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¿DÓNDE QUEDA LA CALIDAD DE LA ENSEÑANZA?

Ministro Wert

          El ministro de Educación, Cultura y Deporte, señor Wert, ha saltado estos últimos días al centro del ruedo político con su proyecto de Reforma Educativa, que hace la número 7 de las que se han llevado a cabo en esta etapa democrática de la historia de España. Y ha saltado, como digo, al centro mismo del ruedo con su ya habitual desparpajo y actitud desinhibida, con ganas de provocar al respetable y de sembrar polémica, algo que al parecer le divierte de forma extraordinaria, según ha reconocido personalmente. Sólo le ha faltado aparecer vestido de luces, lo que a buen seguro hubiera colmado sus íntimas fantasías, a juzgar por su ya declarada afición a la tauromaquia.

          Bueno, bromas aparte, su proyectada reforma ha causado un gran revuelo en todo el país, por varios aspectos particularmente conflictivos que más abajo comentamos. Parece ser, y este sería el origen de la política reformista del ministerio presidido por Wert, que los altos dirigentes del PP estaban y están «preocupados» por el alto índice de fracaso escolar y el bajo rendimiento de nuestros alumnos, en comparación con los resultados obtenidos por los chicos y chicas de otras naciones de Europa y del mundo. En consecuencia, están convencidos de la necesidad de mejorar como sea la calidad educativa de la enseñanza en este país. Bien, hasta aquí no debería existir ningún problema de diagnóstico, puesto que es algo en lo que estamos casi todos de acuerdo, padres, profesores, funcionarios del ramo y políticos. El problema, naturalmente, surge en cómo se enfoca el problema y qué medidas son las más convenientes para resolverlo con eficacia.

          Si el objetivo fundamental que se persigue es el aumento significativo  de la calidad de la enseñanza en España, sobre todo en los niveles educativos hasta los 16/17 años, o sea, hasta el actual 2º de Bachillerato, no se comprende por qué se pone tanto énfasis en aspectos que podríamos considerar marginales (aunque muy polémicos), como la reintroducción de la Religión como asignatura obligatoria (con una alternativa real de peso y, por tanto, disuasoria), la posibilidad real de que los centros concertados o subvencionados (la mayoría de la Iglesia Católica) vuelvan a efectuar una segregación de alumnos por sexos, o la fenomenal gresca montada acerca de un asunto tan sensible como la relación entre el castellano y las lenguas co-oficiales. Enarbolar y agitar viejas y caducas reivindicaciones, exigidas por parte de un grupo minoritario y elitista del sector educativo, o crispar aún más las ya deterioradas relaciones con la comunidad catalana, no parecen en absoluto la mejor manera de contribuir a la mejora general de la calidad de nuestra educación escolar.

          Si ahondamos un poco más en otros aspectos del proyecto de reforma del señor Wert, vemos que se pretende otorgar más peso a las consideradas asignaturas centrales, como la Lengua, las Matemáticas y las Ciencias, en detrimento de otras materias optativas (¡?). Sobre la Lengua ya me he manifestado en este mismo blog  y en otros foros. La forma de impartir esta asignatura a lo largo de Primaria, ESO y Bachillerato me parece -con perdón- muy cansina y reiterativa; parece que se intenta convertir a los alumnos en pequeños filólogos, desmenuzando y analizando el lenguaje  hasta unos niveles a todas luces excesivos, sin que por ello hablen y escriban mejor (que los de otras generaciones, en las que me incluyo), lo cual resulta bastante contradictorio. Estoy seguro de que muchos profesores/as de Lengua me darán la razón en este aspecto. En consecuencia, no creo que sea una buena idea dar aún mayor peso a la Lengua Española (que ya cuenta con 5 horas lectivas semanales en casi todos los cursos), sino que lo que debería intentarse es enseñarla mejor, de una manera más práctica y menos plomiza, dando por ejemplo mayor relevancia a las redacciones por parte de los alumnos y a su posterior revisión en clase.

