Archive for 25 noviembre 2011

EL FUTURO DEL PSOE

El periodista Iñaki Gabilondo, en su video-blog de hoy viernes, se refiere al liderazgo del Partido Socialista en la nueva etapa que se ha abierto tras la derrota electoral del domingo 20-N, y apuesta por una renovación profunda del partido, descartando a Alfredo Pérez Rubalcaba como máximo responsable del mismo. A continuación, reproduzco mi opinión personal, tal como la he incluido en el foro del mencionado video-blog:

Buenos días, Iñaki. Lo que comentas hoy es, por supuesto, una cuestión totalmente opinable y, quizás, lo primero que habría que tener en cuenta es lo que piensa el propio Alfredo Pérez Rubalcaba, quien de momento no se ha pronunciado sobre su posible continuidad. Obviamente también, es un asunto de partido, que tendrá que resolverlo internamente de aquí hasta el final del anunciado congreso del mes de febrero.

El hecho de que el PSOE haya perdido las elecciones generales no me parece que sea motivo para poner todo patas arriba, echar a la cuneta a todos los que hasta ahora han tenido un papel destacado  y buscar como sea caras nuevas que reorienten el proyecto político del partido. Aparte de la tremenda crisis financiera y económica que se ha llevado al gobierno por delante, es muy evidente que se han cometido errores importantes en toda esta legislatura, que habría que saber identificar y reconocer. Rubalcaba, si bien es cierto que ha formado parte muy destacada de dicho gobierno, no ha tenido una responsabilidad directa en la dirección de la política económica del mismo, que ha correspondido al propio presidente Zapatero y, en la última etapa, a la vicepresidenta Salgado. Aparte de esto, Rubalcaba constituye, hoy por hoy, el valor más sólido del Partido Socialista, por sus muchas cualidades, por su amplia experiencia y por su solvencia como político de altura, razones por las que podría ser perfectamente el nuevo líder del partido durante la etapa que ahora se inicia.

Me parece extremadamente peligroso desechar personas valiosas y buscar caras nuevas, sin experiencia ni madurez, y cuya valía está por demostrar. Sinceramente, creo que sería muy arriesgado repetir la historia de la última década (me refiero a la experiencia de Rodríguez Zapatero, quien, a pesar de sus muchas cualidades, no ha estado a la altura en momentos críticos y ha acabado con más pena que gloria). El PSOE necesita hombres y mujeres de primerísima categoría, con un excelente curriculum sobre sus espaldas, independientemente de su edad, que al fin y al cabo es lo de menos. Hay que desconfiar de los experimentos. 

Muy en relación con lo que acabo de exponer, creo que el PSOE tiene en Madrid un gran problema, que debe resolver cuanto antes. Carece de un liderazgo de calidad y prestigio, y las bases lo deberían reconocer con urgencia. Con todos los respetos, no creo que Tomás Gómez, hoy por hoy, sea el hombre adecuado para dirigir el partido en un área tan importante y de tanto peso como Madrid. Tiene mucha ambición, desde luego, pero creo que le falta categoría para desempeñar este importante puesto. Las continuas derrotas frente al Partido Popular son bastante significativas.

Saludos a todos.

Anuncios

SOBRE AMAIUR Y EL SEÑOR RAJOY

El periodista Iñaki Gabilondo, en su video-blog de hoy miércoles en la web del diario El País, comenta la decisión de Mariano Rajoy de no reunirse con los representantes de la coalición abertzale Amaiur, en la ronda de contactos que va a efectuar antes de su investidura como próximo Presidente del Gobierno. A continuación, incluyo mi comentario completo a lo manifestado por el señor Gabilondo:

Tras escuchar tu comentario, Iñaki, he echado un vistazo rápido a las opiniones de los contertulios. Por desgracia, en su mayoría resultan bastante lamentables, por el tono agrio y grosero que destilan. Se puede discrepar, en parte o en todo, pero nunca hay que caer en la zafiedad y en el mal gusto. Parece que, al igual que hienas, muchos están agazapados todos los días a la espera del comentario del periodista para lanzarse inmediatamente a despedazarlo. Resulta muy penoso y muy poco edificante, y también bastante aburrido.

