MAD MEN: ALGUNOS COMENTARIOS MÁS – II

Glamour y distinción en la noche neoyorquina.

Glamour y distinción en la noche neoyorquina.

          En mi post anterior (11.02.16) me dediqué preferentemente a presentar algunos de los personajes más significativos de la magnífica serie creada para la televisión por Matthew Weiner. No pretendo ni de lejos realizar un estudio exhaustivo sobre Mad Men, aunque la serie lo merezca sin duda, pero sí me gustaría recordar aquí una pequeña selección de situaciones y escenas que me han llamado especialmente la atención. Pido disculpas de antemano por dejarme en el tintero muchas otras cosas que con toda seguridad son al menos tan significativas e interesantes como las que voy a mencionar.

          Por razones que resultan obvias, el escenario central de la serie es la agencia de publicidad Sterling Cooper, en cuyas oficinas se desarrolla la actividad profesional de Donald Draper y su nutrido grupo de colegas. Lo cierto es que bien merecería la pena ver la serie al completo tan sólo para observar los procesos de captación de clientes, generación de ideas básicas para anunciar sus productos, desarrollo de las mismas, presentación a los clientes y demás, por el realismo de la puesta en escena y la naturalidad con que se conducen todos los personajes, todo ello en una época y un entorno fascinantes, como es el Nueva York de los años 60. El gran valor añadido de la serie es que, como ya señalaba en mi artículo anterior, Mad Men va mucho más allá en todos los sentidos.

Mad Men - Lee Garner Jr. y Roger Sterling

          Para una agencia publicitaria, sobre todo cuando la que se recrea en la serie es de reducido tamaño y tiene que pelear duramente para abrirse camino entre las grandes, está claro que el cliente constituye el objetivo primordial, aquel al que hay que satisfacer plenamente al precio que sea. Esta circunstancia hace que en muchas ocasiones, en especial cuando el cliente es muy poderoso y supone más de las tres cuartas partes del negocio, se den situaciones de claro abuso sobre los componentes de la agencia de publicidad. El caso de Lucky Strike, el gran fabricante de cigarrillos estadounidense, es muy significativo. El representante de esta compañía, Lee Garner Jr., hijo del propietario de la potente empresa tabaquera, aprovecha una ocasión para humillar sin piedad nada menos que al altivo y elegante Roger Sterling, el gerente de nuestra agencia publicitaria. Todo ocurre durante uno de los días previos a las fiestas navideñas, cuando los empleados están en plena celebración dentro de las oficinas. Lee Garner Jr. está de visita, invitado por los directivos de Sterling Cooper, y en un momento dado no vacila en pedir a Roger (más bien a exigírselo) que se ponga un disfraz de Santa Claus y actúe como tal delante de toda su plantilla. Roger comprende que no puede negarse, pese a que por dentro se lo lleven todos los demonios; acaba aceptando el “encargo” de su cliente, y se pone a hacer el ganso con la ridícula indumentaria.

Mad Men - Lee and Sal

          En otra ocasión, la víctima del caprichoso representante de Lucky Strike es el director de arte Salvatore Romano (interpretado por Bryan Batt). Salvatore, más conocido entre sus colegas como Sal. es homosexual. Aunque él intenta llevarlo con la mayor discreción posible -no olvidemos que nos encontramos en otra época-, su condición acaba por trascender su círculo de relaciones más inmediato. Hay una escena en la que ambos personajes, Lee Garner Jr. y Salvatore Romano, se quedan solos en una estancia donde Sal está manipulando unos rollos de película. Lee se acerca por detrás, lo abraza y le hace ver de inmediato sus intenciones (es bisexual), pero Sal reacciona enseguida, asombrado por la descarada insinuación de su cliente, y le indica como mejor puede que él no está en el trabajo para semejantes aventuras. Lee se lo toma mal, con indisimulado rencor, y muy poco después exige a Roger Sterling que despida a su director de arte, sin más razones que la de no resultar de su agrado. El infeliz Salvatore, a pesar de ser un buen profesional y desarrollar un papel muy importante en Sterling Cooper, resulta despedido de forma fulminante. De nada le sirve explicar a Donald Draper todo lo ocurrido; éste último se muestra frío y muy poco empático con Sal, llegándole a insinuar que, dada su homosexualidad (que desde luego Don no ve con buenos ojos), debería haber accedido a los caprichos del hombre de Lucky, por el bien del negocio. Este es uno de esos episodios que te dejan un poso de amargura y tristeza, por la evidente injusticia que se comete.