          En cambio, continuamos olvidándonos  del Inglés, el principal talón de Aquiles de nuestro sistema educativo. Es cierto que se reconoce oficialmente la necesidad de potenciar esta materia, pero no se aportan novedades significativas sobre su enseñanza. El Inglés está pidiendo a gritos más horas lectivas, un mayor nivel de exigencia y una atención especial a la conversación y a la audición, aspectos éstos que dejan mucho que desear en la actualidad. La inmensa mayoría de nuestros chicos y chicas terminan Bachillerato con un nivel de expresión y comprensión en la lengua inglesa muy mediocre. Desde mi experiencia como padre, he podido constatar, por ejemplo, que a lo largo de toda la ESO (cuatro cursos) prácticamente no se produce ningún progreso significativo en el nivel general de dificultad del idioma, lo cual es bastante penoso. Por otra parte, hay otras asignaturas que no se consideran fundamentales y que, sin embargo, me parecen importantísimas en la formación de nuestros chavales, como son Tecnología e Informática. Quitarles peso y relevancia sería un grave error, a mi modo de ver.

          Mejorar la calidad de nuestra enseñanza requiere el esfuerzo y la buena voluntad de todos. Muy especialmente, es imprescindible valorar y apoyar al máximo a nuestros educadores, que son los que se baten el cobre día a día con los alumnos, sacrificándose y luchando contra muchos obstáculos: la rebeldía de muchos chicos y chicas difíciles y con problemas, la desgana y el pasotismo de otros muchos, la incomprensión (y a veces la pésima educación) de muchos padres y madres, la escasez de medios y el deterioro de las instalaciones, los recortes con los que se amenaza su labor y su dedicación. No es nada fácil enfrentarse cada día a un grupo más o menos numeroso de alumnos, inclinados por naturaleza al jolgorio y a la chanza, a los que hay que exigir ante todo un cierto orden y disciplina para poder impartir la clase con un mínimo de éxito. Los profesores deben de estar suficientemente motivados y apoyados, tanto los de los colegios privados como los de los centros públicos, sin distinción.

          Y, por supuesto, son necesarias muchas otras cosas, como buenos programas educativos, criterios de exigencia razonables y sensatos, normas y leyes justas y bien redactadas por auténticos expertos de la enseñanza, totalmente fuera de la influencia perniciosa de intereses partidistas o de colectivos minoritarios. Todo ello se consigue mediante consenso, altura de miras, visión de futuro, sabiduría y buen juicio. Ni más ni menos.

LA ROJA: EL TRIUNFO DEL TRABAJO BIEN HECHO

          Nuestra selección nacional de fútbol nos ha dado una inmensa alegría a todos los españoles. Incluso yo, que confieso no haber sido nunca especialmente aficionado al balompié, he seguido con gran interés todos los partidos jugados por España en Polonia y Ucrania, en esta Eurocopa 2012, y me he sentido fuertemente contagiado por el júbilo que ha experimentado la inmensa mayoría de nuestro país antes, durante y al término del fabuloso partido final de ayer domingo frente a Italia. Estos jugadores impresionantes, bajo la batuta maestra del gran Vicente del Bosque, han conseguido un milagro: que nos sintamos extraordinariamente orgullosos y satisfechos del equipo que lleva nuestros colores.

          Evidentemente, la tremenda alegría al verles recoger la copa de Europa al final del encuentro es el broche de oro definitivo, pero hay que subrayar todo el trabajo que hay detrás: el proyecto del seleccionador, su esquema de juego, la planificación, los duros y largos entrenamientos, el espíritu extraordinario de conjunto, el esfuerzo continuado de los jugadores. El triunfo final es la culminación de un trabajo largo, sacrificado, bien coordinado e ilusionante por parte de un magnífico equipo humano, que, sin embargo, ha sabido mantener los pies en el suelo y luchar palmo a palmo y minuto a minuto, sin ceder nunca al triunfalismo ni a la prepotencia. Esta es la gran lección que nos ha dado a todos el equipo que dirige Del Bosque (quien ya recogió lo sembrado por su antecesor, Luis Aragonés): nunca hay enemigo pequeño, hay que saber siempre ser prudentes y humildes, y hay que trabajar, trabajar y trabajar, para sacar en el terreno de juego lo mejor de cada uno y del conjunto entero.