En mi opinión, quizá no sea necesario que Mariano Rajoy se reúna con Amaiur antes de formar gobierno. Lo que no me parece adecuado es que se niegue tajantemente a mantener cualquier tipo de contacto o diálogo con esta formación. Nos guste o no (puedo asegurar que no son santo de mi devoción, por lo que a mí concierne), tienen un respaldo electoral indudable y, legalmente, constituyen ya una fuerza democrática, por lo cual hay que tenerles en cuenta, por muy distantes que estén sus posiciones políticas de las de la inmensa mayoría de los españoles. No se trata de premiarles, como algunos insinúan, ni de recibirles con los brazos abiertos, sino de tenerles en cuenta y, llegado el caso, mantener diálogo con ellos. Evidentemente, Rajoy tiene un grave problema, ahora que está a punto de ser investido presidente, y ese problema son los nacionalismos, vasco y catalán, que mucho me temo van a arreciar y a incrementar su presión en esta nueva legislatura. Tendrá que gestionarlos de alguna manera y fijar bien sus posiciones, pero siempre con arreglo a las leyes y a las normas democráticas, nunca con desaires ni portazos.

En cuanto al Rey, estoy casi seguro que convocará a los de Amaiur, al igual que al resto de las formaciones políticas con representación, conociendo su talante democrático intachable. Pero me asalta una duda: ¿responderán los de la izquierda abertzale a su convocatoria y acudirán a la Zarzuela? Habrá que verlo. En todo caso, se me hace muy difícil imaginarlo. Un saludo a todos.

Quiero añadir algo que me parece capital, y que están denunciando ya muchos ciudadanos y determinadas fuerzas políticas. Me parece sumamente injusto que, a propósito de Amaiur, esta formación obtenga 7 diputados -y grupo parlamantario propio- con unos 330.000 votos, mientras que UPyD, por citar un ejemplo, se quede tan sólo con 5 diputados, habiendo cosechado más de 1.100.000 votos de los ciudadanos, o la formación Equo se conforme con un solo diputado, habiendo obtenido unos 125.000 votos. Es urgente abordar ya un cambio profundo en la actual ley electoral, que destierre para siempre la tristemente famosa ley D’Hondt, que penaliza severamente a los partidos pequeños y, en cambio, premia desproporcionadamente el valor de los votos en determinadas circunscripciones. ¡No y mil veces no! Los votos tienen que valer exactamente lo mismo para todos los ciudadanos y en todos los territorios de España. Lo que tenemos ahora genera unos desequilibrios intolerables. Mi opinión al respecto no puede ser más clara.

ESPAÑA CAMBIA DE COLOR

Ya estamos en el día después.

Los resultados electorales se han ajustado sorprendentemente a lo que predecían las encuestas previas a la campaña, por lo que se podría deducir que ésta última no parece haber cambiado prácticamente ningún voto; los actos de campaña, los recorridos por toda la geografía nacional, los mitines, las entrevistas a los candidatos, los debates televisados, tristemente no han servido apenas para nada. Por lo que se ve, la mayoría de los españoles tenían ya decidido su voto, que ha supuesto un durísimo castigo al Partido Socialista, al que se ha culpabilizado sin lugar a dudas de nuestro altísimo nivel de paro y de la crisis económica. Nos guste o no el veredicto de las urnas, hay que aceptarlo. La democracia es así.

Dicho esto, mi opinión es que el PP ha recibido un aluvión de votos (de sus fieles, por supuesto, y también de una legión de descontentos), que le han dado una mayoría absoluta demasiado amplia. Me preocupa la excesiva acumulación de poder que va a manejar el Partido Popular, una vez constituidas las nuevas Cortes. Todo parece indicar que estaremos ante un rodillo “pepero” y que el partido en el poder se verá tentado a hacer un uso abusivo del mismo. Enfrente, en los bancos de la  oposición, junto a un PSOE muy debilitado, habrá una pequeña multitud de pequeños partidos (resultado de la fragmentación de votos del centro y de la izquierda) que, si bien ahora se muestran muy satisfechos por los crecimientos obtenidos, serán arrollados por la marea azul del PP a las primeras de cambio. ¿Qué pasará con la sanidad pública de que gozamos? ¿Y con el modelo educativo público, acosado ya desde el principio del curso en Comunidades como la de Madrid? Algo que me preocupa muy especialmente: ¿respetará la nueva mayoría política la independencia informativa de RTVE, que ha sido uno de los mayores logros de la etapa de Zapatero? Se abren muchas incógnitas, y el tiempo se encargará de irlas despejando. Los que creemos firmemente en los valores de la socialdemocracia, frente a los excesos del liberalismo económico, tendremos que redoblar nuestros esfuerzos y luchar más que nunca por su supervivencia. A mal tiempo, buena cara.

