SOBRE LA EDUCACIÓN

          Por su especial interés, reproduzco a continuación mi comentario al video-blog de hoy mismo de Iñaki Gabilondo, inserto en la web del diario El País. Tras la jornada de huelga y las grandes manifestaciones del día anterior, martes, por parte del sector de la enseñanza pública, a todos los niveles, el citado periodista hacía especial hincapié sobre la enorme importancia que tiene para este país, como para cualquier otro que se precie, el sistema educativo. Ello constituye una sólida razón por la que éste no debería ser objeto de los mismos recortes presupuestarios que se aplican en otros ámbitos de la actividad pública.

          Dado que me considero particularmente sensible hacia este tema, me he permitido ir un poco más allá de lo expresado por el ilustre comentarista. Ahí va mi aportación:

Muy buenos días, Iñaki.

Tu comentario de hoy me parece muy oportuno y acertado, pero quisiera avanzar un poco más en la reflexión. No se trata solamente de que el Gobierno considere la Educación como una parcela más a recortar en el gasto del Estado, y de que se actúe ciegamente sobre ella sin comprender su verdadera importancia.

No, se trata de que están actuando deliberadamente para deteriorar y desacreditar la Enseñanza Pública y  favorecer a la privada. Esto comenzaron a practicarlo comunidades autónomas como la de Madrid, al menos desde principios del curso lectivo que ahora está finalizando, es decir, desde el verano pasado, cuando aún residía en La Moncloa el presidente Zapatero. Como prueba irrefutable de lo que afirmo, está el hecho de que, mientras se exigía a los profesores un incremento de sus horas lectivas (y como consecuencia directa, se dejaban de contratar entre 2.000 y 3.000 profesores interinos sólo en la comunidad de Madrid), simultáneamente aumentaban las desgravaciones fiscales en la Renta para aquellas familias que enviasen a sus hijos a estudiar en la enseñanza privada concertada. La intencionalidad estaba -y sigue estando- clarísima. Esto es muy importante comprenderlo.

El Partido Popular ya no oculta sus intenciones de reformar el conjunto del sistema educativo. Ayer mismo, una portavoz del PP en el Congreso aseguraba que el modelo educativo español estaba fracasado (¡¡??), y que por tanto era necesario modificarlo ampliamente. Y yo me pregunto, aún admitiendo que hubiera fracasado (algo muy discutible y opinable, por supuesto), ¿acaso la mejor manera de mejorarlo es reducir drásticamente los presupuestos y los recursos de la enseñanza pública? Sin lugar a dudas, esta idea es un disparate monumental.

La Educación tiene una importancia decisiva e incuestionable para el futuro y el bienestar de la sociedad, nunca me cansaré de decirlo, y no se puede permitir que un gobierno de un color determinado reforme y deteriore la calidad de la enseñanza de forma UNILATERAL. Su reforma estaría condenada de antemano al fracaso, pero lo peor es que, además, los daños serían catastróficos e irreparables para alumnos, profesores y padres. En definitiva, este tema es extremadamente serio, por lo que exigiría un gran consenso y un pacto de Estado entre la mayoría de las fuerzas políticas.

¿ENTENDIMIENTO ENTRE EL PP Y EL PSOE?

          Ayer viernes, el comentarista político Iñaki Gabilondo reflexionaba en su video-blog “La Voz de Iñaki”, del diario El País, acerca de la posibilidad de un pacto entre Rubalcaba y Rajoy, tal y como el líder socialista le está ofreciendo al presidente del Gobierno en los últimos debates parlamentarios. Desde luego, a la vista de cómo está la situación económica, tras una semana extraordinariamente tensa, marcada por el problema de Bankia, las dudas europeas acerca de la solvencia real de nuestra banca, la prima de riesgo española en máximos históricos, y las autonomías sometidas a una presión enorme por parte del ministro Montoro, lo sensato, lógico y oportuno sería que como mínimo los dos principales partidos se reuniesen a negociar y sentar las bases de un gran acuerdo  nacional, teniendo en el recuerdo los exitosos Pactos de La Moncloa, que dieron un buen resultado en un período también muy difícil de nuestra historia reciente. Creo que cualquier otro país de nuestro entorno, si pasara por unas circunstancias similares, haría lo propio, esto es, dejar a un lado los intereses puramente partidistas y consensuar todo un paquete de medidas tendentes a superar la crisis cuanto antes, con el menor coste social posible.

