bien repletos de dinero negro, todas ellas interconectadas, sin lugar a dudas. Por increíble que pudiera parecer (pensemos en un observador imparcial de todos estos hechos), nada se ha resuelto todavía a nivel judicial. El partido mira hacia otro lado, como si la cosa no fuera con ellos. Y, por paradójico y grotesco que resulte, sólo hay un condenado real por el llamado caso Gürtel: Baltasar Garzón, el juez que tuvo la «osadía» de empezar a investigar y tirar de los hilos de la madeja. Increíble, ¿no? Naturalmente que sé que la corrupción afecta por desgracia a muchos otros políticos de otras formaciones , pero no olvidemos que, en el caso del PP, está infectada la misma organización interna del partido. La cepa del virus está dentro mismo del cuerpo, valga la expresión, en la cúpula directiva actual y del pasado más reciente.

          Podría seguir aportando más información, pero como muestra bien vale un botón, o más bien unos pocos botones. Sinceramente, creo que los argumentos que he traído aquí son bastante irrefutables y significativos. De modo que puedo terminar diciendo alto y claro:

          ¿Motivos para votar a Cañete-Rajoy-Partido Popular? ¡¡NINGUNO!!

Cañete comilón

 

ANTE EL 25 DE MAYO: MIS RAZONES PARA IR A VOTAR (y II)

Parlamento Europeo

          Junto a todos los dolorosos recortes presupuestarios que mencionaba en el último párrafo de mi artículo anterior, el Gobierno de Rajoy ha actuado de acuerdo con un sesgo ideológico conservador muy marcado. La reforma laboral, elaborada a deseo y medida de los representantes del empresariado, ha sido una auténtica apisonadora de derechos de los trabajadores, y se ha convertido de hecho en una máquina de ejecutar despidos. Tampoco ha conseguido modificar la tendencia de sustituir empleo fijo y estable por trabajo precario y de pésima calidad, en contra de las múltiples declaraciones de buenas intenciones de la ministra Báñez. Por su parte, la tristemente famosa ley Wert sobre educación, lejos de procurar la deseable mejora de la calidad educativa para todo el sistema, en realidad ha supuesto un espaldarazo a la educación en centros privados y concertados, la mayoría de ellos de confesión católica, satisfaciendo así fielmente las viejas reivindicaciones de la Conferencia Episcopal Española. Resulta llamativo que ahora, en 2014 y tras más de 35 años de democracia y «supuesta» laicidad del Estado, la Iglesia vuelva a ejercer una influencia significativa sobre la educación de nuestros niños/as y adolescentes. El ministro de Justicia, Gallardón, se esfuerza en sacar adelante una ley regresiva sobre el aborto, que merma derechos y libertades básicas de las mujeres. En lo que atañe a política informativa, quiero recordar aquí la toma de control de RTVE en los primeros meses de 2011, la cual terminó con una etapa especialmente brillante de los servicios informativos del Ente público, caracterizada por su objetividad, honestidad y rigor periodístico. No olvidemos tampoco el pésimo trato dado por el Gobierno a los centros de investigación científica dependientes del presupuesto público, algunos de los cuales no han tenido más remedio que cerrar sus puertas, mientras que otros se han visto abocados a despedir a muchos investigadores. Podríamos seguir un buen rato repasando otras medidas impopulares y ampliamente contestadas por la sociedad, como la elevación del tipo de IVA al máximo (21%) en espectáculos, el proyecto de «ley-mordaza» del ministro del Interior, Jorge Fdez. Díaz, para castigar y reprimir las manifestaciones y protestas ciudadanas, etc.

          Si todo lo anteriormente expuesto lo aderezamos con el altísimo nivel de corrupción imperante, ante el que el poder judicial no puede -o no quiere- resolver nada de un modo rápido, ejemplar y satisfactorio, se dibuja un panorama francamente deprimente y desalentador, desde el punto de vista de los sufridos ciudadanos.

          Desde el Gobierno y otras instituciones, e incluso grandes empresas afines, están empeñados en convencernos de que sus medidas empiezan a fructificar y de que son ya muy patentes las señales positivas de crecimiento de nuestra economía. Yo me muestro bastante escéptico al respecto, o cuando menos muy cauto. Es posible que nuestro PIB, por fin, haya dejado de caer y empiece a experimentar pequeños crecimientos intertrimestrales, pero de ahí a hablar ya de una clara recuperación y de una evolución positiva y rotunda del empleo todavía existe mucho recorrido.

          VOTO ACTIVO Y POSITIVO

          La cita electoral del próximo 25 de mayo supone una magnífica oportunidad para examinar el conjunto de medidas adoptadas por el Gobierno del PP. Sería un grave error no aprovechar esta ocasión para expresar a Mariano Rajoy, lo más alto y claro posible, nuestro firme rechazo a toda su actuación, neoliberal en lo económico y neofranquista en lo político. En una democracia tan poco participativa como ésta, dejar de ir a votar es algo que no nos podemos permitir, si nos queda algo de conciencia ciudadana. La abstención, e incluso el voto en blanco, no es en absoluto recomendable, porque ello no va a impedir que los varios millones de «fieles» que siguen al Partido Popular, contra viento y marea, les sigan prestando su voto y otorgando su confianza.

