14 de abril. La República

Fernando De la Torre y Alejandra Prado

          Me gusta mucho la serie de TVE-1. La considero un auténtico regalo que tengo la suerte de disfrutar todos los lunes por la noche, desde hace ya varias semanas. Criticamos muy a menudo a la “caja tonta” por la ausencia de buenos contenidos, por la proliferación de programas de mal gusto, telebasura y demás. Pocos meses atrás me llevé una gran decepción cuando transformaron el canal CNN+ en una especie de reality 24h, privándolo de todas sus noticias, comentarios de actualidad, entrevistas y coloquios, amén de enviar al paro a todos los profesionales que lo hacían posible. Lamentable. Sin embargo, de tarde en tarde la televisión nos obsequia con algún que otro programa de calidad, y es justo saber reconocerlo.

          En “14 de abril. La República” (spin-off de otra serie de éxito, “La señora”) aprecio casi todos sus ingredientes. La trama y las relaciones entre los distintos personajes son intensas y dramáticas en el mejor sentido de la palabra. El momento histórico elegido como telón de fondo, los primeros años de la II República, es fascinante y creo que está retratado con bastante objetividad, aunque sé que algunos no estarán de acuerdo conmigo (luego dedicaré unas palabras a esta sensible cuestión). La puesta en escena tiene una calidad impecable y evidencia un gran esfuerzo de ambientación por parte de la productora (Diagonal TV), lo cual es muy de agradecer. Finalmente, el conjunto de actores y actrices desempeñan sus papeles francamente bien, y la mayoría nos deleitan con soberbias interpretaciones, de gran hondura psicológica; entre todos, componen un mosaico muy variado de personajes que logra captar siempre la atención del espectador. El amor, la amistad, los intereses, las intrigas, las dudas, las pasiones, las ilusiones y los temores se agitan y se entremezclan en una trama de gran interés humano. No se cae en una visión cainita, con buenos y malos, sino que los protagonistas ofrecen una personalidad compleja y diversa, aunque no oculten sus tendencias ideológicas, como es natural.

          En definitiva, mi opinión acerca de la serie es muy positiva y felicito sinceramente desde aquí a la productora, a la dirección, a todos los actores y a TVE-1, que hacen posible cada lunes la magia de retroceder en el tiempo y vivir las experiencias vitales de un grupo de hombres y mujeres sumergidos en un periodo convulso y difícil de nuestra historia reciente. Ojalá siga habiendo producciones similares de alto nivel en nuestra televisión.

          Según he leido, al principio surgieron algunas voces de protesta desde el PP (¡ay, Dios mío, siempre ellos!), a los que al parecer molestaban frases puestas en boca de algunos personajes de tendencia izquierdista que aparecen en la serie. Venían a acusar a la dirección de RTVE poco menos que de manipulación y revisionismo histórico. ¿Por qué? ¿Simplemente porque uno de los personajes mostraba su intención de votar a un partido de izquierdas por estar convencido de que ello llevaría al progreso de la nación? Seamos serios, por favor, y maduros de una vez por todas. Estamos en 2011. Han pasado 80 años desde 1931, la época retratada en la serie televisiva. Ya es hora de contemplar lo sucedido en la España de entonces con serenidad y objetividad; naturalmente que podemos sentir simpatía hacia unos y rechazo hacia otros, según nuestras ideas y afinidades, pero de ahí al escándalo o a posicionarse con virulencia a favor de unos y en contra de otros, sacando a relucir un profundo rencor desde nuestras entrañas, hay un abismo. Por supuesto que las posiciones ideológicas en la época estaban muy radicalizadas y existía un claro enfrentamiento entre lo que se ha llamado las dos Españas; por desgracia para todos, no se pudo evitar al final la terrible tragedia de la guerra civil, que dio al traste con las ilusiones de muchos y sumió a nuestro país en una larga y penosa postguerra de unos 20 años de duración, y supuso la privación de libertades durante un periodo aún mucho más largo. Sin embargo, todo eso ya pasó y debemos considerarlo superado. No podemos a estas alturas atrincherarnos en una bronca de “fachas” y “rojos”, como por desgracia se ve a diario en muchos foros de Internet de contenido político. Tenemos que ser ya lo suficientemente adultos como para contemplar aquellos hechos sin complejos, sin pasión y, sobre todo, sin olvidar que estamos de lleno en el siglo XXI, en un mundo muy diferente, lleno de nuevos problemas y desafíos, para bien o para mal.

          En fin, lo dejo por hoy. Buena suerte a todos y hasta pronto.

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