          Sin embargo, esta posibilidad, aunque deseable y necesaria, se me antoja prácticamente imposible en España y en este preciso momento. ¿Por qué pienso de esta manera? Pues porque existe un abismo casi infranqueable entre las dos principales fuerzas políticas españolas. Y ese abismo se empezó a abrir desde el mismo instante en que Jose Luis Rodríguez Zapatero ganó las elecciones aquel mes de marzo de 2004. Desde aquella fecha la oposición del Partido Popular se volvió especialmente agresiva, bronca y visceral; la descalificación pura y dura se instaló permanentemente en el discurso de Rajoy y sus más inmediatos colaboradores; el PP protagonizó durante sus casi 8 años de oposición una lamentable etapa de crispación y radicalización de la vida política en España. Como es lógico, el Gobierno de Zapatero y el PSOE se vieron obligados a responder a este ataque permanente como buenamente pudieron, a menudo cayendo en una dialéctica más o menos similar, para poder defenderse y contrarrestar la agresividad del partido en la oposición. Aunque hay que reconocer que el presidente Rodríguez Zapatero se mostró casi siempre mucho más educado, elegante y cortés con su adversario que éste con aquél, el español medio percibió un antagonismo continuo, severo y de muy malas maneras entre las dos principales fuerzas políticas a lo largo de las dos legislaturas pasadas.

          De aquella larga etapa de áspera confrontación, independientemente de los aciertos y fracasos del ejecutivo socialista (en los que ahora no quiero entrar expresamente), se ha llegado a la situación actual. El Partido Popular ha descalificado de tal manera al PSOE por su gestión de la crisis y por cualquier otro tema que ahora ni siquiera contemplan la posibilidad de llegar a pactos con ellos, pese a su propio fracaso en materia económica, constatable tras estos 5 meses intensísimos en los que nos han sometido a todos a un aluvión de duras medidas de recorte y austeridad. Rajoy prefiere seguir sólo, alardeando obstinadamente de su mayoría absoluta. Por su parte, Alfredo Pérez Rubalcaba, pese a la repugnancia que deben sentir en su propio partido a tender puentes con el PP, movido por un puro sentido de la responsabilidad ofrece la mano e invita al Gobierno a firmar pactos de colaboración, pero, como he sostenido más arriba, hoy por hoy parece muy lejana esa posibilidad. En resumen, el enorme distanciamiento existente entre los dos principales partidos tiene unas raíces claras que, más allá de posiciones ideológicas diferentes, se cimenta en 8 años de bronca continuada, más propia de pelea de patio de colegio que de un debate profundo, serio, riguroso y responsable entre profesionales de la política, que es el que debería haberse dado entre un gobierno y su oposición parlamentaria.

          Me permito recomendar al lector un post que publiqué en este mismo blog hace ahora un año, concretamente el 05.05.2011. Lleva por título LOS LASTRES DE LA DERECHA ESPAÑOLA, y en él intento profundizar un poco sobre una serie de características peculiares del Partido Popular que imposibilitan su homologación con otras formaciones políticas semejantes de nuestros vecinos europeos y de otros países occidentales. En mi opinión, tendrían que cambiar mucho las cosas en el seno del PP para poder considerarlo un partido moderno, respetable, coherente y sin complejos.