          Se puede alegar que no hay otras opciones políticas válidas que merezcan la pena. Son muchos los que reniegan del bipartidismo imperante a lo largo de estas últimas décadas, e incluso es frecuente oir eso tan manido de que PP = PSOE. Sobre esta última afirmación, debo decir con toda rotundidad que tal idea ni es justa ni responde a la realidad, si bien quiero aclarar que no voy a realizar aquí propaganda a favor de ningún partido en concreto, no sea que luego alguien me acuse de hacer proselitismo de uno u otro tipo. Lo que sí deseo resaltar es que existen también otras opciones, y no me refiero tan sólo a UPyD o IU, que han ido cogiendo peso en estos últimos años. Entre todo el abanico de formaciones políticas que acostumbran a presentarse a los comicios, hay muchas que nos son desconocidas pero que pueden ser perfectamente legítimas y respetables. Nuestro deber como ciudadanos con capacidad para ejercer el derecho al voto es explorar todas las  opciones que se nos presentan , y elegir aquella que se adecúe mejor a nuestras ideas y aspiraciones, aunque se trate en principio de formaciones minoritarias. Podríamos objetar la llamada teoría del voto útil, lo sé, pero también es cierto que tenemos en España un sistema electoral profundamente injusto, en el que los votos no cuentan lo mismo (depende de a quiénes se vote y desde qué circunscripción electoral se haga), y que habría que cambiar de forma urgente.

          Ya termino. Mi única aspiración es que se vote de forma positiva y en conciencia, y que nunca se contemple la opción de quedarse en casa y hacer dejación de nuestro principal derecho en democracia. La pereza, el desánimo, el desencanto o el pasotismo no van a resolver ninguno de nuestros problemas. Eso es seguro.

ANTE EL 25 DE MAYO: MIS RAZONES PARA IR A VOTAR (I)

Image

          De acuerdo con algunos pronósticos y encuestas recientes, al menos en España se prevé un alto grado de abstención en la próxima cita electoral del 25 de mayo, mediante la cual se pretende renovar la cámara legislativa de Estrasburgo de la que, a su vez, saldrá el futuro gobierno de la Unión Europea, la llamada Comisión, que como sabemos hasta ahora estaba presidida por el portugués José Manuel Durão Barroso.

          PERSPECTIVA EUROPEA

          La prolongada y profunda crisis económica y laboral que padecemos, desde aquel nefasto bienio de 2007/08, ha hecho mella en nuestros ánimos, sin duda alguna. Y es que no solamente padecemos las propias consecuencias de la crisis y de la política neoliberal que se aplica, sí o sí, en Europa, sino que parece haberse instalado en nuestro pensamiento la idea de que no existe otra salida o tratamiento posible para superar la crisis que la austeridad, el rigor presupuestario y el objetivo inapelable de reducir el déficit público de los distintos Estados. De tal manera, el malestar y el pesimismo van en este caso de la mano, ya que, por lo visto, no hay otro remedio que aguantarse y sufrir un año tras otro, sin que se vislumbre en el horizonte ninguna perspectiva halagüeña para la inmensa mayoría de los ciudadanos. Se nos dice una y otra vez, machaconamente, que ésta es la única vía a seguir. Y lo malo es que casi nos tienen convencidos.

          Pues bien, la primera reflexión que deberíamos hacernos es que, por descontado, sí es posible otra política económica. No podemos resignarnos a que la mayor parte de la sociedad, aquella que vive -o intenta vivir- de sus salarios o pensiones, tenga que pagar los platos rotos de una crisis financiera global (unida en el caso español a un derrumbe del sector inmobiliario, que se vino abajo tras más de una década de crecimiento especulativo e incontrolado), generada por las malas prácticas, el exceso de codicia y la escasa regulación de la banca privada mundial. Aceptar esto es aceptar una gran injusticia, en la que participan hoy por hoy la mayoría de los gobiernos e instituciones de esta Europa del euro, dirigida con mano férrea desde Berlín, Frankfurt y Bruselas, si bien esta última actúa en un plano inferior con respecto a las otras dos; podríamos decir metafóricamente que es algo así como el capataz o negrero que ejecuta las órdenes recibidas de las otras plazas.

          Incluso desde el punto de vista de la ortodoxia económica, no es adecuado ni aceptable exigir rigor presupuestario y una severa reducción del déficit público a países, como España, afectados ya por una importante recesión económica. Lo que se consigue como resultado  es ahondar en los problemas sociales y dificultar las posibilidades de susbsistencia de amplias capas de población, incluidos la gran mayoría de pequeños y medianos empresarios, que ven cómo la demanda interna de sus productos y servicios es cada vez más débil. Y este hecho es fácilmente comprobable. Paradójicamente, la gran banca, origen de la crisis y responsable de la situación, se ha ido de rositas, valga la expresión, y además se ha beneficiado de cuantiosas y generosas ayudas por parte de los Gobiernos -con el dinero público, de todos- y del BCE. Si nos ceñimos a la realidad española, podemos observar que las grandes empresas y corporaciones contribuyen mínimamente al esfuerzo fiscal, pagando unos tipos ridículos del Impuesto de Sociedades, en comparación con los tipos realmente aplicados al IRPF de nuestros salarios. Por último, no nos olvidemos de las grandes fortunas, que suelen eludir casi siempre la fiscalidad que les debería corresponder.