          Por ironías de la vida, más adelante Lucky Strike acaba por abandonar a Sterling Cooper, sumiendo a la agencia publicitaria en una de sus peores crisis (ya hemos dicho que los cigarrillos de esta marca representaban la mayor parte de la facturación de nuestra compañía). Es en ese momento cuando surge el máximo talento de Don Draper y envía por su cuenta y riesgo al New York Times  una arriesgada carta que causa sensación y hace tambalear muchos cimientos. Pero prefiero no dar detalles y que el lector vea por sí mismo el capítulo correspondiente. Merece la pena.

Mad Men - Conrad Connie Hilton

          Donald Draper conoce casi de casualidad al poderoso dueño de la prestigiosa cadena de hoteles Hilton, Conrad “Connie” Hilton. El magnate ve algo especial en Don y simpatiza enseguida con el creativo publicitario, con quien comienza a tener una serie de encuentros de carácter profesional. Ni que decir tiene que Don acoge de muy buen grado esta aproximación y pone toda la carne en el asador para llegar a establecer una suculenta línea de negocio. Pero Hilton es uno de esos hombres que, debido a su peculiar idiosincrasia y a su muy elevada posición social y económica, tratan y manejan a los demás mortales como si de sus esclavos se tratara. Acapara a Don de un modo absorbente, asfixiante, le cita a cualquier hora del día o de la noche, no duda en llamarlo por teléfono a su propia casa a altas horas de a madrugada, obligándolo a reunirse de inmediato con él. Luego, durante sus fatigosas charlas, abruma a Don con sus ideas personales, pseudo-filosóficas y a veces delirantes, como cuando le dice con todo el convencimiento del mundo que los Estados Unidos son mejores que la Unión Soviética, porque “ellos, los americanos, tienen a Dios”(¡?). Donald Draper hace todo lo posible por agradar a Conrad Hilton, quien a su vez, y según sus propias palabras, lo considera como su propio hijo (en un evidente intento de manipularle). Cuando todo este largo proceso parece que está a punto de cristalizar y traducirse en un gran negocio para Sterling Cooper, el poderoso magnate rechaza el inteligente y elaborado proyecto de campaña que se le presenta, alegando que no es lo suficientemente ambicioso. Y es que lo que Conrad pretendía, ¡ver uno de sus hoteles en la Luna!,  iba realmente en serio, algo que Don había interpretado como una broma, guiado por su sentido común. En resumen, un esfuerzo agotador y un gran consumo de energía … para nada.

Mad men - Ken Cosgrove          Por su parte, el brillante  ejecutivo de cuentas Ken Cosgrove (interpretado por Aaron Staton) sale bastante mal parado tras sus intentos por agradar y satisfacer a sus clientes potenciales. Ken es un joven empleado, ambicioso y eficaz, que en un primer momento aparece como un serio rival de Pete Campbell en el área de cuentas. Aunque Ken alberga en su fuero interno otros proyectos profesionales, pues muestra una gran ilusión por abrirse camino como escritor, diversas circunstancias le obligan a proseguir en el sector publicitario. Cuando se hace cargo de la cuenta de Chevy (General Motors), sus jefes le imponen una dedicación exclusiva, ya que el negocio, aún potencial, puede llegar a ser inmenso. Se traslada a vivir a Detroit y se las arregla para mantener todo el contacto posible con su poderoso cliente. Un día, tras una gran cena, regada con abundante alcohol, se pone al volante de su automóvil, acompañado por varios ejecutivos de GM, éstos completamente borrachos y con unas ganas irrefrenables de juerga. Entre carcajadas le llegan a tapar los ojos a Ken para que conduzca a ciegas y a gran velocidad. Como es de suponer, sufren un serio accidente de tráfico y, aunque no se mata ninguno, nuestro hombre sale con heridas y magulladuras. Para colmo, poco después, en el transcurso de una jornada cinegética con los mismos ejecutivos, uno de ellos realiza un movimiento incontrolado, pretendiendo hacer blanco sobre una posible presa, pero acaba abriendo fuego a poca distancia de la cara de Ken, quien pierde un ojo. Un precio demasiado caro sólo por hacer su trabajo, no cabe duda.

