A propósito de la reciente visita del Papa

La verdad es que no era mi intención “meterme en ningún jardín” como lo es sin duda hablar de la Iglesia Católica en tono de crítica. ¡Menuda cuestión, ardua y espinosa como pocas! Sin embargo, ciertas declaraciones de Benedicto XVI durante su reciente viaje a España me han agitado sobremanera, y no precisamente por estar de acuerdo con mi línea de pensamiento, sino más bien todo lo contrario.
No voy a referirme aquí a su condena, ya reiterada en muchas ocasiones, del aborto y el matrimonio gay. Yo creo que, a estas alturas, a nadie puede sorprender el pensamiento de la Iglesia oficial acerca de tales asuntos. Lo que más me ha llamado la atención ha sido su condena del “laicismo agresivo” que, al parecer, impera muy especialmente en la sociedad española (¡vaya por Dios, precisamente en España!), así como su particular apelación a las raíces cristianas de Europa, a las que nuestra sociedad ha de seguir siendo fiel ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Intentaré desmenuzar y desmontar estas ideas en las líneas siguientes, aunque sé muy bien que  no es fácil abordar estos temas y menos en un espacio más bien reducido.
I – Supuesto “laicismo agresivo” en la sociedad española.
Es ésta una verdad sólo a medias. En efecto, la sociedad española ha evolucionado bastante en las últimas décadas y, como resultado, ahora es predominantemente laica; pero esta laicidad no tiene nada de agresiva, sino todo lo contrario. Nadie insulta a los curas ni a la jerarquía eclesiástica, ni muchísimo menos les agrede o persigue. Por favor, que nadie en su sano juicio compare la situación que se vive ahora con determinados episodios violentos, cruentos y claramente condenables que tuvieron lugar en este mismo país en los tiempos inmediatamente anteriores al estallido de la Guerra Civil. No hay en absoluto ningún paralelismo, y quien quiera verlo así está faltando gravemente a la verdad, a la vez que cometiendo una gran irresponsabilidad. Me resulta incomprensible que una personalidad culta y -yo pensaba- moderada como el Papa Ratzinger lance estas afirmaciones.
Pues no, Santidad, aquí y ahora ni el Gobierno ni las instituciones ni nadie en particular muestra agresividad con la Iglesia, que goza -aún- de un status y de una serie de privilegios que no se corresponden ya con su ascendiente real sobre la sociedad, lo cual se comprueba en las estadísticas que reflejan el número y el porcentaje de católicos que practican activamente su religión, cifras que van descendiendo inexorablemente conforme pasan los años.

Lo que ocurre en realidad, y esto les duele sobremanera a los obispos y a la jerarquía católica, es que la sociedad es bastante indiferente a la actividad de la Iglesia, institución que, a los ojos de una gran mayoría -creciente- de españoles, se ha quedado caduca y muy alejada de los problemas reales que preocupan hoy en día, como el desempleo, las malas perspectivas económicas, la superpoblación en los países más subdesarrollados, los daños al medio ambiente,  el cambio climático, enfermedades como el sida, el terrorismo islámico, etcétera. La verdad es que, a la vista de todas estas graves cuestiones que afectan al mundo actual, resulta chocante e incluso patético que el Papa hable de un “laicismo agresivo”. Da la impresión de que echan de menos tiempos ya muy, muy lejanos, de persecuciones, víctimas y mártires cristianos que, como tantas veces nos han contado, con su sangre derramada regaban la semilla sembrada por sus predicadores. Por fortuna el mundo ha evolucionado mucho y ya no está por aquellas aventuras, al menos en las sociedades más cultas y desarrolladas.

II- Sobre las raíces cristianas de Europa.

Obviamente, no puede negarse la influencia que ha tenido el cristianismo en la cultura y la civilización europeas a lo largo de dos mi años. Pero habría que preguntarse sobre los supuestos beneficios que tal influencia ha reportado al desarrollo socioeconómico y al bienestar real de los habitantes del continente. Yo quiero adelantar la idea de que Europa ha llegado a donde está, me refiero a sus actuales niveles de cultura, ciencia, tecnología y desarrollo en general, a pesar de la Iglesia de Roma. Me explicaré.

* Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, en el siglo V, Europa se sumió en uno de los periodos más prolongados, oscuros y lamentables de su historia, la Edad Media. Por espacio de mil años, el conocimiento, la ciencia y el libre pensamiento estuvieron perseguidos, pisoteados y ocultos, bajo la amenaza constante de la intolerancia religiosa y las acusaciones de herejía o brujería. Además, cabe preguntarse cuánto hizo la Iglesia de entonces por el bienestar de las clases más desfavorecidas, como los siervos de la gleba, o el propio pueblo llano, sometidos de forma absoluta a la tiranía y los caprichos de la nobleza.

* A la jerarquía católica siempre le ha atraido sin disimulo el poder político y económico, bien para ejercerlo directamente, bien para situarse junto a él con el fin de manipularlo a su conveniencia y obtener el mayor provecho posible. ¡Qué actitud tan alejada de la pobreza y sencillez evangélicas! En nombre de Dios se ha perseguido, torturado, asesinado, conspirado y hecho la guerra. Con el pretexto de preservar sus dogmas y creencias, se ha acusado de herejía y ejecutado a tantos y tantos inocentes y bienintencionados.

* La Inquisición o Santo Oficio ha sido el más odioso instrumento represivo que la mente humana ha creado para atemorizar y dominar a sus semejantes. Su lamentable actuación es de sobra conocida y no vale la pena extenderse aquí en detalles. Pero lo que sí debemos ver con claridad es que el progreso científico siempre ha sido discutido y frenado -cuando no perseguido- por la Iglesia (Miguel Servet, Galileo, Darwin…). Hubo que esperar al Renacimiento para ver los primeros y tímidos avances en el conocimiento científico, y no fue hasta los siglos XVIII y XIX cuando la Ilustración y la Revolución Industrial comenzaron a proporcionar a este sufrido mundo un progreso material significativo. ¡Cuánto siglos perdidos en las tinieblas de la intransigencia y el integrismo religiosos!

* Para finalizar, en un periodo todavía muy reciente de la historia de España, hemos padecido el vergonzante fenómeno del nacional-catolicismo, fruto de la íntima colaboración entre Iglesia y Estado y que, en pleno siglo XX, ha dominado la vida pública y privada de nuestro país durante cuarenta años, con su represión espiritual, su moral retrógrada, su visión estrecha de los fenómenos sociales, su censura, etc. Es más, la Iglesia española se alineó desde el primer momento y sin vacilación con el régimen del general Franco, “santificando” todos sus actos, incluida la cruel represión de los años inmediatamente posteriores a la contienda.

En conclusión, se puede afirmar que, en efecto y por desgracia, Europa ha padecido una influencia bastante notoria de la Iglesia Católica, influencia que se ha ido atenuando paulatinamente en los últimos 250 años, bien es cierto que más en algunos países (los más desarrollados) que en otros. Ahora bien, de ahí a dar por buena y positiva dicha influencia media un abismo, ya que la labor ejercida por la Iglesia oficial ha constituido más un obstáculo que otra cosa para el desarrollo social, cultural y económico de la civilización europea occidental. De manera que apelar a las raíces cristianas de Europa es, como mínimo, un sarcasmo, a la vista de todo lo expuesto en este post.

Por fortuna, en las raíces de Europa figuran otros componentes mucho más beneficiosos, como nuestra querida civilización griega clásica, el poso organizativo dejado por el Imperio Romano (amén de su lengua, arquitectura y derecho), el verdadero humanismo resurgido en el Renacimiento y, en definitiva, el interés y la curiosidad de muchos grandes hombres y mujeres que pusieron los cimientos de la revolución científico-técnica de los siglos XVIII, XIX y XX.

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