          Hoy lunes, tras la alegría desbordante que a todos nos inundó la noche de ayer, volveremos a la otra realidad, la realidad cotidiana y fea de la economía, los sueldos ajustados, las ayudas al sector financiero, la crisis de Bankia, los recortes en los sectores sanitario y educativo, el paro, la prima de riesgo, los incendios que asolan el interior de la provincia de Valencia, las infamias de la ministra de Empleo que no vacila en divulgar datos confidenciales, el futuro del CGPJ, y otras muchas miserias que «adornan» nuestra vida pública diaria. Como muy sabiamente advirtiera el propio Del Bosque antes de comenzar este último torneo, el fútbol no arregla los problemas de España. Es cierto, desde luego, pero también es verdad que este fútbol de «La Roja»nos señala a todos el camino y la manera de afrontar los problemas y los retos de la vida, sean de la naturaleza que sean: mediante esfuerzo, rendimiento, calidad, sacrificio y, en definitiva, el trabajo bien hecho.

          ¡¡¡ENHORABUENA, TRICAMPEONES!!!

SOBRE LA EDUCACIÓN

          Por su especial interés, reproduzco a continuación mi comentario al video-blog de hoy mismo de Iñaki Gabilondo, inserto en la web del diario El País. Tras la jornada de huelga y las grandes manifestaciones del día anterior, martes, por parte del sector de la enseñanza pública, a todos los niveles, el citado periodista hacía especial hincapié sobre la enorme importancia que tiene para este país, como para cualquier otro que se precie, el sistema educativo. Ello constituye una sólida razón por la que éste no debería ser objeto de los mismos recortes presupuestarios que se aplican en otros ámbitos de la actividad pública.

          Dado que me considero particularmente sensible hacia este tema, me he permitido ir un poco más allá de lo expresado por el ilustre comentarista. Ahí va mi aportación:

Muy buenos días, Iñaki.

Tu comentario de hoy me parece muy oportuno y acertado, pero quisiera avanzar un poco más en la reflexión. No se trata solamente de que el Gobierno considere la Educación como una parcela más a recortar en el gasto del Estado, y de que se actúe ciegamente sobre ella sin comprender su verdadera importancia.

No, se trata de que están actuando deliberadamente para deteriorar y desacreditar la Enseñanza Pública y  favorecer a la privada. Esto comenzaron a practicarlo comunidades autónomas como la de Madrid, al menos desde principios del curso lectivo que ahora está finalizando, es decir, desde el verano pasado, cuando aún residía en La Moncloa el presidente Zapatero. Como prueba irrefutable de lo que afirmo, está el hecho de que, mientras se exigía a los profesores un incremento de sus horas lectivas (y como consecuencia directa, se dejaban de contratar entre 2.000 y 3.000 profesores interinos sólo en la comunidad de Madrid), simultáneamente aumentaban las desgravaciones fiscales en la Renta para aquellas familias que enviasen a sus hijos a estudiar en la enseñanza privada concertada. La intencionalidad estaba -y sigue estando- clarísima. Esto es muy importante comprenderlo.

El Partido Popular ya no oculta sus intenciones de reformar el conjunto del sistema educativo. Ayer mismo, una portavoz del PP en el Congreso aseguraba que el modelo educativo español estaba fracasado (¡¡??), y que por tanto era necesario modificarlo ampliamente. Y yo me pregunto, aún admitiendo que hubiera fracasado (algo muy discutible y opinable, por supuesto), ¿acaso la mejor manera de mejorarlo es reducir drásticamente los presupuestos y los recursos de la enseñanza pública? Sin lugar a dudas, esta idea es un disparate monumental.

La Educación tiene una importancia decisiva e incuestionable para el futuro y el bienestar de la sociedad, nunca me cansaré de decirlo, y no se puede permitir que un gobierno de un color determinado reforme y deteriore la calidad de la enseñanza de forma UNILATERAL. Su reforma estaría condenada de antemano al fracaso, pero lo peor es que, además, los daños serían catastróficos e irreparables para alumnos, profesores y padres. En definitiva, este tema es extremadamente serio, por lo que exigiría un gran consenso y un pacto de Estado entre la mayoría de las fuerzas políticas.

