EL GOBIERNO FALLIDO DEL PP

          Tras nueve meses desde el inicio de la legislatura, es innegable que el proyecto político y económico del Gobierno de Mariano Rajoy ha fracasado, aunque sería más exacto no hablar de proyecto (que nunca lo ha tenido), sino de mera gestión de la crisis.

          No sólo la realidad de nuestra vida diaria ha empeorado de forma notoria en este periodo de tiempo sino, lo que es aún peor, ha aumentado alarmantemente la desesperanza de la inmensa mayoría de los españoles ante su propio futuro. Ni se vislumbra ni se percibe la tan ansiada salida de la crisis. Es muy cierto que la situación de recesión que padecemos es grave, de carácter estructural e inscrita en una Europa que también pasa por un momento muy tenso y difícil. Pero lo que no se puede perdonar a la formación política que ahora dirige nuestros destinos  es que utilizasen con total descaro e irresponsabilidad una serie de señuelos engañosos para ganarse al electorado, señuelos del tipo: “lo primero, el empleo”, “con nosotros volverá la confianza”, “aseguraremos el crecimiento y la generación de empleo”, “el primer día del nuevo gobierno será también el principio del fin de la crisis”, “el único problema de este país tiene un nombre: Zapatero”, y otras fanfarronadas por el estilo.

          Desde el primer momento, el Gobierno de Rajoy se embarcó en una especie de cruzada contra el déficit público, imponiéndonos un aluvión de medidas cuya única finalidad era recortar gastos de la manera más rápida y expeditiva posible. Naturalmente, y como era de esperar, todas esas medidas de ajuste duro se han traducido en congelaciones y disminuciones de salarios, aumentos de las cargas fiscales, encarecimiento y empeoramiento de los servicios públicos, eliminación de derechos, mayor precariedad, despidos, malestar y empobrecimiento para millones de españoles. Y, por paradójico que pudiera parecer a simple vista, las expectativas gubernamentales de disminución del déficit se han hecho aún más difíciles de cumplir, por causa de la reducción alarmante de la recaudación de impuestos y también de la caída del PIB.

          Y lo malo es que todo esto no ha venido sólo. Junto a una política tan agresiva de recortes de carácter económico, el Gobierno ha empezado también a aplicar otras medidas de tipo político y social muy regresivas, que afectan al ámbito de las libertades políticas y democráticas. Quizás el ejemplo más paradigmático haya sido la toma de control de RTVE, lo que ha supuesto la expulsión de magníficos profesionales de la comunicación, que habían protagonizado la etapa más prestigiosa y reconocida del ente público, avalada tanto por el éxito de aceptación y audiencia de sus programas como por toda una serie de premios internacionales. Otros ejemplos de derechización promovida desde el Gobierno son el proyecto de ley sobre la regulación del aborto que se está preparando en el ministerio de Justicia, las peculiares reformas educativas del controvertido ministro Wert, la nefasta reforma laboral emprendida por la ministra Báñez, que ha echado por tierra derechos y conquistas sociales logradas por los trabajadores a lo largo de décadas, el curioso apoyo que se está dando a la tauromaquia, que por cierto regresa a la televisión pública, la “caza y captura” que se practicó contra el juez Garzón, etcétera.

          En medio de toda esta situación tan poco halagüeña, también quería yo denunciar conductas y declaraciones individuales, protagonizadas por ministros, altos cargos del PP e incluso el mismo presidente Rajoy, que me parecen muy definitorias de su particular mentalidad y, desde luego, absolutamente censurables. Veamos varios ejemplos:

* La filtración vergonzosa y miserable que realizó a la prensa la ministra Fátima Báñez sobre el proyecto de ERE que estaba planteando el PSOE. Que yo sepa, la ministra no ha pagado responsabilidad política alguna ante un hecho tan indigno.

* La clamorosa ausencia pública del ministro Arias Cañete (Agricultura y Medio Ambiente) durante casi todo el verano, mientras decenas de miles de hectáreas de nuestros montes ardían impunemente, a sabiendas de que la mayoría de los fuegos eran provocados. Hace pocos días, este ministro reclamaba en Bruselas “ayudas o indemnizaciones” por tanta superficie quemada. Me gustaría preguntarle qué medidas había adoptado desde su ministerio para prevenir y mitigar estos desastres, y si tiene algún plan para el futuro. ¿Estamos condenados a ver España arder todos los veranos?

* La ocurrencia de la ministra Ana Mato recomendando a los españoles, ancianos incluidos, acudir a los herbolarios para paliar el encarecimiento de los medicamentos. ¿Es ésto serio? ¿Acaso los remedios de herbolario, suponiendo que sean más o menos eficaces, son gratuitos? ¿En qué mundo vive la ministra?

* La extrema frivolidad de Dolores de Cospedal, secretaria general del PP y presidenta de Castilla La Mancha, al anunciar sonriente que había “resuelto el sudoku” de los gastos de su comunidad, tras anunciar su primer paquete de medidas de recorte, que conllevaba el despido masivo de un gran número de trabajadores y funcionarios de su comunidad.

* La prepotencia y soberbia exhibidas por el ministro Montoro al amenazar con controlar e intervenir las cuentas de las CCAA, especialmente (¡claro!) las de aquellas no administradas por el PP.

* El patinazo del ministro Gallardón, cuando expresó todo su apoyo a Carlos Dívar durante los primeros días de este lamentable y bochornoso caso, que como se sabe terminó con la dimisión del magistrado. Se vio claramente que Gallardón siempre se sitúa del lado del stablishment, por definición.

* La incompetencia manifiesta del ministro Soria, que ha sido incapaz finalmente de resolver el problema de nuestro intrincado y artificioso mercado eléctrico y energético, proponiendo un proyecto de ley que sólo viene a complicar un poco más las cosas y, naturalmente, a encarecer más la factura que pagaremos los usuarios finales. No ha conseguido satisfacer a nadie, ¡ni siquiera a las empresas productoras!

* Finalmente, la actitud siempre esquiva, distante e indefinida que mantiene el presidente Rajoy en todo momento. No sólo ignora a la opinión pública, sino que demuestra no tener ningún plan concreto, va navegando al pairo, sin un rumbo determinado, a la espera de que sucedan cosas en el exterior que le solucionen la papeleta. Ante asuntos tan importantes y urgentes como la ayuda europea para la recapitalización de nuestra banca o el tan traído y llevado rescate de nuestra economía, Rajoy no sabe ni contesta, sólo espera, espera, espera… Su última y genial ocurrencia, expresada el otro día ante la asamblea general de Naciones Unidas, la de pedir a Londres que se reanuden las conversaciones sobre la soberanía de Gibraltar, me hace pensar seriamente que este hombre no está en la realidad.

          Podría seguir con muchos más ejemplos que revelan las aptitudes e idiosincrasia de nuestros actuales gobernantes, pero para muestra vale un botón, como reza el dicho popular.

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One response to this post.

  1. Estaba rebuscando informacion relacionada acerca de oficinas gas natural fenosa madrid y me
    tope con esta pagina. Esta muy completa.

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