GRITERÍO, CONFUSIÓN Y PESIMISMO

Supongo que el lector se habrá percatado de que no pasa una semana sin que diversos organismos económicos internacionales nos “regalen” los oídos con sus sesudas y pesimistas previsiones a la baja acerca de la evolución de la economía europea y española. Cuando uno enciende el televisor para ver el telediario, ya lo hace con el corazón encogido, pues ya da por seguro que va a escuchar muy malos augurios acerca de todos estos temas que hoy centran nuestra atención.

Ayer jueves, día 19 de enero, coincidieron en sus lúgubres pronósticos el FMI y la agencia estadounidense Fitch Ratings, que auguraron, respectivamente, dos años de recesión en España y una nueva rebaja en la calificación de nuestra deuda pública (¡qué majos que son!). Vivimos enmedio de un constante aluvión de noticias pesimistas, amenazas y duras advertencias. Unas veces es la señora Lagarde, del FMI, otras el Banco Mundial, casi siempre alguna de las tres “simpáticas” agencias de calificación de riesgos que todos conocemos, otras veces el servicio de estudios de una importante entidad bancaria, y en otras ocasiones la propia UE (la Comisión, el BCE o la mismísima señora Merkel). Las fuentes de malas noticias son múltiples y variopintas. Parece que da exactamente igual quién esté al frente del gobierno de la nación o si se adoptan medidas más o menos severas de ajuste. Los pájaros de mal agüero de las finanzas mundiales nos aturden en todo momento con su discurso desmoralizador.

Pero, si nos fijamos un poco, también observaremos contradicciones importantes en todas estas declaraciones.Por ejemplo, se está afirmando estos días que la economía europea, con todos sus problemas de deuda que la impiden despegar, puede poner en peligro el propio crecimiento de la economía mundial. ¡Vaya, por Dios! Ahora resulta que, además de estar pasándolas canutas, hablando en plan coloquial, nos endosan la responsabilidad de obstaculizar la buena marcha del resto de las principales economías del planeta. Siguiendo con su discurso, el FMI anuncia que necesitará con urgencia un BILLÓN DE DÓLARES más (por encima de sus actuales recursos) para contribuir al equilibrio del conjunto y “ayudar” a los que estén en mayores dificultades. Y yo me pregunto: ¿nos corresponderá aportar una parte de este enorme capital a los europeos en general (y a los españoles en particular) precisamente ahora, cuando se supone que padecemos tan grandes dificultades de financiación?

Otro ejemplo. Por un lado se nos exigen políticas de ajuste duro para España, en forma de mayor presión fiscal, reducción de gasto público, austeridad y reforma laboral (*), pero por otro lado se advierte al mismo tiempo que tales medidas van a dificultar seriamente nuestra recuperación (lo cual es cierto, por desgracia), lo que lleva a las propias agencias de calificación a rebajar de nuevo la valoración de los títulos de deuda de nuestro país. Naturalmente, esto no hará sino incrementar nuestras actuales dificultades de financiación y alejar más todavía nuestras perspectivas de crecimiento. Por fortuna, las últimas colocaciones de deuda española se están llevando a cabo con intereses cada vez más bajos, en clara contradicción con los criterios de estas agencias. Ojalá la tendencia favorable se confirme.

¿No es todo muy absurdo? Son muchos, demasiados en mi opinión, los que juegan a hacer previsiones más o menos sombrías, tomándose la libertad de darnos consejos e instrucciones sobre lo que se debería hacer. En un intervalo de muy pocos días, vuelven a modificar sus datos y predicciones, dando una vuelta adicional de tuerca para dibujarnos una panorama aún peor. Lo curioso del caso es que se lanzan tantos datos de previsiones que luego resulta muy complicado y prolijo contrastarlas con la realidad y comprobar si eran o no ajustadas; yo creo que esto nunca se hace, ya que a toro pasado las previsiones no interesan ya a nadie.

Para concluir este artículo, ¿no parece todo esto una especie de juego siniestro, con el que persiguen arrebatarnos la esperanza en un futuro mejor?

(*) Concretamente, la agencia Fitch llegó ayer al extremo de recomendarnos una reforma urgente de la sanidad y la educación públicas, lo que yo interpreto como una auténtica injerencia en la soberanía de un Estado.

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One response to this post.

  1. Fernando estoy muy de acuerdo contigo, esto parece un ” juego siniestro!. Muy buena tu exposición en esta interesante entrada.
    Cordial saludo y éxitos.
    Ramón

    Responder

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