Mad Men-Despedida de Bert Cooper completa

          La serie nos regala muchas otras historias y escenas memorables, alguna de ellas incluso de carácter surrealista. Tal es el caso de la imaginaria despedida de Cooper, el ya anciano socio y fundador de la agencia. Bertram Cooper (Robert Morse) ejerce durante todo el tiempo una labor supervisora de la empresa, a cierta distancia y sin descender demasiado a la arena del día a día, aunque siempre acude puntualmente a las reuniones periódicas de socios. Es un personaje que llama la atención, debido a su mayor edad, su personal forma de vestir, sus ocurrencias y también sus excentricidades, en particular la de andar siempre en calcetines por su despacho, obligando también a descalzarse a cualquiera que entre a visitarlo. Se aprecia que Bert siente debilidad por el arte japonés, ya que son muchos los objetos procedentes del país nipón que decoran su lujosa estancia. El viejo Bert muere en la última temporada de la serie, pero los guionistas nos hacen ver que lo hace feliz y gozoso, justo después de ver en TV los primeros pasos que da el astronauta Neil Armstrong, del Apolo XI, sobre la superficie de la Luna. Como es de esperar, su fallecimiento causa una gran conmoción en la agencia, entre todos los directivos y empleados. Tras mantenerse una reunión de urgencia con tal motivo entre Roger Sterling y los demás socios, vemos a Don Draper dirigirse, sólo y pensativo, hacia su despacho. De repente, una voz familiar le llama a sus espaldas. Don se vuelve y contempla asombrado al bueno de Bert al pie de una escalera, descalzo (como era habitual en él) y con aspecto divertido y jovial. Ante la mirada atónita de Don,  Bert se pone a bailar y cantar al más puro estilo de los viejos musicales de Broadway, acompañado y coreografiado por un ramillete de guapísimas secretarias. El mensaje cantado que traslada a Don es que las mejores cosas de la vida no se compran con dinero, sino que son gratis. En fin, una despedida que no puede resultar más inesperada, a la vez que original y simpática.

Mad-Men-finale

          Para terminar el artículo, parece imprescindible volver nuestra mirada a Donald Draper, al fin y al cabo el personaje central de la serie. Estamos ya en el final de la última temporada, y ha sucedido lo que parecía inevitable: la absorción definitiva de Sterling Cooper & Partners por parte de la todopoderosa McCann Erickson, una de las compañías mayores del sector, si no la que más. El cambio es traumático para los protagonistas de nuestra serie. De un día para otro, quienes en buena medida eran dueños de su destino se ven ahora atrapados y diluídos en una gran organización, en la que imperan unas reglas del juego a las que no estaban acostumbrados. Entristece ver a Don Draper, alma y factótum de la antigua agencia, asistiendo a una reunión de muchos directores creativos (del mismo rango que el suyo) y escuchando la charla de un ejecutivo de marketing acerca del perfil del consumidor potencial de un nuevo producto de una conocida marca cervecera (charla que en otro momento y lugar podría haber dado él mismo, probablemente con mayor autoridad y credibilidad). Todos los asistentes, excepto Don, se muestran muy atentos y toman nota obedientemente de cuanto dice el conferenciante, sin preguntas ni interrupciones. Es evidente que éste no es el sitio de Don, quien se abstrae de la insulsa charla y vuelve su mirada al cielo, a través de uno de los ventanales. Se fija en un avión que cruza a gran altura el azul infinito -una clara alegoría de la libertad- y acto seguido se levanta, abandona la sala de reuniones … y desaparece del que había sido su mundo hasta ese momento. Sin decir nada a nadie, emprende en solitario un largo viaje de evasión por todo el país, sin rumbo fijo. En el momento final, parece que Don vuelve a reconciliarse con el mundo y a reencontrarse consigo mismo.

          Mad Men, la serie “en la que no ocurre nada”, al decir de algunos, pero que lo dice todo. Yo, desde luego, volveré a verla y a disfrutar de todos y cada uno de sus momentos.

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