Y un apunte final. Me desagradó especialmente la soledad de Rubalcaba ayer noche en la sede socialista de la calle Ferraz, mientras valoraba los resultados de los comicios. Yo no le considero el responsable de la derrota. En un momento muy difícil para su partido, ha cogido el toro por los cuernos y ha luchado como un león por evitar el naufragio socialista. Pero la dura realidad y la idea generalizada de la mayoría de los ciudadanos acerca de la responsabilidad de la crisis económica han supuesto un muro imposible de franquear. En su comparecencia de ayer tenía que haber estado arropado por otros dirigentes socialistas, empezando por el propio Jose Luis Rodríguez Zapatero, el gran ausente de la noche. Alfredo Pérez Rubalcaba, hombre y político de enorme valía, que ha hecho un gigantesco sacrificio personal especialmente en estos últimos meses, se merecía sin duda otro reconocimiento y apoyo. Espero y deseo que su partido sepa agradecerle de verdad los servicios prestados.

REFLEXIONES ANTE EL 20-N

Ya faltan muy pocas jornadas para el día de las elecciones generales. Todo parece indicar que la suerte ya está echada y que, la noche del domingo, nos encontraremos con una mayoría quizás absoluta del Partido Popular y un fuerte descenso del Partido Socialista Obrero Español. A ello apuntan casi todas las encuestas y las opiniones de muchos comentaristas políticos.

No voy a negar aquí que tal perspectiva me resulta muy desalentadora. Quien haya seguido más o menos mis comentarios desde que comencé este blog, más o menos hace un año, comprenderá mi forma de pensar, aunque no la comparta. Si bien no niego por completo la responsabilidad de los gobiernos de Jose Luis Rodríguez Zapatero en el actual estado de cosas, en lo que se refiere a la economía española, siempre me he esforzado por relativizar dicha responsabilidad y he tratado de explicar mis razones. La crisis ha sido y es internacional, nació en Estados Unidos, tiene una gran profundidad, ha tenido un clarísimo componente financiero y bancario, y estamos comprobando una preocupante duración de la misma. En el caso de España, esta crisis provocó -y coincidió con- un colapso estrepitoso de nuestro sector inmobiliario, en el que se había basado el espectacular desarrollo económico de nuestro país desde  10 o 12 años atrás.

El presidente Zapatero cometió varios errores a lo largo de todo este proceso de crisis. Es cosa bien sabida. En primer lugar, debió preocuparse en los años de bonanza por dotar al país de otras fortalezas ajenas al sector de la construcción, cuyo desarrollo no era razonable pensar que fuera a ser indefinido. En segundo lugar, tardó (tanto él como su equipo) demasiado tiempo en valorar la dimensión de la crisis y, como mínimo, en reconocerla en su debido momento. En tercer lugar, cuando el problema ya nos había tocado de lleno, debió dejarse guiar por el criterio de Pedro Solbes, buen y viejo economista, en lugar de empeñarse en mantener una política de ayudas sociales que se veía ya insostenible. Estos han sido los principales “pecados” de Rodríguez Zapatero y, seguramente, él lo sabe mejor que nadie. En su descargo, quiero dejar constancia de que al final supo reaccionar e imprimió un giro radical en su política económica, alabado mucho más en el exterior que aquí, dentro de nuestras fronteras, gracias al cual España dejó de estar en el ojo del huracán de la crisis de deuda soberana y, por consiguiente, no seguimos la desgraciada senda de países como Grecia, Irlanda y Portugal.

El Partido Popular, ya lo he denunciado muchas veces, no ha supuesto la más mínima ayuda para la gobernanza económica de España. Me dirán algunos que no era su papel, como oposición parlamentaria, pero es que, lejos de presentar propuesta alguna ni de ofrecer su leal colaboración al Gobierno en momentos tan difíciles, se han limitado a ver los toros desde la barrera y a lanzar todo tipo de torpedos dialécticos contra la persona del Presidente Rodríguez Zapatero y contra sus políticas, poniéndole ante los ojos de los españoles como autor único y directo de todos los problemas de nuestra economía. Ha sido una táctica en la que se han empleado a fondo y, por lo que se ve, les ha dado resultado. Invito a leer mi “Carta abierta a Mariano Rajoy”, publicada en este mismo blog el 15.03.11.