EL 15-M, UN AÑO DESPUÉS

          Estoy firmemente convencido de que el 15-M es un movimiento imprescindible, cargado de razones, y surgido en un momento muy crítico de nuestra historia, en el que están quedando al descubierto las grandes contradicciones, mentiras e injusticias de este sistema económico nuestro, dominado más que nunca por las altas finanzas y por la búsqueda exacerbada y obscena de los máximos beneficios posibles por parte de una reducida élite empresarial. En este planeta que habitamos, superpoblado, limitado, sobre-explotado y contaminado, no es posible seguir tolerando una economía neoliberal y capitalista, ejercida por unos pocos en su propio y exclusivo provecho, y en detrimento de la inmensa mayoría de la población, al tiempo que se degrada con rapidez el medio ambiente y peligra la supervivencia de la fauna y la flora salvajes. Es urgente e ineludible plantear otras pautas de vivir, trabajar y consumir, para que los graves desequilibrios que observamos en nuestro mundo no alcancen niveles intolerables. Y es más que evidente que los grandes intereses privados, las grandes corporaciones financieras y la mayoría de las multinacionales que dominan el sistema actual no van a propiciar ninguno de los cambios que se necesitan, cada vez con mayor urgencia.

          Ahora bien, pienso igualmente que el movimiento de indignados debe ir más allá de la mera protesta en las calles. Creo que debería organizarse mejor y establecer contactos con formaciones políticas ya existentes, preferentemente de izquierdas (sería un absurdo vincularse con partidos de otro signo, por razones obvias), con el fin de realizar un intento serio y profundo de influir en la marcha de la política de este país. Se me podrá decir que, de esa manera, perdería frescura y espontaneidad y correría el riesgo de burocratizarse en exceso y convertirse en otro partido más. Bueno, existiría ese peligro, es posible, pero es preciso pensar también que, tras la fase de denuncia y de diagnóstico, que es absolutamente básica, el siguiente paso consistiría ya en proponer alternativas , plantear otras formas de hacer política, redactar objetivos coherentes, diseñar una manera diferente de dirigir la economía, con arreglo a criterios mucho más sociales. Y para todo esto, hay que sentarse, recapacitar, estudiar, proponer, analizar lo que dicen expertos independientes de todo el mundo, debatir……y todo ello con los mayores rigor y seriedad posibles.

          Además, quiero dejar bien claro que no me parece justo despreciar o ignorar a determinadas formaciones políticas, constituídas desde hace bastante tiempo y con representación parlamentaria. Se diga lo que se diga, algunas de estas fuerzas políticas se hallan mucho más cerca de los propios planteamientos del 15-M que otras (léase el PP). Meter a todos los partidos políticos en un mismo saco y afirmar que todos son iguales me parece una gran simplificación y una absoluta falsedad. En este último año que hemos vivido, se ha visto una gran contradicción. Apenas nacido el 15-M en la Puerta del Sol madrileña, con una enorme repercusión mediática no sólo en España sino en buena parte del mundo occidental, pasamos por unas elecciones autonómicas y municipales en las que la derecha ganó por goleada a las alternativas socialista y de izquierdas. Pocos meses después, en las elecciones generales del 20-N, el PP volvió a ganar con amplia mayoría absoluta, mientras que el PSOE cosechó los peores resultados de su historia reciente. Ya sé que en ello han influido muchísimos factores y que se podría estar discutiendo sobre los mismos hasta el infinito, pero no se me negará que, por encima de todo, se ha producido una paradoja de enorme calibre: mientras el 15-M nacía con fuerza y generalizaba sus protestas, un partido conservador y claramente pro-capitalista obtenía sus mayores cuotas de poder desde el advenimiento de la democracia.

          En fin, resumiendo, yo pediría a los indignados dar otro paso hacia delante y engranarse de alguna manera más efectiva con la política real, precisamente para tratar de influir mejor sobre la misma y modificarla con más eficacia. Un saludo a todos.