          Como decía, otro enfoque es posible, y son muchos los caminos y alternativas que se pueden y deben afrontar. Veamos tan sólo varios ejemplos:

 * Una política monetaria expansiva, como le piden a gritos al BCE los economistas más prestigiosos de todo el mundo.

* Creación de bancos o entidades públicas de crédito, que compitan con las privadas en el mismo terreno de juego (¿por qué no?), y estén sujetas al mismo control por parte del Banco Central, como no podía ser de otra manera.

* Emisiones únicas de eurobonos para captar recursos financieros al mismo precio para todos los Estados miembros.

* Impulsar una política de recuperación de procesos industriales deslocalizados (llevados a terceros países, principalmente asiáticos), lo que ha destruído incontables puestos de trabajo en todo el continente.

* Obligar a una utilización creciente de fuentes de energía limpias y renovables, para reducir significativamente nuestra dependencia energética. El caso español es, en este sentido, como para echarse a llorar, con nuestro singular y oligopolístico mercado de la energía.

Sé perfectamente que Alemania, como estarán pensando muchos lectores, se opone a estas alternativas, en especial a las de carácter financiero. Pero, ¿tiene sentido un club de naciones teóricamente soberanas, en el que una de ellas impone a rajatabla sus particulares puntos de vista, sin ceder jamás? Mi sincera y humilde opinión es que tal asociación de países no es equilibrada ni, por tanto, viable.

          PERSPECTIVA ESPAÑOLA

          En estos últimos dos años y medio, el Gobierno «popular» (quien me conozca, ya sabrá lo que pienso de este calificativo tan inapropiado) de Mariano Rajoy ha llevado a cabo, y esto es indiscutible, los mayores recortes económicos de la democracia. Ha infligido un daño muy serio a la sanidad y a la educación públicas de este país, arrebatándolas cuantiosos recursos y dificultando al extremo que ambos sistemas, pilares del estado español del bienestar, puedan seguir prestando un servicio de calidad a la ciudadanía. Lo mismo se puede afirmar de los servicios de atención social y del sistema de prestaciones públicas, ya sean pensiones de jubilación, prestaciones por desempleo, ayudas a la dependencia, becas y ayudas de estudios, etc. Hipócritamente, ahora se oyen voces en el PP acusando (¡otra vez!) al anterior ejecutivo de Rodríguez Zapatero de haber impuesto en su momento recortes «severos y sin precedentes» a la sociedad española, sin aceptar la evidencia de que aquellas medidas podrían considerarse muy light en comparación con las que ha ido aplicando con extrema dureza el Gobierno de Rajoy desde el mismo comienzo de su mandato, en enero de 2011.

(Continuará)

SUÁREZ, QUE NO NOS ROBEN SU FIGURA

Adolfo Suárez

          Tras la rueda de prensa dada el pasado viernes por el hijo del ex-presidente Adolfo Suárez, en la que anunciaba el casi inminente fallecimiento de su padre, cuyo precario estado de salud se había agravado a lo largo de los últimos días, la figura extraordinaria del que fuera primer presidente de nuestra democracia ha pasado de repente al primer plano de nuestra actualidad. Hay que tener en cuenta que, incluso desde mucho antes de que se hiciese público su padecimiento de la terrible enfermedad de Alzheimer, hace unos 11 o 12 años, Adolfo Suárez González era un personaje olvidado (injustamente olvidado) y retirado de cualquier tipo de actividad pública en España.

          No hace ninguna falta recordar que Adolfo Suárez fue un hombre absolutamente clave en el milagro de la transición política española, posibilitando algo que parecía imposible: pasar de un régimen autoritario y dictatorial, nacido tras el golpe de Estado militar del 18 de julio de 1936, a un sistema democrático y parlamentario, capaz de devolver al pueblo español todas las libertades cívicas que le habían sido sustraídas durante cuarenta largos años. Era un hombre del antiguo régimen, por supuesto, nada menos que antiguo ministro secretario general del Movimiento, pero también era un hombre noble, bienintencionado, valiente, y con un espíritu abierto y profundamente conciliador, y probablemente uno de los únicos capaces de llevar a buen puerto una tarea tan extremadamente difícil. El Rey se fijó en él, y justo es reconocer que tuvo muy buen tino a la hora de elegir al hombre que se encargaría de ejecutar la profunda reforma política que precisaba nuestro país. No es mi propósito relacionar y comentar todos los pasos que se dieron desde su primer nombramiento como presidente del Gobierno hasta la aprobación de la Constitución de 1978, pero sí quiero resaltar el gigantesco mérito de este hombre bueno, inteligente y generoso, que superó tensiones gravísimas entre adictos al antiguo régimen y un sinfín de fuerzas políticas renovadoras que pugnaban por abrirse paso en la escena política. Al final, se logró el milagro de llevar a cabo una transición por la que antes casi nadie daba un duro.