Es evidente que la ciudadanía está insatisfecha e indignada con la situación de nuestro país, singularmente por el tremendo problema del desempleo y las crecientes dificultades a las que nos enfrentamos la mayoría de la gente en el día a día: sueldos cada vez más ajustados, falta de créditos, deterioro de muchos servicios públicos, amenazas de recortes sociales, privatizaciones, etcétera. La reacción más primaria es culpar al gobierno actual del estado de cosas y propinarle un castigo en las urnas. Pero creo que tendríamos que ser más reflexivos y no votar el cambio por el cambio. ¿Qué ofrece el PP de Mariano Rajoy? Hasta ahora sólo hemos oído vaguedades e imprecisiones: “Tendremos un gobierno fuerte, que haga lo que debe hacer”; “haré la política económica que Dios manda”; “nos centraremos en la creación de empleo” (¡¡cómo, dios mío??); “España necesita un gobierno que de confianza”; “somos serios”, etc., etc., etc. No sabemos cómo actuarán los del PP, aunque muchos nos lo tememos, dada su fuerte inclinación hacia las medidas neoliberales.

Al otro lado tenemos un movimiento de indignados (el famoso 15-M), algunas fuerzas políticas que parecen haber recogido el mensaje de estos últimos, como es el caso de Izquierda Unida y Equo, que seguramente recogerán antiguos votos socialistas más a la izquierda. Por último, ahí está UPyD, el partido fundado por Rosa Díez, que parece destinado a recoger votantes de centro, que no se casan ni con el PSOE ni con el PP; parece que van a crecer, sí, pero no de una forma espectacular (de Rosa Díez conocemos bien su postura ante los nacionalismos y ante el Estado de las Autonomías, pero yo, al menos, no sé nada de su programa económico ni de su actitud frente a la crisis).  Sin embargo, todos estos partidos ahora pequeños no van a hacer ninguna mella en las posibilidades del Partido Popular, para el que se vaticinan los mejores resultados de su historia, y sí en cambio van a fragmentar demasiado el voto de centro e izquierda, lo que, unido a la desafortunada ley D’Hondt que tenemos en vigor, va a restar escaños mucho más que proporcionalmente que los votos emitidos, con lo que el escenario post-electoral está servido: una gran fuerza de la derecha, que hará de auténtico rodillo en los próximos  4  años, y muchos pequeños partidos, con un PSOE muy débil, en la oposición. No es una perspectiva nada optimista.

Sólo espero, hoy martes 15 de noviembre, mientras acabo estas líneas, que se produzca un milagro y que la carrera maratoniana desarrollada por Alfredo Pérez Rubalcaba, que se está dejando verdaderamente la piel en esta campaña, dé sus frutos y, al menos, la diferencia con el PP no sea tan amplia como pronostican los sondeos.

¡Ánimo, suerte y todos a votar!

MÁS COSAS SOBRE EL DEBATE

En mi entrada de ayer me referí fundamentalmente a la primera parte del debate entre los candidatos Rubalcaba y Rajoy, centrado en economía y empleo. Creo que merece la pena dedicar algunas líneas al resto del encuentro.

Por lo que se refiere a las políticas sociales, tras una declaración de intenciones muy breve y muy aséptica por parte de Mariano Rajoy, Alfredo Pérez Rubalcaba centró la discusión en la sanidad pública, gran logro que nos hemos sabido dar los españoles a nosostros mismos a lo largo de décadas, y en los problemas que la amenazan. Habló de su financiación y de sus propuestas concretas para asegurar su futuro y estabilidad, y emplazó a su oponente a responder acerca de casos que se están dando en la actualidad en diversas comunidades, que consisten en derivar enfermos crónicos y con tratamientos largos y costosos desde los hospitales privados a los públicos, con el objetivo de aligerarse los primeros de costes elevados y endosárselos a los segundos. La acusación era muy grave y Rajoy, mostrando extrañeza y asombro, dijo no saber nada de este asunto. Algo muy parecido está ocurriendo en la educación, al desembarazarse los colegios privados concertados de muchos alumnos inmigrantes, con dificultades especiales de aprendizaje y potencialmente conflictivos, para que los acojan los colegios públicos y los I.E.S. En uno y otro caso, el modelo público está soportando un tratamiento  desequilibrador que lastra claramente sus posibilidades y dificulta su calidad de servicio a los ciudadanos. Rubalcaba fue más allá en lo tocante a la educación y puso sobre la mesa el conflicto que se está viviendo en la Comunidad de Madrid, conflicto que conozco bien como madrileño y padre de alumno de Instituto (he dedicado varias entradas de este mismo blog a analizar el problema). Rajoy se limitó a echar balones fuera y no dio ninguna respuesta satisfactoria a la mayoría de los problemas planteados.

