CARTA DE UN JOVEN INDIGNADO

          Un joven bastante allegado a mí me ha enviado un e-mail con el ruego de que incluya sus reflexiones en mi blog, a fin de darlas toda la difusión que me sea posible. Esta persona, que hace poco cumplió los 30 años, lucha como tantos otros por abrirse paso en el dificilísimo mundo laboral de nuestros días. Tras unos primeros años prometedores, luego vinieron regulaciones de empleo, cambios de trabajo, empeoramiento de condiciones laborales, bajadas de salario y desempleo. En su caso, la cualificación profesional, e incluso la experiencia de varios años, no le han ayudado demasiado. Como él, decenas de miles de chicos y chicas bien preparados y con ganas de trabajar, se han topado bruscamente con una de las caras peores de la crisis: el paro y la degradación de las condiciones de trabajo. Al mismo tiempo que pugna por encontrar una salida digna a sus aspiraciones profesionales, contempla la realidad social y económica que nos rodea, observa muchas mentiras y contradicciones, y se indigna ante el enfoque engañoso que se pretende dar a ciertos aspectos de la vida real. En mi opinión, no le falta razón. Sin más preámbulos, paso a transcribir su escrito.

“Estoy harto de escuchar y leer a muchos políticos, periodistas y ciudadanos cómo equiparan lo público con lo gratuito, como si fueran sinónimos. Es un gran ejemplo de falacia autocumplida: de tanto repetir que lo público es gratis, la gente se lo acaba creyendo.

Parece como si el dinero público lo generara el Gobierno, las comunidades autónomas o los ayuntamientos, o que saliera de la nada, o quizás de los bolsillos de los políticos. No se dice tan a las claras, pero indirectamente te van metiendo esa idea en la cabeza, es algo que te vas creyendo, hasta que un buen día ves en el impreso de matrícula de un módulo de grado superior lo que realmente cuesta el módulo, y lo que te va a “regalar” la comunidad de Madrid, para justificar que ahora tengas que re-pagar 200 euros de tu bolsillo y encima lo hagas con gusto.

Y aquí nos encontramos con uno de los problemas de fondo de esta gran falacia que se esconde tras la crisis. El dinero público sale del dinero de nuestras nóminas, del IVA de los productos que compramos, de nuestras declaraciones de la renta, de la gasolina que repostamos, etc… y se utiliza para que exista un sistema público, el Estado en una palabra, que asegure la igualdad de todos los españoles en sanidad, educación, servicios sociales, cultura, etc.

Los ciudadanos elegimos cada cierto tiempo a unos señores en las urnas para que gestionen ese dinero público que ha salido del bolsillo de todos, y, como a todo gestor se les da un sueldo más que digno para desarrollar esa función, no lo hacen gratis en absoluto. La crisis viene en gran medida porque esos gestores han gestionado mal nuestro dinero (cuando no se han beneficiado directamente de él), dinero proveniente tanto de gente de derechas como de izquierdas, de nacionalistas o apátridas, de todos los que en definitiva pagan sus impuestos en España.

Esto es algo así como si tuvieras unos ahorros y contrataras los servicios de un gestor privado que invirtiera tu dinero para que esté, cuanto menos, seguro e incluso que aporte algunos beneficios. Y al cabo de unos años te encontraras con que el gestor ha hipotecado tu casa, ha pedido créditos a diestro y siniestro, y te tienes que hacer responsable de tan nefasta gestión, porque eres tú mismo el que va a pagar sus errores.

Esto va mas allá de las ideologías. Se trata de una simple cuestión de buena administración. Nosotros no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, sino que simplemente se nos ha dado a entender que podíamos vivir así, que no había motivo para preocuparse porque nuestro dinero estaba en buenas manos. Parecía normal que todas las capitales de provincia pudieran exigir una estación del tren de alta velocidad, un aeropuerto, una gran ciudad de la cultura, unas largas autovías subterráneas, etc., porque había dinero de sobra, cuando la cruda realidad es que era mentira, que había que pedir cuantiosos créditos para gestionar promesas que solo pretendían ganar elecciones.

En resumen, resulta que el dinero de nuestros impuestos no era suficiente, y que estos pésimos gestores de lo público han ido pidiendo fondos prestados para ir ocultando la mala gestión que se ha hecho de nuestro dinero público. Todo se ha destapado, pero ¡no hay responsables!, sino que nos hacen creer que la culpa es del ciudadano, que no podemos vivir a costa del Estado, que un universitario debe pagar el doble de lo que venía costando su matrícula en años anteriores, que los parados no deben “mamar de la teta” del Estado sin “nada” a cambio.

Lo que expongo es independiente de que el gobierno sea de derechas o de izquierdas. No se trata de cuánto tiene que ocupar “lo público” en la vida de la nación, sino que, tenga la dimensión que tenga, debe gestionarse bien PORQUE ES NUESTRO DINERO, no el de los políticos. Si un partido político liberal quiere reducir lo público, debe decirlo sin ambages en su programa electoral y, si gana las elecciones, debe hacerlo impecablemente bien, sin que queden en el debe de los ciudadanos deudas que no se puedan pagar. Y lo mismo debería ocurrir con un gobierno progresista/ socialista.

No nos dejemos engañar, nosotros (los ciudadanos) somos los dueños del dinero, y ellos (los políticos electos) los gestores contratados para hacer buen uso de él. Sólo pido que no se diga que lo público es gratis, o incluso subvencionado por el Estado. La realidad es que está sufragado por todos y cada uno de nosotros, porque así lo hemos querido. Si se quieren cambiar las cosas, que se cambien por mayorías amplias, pero llamando a las cosas por su nombre, sin mentiras.”

          Hasta aquí el comentario que me traslada este joven. No quiero añadir nada más, a excepción de subrayar otra falacia a la que nos tienen muy acostumbrados los políticos y gobernantes del PP, y es la idea absurda e infame de que lo público está, “por definición”, mal gestionado y que la iniciativa privada siempre es más eficaz y rentable. Rentable, ¿para quién? Ya he hablado de esto en otros posts de mi blog, y he dejado bien claras mis posiciones al respecto.

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6 responses to this post.

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    Muy de acuerdo con sus reflexiones. Deberíamos, como en U.S.A. , referirnos al gasto público como gastos de los contribuyentes. Estamos acostumbrados a comentarios como “tal obra pública ha costado al gobierno (o en el mejor de los casos al Estado) tal cantidad de dinero”, cuando deberíamos decir “ha costado a los contribuyentes…..”
    Los mesios de comunicación, deberían, en mi opinión, cambiar su lenguaje en ese sentido.

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