LA DESAFORTUNADA CACERÍA REAL

A continuación, reproduzco íntegramente mi comentario de hoy en el video-blog del periodista Iñaki Gabilondo (web del diario El País), a propósito del accidente sufrido por Don Juan Carlos de Borbón durante su viaje privado a Botswana, con el objeto de participar en una cacería:

Me apena profundamente que esta actuación de Don Juan Carlos, tan inoportuna, impopular y poco edificante, eche por tierra casi todo el prestigio que, a mi juicio, se ha ganado justamente tras un largo reinado de 36 años y 33 años de democracia, en cuya implantación el propio Monarca jugó un papel decisivo. Siempre he sentido un gran afecto por él, quien desde el principio y en todo momento quiso ser el Rey de todos los españoles. Su trabajo constante, su simpatía y su fuerte implicación personal en la marcha del país le han granjeado el respeto y la admiración de muchos, aún dejando aparte su actuación ejemplar aquel aciago 23-F de 1981. Yo, al menos, lo siento de esta manera.

Este viaje privado a Botswana ha sido un ejemplo de todo lo que no se debe hacer, por muchas razones: por ser una demostración de lujo y gasto excesivos, sobre todo en estos tiempos tan duros que estamos viviendo la mayoría de los españoles; por dedicarse a matar elefantes por puro placer, lo que dice muy poco de su sensibilidad hacia la Naturaleza (qué poco ha aprendido de la Reina en este aspecto, quien por su parte siempre ha mostrado un profundo amor por los animales); y, finalmente, por la imprudencia temeraria que ha mostrado, ya que a su edad, y por la responsabilidad pública que ostenta, no está para correr riesgos de estas características. Después de esto, le va a ser bastante difícil restituir el prestigio de que gozaba anteriormente.

De todas formas, desde mi modestísima opinión, yo aconsejaría a todos ser prudentes y evitar echar más leña al fuego con el tema delicado del futuro de la monarquía. No estamos en absoluto para crearnos más problemas ni abrir nuevos frentes de polémica, en estos momentos de profunda crisis económica, cuestión ésta que me parece mucho más grave para nuestra vida diaria y futura.

Buenos días, Iñaki y contertulios.

No hace muchas semanas, publiqué en este mismo blog un artículo titulado «AL REY LO QUE ES DEL REY» (23.12.11), en el que defendía el papel de Don Juan Carlos y de la Corona, cuando salieron a la luz la supuestas irregularidades y negocios fraudulentos de su yerno Iñaki Urdangarín.

¿NOS CONVIENE EL PROYECTO DE «EUROVEGAS»?

Mucho se está hablando últimamente del megaproyecto del magnate norteamericano Sheldon Adelson, consistente en crear en España, bien en las cercanías de Madrid o bien en las de Barcelona, un gran complejo de hoteles, casinos e instalaciones varias de ocio, al estilo de lo que este acaudalado hombre de negocios ya posee en Las Vegas (U.S.A.) y Macao (China). Según las últimas noticias, parece que ahora mismo estaría más inclinado por la opción de implantarlo en Madrid, ya que en el área que se le ofrece junto a Barcelona sería del todo imposible levantar un grupo de altos rascacielos, que formarían parte integrante del complejo, debido a la proximidad del aeropuerto. Por su parte, los resp0nsables de la Comunidad de Madrid, con Esperanza Aguirre a la cabeza, no ocultan su entusiasmo por atraer el proyecto de Mr. Adelson hacia la capital de España.

Sin conocer con detalle la operación, y considerando que se abren una multitud de interrogantes en torno a ella, aún sin respuesta, me he permitido esbozar mis primeras impresiones sobre la cuestión en la red Eskup de la web de El País, en el foro que se ha desarrollado hoy ante las noticias más recientes acerca del proyecto «Eurovegas». Las reproduzco a continuación.