En la última parte del debate, ya un tanto descafeinada, Rubalcaba puso en valor todas las conquistas obtenidas por los gobiernos de Rodríguez Zapatero en el terreno de los derechos civiles, conquistas logradas pese a la oposición sistemática y continuada del Partido Popular. Rajoy eludió valorar el conflicto existente en torno a los matrimonios homosexuales, sobre el que ellos han presentado un recurso de inconstitucionalidad, diciendo simplemente que permanecían a la espera de lo que dictaminase el alto tribunal.

La tensión se relajó cerca del final, cuando ambos coincidieron en su opinión acerca de la conciliación familiar, en la que la mujer sigue llevando la peor parte con respecto a sus cónyuges o parejas masculinas. Por último, al mencionar el tema de ETA y el camino que aún queda por recorrer hasta su disolución definitiva, tanto Rubalcaba como Rajoy ofrecieron mutuamente su leal colaboración en este delicado asunto. ¡Algo es algo!

Quiero terminar reiterando mi simpatía especialmente hacia Alfredo Pérez Rubalcaba, que se mostró combativo y luchador en todo momento, al tiempo que supo enseñar sus propuestas con más valentía y menos pudor que su rival, Mariano Rajoy. No sé si consiguió sus objetivos. Las urnas nos lo dirán, dentro de pocos días. Quizá, la tensión del momento y la gran responsabilidad que Rubalcaba tenía sobre sí durante el debate le impidieron mostrarse con toda su brillantez dialéctica, a la altura a la que nos tiene acostumbrados en otros foros, singularmente en el Congreso de los Diputados.

Acabo ya incluyendo un comentario mío al video-blog de Iñaki Gabilondo (diario El País) de hoy mismo:

Hombre, aunque respeto la opinión de Iñaki, no comparto la idea de que, ante el debate del lunes por la noche, el candidato Rubalcaba ya diera por perdida la batalla y no disputase la futura presidencia del gobierno a Rajoy. Quizás peco de ingenuo, pero creo que Rubalcaba iba a por todas, aun sabiendo la enorme dificultad de dar la vuelta a la intención de voto, con las encuestas claramente en su contra.
Sí que estoy de acuerdo contigo, amigo Gabilondo, en que se dejaron muchas cosas fuera del debate. Cuando Rubalcaba explicó el origen de la crisis (en USA) y más tarde se refirió a la tormenta financiera desatada en Europa por los graves problemas de Grecia, Mariano Rajoy se apresuró a descalificarle, espetándole que todo eso eran excusas y que lo importante era el papel jugado por el gobierno de España, como si este sólo pudiera transformar radicalmente la realidad de nuestra economía. Pues no, no es así. Vivimos y actuamos dentro de la UE, que nos condiciona y nos limita mucho más de lo que el candidato del PP nos quería hacer creer a los españoles, por lo que no hablar de Europa fue un lapsus muy grave en el debate.
Tampoco se habló para nada de cuestiones tan importantes como medio ambiente, desarrollo sostenible, energías renovables y transformación del modelo económico-productivo español (algo de importancia capital). El debate fue, pues, muy limitado, con lo que nos hemos quedado sin saber la postura de los dos principales partidos en temas fundamentales. Es preciso seguir enriqueciendo este tipo de encuentros, hablar sobre muchas más cosas y, por supuesto, introducir a otras fuerzas políticas que aporten sus propios puntos de vista.
Un saludo muy cordial, Iñaki y contertulios.

EL GRAN DEBATE. UNA PRIMERA VALORACIÓN

Voy a relatar brevemente mis impresiones sobre el tan esperado debate televisivo de ayer lunes, entre Alfredo Pérez Rubalcaba, por el PSOE, y Mariano Rajoy, por el PP.

