ESPAÑA, PARAÍSO DEL EMBUSTE

“Podrás engañar a todos durante algún tiempo;

podrás engañar a alguien siempre; pero

no podrás engañar siempre a todos” (Abraham Lincoln)

          Han transcurrido ya más de cinco meses desde la toma de posesión del gobierno de Mariano Rajoy, allá por los últimos días de diciembre de 2011. Han sido cinco meses muy intensos, plenos de decisiones, decretos-leyes y medidas de profundo calado, todos ellos con el denominador común de la austeridad y el esfuerzo por reducir a toda costa el déficit público, a fin de cumplir con el objetivo final de llegar al 3% sobre el valor del PIB  al término del año 2013 (objetivo éste ahora prorrogado un año más por decisión de la Comisión Europea).

          En el camino recorrido, amparado en su mayoría absoluta, el Gobierno ha actuado como una apisonadora, arrollando multitud de derechos y logros conseguidos por la sociedad española, con gran esfuerzo, a lo largo de décadas. Asalariados, pensionistas, funcionarios, educadores, estudiantes, parados, trabajadores del sistema nacional de salud, usuarios de servicios públicos, es decir, la sociedad española por entero, han visto seriamente mermados sus ingresos reales, sus derechos y sus posibilidades actuales y futuras. Invocando la sacrosanta austeridad, se ha perpetrado un recorte brutal en nuestro Estado del bienestar y en nuestra calidad de vida.

          Sin embargo, con ser muy serio y preocupante todo lo anterior, aún peor es haber constatado el monumental engaño llevado a cabo por el señor Rajoy y los dirigentes del PP sobre el conjunto de los españoles. Irónicamente, quienes acusaban una y otra vez (y a menudo de manera gratuita) al anterior gobierno socialista de mentir (¡cuánto se abusó de esta grave palabra!), luego no han hecho más que engañar haciendo exactamente lo contrario de lo que afirmaban alegremente antes del 20-N. Todos recordamos el famoso debate televisado que mantuvieron Rajoy y Rubalcaba, y cómo el primero se hacía el ofendido y calificaba de “insidias” las veladas acusaciones de su contrincante socialista, cuando éste le insinuaba que subiría los impuestos nada más llegar al poder, como en realidad así sucedió: tras el primer consejo de ministros del gobierno popular se aprobó una importante subida del IRPF, por cierto ahora criticada por la Comisión europea. A  partir  de aquel momento, la trayectoria del nuevo ejecutivo ha estado sembrada de decisiones que contradecían frontalmente su propio programa electoral. Consciente de que esto era así, el propio presidente Rajoy llegó a declarar en una reciente entrevista en la radio, con el fin de curarse en salud, que él tomaría cualquier decisión que creyese necesaria, aun cuando no estuviera en su programa y aunque previamente hubiera dicho que no la adoptaría. Con tales palabras, se otorgaba a sí mismo plena libertad para hacer cualquier cosa. Pero es que todo tiene un límite.

          Todos sabemos que un gobernante, en ocasiones, se ve obligado a tomar decisiones impopulares y que van en contra de sus propios deseos personales. A veces, la dura realidad se impone y es preciso actuar como sea para resolver problemas con los que no se contaba. Pero también es cierto que el Gobierno popular de Mariano Rajoy ha cruzado demasiadas líneas rojas. Sus promesas y sus palabras se han devaluado por completo, hasta el punto de equivaler a papel mojado. Se  actúa de tal manera que se va siempre por el camino contrario al que previamente nos han asegurado. Han perdido en muy poco tiempo su credibilidad, y el sentimiento mayoritario entre los españoles es el de haber sido estafados. No creo exagerar lo más mínimo al hacer esta afirmación.

          Para desgracia nuestra, la mentira está muy firmemente instalada en los círculos de poder de nuestro país. Es uno de los pecados capitales que “distinguen” la política y la manera particular de hacer gobierno en España. Y lo malo es que no está sóla. La acompañan otros vicios también muy arraigados: corrupción, ocultación y maquillaje de datos, corporativismo (lo acabamos de ver nítidamente en el CGPJ, con el caso Dívar), clientelismo, visión miope y cortoplacista de los problemas, etc., todos ellos lamentablemente muy interrelacionados. Todo ello se conoce. El pueblo, la gente de a pie no es tonta ni mucho menos, y cada vez se está más y mejor informado, como lo prueban a diario  miles y miles de opiniones: en las cartas al director de los diarios escritos, en los blogs, en los foros de Internet o en los mensajes de las redes sociales. Pero, claro está, una cosa es saberlo y otra muy distinta combatir con efectividad todos estos vicios tan característicos de nuestras clases dirigentes.