SORAYITA, LA “REVIENTAVIERNES”

Hay que ver cómo cambian las cosas con el tiempo. Lo malo, claro, es cuando van a peor, que por desgracia suele ser lo frecuente en momentos como los que nos está tocando vivir.  Me gustaría llamar la atención del lector sobre algo tan aparentemente neutro  y ajeno  a los vaivenes de la vida como es un simple día de la semana. Concretamente me estoy refiriendo al viernes.

Casi desde que tengo uso de razón, el viernes ha sido siempre un día alegre, optimista, casi sonriente, si se me permite el calificativo. Señala el final de una semana laborable, más o menos llena de trabajos, esfuerzos, estudios, madrugones y fatigas de diversa índole, y representa una especie de portal del anhelado fin de semana. Cuando llega el viernes, nuestra mente se recrea ante la perspectiva del tiempo libre, de levantarse más tarde, salir al campo, ir al cine, salir a cenar o a picar algo (el que se lo pueda permitir,  lógicamente), reunirse con los amigos, holgazanear, practicar el bricolaje, en fin, cualquier cosa menos trabajo  y obligaciones. Bueno, al menos ésta es la tónica general, para la mayoría de los mortales. Y, desde luego, esto ocurre también en otros países que comparten cultura y costumbres con nosotros. Como botón de muestra, basta citar el título de aquella película norteamericana: “Thank God,  it’s Friday!(“¡Por fin ya es viernes!” en español). Este carácter simpático y alegre del viernes se ha mantenido así durante décadas, como es natural y, creo yo, como Dios manda……hasta ahora.

En efecto, desde hace ya unas cuantas semanas, más o menos desde que empezó a rodar este año 2012 -y el nuevo Gobierno de Mariano Rajoy-, la cosa ha cambiado dramáticamente. Los viernes son el día del Consejo de Ministros, como antes, es cierto, pero es que ahora se ha adoptado la costumbre de utilizar la rueda de prensa posterior al Consejo para anunciarnos (más bien, descargar sobre nuestros atónitos oídos) una cascada de muy malas noticias para casi todos los españolitos: subidas de impuestos, recortes presupuestarios, supresión de servicios públicos, reformas laborales, eliminación de organismos estatales, ajustes, tijeretazos, privatizaciones, amenazas de intervención a comunidades autónomas, recortes milmillonarios en sanidad y educación, copago de medicamentos y toda una suerte de espantos que convierten los telediarios del viernes a mediodía en una verdadera tortura psicológica. Si encima estás comiendo al tiempo que ves las noticias, pierdes ràpidamente el apetito y corres el riesgo de sufrir una indigestión.

¿Y quién es la mensajera de todo este aluvión de pésimas noticias para nuestro bolsillo, nuestra salud y nuestro bienestar? Pues, ya saben, Soraya Sáenz de Santamaría, Vicepresidenta del Gobierno y Portavoz del ídem, que siempre acude como un clavo a las citas del viernes, unas veces sóla y otras acompañada de los ministros más implicados, como Montoro, De Guindos, Mato, Báñez o Wert (los más habituales en este tipo de encuentros). Desde su tribuna preferente, tienen a bien anunciarnos la amplia batería de medidas anti-crisis que han aprobado esa misma mañana en el Palacio de la Moncloa y que, más que anti-crisis, yo las calificaría de anti-humanas, porque siempre van “al merme” (como diría el genial José Mota) de la gente corriente, los ciudadanos de a pie, los electores, los contribuyentes, los asalariados.