* La verdad es que, como madrileño, no me hace ninguna gracia albergar este «mostrenco» en las cercanías de Madrid. No es el tipo de desarrollo que necesitamos. Suena a un gigantesco pelotazo urbanístico, que va a dañar gravemente el ya deteriorado medio ambiente de la Comunidad, y, una vez en marcha, va a consumir grandes cantidades de agua y energía. Los beneficios que genere, si al final funciona como los promotores esperan, se irán en su inmensa mayoría afuera de España; ténganse en cuenta las grandes exenciones y ventajas fiscales que se exigen. Y, en cuanto al empleo que se pueda crear, la cifra que se promete (unos 250.000 puestos de trabajo) me parece exageradísima, un auténtico espejismo. En todo caso, será en su mayoría trabajo de baja cualificación: camareros, limpiadores, vigilantes, etc. Por último, el complejo de ocio puede convertirse en un importantísimo foco de delincuencia a todos los niveles. Decididamente, no me agrada nada este proyecto.

* La cúpula del gobierno pepero madrileño, Esperanza Aguirre, Ignacio González y Percival Manglano, deben estar como locos bebiendo los vientos por el magnate Adelson, que debe representar para ellos el paradigma del éxito económico al más puro estilo yanki-especulativo. Deberíamos empezar a movilizarnos en serio los madrileños para evitar lo que tiene todo el aspecto de ser un desatino de grandes proporciones. No estamos en buenas manos para gestionar este asunto, con muchos aspectos turbios y pocas certezas.

* En caso de realizarse este proyecto, aportaría trabajo temporal, mientras durase la construcción, y luego trabajo precario y de muy baja cualificación, como ya he dicho en otra entrada (en ningún caso los 250.000 empleos que prometen, ni por asomo). Los grandes beneficios se los llevarían el señor Adelson y sus empresas, que además gozarían de grandes ventajas y exenciones fiscales, no aportarían nada a la seguridad social y dispondrían de una especie de «isla» en la que tendrían mano libre para realizar cualquier tipo de negocio, prostitución de lujo, tráfico de drogas, comercio ilegal, etc., etc. Sigo pensando que este tipo de proyectos faraónicos no nos convienen. Deberíamos estar ya escarmentados.

* El futuro de la Comunidad de Madrid, cuyo precario equilibrio podría venirse al traste con la implantación de este megaproyecto, es demasiado serio como para dejarlo en manos de Esperanza Aguirre y sus muchachos, a quienes parece que se les han convertido los ojos en monedas de dólar (como en los dibujos animados), y que deben estar dando saltitos de alegría alrededor de Mr. Adelson. Me remito a todos mis comentarios anteriores, y no me parece ni medio serio tener a pocos kilómetros del centro de Madrid una especie de «paraíso fiscal» en el que estuviesen suspendidas casi todas las leyes nacionales vigentes, incluida la Constitución.

GALLARDÓN: ¿DEFENSOR DE LA MUJER ESPAÑOLA?

No hace muchos días, el ministro Ruiz Gallardón nos sorprendía a propios y extraños cuando se refería a la existencia de una «violencia estructural», que actuaba en contra de las mujeres embarazadas, en el sentido de obligarlas en muchas ocasiones a tomar la decisión de abortar, en contra de sus propios deseos. No explicó bien en qué consistía esa violencia estructural ni a quién habría que atribuirla, aunque se podía intuir por dónde podían ir los tiros. Con posterioridad, el debate previo a la futura ley que prepara el ministro sobre el aborto ha continuado, y nos ha deparado nuevas oportunidades estos días de escuchar más manifestaciones públicas de este señor, las cuales parecen ir preparando el terreno para cuando se presente su proyecto de ley y comience el debate de verdad en el Congreso. Parece que una de las ideas predominantes que bullen en la mente de Gallardón es que el Estado debe proteger a la mujer gestante para asegurarla el derecho de ser madre, condición que viene a ser, en su opinión, la culminación de su femineidad.

Vamos a decir las cosas claras. Una mujer es siempre mujer al 100%, sea o no sea madre, condición sobre la que ella tendrá siempre el derecho a la última palabra y, por supuesto, plena libertad de elección (*). El ministro Ruiz Gallardón se está metiendo en un «jardín» ideológico en el que me temo que no va a salir muy bien parado. Este señor, presumo que por su particular educación personal y religiosa, está claramente posicionado en contra del aborto, en cualquiera de sus casos y circunstancias. Lo que ocurre es que intenta disimular su postura, singularmente conservadora y monolítica, tratando de que se vea el problema desde una perspectiva muy distinta y culpabilizando a no se sabe quién o quiénes de la existencia de una «presión social» que cercena el derecho de las mujeres a la maternidad.

