LA ALEMANIA DE MERKEL IMPONE SUS RECETAS

Finalmente, conocemos los términos generales del acuerdo a que se ha llegado en el seno de la Unión Europea, que es básicamente el plan consensuado por la Canciller alemana Angela Merkel y el Presidente francés Nicolás Sarkozy pocos días antes de la cumbre. Dicho acuerdo se puede resumir en los puntos siguientes:

El pacto fiscal de los países del euro. Las Administraciones públicas están obligadas a tener un presupuesto equilibrado o con superávit. Esta norma deberá inscribirse en la Constitución o legislación equivalente (‘regla de oro’). Endurecimiento de las sanciones a los países que superen el déficit del 3% o el 60% de deuda.

Coordinación económica de la zona euro. Se establecerá un procedimiento para garantizar que todas las reformas importantes de política económica de los Estados se debatan y coordinen a escala de la zona euro.

Refuerzo de los fondos de rescate. El temporal Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) será gestionado por el Banco Central Europeo; se acuerda una rápida movilización de recursos.

Se adelanta la entrada en vigor del fondo permanente o Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) a julio de 2012, un año antes de lo previsto. Se agiliza la toma de decisiones de este fondo, que serán por una mayoría cualificada del 85%, en lugar de la unanimidad actual.

Este acuerdo ha sido finalmente aceptado por todos los países de la Unión, con la sonada excepción del Reino Unido, cuyo Primer Ministro David Cameron ha quedado más aislado que nunca, con el argumento básico de proteger a la City londinense -responsable del 10% del PIB británico- y dejarla libre de cualquier tipo de regulación financiera que pudiera provenir de las instituciones comunitarias. El Reino Unido ha dejado claros una vez más su desapego y desconfianza para con el proyecto común europeo. La verdad es que los británicos nunca se sintieron cómodos en el seno de la Unión y, visto lo visto, opino que lo mejor es que abandonasen del todo el barco y se desvinculasen por completo de Bruselas. No se puede ser euroescéptico durante décadas, pero manteniendo siempre un pie al otro lado del Canal, esperando no sé qué, ventajas comerciales, supongo.

Como siempre ocurre en estos casos, el tiempo dirá si el acuerdo alcanzado supone de verdad una solución definitiva y contundente con respecto al problema de la deuda de los países miembros, cuyo excesivo encarecimiento y sometimiento a las turbulencias de los mercados han puesto en jaque a economías como la española, a lo largo de un periodo ya demasiado prolongado. A mi modo de ver, el núcleo del acuerdo se traduce en una disciplina fiscal mucho más rigurosa, esto es, en un compromiso serio y firme de controlar el déficit público y el volumen total de la deuda. De no cumplir con tales compromisos, se sometería a la nación responsable a sanciones importantes. Hablando en términos más de andar por casa, toca apretarse más el cinturón y no pasarse ni un milímetro en lo que a gastos se refiere. Ajustes, rigor presupuestario, austeridad, austeridad y austeridad.

Bajo mi modestísimo punto de vista, en el caso de España, esta receta por sí sola no va a traer prosperidad, ni inversión ni empleo. Es más, creo que va a agudizar el nivel de desempleo aún más, por el efecto que van a causar los ya inevitables recortes en el sector público de nuestro país, recortes que aplicará sin lugar a dudas el próximo gobierno de Mariano Rajoy. La economía española no se recuperará de verdad mientras no fluya el crédito bancario, mientras la inversión pública esté bajo mínimos, y mientras no existan estímulos directos e indirectos hacia aquellos sectores que puedan tirar de nuestra economía, de una forma sostenida y sostenible. Para que todo esto suceda, es evidente que se precisan más recursos financieros, pero obviamente la situación actual no parece que lo permita. Y con las reglas de juego impuestas y aceptadas en la cumbre europea que acaba de celebrarse, se dificulta aún más el recurso de la captación de fondos del exterior.

Quedaría una posible vía para dotar al Estado de mayores recursos, y no es otra que una presión fiscal más alta para con las rentas y los patrimonios altos, las grandes fortunas y las grandes empresas. Sin embargo, esto parece utópico con un gobierno del Partido Popular a punto de entrar en escena.

Parece, pues, que las vacas flacas (para la mayoría de los ciudadanos de este país nuestro) van a durar aún algún tiempo. Ojalá me equivoque.

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