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¿ENTENDIMIENTO ENTRE EL PP Y EL PSOE?

          Ayer viernes, el comentarista político Iñaki Gabilondo reflexionaba en su video-blog «La Voz de Iñaki», del diario El País, acerca de la posibilidad de un pacto entre Rubalcaba y Rajoy, tal y como el líder socialista le está ofreciendo al presidente del Gobierno en los últimos debates parlamentarios. Desde luego, a la vista de cómo está la situación económica, tras una semana extraordinariamente tensa, marcada por el problema de Bankia, las dudas europeas acerca de la solvencia real de nuestra banca, la prima de riesgo española en máximos históricos, y las autonomías sometidas a una presión enorme por parte del ministro Montoro, lo sensato, lógico y oportuno sería que como mínimo los dos principales partidos se reuniesen a negociar y sentar las bases de un gran acuerdo  nacional, teniendo en el recuerdo los exitosos Pactos de La Moncloa, que dieron un buen resultado en un período también muy difícil de nuestra historia reciente. Creo que cualquier otro país de nuestro entorno, si pasara por unas circunstancias similares, haría lo propio, esto es, dejar a un lado los intereses puramente partidistas y consensuar todo un paquete de medidas tendentes a superar la crisis cuanto antes, con el menor coste social posible.

          Sin embargo, esta posibilidad, aunque deseable y necesaria, se me antoja prácticamente imposible en España y en este preciso momento. ¿Por qué pienso de esta manera? Pues porque existe un abismo casi infranqueable entre las dos principales fuerzas políticas españolas. Y ese abismo se empezó a abrir desde el mismo instante en que Jose Luis Rodríguez Zapatero ganó las elecciones aquel mes de marzo de 2004. Desde aquella fecha la oposición del Partido Popular se volvió especialmente agresiva, bronca y visceral; la descalificación pura y dura se instaló permanentemente en el discurso de Rajoy y sus más inmediatos colaboradores; el PP protagonizó durante sus casi 8 años de oposición una lamentable etapa de crispación y radicalización de la vida política en España. Como es lógico, el Gobierno de Zapatero y el PSOE se vieron obligados a responder a este ataque permanente como buenamente pudieron, a menudo cayendo en una dialéctica más o menos similar, para poder defenderse y contrarrestar la agresividad del partido en la oposición. Aunque hay que reconocer que el presidente Rodríguez Zapatero se mostró casi siempre mucho más educado, elegante y cortés con su adversario que éste con aquél, el español medio percibió un antagonismo continuo, severo y de muy malas maneras entre las dos principales fuerzas políticas a lo largo de las dos legislaturas pasadas.

          De aquella larga etapa de áspera confrontación, independientemente de los aciertos y fracasos del ejecutivo socialista (en los que ahora no quiero entrar expresamente), se ha llegado a la situación actual. El Partido Popular ha descalificado de tal manera al PSOE por su gestión de la crisis y por cualquier otro tema que ahora ni siquiera contemplan la posibilidad de llegar a pactos con ellos, pese a su propio fracaso en materia económica, constatable tras estos 5 meses intensísimos en los que nos han sometido a todos a un aluvión de duras medidas de recorte y austeridad. Rajoy prefiere seguir sólo, alardeando obstinadamente de su mayoría absoluta. Por su parte, Alfredo Pérez Rubalcaba, pese a la repugnancia que deben sentir en su propio partido a tender puentes con el PP, movido por un puro sentido de la responsabilidad ofrece la mano e invita al Gobierno a firmar pactos de colaboración, pero, como he sostenido más arriba, hoy por hoy parece muy lejana esa posibilidad. En resumen, el enorme distanciamiento existente entre los dos principales partidos tiene unas raíces claras que, más allá de posiciones ideológicas diferentes, se cimenta en 8 años de bronca continuada, más propia de pelea de patio de colegio que de un debate profundo, serio, riguroso y responsable entre profesionales de la política, que es el que debería haberse dado entre un gobierno y su oposición parlamentaria.

          Me permito recomendar al lector un post que publiqué en este mismo blog hace ahora un año, concretamente el 05.05.2011. Lleva por título LOS LASTRES DE LA DERECHA ESPAÑOLA, y en él intento profundizar un poco sobre una serie de características peculiares del Partido Popular que imposibilitan su homologación con otras formaciones políticas semejantes de nuestros vecinos europeos y de otros países occidentales. En mi opinión, tendrían que cambiar mucho las cosas en el seno del PP para poder considerarlo un partido moderno, respetable, coherente y sin complejos.