¿ERA NECESARIO TODO ESTE ALBOROTO?

Zapatero, Rajoy, Rubalcaba y Durán i Lleida

El final de agosto nos ha sorprendido a todos con el anuncio, por parte del Presidente del Gobierno, de su decisión (consensuada con el líder de la oposición, Mariano Rajoy) de incluir una modificación urgente en nuestra Constitución para establecer unos límites inequívocos al déficit público y, por tanto, al nivel de endeudamiento del Estado español, comunidades autónomas incluidas. En un tiempo récord, se ha anunciado, se ha discutido y negociado, se ha explicado rapidísimamente a las bases socialistas (a las que ha pillado por sorpresa), se ha llevado al Congreso de los Diputados y se ha aprobado con los votos, casi en exclusiva, de los dos principales partidos nacionales. Ha sido un proceso insólito, sobre todo por la extrema celeridad con que se ha llevado a cabo.

Parto de la base de que, en los tiempos que corren, la exigencia de una disciplina presupuestaria y de una severa limitación al nivel de déficit público y endeudamiento es no sólo conveniente, sino casi imprescindible. Realizar una política económica contraria a este principio es irresponsable y lleva indefectiblemente al abismo, pues la acumulación continua de deuda conduce a la ruina, cuando el país no dispone de otros recursos (grandes riquezas naturales, importantes reservas de oro, fuerte potencial productivo), con las que poder responder en el futuro y sin problemas de sus deudas. Ahora bien, esta filosofía debe formar parte de su política económica corriente, que se sup0ne ha de ser gestionada con prudencia y eficacia en el día a día por parte del gobierno de turno. De no actuar así, el estado democrático y la propia sociedad disponen de instrumentos de control y vigilancia que deben dar la voz de alarma y denunciar la irresponsabilidad, llegado el caso,  de su equipo de gobierno.

Francamente, modificar nada menos que la Constitución para insertar una cláusula que indique que no se va a rebasar determinada línea roja de déficit y que, en definitiva, el Estado va a ser moderado y austero, no me parece en absoluto necesario. Si lo que se pretende es enviar un mensaje de cordura y seriedad a los mercados de capitales, manifestando nuestra intención de ser “buenos chicos”, mi opinión es que es una manera muy ingenua y bastante inútil de hacerlo. Mucho me temo que esta especie de brindis al sol por parte del Estado español no tenga el más mínimo efecto sobre los poseedores de los grandes capitales y fortunas del mundo. De cualquier manera, hubiera sido incluso más efectivo y práctico establecer limitaciones presupuestarias en una ley ordinaria, negociada y consensuada por la mayor parte de las fuerzas políticas, y elaborada en un plazo más razonable de tiempo.

Da la impresión de que, a la primera insinuación hecha por Merkel y Sarkozy, tras las turbulencias financieras de las semanas anteriores, nos hemos precipitado a hacer los deberes antes que nadie, para dar la imagen de los más aplicados de la clase. Estamos, me temo, ante una forma de hacer política basada en las apariencias, en salir bien en la foto, más que en trabajar en serio por mejorar la economía real. Y es que esta modificación constitucional no es más que un mensaje, un flash, una declaración de buenas intenciones, pero completamente vacía de contenido; en suma, no aporta nada.

Siento de veras tener que reconocerlo, pero iniciativas como ésta (o como las recientes medidas laborales, que consagran el empleo temporal y precario) perjudican seriamente las posibilidades del PSOE y de su candidato Rubalcaba en las elecciones del 20-N. Este no es el camino, y espero que al equipo de Rodríguez Zapatero no se le ocurran más “ideas brillantes” en los 3 meses escasos que le quedan al frente del ejecutivo.

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3 responses to this post.

  1. Es lamentable que, para una vez que se ponen de acuerdo los dos principales partidos, sea justo al final de la segunda legislatura de Zapatero y para pactar una solemne tontería como ésta, la cual, aparte de su absoluta inutilidad, ha conseguido indignar a todas las demás fuerzas políticas y a una buena parte de la ciudadanía. Comprometerse a mantener una política general de estabilidad presupuestaria es propio de un gobierno sensato y responsable, pero de ahí a señalarlo expresamente en la Constitución como una norma inamovible y de obligado cumplimiento, pase lo que pase y para siempre, hay un abismo. Es insensato y absurdo y, como gesto hacia los dichosos mercados, me parece ingenuo y humillante.
    Me apena tener que decirlo, porque siempre me he esforzado por resaltar lo bueno del Presidente Zapatero, que lo ha habido (pese a todo lo que se le ha criticado), pero aquí no se ha cubierto de gloria precisamente. El acuerdo llevado a cabo con el PP ha sido una página muy lamentable de su mandato, ya en sus últimas semanas de vida política.

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    • Posted by Eduardo Soto on 3 septiembre, 2011 at 9:50

      Soy Eduardo Soto, encuentro esta breve reflexión muy, muy acertada. En mi disposicíón de apoyo a Zapatero me he declarado culpable de la crisis, portando a mi espalda el mensaje, ¡CRISIS! YO CULPABLE ¿Y TÚ…? porque yo auto empleado, lo que quiero es ver la solución de la crisis, mientras los políticos viven inmersos en unas extrategias lamentables por no reconocer que NOS LO HEMOS FUMAO, que es la primera piedra de la recuperación, porque esta no es una crisis tradicional, sino una OPORTUNIDAD teniendo en cuenta que no existen los bloques de antaño podemos reconocer sin rugor que el capitalismo ha muerto de éxito. A partir de aqui se abre un horizonte experanzador.
      Todo este mensaje positivo lo puedo exponer con soluciones concretas. Más de cuarenta diputados me han negado contestación a sendos correos. Diferentes medios de comunicación me han obviado, porque ellos solo hablan de lo que hablan otros -ya sabemos, de los imnombrables-.

      Salud Eduardo Soto.

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  2. Posted by Ahmed on 3 septiembre, 2011 at 4:24

    Hoy ya son muchos los que dicen que el acto es un símbolo. El símbolo de que lo primero y más importante para el estado es pagar a los que le prestan. Esta visión supone mirar a los ciudadanos como accionistas de la empresa España, por ejemplo. Entonces son ellos los que deciden endeudarse y deben pagar las consecuencias. El sistema está por encima de esos accionistas-ciudadanos. Ellos solo deciden si invierten aquí o allá.

    Hay otra visión, donde el Estado emerge de los ciudadanos, que deciden el sistema en el que quieren vivir. por tato se regula el mercado. Es fácil que no haya deficit si se ingresa más dinero. Se puede ingresar más dinero creando reglas fiscales para que las empresas con alto beneficio tributen más. Que las pymes tributen mucho menos y se promueva el cooperativismo. Que las empresas grandes, que emplean a muchos trabajadores, no les gusta. Que se vayan y se potencia el tejido de pequeños emprendedores. Que esto hace que perdamos el tren del progreso? Ahi creo que está la madre del cordero.
    Es progreso tener a amplias cantidades de la población sin recursos, sin educación sin asistencia, para que tengamos una alta tecnología que solo usan unos pocos (con la promesa que en el futuro bajarán los precios)?
    Y quién decide el nivel de progreso? Y quién decide el ritmo del progreso?

    Bien… está claro el deficit democráticos que tenemos
    Me gustó las palabras de Iñaki Gabilondo al respecto que comento en mi blog (http://coachingtransformacional.blogspot.com/2011/09/el-vaciado-de-la-democracia.html)

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