           Volviendo al hilo de lo que escribía en el primer párrafo, tras el triste mensaje dado por Adolfo Suárez Illana, hijo del ex-presidente, se han multiplicado las reacciones públicas en torno a su figura. Por una parte, tiene su lógica y resulta comprensible. Pero lo que me parece intolerable son los intentos, que ya se están notando en el partido que ostenta ahora el poder, por reivindicar su persona y su obra. En efecto, durante una reunión del Partido Popular de Madrid, varios dirigentes ya han mostrado su intención de homenajear y rendir tributo a Adolfo Suárez, exclusivamente desde la óptica de su partido. Y esto, hay que decirlo alto y claro, me parece de una ruindad supina.

          Recordemos que Adolfo Suárez fue una figura política excepcional, que no puede ser patrimonio de nadie, y que, cuando logró que se aprobase su ley de Reforma Política, por la que se legalizaban los partidos políticos, fundó la Unión de Centro Democrático, una fuerza política con vocación de centro, alejada intencionadamente del neofranquismo representado por la Alianza Popular de Manuel Fraga, que luego cambiaría su nombre por el de Partido Popular. UCD no duró mucho, y ya antes del golpe de Estado del 23.02.1981 había naufragado en la práctica con la dimisión del propio Adolfo Suárez, debido a las tensiones internas y a lo variopinto de las familias políticas que integraban aquel partido. Después, Suárez intentaría, sin éxito, recomponer su idea de un partido de centro (el CDS), más o menos equidistante de la derecha conservadora de AP y del socialismo representado por el PSOE. Pero lamentablemente, su idea no prosperó y quedó fagocitada por las formaciones políticas adyacentes.

          Por lo anteriormente dicho, me parece insultante que hombres y mujeres del PP intenten ahora apropiarse de la figura excelsa de Adolfo Suárez, considerándolo como alguien suyo, que hubiese compartido sus ideas políticas, su talante y su visión de España. Esta postura es mezquina, y es deber de todo ciudadano de bien denunciar cualquier maniobra reivindicativa por parte de la derecha reaccionaria que se coloca tras el símbolo de la gaviota (¡pobre animal, cuya imagen también ha sido robada por quienes de populares no tienen  más que el nombre!). Digámoslo claro: Adolfo Suárez fue odiado sin tapujos por la derecha de este país, esa misma derecha que ahora mora en la madrileña calle Génova, porque abrió España a todas las corrientes políticas de centro y de izquierda y, por tanto, puso en peligro los ancestrales privilegios de esa oligarquía que tanto había medrado durante los largos años del franquismo.

          Hay que andarse con mucho cuidado. La derecha se apropia de símbolos e ideas, como la patria, la bandera, la verdadera realidad de la gente… También sustrae los recursos de los trabajadores y los más desfavorecidos, bajo la forma de mayores impuestos, salarios más precarios, recortes de servicios públicos… Ahora pretende robar la figura política de Adolfo Suárez González… Esta derecha española es ladrona por naturaleza y su ansia devoradora no tiene fin.

P.D.: A las pocas horas de redactar mi artículo, a mediodía de hoy domingo, día 23 de marzo, hemos conocido la triste noticia del fallecimiento de don Adolfo Suárez González. Descanse en paz este hombre valeroso, inteligente, generoso y excepcional. Su generación no le ha tratado bien, tras aquella obra maestra de la alta política que culminó entre los años 1976 y 1981. Pero, como ya ha dicho alguien ante las cámaras de TV, su categoría humana se hará mayor con el paso del tiempo y su ejemplo para las generaciones venideras será incontestable.

Un ciudadano español agradecido.

EL JUEZ PROCESADO Y EL PUEBLO BURLADO

Juez Elpidio José Silva

          La noticia es lo suficientemente indignante como para inflamar al más flemático de los ciudadanos, siempre que éste conserve un mínimo de sentido cívico y de la justicia, claro. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid está procesando al juez Elpidio José Silva, instructor en su momento del caso Miguel Blesa, acusándole nada menos que de prevaricación por su proceder en el citado auto. ¡La fiscalía solicita su inhabilitación definitiva! El magistrado que se enfrentó al ex-presidente de Caja Madrid, cuarta entidad financiera de España y a punto de quebrar bajo la gestión de hombres como él mismo y su sucesor Rodrigo Rato, se encuentra ahora procesado bajo gravísimas acusaciones.

          No voy a entrar en detalles. Pero sí quiero mostrar mi estupor e indignación más absolutos ante lo que parece ser un mundo al revés. Se vuelve a repetir la infamia cometida contra Baltasar Garzón, otro juez que desde su puesto en la Audiencia Nacional prestó grandes servicios al país, lo que no impidió que luego fuera perseguido, acosado y derribado por ser demasiado claro, honesto y amante de la verdad.

          Una vez más, en pleno siglo XXI, resurge con toda su fuerza y crudeza esa España ultraconservadora, neofranquista, cavernaria, oligárquica, celosa de sus privilegios ancestrales, aduladora y servil ante el poder financiero y económico, y sin embargo, represora y despreciativa con respecto a la general ciudadanía de la calle. Esa misma España de mantilla y peineta, de golpes de pecho, beata, besamanos de los obispos y que tanto se preocupa por los derechos de los no nacidos , pero que castiga a los humildes y vampiriza a la población con menos recursos o que simplemente vive de su propio trabajo, recortando con saña los beneficios del estado del bienestar que se habían conseguido a lo largo de varias décadas con el esfuerzo de todos.