No voy a decir quién ganó y quién perdió, pues no me parece lo más relevante del encuentro, y creo que, por mi parte, sería simplificar demasiado las cosas. Cada uno tuvo sus luces y sombras y ambos hicieron un esfuerzo importante por trasmitir a la audiencia sus propuestas y sus opiniones acerca de programa de su rival.

Alfredo Pérez Rubalcaba se mostró más combativo e interpeló repetidas veces a Mariano Rajoy sobre aspectos concretos del programa de éste último, alegando que resultaban muy ambiguos y que, por tanto, suscitaban muchas preguntas. Demostró haber estudiado a fondo el programa del PP, hasta el punto que llegó el momento en  que daba la impresión de sabérselo mejor que su contendiente. Por su parte, Mariano Rajoy hizo gala de su “galleguismo” y evitó responder directamente a las preguntas que le formulaba su rival; como quiera que éste siguió insistiendo en sus preguntas, Rajoy acabó por descalificarle, tachando de insidias sus interpelaciones e interpretaciones.

En el primer bloque del debate, dedicado a la economía y el empleo, es evidente que Rubalcaba partía de un posición de desventaja, dado que la evolución de la economía española y el continuo aumento del paro en esta última legislatura hacen muy difícil defender airosamente la política del Gobierno al que ha pertenecido. No era nada fácil su papel en este terreno, y tampoco era fácil convencer al electorado de tener las ideas y programas adecuados para dar la vuelta a una situación tan complicada. Rajoy sabía esto, naturalmente, y atacó con crudeza a su oponente en esta primera parte del debate.

Sin embargo, tengo que destacar una cuestión que me parece fundamental. Para mí es el núcleo que encierra la gran debilidad de la argumentación del Partido Popular. Ellos, y Mariano Rajoy el primero, insisten hasta la saciedad en que lo primero es crear empleo y que, una vez conseguido este objetivo, todos los demás problemas irán resolviéndose uno tras otro (aumento de recaudación fiscal, más recursos para el Estado, mejora de las prestaciones sociales, mejor financiación de la sanidad, etc.). Pero es que, oyéndoles hablar, dan a entender que, con ellos, el empleo va a mejorar de forma “automática”, alegando sencillamente que, al inspirar más confianza, se va a invertir más por parte de las empresas y se va a contratar más trabajadores. ¿No se dan cuenta que este argumento es absolutamente endeble? A partir de una mera declaración de intenciones  construyen una base firme sobre la que hacen sustentar el crecimiento económico y el aumento del empleo. Pero la cuestión sigue ahí, sin respuesta: ¿Cómo van a crear empleo? Esto sigue y seguirá siendo una incógnita para cualquiera que profundice un poco en el programa del PP.

Mariano Rajoy, en este terreno, repitió una vez más su discurso de practicar “otra política” (¿la que Dios manda, como dijo recientemente?), pero sin especificar en qué consiste. Lo tiene tan bien aprendido, y lo dice con tanta seguridad en sí mismo, que puede dar la impresión de que su discurso no tiene vuelta de hoja. Pero lo cierto es que hay grandes lagunas en su argumentación, como he señalado en el párrafo anterior.

Alfredo Pérez Rubalcaba, que obviamente se jugaba mucho en este debate, estuvo más inquieto, intentando por todos los medios obtener respuestas de su rival. Creo que no hizo bien interrumpiéndole en varias ocasiones cuando Rajoy tenía el uso de la palabra, si bien mantuvo en todo momento la compostura. Mariano Rajoy guardó mejor las formas, enrocado en sus posiciones de siempre, aunque su subconsciente le traicionó más de una vez dirigiéndose a Rubalcaba como Sr. Rodríguez…(Zapatero), como si estuviese en el Congreso durante alguno de sus muchísimos enfrentamientos dialécticos con el Presidente del Gobierno.

No quiero extenderme más, aunque me dejo en el tintero (por el momento) muchos otros aspectos interesantes del debate. Otro día será. Sí lamento que no se hayan abordado ayer cuestiones tan importantes como:

1) El medio ambiente y su protección.

2) El cambio del modelo productivo y la sostenibilidad del desarrollo económico.

3) La política energética y la apuesta imprescindible por las fuentes de energía renovables.