REFLEXIONANDO SOBRE NUESTRO FUTURO COMO PAÍS

          El periodista Iñaki Gabilondo, desde su video-blog del diario El País, invitaba antesdeayer a reflexionar acerca del modelo de país que queremos construir de cara al futuro inmediato y a medio plazo, mucho más allá de las medidas concretas e instrumentales que está tomando el actual Gobierno y que están cosechando una fuerte y creciente contestación ciudadana, como quedó bastante palpable durante la jornada de huelga general del pasado día 14-N. Venía a decir el comentarista que nadie sabe a ciencia cierta hacia dónde nos conduce la política de duro ajuste presupuestario que está aplicando la administración de Rajoy, y que genera enormes dudas en todos los ámbitos. Pero, de la misma manera, y me duele especialmente reconocerlo, tampoco se define una alternativa suficientemente sólida y coherente capaz de dibujar un futuro más optimista y esperanzador para este país. ¿Qué nos está pasando, entonces? Dicho en pocas palabras, la realidad es que carecemos de unos objetivos, de unos programas, de unas ideas, en definitiva, que perfilen y establezcan los cauces de nuestro desarrollo económico y bienestar colectivo.

          No es la primera vez que trato sobre este tema en mi blog pero, dada su trascendencia y su vital importancia, sin lugar a dudas merece ser abordado cuantas veces sean necesarias. Es aquí, pienso yo, donde deberíamos intentar todos un ejercicio de reflexión lo más profundo posible. El colapso del sector inmobiliario español, y el consiguiente hundimiento de nuestra economía en la grave crisis recesiva actual, evidencia un gran fracaso colectivo, de todo el país en su conjunto, no sólo por parte del Gobierno anterior, que obviamente falló a la hora de prever el estallido de la crisis y también en no apreciarla en toda su dimensión, sino de toda la clase política, oposición incluida, de instituciones tan fundamentales como el Banco de España, de todo el sector financiero y bancario, de las organizaciones empresariales, de los gobiernos de las CCAA, de muchísimos ayuntamientos y, en definitiva, de todos aquellos que tenían algún tipo de responsabilidad en la marcha de la economía española y/o en la administración de nuestros recursos. Es evidente que el desarrollo económico de este país seguía un modelo claramente desequilibrado y erróneo, y nadie, nadie con autoridad y responsabilidad alzó nunca su voz para corregir el rumbo cuando aún estábamos a tiempo de hacerlo.

          España tiene que reinventarse, con ayuda de Europa, sí, pero por encima de todo contando con sus propias fuerzas, energías y conocimientos. Ahora mismo estamos inmersos en una profunda crisis, pero no sólo económica sino también política y territorial. Las causas habría que buscarlas en la incapacidad y en la falta de imaginación y talento por parte de nuestra clase dirigente, formada por gobernantes, políticos, banqueros y empresarios. A su clamorosa miopía, que sólo les hace ver las cosas muy a corto plazo, habría que añadir también un alto grado de corrupción y una defensa numantina de sus intereses particulares o de clase (corporativismo), males que lastran enormemente las posibilidades de recuperación de todo el país. Para colmo de desgracias, las únicas reformas que ha emprendido este Gobierno consisten en dinamitar las pocas cosas buenas que hasta ahora funcionaban razonablemente bien y que proporcionaban un mínimo de cohesión social y vertebración en este país, como son sobre todo la sanidad y la educación públicas. Por último, constituye un fenómeno gravísimo y descorazonador el que nuestros jóvenes, muchos de ellos bien preparados y cargados de ilusión, no tengan otra alternativa mejor que hacer las maletas y buscarse su futuro en otros países. Este es el más rotundo y claro exponente que evidencia el fracaso colectivo de nuestro país.

          Yo creo que en España hay talento de sobra, imaginación, conocimiento, ideas y ganas de hacer las cosas mucho mejor, en línea con lo que el mundo actual, con sus grandes retos y problemas, nos exige a todos. Pero aquí fallamos estrepitosamente a la hora de encontrar los cauces para que fluya sin obstáculos todo ese caudal positivo y revierta en beneficio de la sociedad entera. Ojalá se encuentre pronto la fórmula o la manera para que el conjunto de la maquinaria del país empiece a funcionar de un modo sostenido y sostenible.

          Es imprescindible, y ya termino por hoy, que nos pongamos todos las pilas y exijamos a nuestra clase política, a la actual o a otra mejor que pueda llegar en un futuro inmediato, una revisión a fondo de nuestro modelo administrativo y económico-productivo, porque ahora mismo el horizonte de este país está totalmente perdido en una espesa nebulosa. No podemos conformarnos de ninguna manera con la vaga, imprecisa y muy poco creíble promesa que pronuncia sin cesar el Gobierno de Mariano Rajoy, esa con la que nos intenta convencer de que , tras sus actuales reformas y después de un tiempo indeterminado (que nadie se atreve ya a precisar), vendrán el tan ansiado crecimiento y la generación de empleo. Seguro que ni ellos mismos se lo creen ya.

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