          Siento vergüenza y sonrojo ante estos retrocesos de la auténtica y verdadera justicia, manipulada con descaro por los que detentan ahora el poder político, desde la atalaya de esa increíble mayoría absoluta que el pueblo español -en mala hora- les concedió. ¡Qué ingenuos fueron muchos y cuán irresponsables otros tantos!

UNAS PALABRAS SOBRE CATALUÑA Y ESPAÑA

banderas española y catalana

          Hoy mismo ha comparecido ante los medios el Presidente de la Generalitat de Cataluña, don Artur Mas, para anunciar la fecha y el texto concreto de la pregunta que se pretende formular a los ciudadanos catalanes, como parte fundamental del proceso de independentismo en el que el gobierno de CiU está comprometido, con el apoyo explícito de otras fuerzas políticas. como ERC e Iniciativa. Deseo manifestar aquí mis ideas y sentimientos con respecto a la tan traída y llevada cuestión catalana.

          No quiero ni pensar en la posibilidad de una Cataluña independiente y alejada del resto de España. Soy madrileño y (sin «pero»), al mismo tiempo, profeso una gran simpatía y admiración hacia aquel territorio y hacia sus gentes, a los que siempre he sentido como parte de nuestra realidad común política, histórica, social, económica y cultural. Sin ánimo de exagerar, quiero decir con la mayor rotundidad que, si en algún momento se llega a producir la separación política, me dolería como si me amputasen un brazo.

          Sin embargo, creo comprender bastante bien el sentimiento nacionalista de muchos y muchos catalanes, herido por una poderosa corriente de animadversión que existe y se fomenta con muy mala fe en otras partes de España. En efecto, son demasiados los que intentan ridiculizar la idiosincrasia catalana, sus señas de identidad, así como muchas de sus características sociales y culturales, y lo hacen movidos seguramente por una oscura y secreta envidia hacia una región que ha demostrado muy a menudo estar a la vanguardia de todo el país, en muchos y variados aspectos.

          Ese sentimiento herido se ha acrecentado, sin ningún género de dudas, en estos dos últimos años, cuando ha aflorado lo peor de esta España nuestra de la mano del Gobierno de Mariano Rajoy. Me refiero a esa España intolerante, involucionista y antisocial, a esa España oscura, casposa y mentirosa que protege y premia a los corruptos, que recela de la cultura en casi todas sus manifestaciones, que frena e impide la investigación científica, que reforma el sistema educativo siguiendo las directrices de la Conferencia Episcopal y menospreciando la opinión de los propios docentes. Esa España neofranquista a la que le molesta sobremanera la voz de la calle y prepara una legislación represiva de las manifestaciones ciudadanas. Esa España neoliberal (un concepto, por cierto, prostituído por ellos mismos) que se afana en privatizar todos los buenos servicios públicos para favorecer exclusivamente a sus amiguetes y afines. Esa España carca que añora tiempos pasados y maquina para controlar el mundo de la justicia, de modo que sirva sólo a sus propios intereses.

          Por fortuna, y en abierta contraposición a esa parte de la sociedad española, existe también otra España culta, imaginativa, tolerante y abierta al progreso verdadero, una España preocupada seriamente por superar todos nuestros males y vicios históricos, una España amante de los libros y de la cultura en general, orgullosa de su arte y de su patrimonio histórico, y también de sus científicos y de sus avances sociales, una España sensible hacia los graves problemas medioambientales, una España abierta de par en par al exterior, una España que estudia, se forma y trabaja animada por el más noble de los empeños, una España solidaria con los más débiles y que rechaza, en fin, las injusticias y los abusos cometidos por los poderosos.

          Quizás sea una ingenuidad por mi parte, pero creo que aún hay razones para albergar esperanza. Continúa aguardándonos a todos una gran tarea común, y creo que en ella somos todos necesarios, madrileños y catalanes, vascos y andaluces, gallegos y castellanos, extremeños y canarios, astures, cántabros, navarros, aragoneses, murcianos, valencianos y baleares. Todavía estamos a tiempo de proseguir en la construcción de un gran país, por el que podamos sentir auténtico orgullo todos los ciudadanos, seamos de donde seamos y sin hacer distingos o menosprecios de ninguna clase en razón de nuestro origen.

(NOTA: Este mismo comentario, prácticamente idéntico, ha sido mi contribución del día al videoblog del periodista Iñaki Gabilondo, en la web del diario El País, en el que el citado comentarista expresaba su gran preocupación ante la clamorosa falta de iniciativas positivas que contrarresten la política de desafección hacia España por parte de las actuales autoridades catalanas). 

NUEVA CARTA ABIERTA A MARIANO RAJOY, PRESIDENTE DEL GOBIERNO ESPAÑOL

Composición rajoyesca

Sr. don Mariano Rajoy Brei:

          Esta es la segunda carta que tengo a bien dirigirle desde este mi humilde blog. La primera, de fecha 15.03.11, se la escribí unos cuantos meses antes de la victoria de su partido (que se produciría finalmente el 20.11.11), cuando ya el gobierno de su predecesor agonizaba y todas las encuestas de opinión predecian una amplia ventaja para su formación política en las siguientes elecciones, tanto autonómica y municipales como generales.