Pero, por curioso que pudiera parecer, la actitud de la vicepresidenta Soraya y de sus ministros no refleja ni siquiera una cierta y lógica contrariedad o malestar ante el dolor que todas estas medidas están causando a la sociedad. ¡Qué va! ¡Todo lo contrario! En sus caras, tono, gestos e incluso sonrisas de autocomplacencia, se percibe inequívocamente un íntimo y ostensible orgullo por todas las decisiones que están tomando, como si dijesen: Fijáos qué buenos, qué listos y qué competentes somos, que no paramos de hacer reformas y no dejamos títere con cabeza. Nosotros sí que sabemos gobernar, y no los que había antes, que eran tan blanditos y que nos han dejado esta herencia tan desastrosa. Exhiben, sin recato ni pudor alguno, una actitud jactanciosa que resulta, la verdad, bastante irritante, mientras ponen en marcha sus planes de liquidación de tantas cosas positivas que teníamos los ciudadanos españoles, tras décadas de construcción laboriosa de este, ¡ay!, aparentemente efímero estado del bienestar.

Y mientras termino de escribir este artículo, no puedo dejar de pensar en la frasecita pronunciada ayer día 2 de mayo por la señora Aguirre, presidenta de la comunidad madrileña, cuando era entrevistada en la cadena SER. Con el sarcasmo que la caracteriza, vino a decir algo así: “Pues nosotros, en la Comunidad, nos reunimos todos los viernes para estudiar qué servicios podemos recortar, ¡y estamos encontrando unas partidas maravillosas!” Francamente, esta actitud me parece obscena. Es como si le divirtiera hallar oportunidades de recorte, que casi siempre significan personas a la calle. Me parece inadmisible que una persona que ostenta un cargo público, por encargo directo del electorado, y que se encuentra al servicio de la ciudadanía, se pronuncie en estos términos tan sumamente frívolos.

En fin, espero que en algún momento, y ojalá que no sea muy lejano, nuestros queridos viernes vuelvan a ser como los de antaño. Nos va la salud en ello.

ALGUNA LUZ EN EL HORIZONTE

Hace pocos días conocíamos las cifras del desempleo en España correspondientes al primer trimestre del año. En total, unos 365.000 parados más en lo que llevamos de 2012, con lo que la cifra global se sitúa ya en unos 5,6 millones de personas sin empleo. Al mismo tiempo, hemos sabido también que el PIB ha vuelto a descender (esta vez alrededor de un 0,4%) por segundo trimestre consecutivo, lo que “oficializa” de alguna manera la situación de recesión de la economía española. Por su parte, la deuda pública de nuestro país volvió a sufrir el ataque de los mercados desde los primeros días de abril, con una prima de riesgo que llegaba otra vez a niveles de serio peligro, en torno a los 430 puntos básicos, con lo que reaparecían las dificultades de financiación en los mercados internacionales. Parece que no han servido de mucho las continuas y duras medidas de austeridad adoptadas por el ejecutivo de Rajoy, al menos en lo que se refiere a los reiterados mensajes de confianza que se han pretendido lanzar a esos mismos mercados.

La situación general de nuestra economía, a juzgar por estos datos y otros muchos, no ha hecho más que empeorar desde que se produjo el cambio en el gobierno de la nación. Algunos argumentarán que es demasiado pronto para exigir resultados a un gobierno que acaba de empezar. Pero es que, en relación con el problema número uno que tenemos en España, que es el brutal nivel de desempleo, el propio gobierno espera que siga creciendo durante este año (hablan de 600.000 parados netos más, y parece que se podrían quedar cortos en su previsión) e incluso ya está reconociendo que apenas se generará empleo nuevo en ¡toda la legislatura! Entonces, ¿dónde quedan sus objetivos y sus promesas de acabar con el paro, promesas sobre las que el Partido Popular montó toda su campaña electoral ante el 20-N? Todo ello ha quedado, sencillamente, en agua de borrajas, y la dura realidad ha tirado por los suelos los continuos brindis al sol que Rajoy y toda su gente proclamaban en relación con el problema del desempleo mientras estaban en la oposición: “lo primero, el empleo”, “nosotros tenemos la solución”, “sabemos lo que hay que hacer”, “daremos confianza”, etc., etc.

