ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA IGLESIA

Después de unas pocas semanas ausente de casa y de mis rutinas y quehaceres habituales, vuelvo a retomar gustoso el blog. Ciertamente, el mundo sigue girando y se suceden acontecimientos de todo tipo, y particularmente, echaba de menos este pequeño desahogo que me supone verter mis ideas, opiniones y sugerencias en estas páginas. Aprovecho la ocasión para invitar a cualquiera que comparta más o menos mis inquietudes a expresarse y, por qué no, a debatir nuestros puntos de vista. Lo único que pido es respeto y un mínimo de rigor en lo que se tenga a bien exponer. Creo sinceramente en el diálogo respetuoso y razonado, como medio más adecuado para aproximarse a la verdad.

Tras las inestabilidades financieras vividas muy recientemente, a caballo entre julio y agosto, parece que las aguas se han calmado y nuestra famosa prima de riesgo (el diferencial que tiene el coste de nuestra deuda con respecto a la alemana) ha regresado a niveles aceptables. Sin duda, la intervención del BCE adquiriendo deuda pública de España, Italia y otros países en riesgo ha sido decisiva para que esto haya vuelto a una relativa normalidad. Es imprescindible que el Fondo Europeo de Estabilidad Presupuestaria asuma lo antes posible las nuevas funciones que se le han encomendado en la última cumbre europea. Los siguientes pasos deseables serían la emisión única de eurobonos para toda la zona de la moneda común, y marchar decididamente hacia una gobernanza económica única, aunque no sé cuánto tiempo habremos de esperar para verlo…si es que realmente lo vemos.

Pero, como el lector deducirá a partir del título de esta entrada, no es de economía ni de finanzas comunitarias de lo que quiero hablar ahora. En efecto, la semana pasada hemos asistido a la visita de Benedicto XVI a esta sufrida ciudad de Madrid, y me gustaría escribir algunas líneas relacionadas con esta Iglesia oficial a la que representa el Papa de Roma. Ya el 10.11.2010, en mi artículo titulado “A propósito de la reciente visita del Papa” (en aquella ocasión su viaje fue a Barcelona, como se recordará), me explayé bastante sobre unas desafortunadas declaraciones pronunciadas entonces por el Pontífice. No deseo repetirme, pues creo que en aquel artículo dejaba bastante nítida mi postura genérica acerca de la Iglesia Católica y de su papel en el mundo de hoy día. Ahora bien, esta nueva visita me sugiere algunas ideas nuevas que vienen a complementar las expuestas meses atrás.

Para empezar, debo reconocer que el Papa, como jefe espiritual de los muchos millones de católicos practicantes que hay en el mundo, tiene todo el derecho a reunirse con parte de sus seguidores y de llevar a cabo acciones públicas de carácter pastoral, contando siempre, como es lógico, con  las autoridades del país anfitrión. Ahora bien, dada la situación económica delicada que atraviesa España, y teniendo en cuenta el descontento y el malestar -perfectamente lógicos y legítimos- de muchos de nuestros conciudadanos (jóvenes en su mayoría), hubiera sido mucho más considerado por parte de la alta jerarquía eclesiástica reducir la estancia del Papa y el número de actos públicos a lo más imprescindible, con lo que los gastos ocasionados por su visita se habrían minimizado bastante: menor movilización policial, menos cortes de calles, avenidas y plazas, menos dispositivos de seguridad, etc. Comprendo además perfectamente la indignación de tantos madrileños al saber que los viajes y desplazamientos de los peregrinos por la capital les han resultado a precio de risa, precisamente pocas semanas después de que la Comunidad presidida por Esperanza Aguirre subiera el precio del billete sencillo de Metro y autobús nada menos que un 50%. Tampoco me ha gustado nada comprobar el estado en que ha quedado el aerodromo de Cuatro Vientos, convertido en un inmenso basurero, y con la actividad aérea normal suspendida durante al menos una semana tras el evento.

Aprecio un interés muy especial por parte del Papa y la alta jerarquía eclesiástica en centrar parte de sus actividades internacionales en España. Al fin y al cabo, nuestro país era hasta hace pocas décadas uno de los más firmes -a la par que escasos- bastiones del catolicismo, la tan cacareada “reserva espiritual de Europa“. Sin embargo, el laicismo (natural, no “agresivo”, ¡ojo!) creciente de la sociedad española es un hecho evidente e incontestable, y eso debe asustar bastante a los obispos y cardenales, que constatan la cada vez menor influencia de los dogmas católicos en la vida diaria de los españoles y, en consecuencia, ven peligrar su situación de grandes privilegios heredada de épocas pasadas. De manera que, si no me equivoco, me temo que las “acometidas” del Vaticano sobre nuestro país van a continuar, por ver si enderezan la situación y devuelven la “oveja descarriada” al redil.

Al menos, en esta ocasión, Benedicto XVI ha sabido ser más diplomático y se ha cuidado mucho de no interferir en la forma de llevar los asuntos públicos en España por parte de sus representantes democráticos. Se ha limitado a su actividad pastoral, que es lo que se esperaba de él. De todas maneras, y dada la vocación universal que se supone tiene la Iglesia Católica, he echado particularmente de menos declaraciones sinceras de apoyo a los hombres y mujeres de hoy en lo que se refiere a los graves problemas reales de la vida cotidiana: la crisis económica, el desempleo, la inseguridad respecto a algo tan simple como ganarse dignamente la vida, la falta de perspectivas de los jóvenes, las enormes desigualdades económicas, el deterioro del medio ambiente, de nuestra tierra, de sus ríos, mares y océanos, el futuro que aguarda a nuestros descendientes……¿No tiene nada que decir la Iglesia sobre todos estos problemas? En cuanto a la crisis actual, claramente provocada por la codicia ilimitada de unos pocos y que ha llevado a la ruina, al paro y a la pobreza de muchos, ¿no debería alzar rotundamente su voz el Papa condenando el desmesurado afán  de riqueza de aquéllos, cuya irresponsabilidad nos ha conducido a todos a esta dificilísima situación que ahora padecemos? Yo me pregunto: ¿de dónde es esta Iglesia y a quiénes defiende? La respuesta es fácil, sin embargo: la Iglesia oficial ha estado siempre al lado de los ricos y poderosos, su preocupación fundamental ha sido y es mantener sus privilegios, la pobreza y la miseria de los mortales le traen sin cuidado y, por lo que veo, el futuro y la viabilidad de la vida humana en el planeta también.

En fin, a la Iglesia de Roma le preocupan más los problemas relativos a la moral sexual que los pecados de la codicia y el poder terrenal. Para ellos, parece que es más pecaminoso usar un humilde preservativo que diseñar unos engañosos productos de “ingeniería financiera” con los que especular, obtener ganancias enormes para unos pocos “listillos” en unos minutos de sesión bursátil, y llevar el caos y la ruina a millones de incautos.

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