¿DÓNDE QUEDA LA CALIDAD DE LA ENSEÑANZA?

Ministro Wert

          El ministro de Educación, Cultura y Deporte, señor Wert, ha saltado estos últimos días al centro del ruedo político con su proyecto de Reforma Educativa, que hace la número 7 de las que se han llevado a cabo en esta etapa democrática de la historia de España. Y ha saltado, como digo, al centro mismo del ruedo con su ya habitual desparpajo y actitud desinhibida, con ganas de provocar al respetable y de sembrar polémica, algo que al parecer le divierte de forma extraordinaria, según ha reconocido personalmente. Sólo le ha faltado aparecer vestido de luces, lo que a buen seguro hubiera colmado sus íntimas fantasías, a juzgar por su ya declarada afición a la tauromaquia.

          Bueno, bromas aparte, su proyectada reforma ha causado un gran revuelo en todo el país, por varios aspectos particularmente conflictivos que más abajo comentamos. Parece ser, y este sería el origen de la política reformista del ministerio presidido por Wert, que los altos dirigentes del PP estaban y están “preocupados” por el alto índice de fracaso escolar y el bajo rendimiento de nuestros alumnos, en comparación con los resultados obtenidos por los chicos y chicas de otras naciones de Europa y del mundo. En consecuencia, están convencidos de la necesidad de mejorar como sea la calidad educativa de la enseñanza en este país. Bien, hasta aquí no debería existir ningún problema de diagnóstico, puesto que es algo en lo que estamos casi todos de acuerdo, padres, profesores, funcionarios del ramo y políticos. El problema, naturalmente, surge en cómo se enfoca el problema y qué medidas son las más convenientes para resolverlo con eficacia.

          Si el objetivo fundamental que se persigue es el aumento significativo  de la calidad de la enseñanza en España, sobre todo en los niveles educativos hasta los 16/17 años, o sea, hasta el actual 2º de Bachillerato, no se comprende por qué se pone tanto énfasis en aspectos que podríamos considerar marginales (aunque muy polémicos), como la reintroducción de la Religión como asignatura obligatoria (con una alternativa real de peso y, por tanto, disuasoria), la posibilidad real de que los centros concertados o subvencionados (la mayoría de la Iglesia Católica) vuelvan a efectuar una segregación de alumnos por sexos, o la fenomenal gresca montada acerca de un asunto tan sensible como la relación entre el castellano y las lenguas co-oficiales. Enarbolar y agitar viejas y caducas reivindicaciones, exigidas por parte de un grupo minoritario y elitista del sector educativo, o crispar aún más las ya deterioradas relaciones con la comunidad catalana, no parecen en absoluto la mejor manera de contribuir a la mejora general de la calidad de nuestra educación escolar.

          Si ahondamos un poco más en otros aspectos del proyecto de reforma del señor Wert, vemos que se pretende otorgar más peso a las consideradas asignaturas centrales, como la Lengua, las Matemáticas y las Ciencias, en detrimento de otras materias optativas (¡?). Sobre la Lengua ya me he manifestado en este mismo blog  y en otros foros. La forma de impartir esta asignatura a lo largo de Primaria, ESO y Bachillerato me parece -con perdón- muy cansina y reiterativa; parece que se intenta convertir a los alumnos en pequeños filólogos, desmenuzando y analizando el lenguaje  hasta unos niveles a todas luces excesivos, sin que por ello hablen y escriban mejor (que los de otras generaciones, en las que me incluyo), lo cual resulta bastante contradictorio. Estoy seguro de que muchos profesores/as de Lengua me darán la razón en este aspecto. En consecuencia, no creo que sea una buena idea dar aún mayor peso a la Lengua Española (que ya cuenta con 5 horas lectivas semanales en casi todos los cursos), sino que lo que debería intentarse es enseñarla mejor, de una manera más práctica y menos plomiza, dando por ejemplo mayor relevancia a las redacciones por parte de los alumnos y a su posterior revisión en clase.

          En cambio, continuamos olvidándonos  del Inglés, el principal talón de Aquiles de nuestro sistema educativo. Es cierto que se reconoce oficialmente la necesidad de potenciar esta materia, pero no se aportan novedades significativas sobre su enseñanza. El Inglés está pidiendo a gritos más horas lectivas, un mayor nivel de exigencia y una atención especial a la conversación y a la audición, aspectos éstos que dejan mucho que desear en la actualidad. La inmensa mayoría de nuestros chicos y chicas terminan Bachillerato con un nivel de expresión y comprensión en la lengua inglesa muy mediocre. Desde mi experiencia como padre, he podido constatar, por ejemplo, que a lo largo de toda la ESO (cuatro cursos) prácticamente no se produce ningún progreso significativo en el nivel general de dificultad del idioma, lo cual es bastante penoso. Por otra parte, hay otras asignaturas que no se consideran fundamentales y que, sin embargo, me parecen importantísimas en la formación de nuestros chavales, como son Tecnología e Informática. Quitarles peso y relevancia sería un grave error, a mi modo de ver.

          Mejorar la calidad de nuestra enseñanza requiere el esfuerzo y la buena voluntad de todos. Muy especialmente, es imprescindible valorar y apoyar al máximo a nuestros educadores, que son los que se baten el cobre día a día con los alumnos, sacrificándose y luchando contra muchos obstáculos: la rebeldía de muchos chicos y chicas difíciles y con problemas, la desgana y el pasotismo de otros muchos, la incomprensión (y a veces la pésima educación) de muchos padres y madres, la escasez de medios y el deterioro de las instalaciones, los recortes con los que se amenaza su labor y su dedicación. No es nada fácil enfrentarse cada día a un grupo más o menos numeroso de alumnos, inclinados por naturaleza al jolgorio y a la chanza, a los que hay que exigir ante todo un cierto orden y disciplina para poder impartir la clase con un mínimo de éxito. Los profesores deben de estar suficientemente motivados y apoyados, tanto los de los colegios privados como los de los centros públicos, sin distinción.

          Y, por supuesto, son necesarias muchas otras cosas, como buenos programas educativos, criterios de exigencia razonables y sensatos, normas y leyes justas y bien redactadas por auténticos expertos de la enseñanza, totalmente fuera de la influencia perniciosa de intereses partidistas o de colectivos minoritarios. Todo ello se consigue mediante consenso, altura de miras, visión de futuro, sabiduría y buen juicio. Ni más ni menos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: