DÉFICIT PÚBLICO. SR. MONTORO, A VER ESAS CUENTAS

Cristóbal Montoro sonriente

          Ayer viernes (¡por fin!), el ministro de Hacienda Cristóbal Montoro daba a conocer las cifras del déficit público del Estado español en 2013. Personalmente, me llama mucho la atención que hayan tenido que transcurrir 3 meses desde final de año para que se pueda conocer en público esta información. Recuerdo muy bien que, cuando se produjo el cambio de Gobierno a finales de diciembre de 2011, con el gabinete de Rodríguez Zapatero como saliente, pasaron muy pocos días para que este mismo señor Montoro, entonces flamante nuevo ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, comenzase a rasgarse las vestiduras (es una metáfora) y a proclamar a los cuatro vientos que el objetivo de déficit entonces impuesto por la Unión Europea para aquel año 2011 iba a ser ampliamente rebasado por la realidad. Me parece que las estadísticas de la contabilidad nacional estaban entonces mucho más adelantadas que ahora, lo que sirvió al nuevo equipo de Gobierno del PP para censurar y desprestigiar al ejecutivo socialista anterior, en un grado superlativo y a pocas semanas de asumir el poder. Habrá quien me diga que no sea tan mal pensado.

          Pero vayamos a los datos de ahora, los de 2013, cuando ya se han cumplido dos ejercicios completos de Gobierno del Partido Popular. El déficit público total (o sea, el desfase entre los gastos y los ingresos del Estado español) ha quedado algo por encima de los 66.000 millones de euros, lo que supone un 6,6% sobre el PIB. Si incluyésemos las ayudas a la banca, la cifra se elevaría a un 7,1%. Por su parte, el objetivo último fijado por Bruselas era del 6,5%, con lo que el dato real “sólo” lo ha sobrepasado en una décima. Hay que recordar, sin embargo, que el objetivo se suavizó en gran medida en abril de 2013, pues anteriormente estaba fijado en un 4,5% (lo que, se mire como se mire, era absolutamente irreal e inalcanzable). Echemos un vistazo a este pequeño cuadro comparativo:

[Datos en % sobre el PIB]          2011 (Gob.Zapatero)     2012 (Gob. Rajoy)     2013 (Idem)

Objetivo                                                         6,0                                        6,3                                    6,5

Déficit (sin ayudas a Banca)            8,9                                        6,9                                    6,6

Déficit (con ayudas a Banca)          9,4                                      10,6                                   7,1

Lo primero que salta a la vista es que, en efecto, el año 2011 dejó una desviación considerable con respecto al objetivo establecido por la Unión Europea. Ahora bien, podríamos preguntarnos si las cifras de déficit público de los dos años siguientes realmente han mejorado de una manera sustancial. Tras el primer año de gestión del Gobierno de Mariano Rajoy, si bien se consiguió rebajar en 2 puntos el dato básico (6,9%), observamos que si incluimos las ayudas a la banca (muy considerables en aquel ejercicio), la cifra total de déficit público se disparó en realidad hasta un 10,6% sobre el PIB, significativamente peor que la del año anterior. Por otra parte, en 2013 el dato básico apenas si ha mejorado con respecto al año precedente (6,6 frente al 6,9 de 2012). Es decir, que se puede ver un cierto estancamiento en lo que a la evolución del déficit público se refiere, lo cual  resulta del todo sorprendente a juzgar por los enormes sacrificios que este Gobierno ha impuesto a la sociedad española, bajo la forma de incremento de la presión fiscal y de importantísimos recortes en las prestaciones sociales y servicios públicos. En otras palabras, ¿se justifica toda esta brutal política de austeridad impuesta desde principios de 2012 tan sólo para reducir poco más de 2 puntos las cifras del déficit, en relación con el último año en que gobernó el denostado Jose Luis Rodríguez Zapatero? ¿Realmente ha valido la pena?

          Hay que considerar también que Bruselas ha ido relajando paulatinamente  los objetivos de déficit público, acomodándolos a la realidad y, de paso, facilitándole las cosas al nuevo Gobierno. Mientras gobernaba Zapatero, la dureza de los objetivos era mucho mayor: 6% para 2011, 4,5% para 2012, y 3% para 2013: una carrera suicida en aras de la austeridad. En estos momentos, la meta del 3% se ha aplazado, por ahora, al año 2016.

               Tres observaciones finales, que intentaré resumir al máximo. Primero, en este año 2013 que acaba de terminar, la Administración Central (es decir, el propio Gobierno de la nación) ha sido la parte más incumplidora del déficit, al finalizar con un 4,5% de desfase entre gastos e ingresos, cuando su objetivo era el 3,8%. Por su  parte, la Seguridad Social y las Comunidades Autónomas han hecho sus deberes bastante mejor: un 1% y un 1,5%, respectivamente. Y los ayuntamientos incluso han terminado en conjunto con un pequeño superávit. ¡Ay, ay, señor Montoro!, dígame de qué presume y le diré de lo que carece.

               Segundo, el PIB español no ha dejado de empeorar en estos dos últimos años. Véase la evolución:

2011……………..1.046 miles de millones €

2012……………..1.029     ”                    ”

2013……………..1.005     ”                    ”              (cifra aproximada)

Ahora se nos está asegurando que en 2014 volveremos a crecer, en torno a un 1% o poco más. En fin, ojalá sea así pero, aun siendo optimistas, todavía quedaríamos por debajo de la cifra alcanzada en 2011. Ya veremos.

          Y tercero, el otro gran indicador que mide el endeudamiento del Estado con el exterior, la deuda pública externa, ha experimentado un crecimiento bastante preocupante a lo largo del período analizado:

2011……….0,635 billones de € (60,7% sobre el PIB)

2012……….0,844 billones de € (82,0% sobre el PIB)

2013……….0,940 billones de € (94,0% sobre el PIB)

          Señor ministro Montoro, ¿de verdad hay motivos para vanagloriarse y mostrarse tan satisfechos? Sinceramente, ¿cree usted que, con estas cuentas, nos encontramos mucho mejor que hace 3 años? Tengo serios motivos para ponerlo en duda.

          Hay una cosa cierta en todo este proceso, y es que con el tiempo los criterios se difuminan e incluso se vuelven del revés. Lo que antes era blanco ahora es gris, o incluso negro. Hace dos años, el cumplir o no con los sacrosantos objetivos de déficit era algo de la máxima relevancia y constituía la vara de medir por excelencia a la hora de enjuiciar la gestión económica de un Gobierno. Ahora, las cosas ya no son tan así, por decirlo coloquialmente. Los datos fríos siguen siendo objetivamente malos pero, bueno, pasamos un poco de puntillas sobre ellos. Lo importante es recalcar, de palabra, eso sí, que hemos acabado con los desequilibrios (!!??) y que estamos francamente en el camino de la recuperación. Amén.

 

 

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