Lo que sí ha hecho el Gobierno de Rajoy es practicar, con un entusiasmo digno de mejor causa, una política continuada y agresiva de austeridad fiscal, marcada por unos duros recortes tras otros. La empezaron a llevar a cabo desde el primer momento (subida del IRPF y reducción de presupuestos en I&D y RTVE), continuaron con la reforma laboral (sumamente lesiva para los trabajadores), siguieron con los PGE (los más austeros y regresivos de la democracia) y, de momento, han terminado con la reducción adicional de 10.000 millones de euros más en sanidad y educación (aparte de lo especificado en los propios presupuestos). Pero es que la cosa no termina ahí, ni muchísimo menos. A juzgar por las declaraciones del presidente Rajoy hechas ante sus fieles militantes este fin de semana, en el congreso del PP madrileño, su calendario de “reformas” continuará, viernes tras viernes, durante la legislatura entera. Y pongo aposta las comillas en la palabra “reformas”, porque en realidad no son más que recortes y tijeretazos; no hay nada creativo ni positivo en ellas. Mariano Rajoy, no sé si proponiéndoselo o no, ha conseguido infundirnos auténtico pánico ante su futuro calendario reformista, aparte de un rechazo frontal al carácter de sus medidas. Y además ha logrado que, cada vez más españoles, le cojamos manía a un día tan agradable como siempre ha sido el viernes, preludio del fin de semana; ahora es sinónimo de malas noticias, de pérdida de derechos y de renta disponible para la gran mayoría de los ciudadanos.

Por fortuna, y mientras el presidente Rajoy nos amenaza con más “tazas” de lo mismo, provocando el delirio de sus incondicionales en los actos de partido y el más puro terror entre la gente de la calle, en el horizonte europeo empiezan a detectarse algunas señales esperanzadoras, que pronostican un posible cambio de rumbo en la política económica de la Unión Europea. Parece que, por fin, un nuevo enfoque es posible en el tratamiento de la crisis, que, no lo olvidemos, no afecta sólo a España, sino que con distintos matices implica a todos los miembros de la eurozona, cuyo crecimiento económico es muy débil en su conjunto.

El signo más significativo viene dado por la previsible victoria del socialista François Hollande en las casi inminentes elecciones presidenciales francesas, con lo que se rompería el tándem Sarkozy-Merkel, que ha presidido la política económica europea en estos dos últimos años, prácticamente sin oposición de ningún tipo. Hollande ya ha manifestado claramente su oposición a la austeridad a ultranza que se ha impuesto desde Berlín y París. Últimamente, otras piezas se empiezan a desencajar del actual puzzle europeo, como es el caso de Holanda, hasta ahora fiel seguidora de las doctrinas merkelianas y que ha mostrado sus graves dificultades para cumplir los objetivos de déficit. Instituciones de tanto peso como el FMI y el propio BCE ya se han pronunciado sobre la necesidad de implementar políticas específicas de crecimiento, ante la imposibilidad de que el ajuste fiscal a ultranza baste por sí sólo para superar la crisis actual. En el seno de la Comisión y el Consejo europeos se está discrepando abiertamente de la política impuesta hasta ahora, y se reclaman otras acciones diferentes a la contención del déficit. Y, finalmente, incluso la propia Canciller alemana Angela Merkel está estudiando un amplio plan de desarrollo de la inversión, que estimularía el crecimiento en todos los países miembros, en particular los más castigados por la recesión, como Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia, plan que se llevaría a cabo a través del Banco Europeo de Inversiones. ¿Se acabará imponiendo el sentido común, como reclaman ya muchas voces autorizadas? Ojalá sea así, y pronto.

Tendría gracia que el ascenso de un socialista a la presidencia francesa (junto a otros factores, por supuesto) acabe significando la tabla de salvación para un gobierno de derechas como el nuestro. Paradojas de la vida, y de la economía.

