SOBRE EL DEBATE IGLESIAS – RIVERA MODERADO POR JORDI ÉVOLE

Debate Iglesias-Rivera 18.10.15          Acerca del debate conducido por Jordi Évole, que enfrentó a Pablo Iglesias con Albert Rivera y que se pudo ver por TV (La Sexta) el pasado domingo por la noche, lo primero que me gustaría destacar es que me gustó mucho el formato y el estilo. Nada que ver con los encorsetados y rígidos debates televisivos a que hasta ahora estábamos acostumbrados. Demostraron que se puede tratar de temas serios y de la mayor importancia con cierto desenfado, fluidez y “buen rollo”, si se me permite la expresión. A eso ayudaba, por supuesto, que se trataba de dos personas jóvenes y que, hasta el momento, no han tenido grosso modo responsabilidades de gobierno. Pero el encuentro sirvió para contrastar ideas y programas, en un escenario y con un tono distendido que parecen presagiar un tiempo nuevo en la política española. Felicito sinceramente a Jordi Évole por aportar este formato tan novedoso.

          Sobre quién ganó el debate, yo no lo tengo muy claro, y tampoco me parece esta cuestión demasiado relevante. Es cierto que Albert Rivera (Ciudadanos) se mostró más agresivo y algo más desenvuelto, si bien no me agradó que interrumpiese tantas veces a Pablo Iglesias (Podemos), al que no le permitía redondear ni acabar sus argumentaciones. Tampoco me pareció correcto que, cada vez que se mencionara el concepto de “empresa pública” (no nacionalización, ojo, sino simplemente empresa pública), Rivera se apresurase a calificarlo despectivamente de vieja idea comunista o franquista (¿en qué quedamos?). Creo que en este campo se pueden matizar mucho más las cosas. Por lo que se refiere a Pablo Iglesias, da la impresión de que el joven líder de Podemos está haciendo un esfuerzo por moderarse a sí mismo así como por dotar de un mayor pragmatismo a sus propuestas y proyectos políticos. Él mismo lo reconoció durante la conversación. Quizás esto le haga perder algo del empuje inicial, pero también le da mayor credibilidad ante gran parte del electorado.

          En cuanto a las ideologías subyacentes, va resultando obvio que a ambos políticos les separa bastante distancia, y es este factor el que debe primar en la valoración que cada uno haga sobre una y otra formación. Mi opinión es que Ciudadanos se perfila como el gran partido de centro o centro-derecha de este país, que va a ir desplazando al PP hacia su espacio natural, esto es, la extrema derecha, razón por la cual Rivera tiene ante sí un gran caladero de votos. Lo que no sabemos aún es si esta sustitución va a producirse con rapidez o a marcha más pausada. En cuanto a Podemos, creo que va a ser sin duda el gran partido de referencia de la izquierda española, y la incógnita es qué va a pasar con Izquierda Unida, liderada ahora por Alberto Garzón, un hombre consecuente y a mi modo de ver muy válido. No me parece justo que se ignore y condene a la marginalidad a un partido político (IU) que hasta ahora ha defendido con honestidad (aunque con menor fortuna) las ideas de izquierdas en nuestro país. En medio de Ciudadanos y Podemos queda, en mi opinión, un espacio de centro-izquierda en el que puede encajar con cierta holgura el PSOE de Pedro Sánchez, siempre y cuando acierte a trasmitir a la ciudadanía un programa sensato, pero a la vez ambicioso y progresista, así como a mantener una deseable unidad de criterio entre sus filas. En este último aspecto, yo les recomendaría ser mucho más cuidadosos.

          Pese a todas las críticas que se han lanzado y siguen lanzándose contra los “viejos” partidos que han protagonizado el modelo bipartidista imperante en la España de estas últimas décadas, no se puede medir con la misma vara al PP y al PSOE, ni mucho menos afirmar que vienen a ser lo mismo, como muy burdamente hacen algunos. Se trata de afirmaciones facilonas y gratuitas. Con todos los errores, contradicciones y escándalos que se puedan achacar a los socialistas, el Partido Popular pierde credibilidad por goleada, entre otros factores, por el altísimo nivel de corrupción que afecta a toda su organización interna y a su propia cúpula, como han demostrado hasta la saciedad los casos Gürtel y Bárcenas, pese a que aún no han llegado ni mucho menos al fondo de sus respectivos asuntos. Por otra parte, y esto lo he insinuado muchas veces en este y otros foros, ¿hay todavía alguien que ponga en duda que el PP representa demasiado bien a la derecha neofranquista de nuestra nación?

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