          El desaliento nos invade cuando, por ejemplo, diariamente vemos u oímos noticias relativas al caso Gürtel, de financiación irregular del Partido Popular y tráfico de influencias, que aparecen como pequeños episodios de un cuento interminable, que se pierde en los intrincados laberintos de la justicia y que tiene todo el aspecto de no llegar nunca al final. Continuamente surgen complejos  obstáculos legales que se prolongan hasta el infinito e impiden llegar con rapidez a una clara y satisfactoria depuración de responsabilidades. ¿Y qué decir de BANKIA, otro caso escandaloso y de enormes proporciones? Nadie parece ser responsable de un tremendo descalabro patrimonial, que de momento se eleva a unos 24.000 millones de euros, y que pone en peligro la propia estabilidad del Estado y genera incertidumbre y desconfianza entre todos nuestros socios europeos y en todo el mundo financiero.

          Este reinado del embuste, del oscurantismo y la tergiversación de la verdad actúa como un poderoso agente depresivo sobre la moral de nuestra sociedad. La gente trabajadora, que se esfuerza a diario por salir adelante, que estudia y se prepara para dar lo mejor de sí misma, que lucha para estirar sus ingresos y cubrir sus necesidades básicas, se desmoraliza ante la conducta de los que están arriba y piensa cosas como: “¡Si todos son iguales! Esté quien esté en el Gobierno, todos son unos sinvergüenzas”. En la mente del español medio habita una suerte de fatalismo en cuanto a la calidad, el rendimiento y la honestidad de sus dirigentes, a pesar de vivir en una democracia que, en teoría al menos, nos debería dar la oportunidad real de que las cosas discurriesen por otros cauces.

          Ojalá, y ya termino, algún día no muy lejano nuestros políticos y gobernantes tengan bien grabado en lo más profundo de sus mentes que, por encima de todo, son SERVIDORES PÚBLICOS y que su misión fundamental consiste en resolver los problemas de la ciudadanía de la manera más eficaz, más responsable y menos costosa. En su trabajo no pueden tener cabida alguna los favoritismos, ni las corruptelas, ni los enriquecimientos ilícitos, ni las broncas de patio de colegio con sus oponentes políticos, ni el mirar hipócritamente hacia otro lado cuando se cometen errores graves en su gestión. La gran pregunta que uno se hace es: ¿cuánto tendremos que esperar para que esto sea así?

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3 responses to this post.

  1. Posted by pep on 12 junio, 2012 at 18:26

    Díganme ustedes cómo es posible que hablen de pensiones cuando no hay trabajo, cundo hay que licenciarse a los 67 años, cuando no conseguimos tener un contrato más largo de 6 meses, cuando nuestro salario es de mil euros, cuando no podemos pagar nuestros mínimos, cuándo hacienda nos pide dinero cuando has ganado 16mil euros anuales. Cuándo estás en paro y no sabes ya que hacer. Igual se creen que todos los trabajadores, 1/4 de la población son funcionarios y si no tienes carrera no tienes derecho a existir. A estos Sres. hay que sacarlos del gobierno. No se porqué votáis a esta gentuza. Ya está bien ! Necesitamos que la monarquía desaparezca y la distribución de la riqueza sea más equitativa y más eficaz.

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    • Me solidarizo con toda la indignación y la rabia que se expresan en su comentario. Estoy muy de acuerdo con su forma de pensar, menos en una cosa. Sinceramente, no creo que la monarquía española sea el problema, ni siquiera parte de él, pese a los últimos episodios tan desafortunados que hemos visto, como el de la cacería de elefantes en Botswana o el comportamiento indigno del yerno del Rey, que se merece el castigo más duro y ejemplar posible. Los problemas fundamentales residen en los políticos, sobre todo en los populares, que ahora gobiernan en casi toda España, en gran parte del sector bancario (que contribuyó decisivamente a la formación de la burbuja inmobiliaria, y ha gestionado muy mal sus recursos), en una clase empresarial muy mediocre y muy poco imaginativa, en un sistema judicial anticuado, cerrado en sí mismo, opaco y lentísimo, y en una derecha política y social firmemente arraigada que impide progresar debidamente a este país.
      Saludos y suerte, amigo.

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  2. Posted by Fran on 20 agosto, 2012 at 11:13

    En España sobran politicos banqueros y ladrones, hasta que no terminemos con esta trilogia que es solo uno no seremos una nacion con futuro.

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