Pues bien, las únicas presiones que pueden existir y llevar a la mujer, en determinados casos, a tomar la difícil decisión de interrumpir su embarazo pueden venir por:

1) La propia crisis económica en la que estamos inmersos, el desempleo, la carencia de recursos, y las malas perspectivas para poder criar, sostener y educar debidamente a una nueva criatura. Dudo mucho de que el ministro disponga de los medios para modificar esta dura realidad.

2) Empresarios y directivos desaprensivos que amenazan más o menos veladamente a las mujeres trabajadoras con dejarlas sin empleo -por poner un ejemplo-, en caso de quedar encintas. Quizás aquí el Gobierno sí tendría oportunidad de legislar para proteger adecuadamente a las mujeres trabajadoras, aunque pienso que esto no sería muy del agrado de sus «amigos» empresarios, ahora que han quedado tan satisfechos con la reforma laboral.

Esta es la realidad. Y dejo aparte otras circunstancias que se pueden dar, tales como violaciones, embarazos no deseados en adolescentes, o malformaciones del feto, que no voy a comentar aquí, porque van mucho más allá de lo que pretendía comunicar en este artículo.

Yo le aconsejaría al señor Gallardón que, si sus escrúpulos le impiden ejercer como ministro de Justicia para todos, dentro de una sociedad laica y democrática como la que tenemos, que renuncie al cargo que le ha proporcionado el presidente Rajoy antes de intentar imponernos una legislación inspirada en unas creencias religiosas que muchos ni compartimos ni aceptamos.

(*) Quiero aclarar una cosa. Personalmente, no estoy de acuerdo con el hecho de que una menor de edad pueda recurrir a algo tan serio y traumático como la interrupción de su embarazo, sin el conocimiento y el consentimiento de sus padres. Esto quedó así recogido en la ley que actualmente está en vigor y, sinceramente, creo que debería ser corregido.

MANIFESTACIONES EN EL 11-M

No veo que haya incompatibilidad entre el homenaje a las víctimas del 11-M y la manifestación en contra de la reforma laboral, siempre que no se desarrollen en el mismo tiempo y lugar. Lo que ocurre es que la coincidencia de ambos actos les viene muy bien a los dirigentes del PP como excusa para lanzar dardos envenenados contra los sindicatos y la izquierda en general. Sus acusaciones de «falta de sensibilidad» son totalmente falsas e hipócritas. Una vez más, y ya son muchas, pretenden instrumentalizar el dolor ajeno en beneficio propio, como intentando demostrar a la sociedad que ellos son los únicos que defienden de verdad a las víctimas del terrorismo. Su actitud es, digámoslo claro, repugnante.

Me alegro especialmente de que la asociación que preside Pilar Manjón (la asociación mayoritaria que representa a las víctimas de los atentados de los trenes) haya tomado la iniciativa de formar parte de la cabecera de la manifestación. Señores y señoras del PP, lo cortés no quita lo valiente.

Hasta aquí, me he limitado a reproducir, con alguna pequeña matización, un comentario mío de hoy mismo en la red eskup del diario El País. Pero me gustaría añadir algunas cosas más.

Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a apropiarse del dolor por las víctimas ausentes en un atentado, ni a acaparar cualquier acto de homenaje por las mismas. Los muertos y su memoria pertenecen en exclusiva a sus respectivas familias. Por tanto, cualquier acto que se celebre en recuerdo de quienes perdieron la vida en una tragedia como la del 11 de marzo de 2004 debe ser política y rigurosamente aséptico. Ningún partido, esté o no en el gobierno, puede instrumentalizarlo en beneficio propio.