          Ahora, cuando han pasado ya casi dos años desde su llegada al poder, creo disponer de datos, motivos y argumentos de sobra como para desarrollar una severa y justificada crítica a la política que usted y sus ministros han puesto en práctica a lo largo de todo este periodo. Fiel a mi costumbre, no pretendo ser especialmente exhaustivo, pues de lo contrario podría llegar a aburrir a mis lectores. Por ello, me limitaré a destacar los aspectos que me parecen más fundamentales.

          En primer lugar, le diré lo que muchos comentaristas y analistas ya le han reprochado. Ustedes llegaron al poder cabalgando a lomos de una gran falacia. «Lo primero, el empleo», ¿recuerda su eslogan? Apartados los socialistas del poder y con ustedes al frente del gobierno de la nación, se produciría enseguida el milagro, comenzaría la recuperación y la creación de puestos de trabajo, y eso SÓLO porque ustedes «infundirían confianza», «aportarían seriedad» (¡?), y en consecuencia atraerían rápidamente a los huidizos capitales, espantados por el mal hacer y la torpeza de sus antecesores en el ejecutivo. Es preciso señalar que usted no se molestó en aportar detalles de su futura política. De ninguna manera quiso pillarse los dedos, y se limitaba a manifestar ambigüedades tales como: «Aplicaremos la política económica que Dios manda» (increíble afirmación, que aún me asombra), «nos guiará el sentido común», «haremos lo que hay que hacer», y otras vaguedades por el estilo. Pese a esta manifiesta carencia de rigor y definición de su programa, la mayoría de los votantes les dieron su confianza aquel 20 de noviembre de 2011. Ello, unido al profundo desencanto causado por el gobierno anterior (al que ustedes sometieron desde el primer momento a una vil y feroz campaña de desprestigio, dicho sea de paso), les supuso a ustedes obtener una cómoda mayoría absoluta.

          Desde el primer minuto de su mandato, usted y sus ministros impusieron una intensísima campaña de recortes , austeridad y subidas de impuestos, que cayó como una catarata de agua fría sobre la sociedad española, muy en especial sobre los sectores más sufridos y vulnerables, a saber, los asalariados, los parados, los estudiantes, los pensionistas, los docentes, el personal sanitario y todos los funcionarios de la administración del Estado. Se aplicaron ustedes con un ahínco digno de mejor causa a ponernos a casi todos la vida más cara y más difícil, sin dejar prácticamente títere con cabeza. La tijera se convirtió en su símbolo por excelencia, aunque bien podría haber sido también un hacha de doble filo. Pero hubo sus excepciones, ¡vaya si las hubo! Ustedes pasaron a sabiendas por alto a la Iglesia Católica española como potencial contribuyente; ésta ha seguido gozando de sus viejos privilegios fiscales y continúa exenta del pago del IBI por todo su vasto patrimonio inmobiliario. Tampoco se les ocurrió modificar la fiscalidad de la renta, de manera que fuese mucho más progresiva y los más ricos y afortunados pasaran a tributar con arreglo a su renta y patrimonio. Asimismo, no se les pasó por la cabeza retocar el Impuesto de Sociedades, a fin de que las grandes empresas del IBEX 35 pasasen a contribuir de manera más efectiva a nuestra Hacienda Pública. En definitiva, la solidaridad nunca figuró entre sus ideas y programas, a pesar de que su Secretaria General Mª Dolores de Cospedal afirmase aquello tan peregrino y burlesco de que «el PP era el partido de los trabajadores» (sin comentarios).

          Ahora están ustedes intentando seducir a la opinión pública con la nueva especie de que «se están viendo claros signos de recuperación», de que ya hemos pasado lo peor de la crisis (¿cuántas veces hemos oído este canto de sirena con anterioridad?), y de que el año que viene, en 2014, se empezará a crear empleo neto (¡?). Es obvio que ustedes deben contemplar el futuro inmediato con unas gafas especiales, quizás de color de rosa, puesto que la gran mayoría de las variables e indicadores macroeconómicos continúan mostrando un panorama muy sombrío. Es cierto que la prima de riesgo (la célebre y antipática prima de riesgo) se mantiene a niveles más o menos moderados, que el Tesoro está colocando deuda a tipos de interés bajos, y que las exportaciones de bienes y servicios muestran un buen comportamiento (aunque hay que tener en cuenta también que, paralelamente, las importaciones han caído bajo mínimos por efecto del fuerte bajón de la demanda interna; ambos fenómenos contribuyen de manera conjunta al mejor resultado de la balanza comercial). Pero todos estos síntomas, sin duda positivos, son insuficientes como para hacer pensar en una pronta recuperación del conjunto de la economía española.

