EL AUTÉNTICO MEOLLO DEL PROBLEMA

Puerto de Shanghai (vista parcial)

          Ayer miércoles el presidente del gobierno Mariano Rajoy anunciaba un nuevo y durísimo paquete de medidas destinadas a reducir nuestra deuda, aproximarnos a los objetivos de déficit y satisfacer tanto a las autoridades europeas como a los todopoderosos mercados financieros. Como ya he expresado en este blog en ocasiones anteriores, tales medidas provocarán más recesión, vía reducción de la demanda interna, pero ahora no es mi intención desgranar las nuevas decisiones del gobierno con detalle. Lo dejaré, en todo caso, para otro momento. Lo que sí me gustaría destacar es que, una vez más, toda la preocupación de los dirigentes actuales, españoles y europeos, se centra en los aspectos financieros y fiscales de la economía, olvidando clamorosamente otras facetas de al menos igual importancia, si no más. En efecto, desde hace ya muchos meses, entre los políticos y los medios de comunicación hay una obsesión generalizada por conceptos como:

     – Austeridad

     – Objetivos de déficit

     – Precio de la deuda soberana

     – Prima de riesgo

     – Rescate

     – Subidas de impuestos

     – Reducción del gasto público

           Como resulta más que evidente (ahí tenemos los tristes ejemplos de Irlanda, Portugal y Grecia), todo este proceso de ajuste y observancia rigurosa del cumplimiento de los objetivos fiscales conducen indefectiblemente a menos inversión, más desempleo, menos consumo, más recesión…y mayores dificultades para pagar la propia deuda, en un esquema pernicioso que se retroalimenta negativamente y que se traduce en una espiral recesiva de la que cada vez es más difícil salir. Mediante unos sencillos cálculos, cualquiera puede comprobar que si el PIB de un país disminuye o, lo que es lo mismo, se halla en recesión, el cumplimiento del objetivo de déficit público, medido en % sobre el PIB, se hace más y más difícil de lograr, por cuanto supone más miles de millones de euros de disminución del gasto público.

     Es fácil llegar a la conclusión de que la mejor vía para llegar -o aproximarse al menos- a un equilibrio fiscal es una economía en crecimiento. Por fortuna, desde que François Hollande comenzara su batalla política que le llevaría poco después a la presidencia francesa, se empezó a hablar simultáneamente de la necesidad de crecimiento y de estímulos a la inversión, introduciendo así una importante variable en el discurso económico habitual. Para que un país salga adelante y tenga un futuro despejado, tiene que producir y vender más y mejores bienes y servicios, de manera que aumenten su PIB, los ingresos de las empresas, la renta de los trabajadores y consumidores, así como la propia recaudación del Estado, lo que a su vez llevará a un mejor y más rápido cumplimiento de sus objetivos presupuestarios.

     La cuestión que se ha de plantear, pues, estriba en cómo crecer, cómo ser más competitivos y cómo vender más al exterior. Es obvio que hay que generar bienes y servicios atractivos, en calidad y en precio, que sean demandados por otras naciones. Y aquí llegamos al núcleo del problema: en España tenemos un tejido productivo mermado y debilitado. Si exceptuamos la aún potente industria del automóvil (toda ella en manos de multinacionales extranjeras, eso sí), el sector turístico y algunas otras actividades de menor peso específico, la industria escasea en nuestro país, y ello por una serie de motivos:

     * Reconversiones industriales

     * Debilidad de la inversión privada

     * Escasez de crédito (ahora más que nunca)

     * Deslocalización

     * Apertura ilimitada a las importaciones del resto del mundo

     * Tendencia a los negocios especulativos, en detrimento de los productivos

          Adquirimos del exterior todo tipo de bienes de consumo, tan corrientes como prendas de vestir, calzado, herramientas, juguetes, toda clase de artículos de electrónica, informática y fotografía, maquinaria, papel, electrodomésticos, componentes, artículos alimenticios elaborados y sin elaborar, etc., bienes que en buena medida hemos sido capaces de fabricar o producir nosostros mismos en otros momentos de nuestra historia reciente. Se me dirá, claro, que la producción nacional no era rentable ni competitiva, y que traía más cuenta comprar fuera todos esos productos y muchos más que no he mencionado. Bueno, quizás haya algo de verdad en ciertos casos, pero la realidad es que, poco a poco, nos hemos ido desprendiendo de fábricas y procesos productivos (¡e incluso administrativos y de servicios!), se ha ido despidiendo trabajadores incesantemente, se han cerrado múltiples salidas profesionales a nuestros jóvenes y, al mismo tiempo, hemos ido importándolo todo. Entonces, hay que preguntarse: ¿qué es lo que podemos ofrecer a cambio a los demás países del mundo? Aparte de sol, playa, turismo……¿qué más?

          Durante décadas hemos ido desmontando muchas, demasiadas formas y modos de ganarnos la vida. Mientras recibíamos fondos de cohesión de la Unión Europea, y mientras nuestros bancos y cajas de ahorros adquirían dinero barato a raudales y se creaba el monstruo inmobiliario, aparentemente todo iba bien, ¿verdad? Pero ahora, cuando todo eso se ha terminado, nos hemos quedado como quien dice a la luna de Valencia (nunca mejor dicho).

          ¿No sería sensato exigir a nuestros gobernantes, españoles y europeos, recuperar de alguna manera ese tejido productivo que hemos llegado a tener y limitar de algún modo las importaciones que tan alegremente hacemos de países como China, Corea del Sur, India, Pakistán, Brasil, Turquía, Sudáfrica, Colombia, Chile, Marruecos, Indonesia, Vietnam, etc.? Creo, estoy seguro de que ahí reside el secreto del verdadero equilibrio económico. El otro, el presupuestario o fiscal, del que tanto se habla, vendría por añadidura.

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3 responses to this post.

  1. Posted by rogelio on 11 agosto, 2012 at 0:03

    El comentario es claro pero insuficiente. Alegremente se entra en la Unión Europea; se reciben fondos de otros países para supuestamente, insertar a España en el mundo industrial con un retraso centenario. Desde siempre España tuvo proveedores que le salvaban su situación: ora fue el oro y la plata que venía de América; ¿qué hizo con ese recurso? Fue a parar a Europa que por ese camino inició el capitalismo a través del pago de los grandes empréstitos con los alemanes Fugger. Vino la primera caída o quiebra española con Felipe II; le siguieron otra de igual calado. Los Borbones trajeron modernidad pero sus reyes Carlos IV y Fernando VII dilapidaron el Imperio, y desde entonces, España pasó angustias económicas, pronunciamientos militares, dictaduras, y cada vez se hizo más pequeña su participación como potencia. En ese momento fue rescatada por le Unión Europea y ahora, en las malas, vive solo pendiente que el Banco Central Europeo le compre sus bonos soberanos. Duele profundamente ello porque España del cual somos partícipes en América Latina muchos que llevamos sangre hispana mezclada con la raíz indígena, quisiéramos verla mirando también a nuestros países en un acto de solidaridad común. ¿Que falta para llegar a un gran entendimiento que pulse el alma de nuestros pueblos, que tenemos por gran orgullo, hablar el español?

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