Han pasado ya 8 años desde aquel día tan triste para los españoles en general, y los madrileños en particular. A partir de aquella fecha, y durante mucho tiempo, toda la clase política y todos los representantes de las instituciones, incluidos por supuesto los sindicatos, han expresado reiteradamente su más absoluta condena y rechazo a la barbarie perpetrada en aquellos trenes de cercanías. Si ahora, cuando las circunstancias del momento, como son la gravísima crisis económica y laboral que estamos viviendo, fuerzan al colectivo de los trabajadores a salir a la calle a manifestarse frente a una reforma laboral que lesiona tan duramente sus derechos, nadie tiene que escandalizarse porque coincidan en la misma fecha en que se conmemora a las víctimas de los atentados. Un acto no impide otro, máxime cuando la manifestación de trabajadores no tiene precisamente un carácter festivo.

El Partido Popular se muestra muy molesto por el hecho de que la gente salga a las calles y se manifieste en contra de sus medidas. Tienen que asumir que el derecho de manifestación es básico en una democracia, y que tan sólo ha de limitarse a partir del momento en que se produzcan hechos violentos que atenten contra la seguridad de las personas o contra el patrimonio público y privado. Mientras las marchas de protesta transcurran pacíficamente, se estará ejerciendo un derecho fundamental en una sociedad libre.

Yo aconsejaría a los hombres y mujeres del PP que se limiten a gobernar o, mejor dicho, a apoyar al Gobierno que salió elegido en las urnas el pasado 20-N, si es que están convencidos de que su política es la adecuada para superar la crisis. Pero, por favor, no intenten manipular a la opinión pública ni la intoxiquen con su particular e interesado punto de vista. Acusar a los sindicatos de falta de sensibilidad ante las víctimas del terrorismo, o criminalizar al PSOE por estar detrás de todas las movilizaciones de protesta estudiantil, son infamias de gran calibre. Hay que ser prudentes con las declaraciones públicas, porque de lo contrario se estaría poniendo en peligro la convivencia social pacífica entre todos los españoles, y creo que los ánimos de muchos ya están bastante caldeados.

DORRIBO, EMPRESARIO EJEMPLAR

Hacen falta hombres como Jorge Dorribo, empresario gallego de impecable e inmaculada trayectoria. España necesita hombres como él, emprendedores, arriesgados, generosos, movidos tan sólo por el afán de aumentar la riqueza nacional, creativos y luchadores, capaces de generar multitud de puestos de trabajo y liderar ambiciosos proyectos que nos proporcionen a todos bienestar y prosperidad. Nuestra economía precisa con urgencia prohombres como él, capitanes de industria, imaginativos y valientes, empresarios de una sola pieza, dispuestos a comerse el mundo, pero al mismo tiempo honrados a carta cabal, respetuosos con las leyes y fieles cumplidores con nuestra Hacienda Pública, ¡faltaría más!

Con cien, ¡qué digo!, con sólo un par de docenas de empresarios como él, España alcanzaría pronto unas cotas de riqueza inimaginables y sería el asombro del mundo entero. Por fortuna, no está sólo. Ahí tenemos a Gerardo Díaz Ferrán, ex-presidente de la patronal, que posee la poco frecuente virtud de convertir en oro todo lo que toca, a José María Ruiz Mateos, capaz de levantar imperios de la nada pese a las oscuras maniobras de sus enemigos, que conspiran insidiosamente en la sombra, o  a Francisco Hernando, mal llamado «Paco el Pocero», que alza magníficas ciudades donde antes sólo había secarrales, en medio de la nada.

Yo propongo a Jorge Dorribo como Empresario del Año, por sus muchas y nunca bien ponderadas virtudes, que le convierten en un modelo a seguir por nuestras nuevas generaciones de emprendedores.  A nadie se le escapa que, con hombres como él, la tan ansiada recuperación de nuestra economía llegaría en menos que canta un gallo. Sólo necesitan que se les allane un poco el camino y no se interpongan tantas trabas a sus benéficas y honestas actividades.

NOTA ADICIONAL: A fin de ilustrar a posibles lectores que no estén familiarizados con este personaje, aclararé que Jorge Dorribo es un empresario farmacéutico lucense que fue detenido meses atrás, junto con otras 14 personas, por los agentes del Servicio de Vigilancia Aduanera. ¿Motivo?: formar parte de una presunta trama dedicada a la obtención de subvenciones irregulares a cambio de comisiones a cargos públicos. Tras ser detenido, el sujeto en cuestión declaró haberse reunido a solas con el entonces Ministro de Fomento, José Blanco, para hacerle entrega de una cantidad importante (200.000 euros, al parecer) y conseguir el apoyo de éste último a sus fines empresariales. Ni que decir tiene que el dirigente socialista ha negado tajantemente tal acusación. El asunto es ahora objeto de un nuevo proceso judicial.