          En efecto, lo que más nos preocupa a todos, el paro, continúa en niveles insoportables (en torno a los 6 millones de desempleados, de acuerdo con la EPA) y, por desgracia, nada hace presagiar que que se vaya a reducir de forma progresiva y significativa a corto y medio plazo. La situación internacional no es demasiado optimista. Los EE.UU. acaban de tenernos a todos con el alma en vilo con su amenaza de suspensión de pagos (que hubiese sido catastrófica), felizmente resuelta por el momento. Las economías emergentes están dando señales de cierto enfriamiento. El conjunto de la economía europea no es precisamente muy boyante. Podría mencionar otras variables e indicadores a nivel nacional, como el PIB, el nivel de consumo interno, la falta de crédito, el Indice de Producción Industrial, la deuda externa e incluso el déficit público, que dibujan un escenario muy poco positivo, pero comentar todo ello haría demasiado largo el presente artículo.

          Dejando la economía a un lado, debo reprocharle seriamente otros importantes aspectos de su política. A nivel educativo, su ministro Wert (al que no quiero calificar aquí, porque los epítetos resultarían muy duros al oído) ha desarrollado una política muy dañina para con todo el sistema público de enseñanza. Lejos de apoyarlo, como hubiera sido lo esperado, se ha esforzado por desacreditarlo y arrebatarle recursos económicos esenciales, lo que hará aún más difícil si cabe el desempeño de su importantísima misión. La LOMCE, su nueva y particular reforma educativa, sacada adelante sin consenso alguno y con el único y exclusivo apoyo de los votos del PP, beneficia sin reservas la enseñanza privada-religiosa, nos retrotrae en muchos aspectos a tiempos preconstitucionales, satisface descaradamente las viejas demandas de la Conferencia Episcopal y, desde luego, no resuelve los problemas de fondo del sistema educativo español, como la mejora de la calidad de la enseñanza, la superación del fracaso escolar o la obtención de un nivel de Inglés mucho más satisfactorio (un problema recurrente en nuestro país).

          En realidad, todo esto forma parte de un intensivo proceso de derechización en el que está embarcado su Gobierno, y que genera el malestar de amplias capas de la población. Destacaré aquí la reforma legislativa que prepara su ministro Gallardón sobre el aborto, y que es claramente regresiva con respecto a la ley actual, la descarada toma de control de RTVE, con su desembarco de directivos y profesionales procedentes de Telemadrid (¿quién nos lo iba a decir?), o la nueva ley de Costas de su ministro Cañete, que coquetea peligrosamente con el hiper-desarrollo inmobiliario que ha destruido gran parte de nuestro litoral y que finalmente, tras su colapso, ha sido causa determinante de la profunda crisis económica actual. También he de mencionar los tremendos recortes impuestos a nuestros centros de investigación científica (¡qué medida tan perjudicial para el futuro del país!), la fuerte subida del IVA en el cine y los espectáculos teatrales, el escaso apoyo efectivo a la cultura y el deporte (no así al mundillo taurino, por el que los suyos sienten tanta predilección), su decidida apuesta por la privatización de servicios públicos esenciales, etcétera. En otro orden de cosas, tampoco parece que les quite el sueño nuestra excesiva dependencia energética, como lo demuestran las severas restricciones impuestas a la producción de energía eléctrica procedente del Sol. Decididamente, ustedes desprecian con sus acciones la cultura, la educación, la ciencia, la investigación y el desarrollo. Deprimente.

          Para terminar, me gustaría transmitirle algunas apreciaciones sobre su persona y su particular estilo de ejercer el gobierno, señor Rajoy. Tengo que decirle que usted no se distingue precisamente por su valentía. Desde el principio mismo de su mandato, se ha refugiado casi siempre tras sus ministros, su vicepresidenta … y sus silencios. Quienes defienden su forma de proceder, argumentan que así se preserva la figura del presidente y se evita que se queme demasiado pronto (pobrecito). Lo que ocurre es que usted, con tal de no desgastarse, lleva su táctica de ocultamiento hasta el extremo. Cuando no hay forma alguna de evitar su comparecencia ante los medios, usted acostumbra ya a imponer el formato de «no hay preguntas», o bien habla tras una pantalla de plasma, algo inaudito, como cuando se refirió por primera vez al caso Bárcenas (por cierto, entonces negó todo, pero no aclaró nada; pero descuide, voy a dejar a un lado este enojoso asunto, en el que su partido está saliendo tan mal parado). Lo que está claro es que usted tiene pánico a las preguntas incómodas y a salirse un milímetro del guión previamente trazado. Usted sabe que su política, muy alejada e incluso contradictoria con respecto a su programa inicial, está causando mucho sufrimiento a la sociedad española y genera constantemente muchas cuestiones, pero hace todo lo posible por no dar la cara. No sé si es consciente de lo que defrauda a la opinión pública tener un presidente que actúa de este modo tan esquivo. A todo esto habría que añadir otro rasgo preocupante de su conducta, y es que a menudo da la sensación de negar los problemas y mirar siempre hacia otro lado, como esperando que las dificultades se resuelvan por sí solas. La candente cuestión catalana es un ejemplo muy claro de lo que estoy diciendo.

          Señor Rajoy, usted ha hecho bueno a su antecesor, Jose Luis Rodríguez Zapatero. Que quede claro que yo, personalmente, no volvería a votar a éste último, dado que cometió muchos errores y no estuvo a la altura de lo que se le exigía tras el estallido de la crisis. Pese a ello, el señor Zapatero le gana a usted por goleada en varios aspectos: educación y respeto hacia el contrario, sinceridad, coraje para admitir sus propias equivocaciones, y valentía para comparecer ante la opinión pública las veces que hizo falta. Usted, que tanto abusó del insulto al anterior presidente, acusándole una y otra vez y sin fundamento de mentir a los españoles (una acusación demasiado grave y gratuita), ha demostrado ser el paradigma del embuste, contradiciéndose demasiadas veces sobre lo que había prometido o declarado con anterioridad. Tan es así que la opinión pública le ha tomado bien la medida y, cuando usted afirma algo, se interpreta como justamente lo contrario. Su palabra carece de valor.

          Acabo ya. El pueblo español no es idiota. Seguramente pecó de ingenuidad y falta de información cuando les otorgó a ustedes la mayoría absoluta. Pero confío en que no se dejará engañar la próxima vez. Ya está comprobando en sus propias carnes que los errores se pagan muy caros. También quiero manifestarle que, tarde o temprano, España saldrá de esta maldita crisis, pero desde luego ello no será por la «ayuda» que le está prestando su gobierno, señor Rajoy, sino por el propio empuje, la vitalidad, la imaginación y la formación de sus gentes, que por fortuna van por delante de usted y su equipo.

          Que pase usted un buen día. ¡Ah!, y no se estrese demasiado, que es malo. ¡Qué le voy a decir que usted no sepa!

LA COBARDÍA DEL PP SE REFUGIA TRAS SUS MUROS PROTECTORES

Imagen

          Una vez más, hemos asistido en Madrid al mismo fenómeno de reacción por parte del PP frente a la indignación popular. Y ya van unas cuantas veces. Grupos más o menos numerosos de ciudadanos, justamente enfadados y cabreados por el escándalo continuado que nos ofrece el partido que nos gobierna, se topan contra un fortísimo muro policial  que les impide aproximarse a menos de 300 o 400 metros de su sede nacional en la calle Génova.

          ¿Hasta qué punto es legal y legítimo que un partido político, como es el PP, utilice de manera tan abusiva los recursos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado para blindarse y proteger tan desproporcionadamente sus sedes, que no son en modo alguno organismos oficiales ni de interés general que haya que cuidar a toda costa? ¿Se puede cortar una arteria tan céntrica e importante del centro de Madrid, tan sólo para que la señora De Cospedal o cualquiera de sus subordinados, como González Pons o Floriano, mantengan sus delicados oídos fuera del alcance de la voz de los ciudadanos, que se rebelan frente a tanta basura política? Mi opinión es que esta reacción no es lícita. Se están usando con abuso manifiesto los contingentes y medios  de la Policía Nacional para amordazar y sofocar la indignación popular, que es aquí el único factor inequívocamente legítimo y justo. El PP, aprovechando que tiene a sus miembros destacados al frente de la mayoría de las instituciones (en este caso, y sobre todo, la Delegación del Gobierno en la Comunidad de Madrid), no tiene el menor escrúpulo en ordenar la movilización de las fuerzas de seguridad para «proteger» algo que es privado y que, además, tendría el deber ineludible de escuchar en primera persona la protesta ciudadana. ¿Acaso no han obtenido los votos de esa misma sociedad que se indigna ante su reprochable comportamiento? En democracia hay que estar a las duras y a las maduras. No sólo hay que abrir las puertas para celebrar festejos y triunfos.

          La única conclusión que se puede sacar de todo esto es una escandalosa y sonrojante cobardía por parte de los dirigentes del Partido Popular, la misma cobardía que ha exhibido tantas veces su presidente, Mariano Rajoy, cuando se refugia en sus silencios ante el escándalo inaudito del caso Bárcenas (cuyas evidencias de corrupción son ya incontestables), o cuando se limita a lanzar una declaración leída tras un televisor de plasma, con la única compañía  de sus palmeros y compañeros de partido.

          Una pequeña observación adicional. Por supuesto, todo mi apoyo y simpatía a los manifestantes de ayer jueves. Yo mismo me he unido a la protesta en el mismo lugar en otras varias ocasiones . Pero, ¡qué escaso el número de indignados! Estas reacciones de protesta, absolutamente legítimas y democráticas, tendrían que ser mucho más multitudinarias y contundentes. ¿O alguien puede pensar que no existen motivos más que sobrados para ello? ¿A qué hemos de esperar para que el clamor de la calle estalle con mucha mayor intensidad y obligue a cambiar el estado de cosas? Por desgracia, hay una inmensa mayoría de ciudadanos incapaces de sentir rabia e indignación ante el escándalo de los políticos. Y, del mismo modo, existe una opinión bastante generalizada que atribuye el mismo grado de corrupción y sinvergozonería a todos los políticos, sean del color que sean. Este pensamiento es falso y actúa como un freno indeseable con respecto a la movilización ciudadana. Pero incluso, aunque ello fuera cierto, ¿sería una excusa válida para callarse y no salir de casa ante hechos escandalosos como los que se derivan de las declaraciones del ex-tesorero del PP, señor Bárcenas?