CONDENA AL JUEZ GARZÓN

El «affaire» Garzón tiene todo el aspecto de una auténtica cacería. Se ha imputado al ya ex-juez nada menos que por tres causas distintas, que poco o nada tienen que ver entre sí, se le ha acorralado y, finalmente, se le ha ejecutado, todo con sorprendente celeridad. Se aprecia claramente que , de antemano, había una intención de atrapar al magistrado y darle un escarmiento definitivo. La cúpula de nuestra judicatura, al igual que muchos de sus miembros, no perdonaba al juez Garzón su brillante trayectoria y se la tenía jurada. Me atrevería a afirmar que este es ahora el sentir de una gran parte de la sociedad española, con respecto a la que nuestro sistema judicial ha abierto una profunda brecha.

Si nos ceñimos a este primer caso, el de las escuchas telefónicas a los imputados del Gürtel, en mi opinión se podría haber llegado incluso a admitir cierto grado de culpabilidad por parte del juez en cuanto al procedimiento utilizado, cuya legalidad o legitimidad es en todo caso discutible. Pero, aún así, la acusación de prevaricación es excesiva, y desde luego la condena es absolutamente desproporcionada (nada menos que 11 años de inhabilitación, lo que supone en realidad su expulsión de la magistratura). La unanimidad en el veredicto me resulta cuando menos extraña y, finalmente, los términos en que está redactada la sentencia están totalmente fuera de lugar, en especial cuando se acusa a Baltasar Garzón de haber utilizado «métodos propios de países totalitarios» (¡¡??); parece que pretendiesen dar al condenado una lección de procedimientos democráticos, lo que me parece casi sarcástico.

La justicia española, a través de esta sentencia del TS, ha producido una gran decepción en una gran parte de nuestra sociedad, que se siente claramente defraudada. Estoy convencido de que también ha causado un gran estupor en el resto del mundo, dondes se seguía el proceso con enorme interés. Son muchos los que ahora apelan a la Justicia, con mayúsculas, y exigen el máximo respeto a sus veredictos, como si fuera algo que estuviera por encima del bien y del mal y todos los humildes mortales no tuviéramos otra opción que agachar la cabeza ante su supremo e infalible criterio. Sin embargo, esa Justicia está ante todo para servir a la sociedad, como cualquier otra institución, y se encuentra administrada por hombres de carne y hueso, que se pueden equivocar, que pueden no ser rigurosamente objetivos y que podrían incluso obrar para satisfacer ciertos intereses minoritarios. Y mi opinión es que aquí no ha habido objetividad, sino ensañamiento, no tanto por la condena en sí, sino por lo extremado de la misma.

EL TORO DE LA VEGA: UN FESTEJO VERGONZOSO

Un comentario muy breve sobre el lamentable «festejo taurino» de Tordesillas.

Siento vergüenza y asco ante el espectáculo que, un año más, ha tenido lugar en Tordesillas. Un toro, un animal noble, hermoso, inocente, del que deberíamos estar orgullosos los españoles por cuanto tiene de símbolo nacional (y al que, en consecuencia, deberíamos respetar) , ha sufrido cruel persecución, ha sido acosado, acorralado y alanceado para diversión de unos cuantos cobardes descerebrados. ¿Tan entretenido les resulta a unos cuantos desalmados ensañarse con un animal, y hacerlo además de una manera tan desigual en contra del toro? Como siempre, este triste espectáculo muestra lo peor del ser humano, su miseria moral y un ansia inexplicable por causar daño y matar.

Una última cosa. Por favor, que no se invoque la tradición para justificar esta barbarie. La tradición puede ser lo más opuesto a la razón y, de hecho, a lo largo de la Historia, hay innumerables ejemplos de acciones criminales basadas precisamente en la tradición, desde las conocidas luchas de gladiadores y animales salvajes en los anfiteatros romanos o los sacrificios humanos en las pirámides aztecas o mayas.