Y AHORA….ASALTO A RTVE

Una de las últimas decisiones adoptadas por el Gobierno de Mariano Rajoy, anunciada tras el consejo de ministros de ayer viernes 20 de abril, consiste en otorgarse a sí mismo la facultad de nombrar unilateralmente al nuevo presidente de RTVE. A ella se suma la decisión simultánea de reducir el número de miembros del consejo rector del ente público (que pasan de doce a nueve; se suprimen los representantes de los sindicatos, ¡qué casualidad!), y de eliminarles el sueldo que les correspondía hasta ahora, con lo que en realidad se está invitando a todos ellos a buscarse otra actividad remunerada y, por consiguiente, abandonar su dedicación exclusiva.

Ni que decir tiene que, con estas medidas, el Gobierno de Rajoy rompe el consenso que había existido al respecto entre las fuerzas políticas y que habían propiciado una fructífera etapa de 6 años de independencia, pluralidad, rigor informativo y gran calidad en nuestra televisión pública nacional.

A continuación, transcribo mis opiniones sobre este gravísimo asunto, tal y como las he vertido hoy mismo en la red eskup del diario El País:

La verdad es que esto se veía venir, aunque, al menos en mi caso, albergaba la esperanza de que al final se dejasen las cosas como están en RTVE, que los malos pronósticos no se cumplirían, por el propio prestigio que había alcanzado nuestra televisión pública, no sólo dentro de España sino en el extranjero (ahí están los numerosos galardones cosechados a lo largo de esta última etapa). En especial, los programas de tipo informativo se caracterizan por su calidad, independencia, rigor y pluralidad, gracias a un equipo de profesionales envidiable. Ahora todo esto se va a acabar por el afán intervencionista de un solo partido político que, pese a su actual mayoría absoluta en el parlamento, no está legitimado para controlar a su gusto particular algo tan importante para la vida democrática como es una RTVE independiente y profesional. Esto es profundamente decepcionante. Pero los ciudadanos no debemos permanecer impasibles ante este atropello. Habrá que protestar con energía en todos los foros y en la propia calle, si es preciso.

El Gobierno de Mariano Rajoy está perpetrando el mayor recorte de derechos en la historia de nuestra democracia, precisamente ellos, que lanzaban indecentemente esta misma acusación al anterior Presidente Zapatero, tras las medidas adoptadas por él a partir de mayo de 2010. No deja de ser irónico. Pero lo grave es que los recortes no son sólo de tipo económico, sino que afectan a cuestiones tan sensibles como el derecho a una información objetiva, verídica y de calidad, e incluso a la libertad de manifestación y protesta en los espacios públicos, a juzgar por la normativa que está preparando a toda prisa el ministro del Interior Jorge Fernández Díaz. A mí todo me parece gravísimo, por cuanto significa una estrategia integral de control, manipulación y restricción de derechos civiles. La verdad es que, a veces, me pregunto si todo esto es real o se trata de una pesadilla. Estamos en pleno siglo XXI. ¿Qué pasa con todo lo que se supone que ha avanzado nuestra sociedad tras 33 años de democracia? ¿Vamos a consentir un retroceso a tiempos que creíamos ya del todo superados?

Aquella entrevista de Ana Pastor a Dolores de Cospedal (27.04.11 en los Desayunos de TVE) fue muy significativa y ya puso de manifiesto las oscuras intenciones de la dirección del PP con respecto al Ente Público RTVE. Todos recordamos las inauditas acusaciones de Cospedal a los informativos de TVE, tachándolos de partidistas y poco objetivos, ¡¡precisamente ellos, que aportaban vergonzosos ejemplos de manipulación, como el caso de Telemadrid!! También recuerdo la reacción de la periodista Ana Pastor, elegante, comedida, pero en justo y franco desacuerdo con las opiniones de la secretaria general del PP. Mi preocupación por el futuro de nuestra televisión pública empezó en ese mismo momento. Una fecha de triste recuerdo, ciertamente.

UNAS CUANTAS PROPUESTAS DE EMERGENCIA

A principios de esta misma semana, mientras leía noticias y comentarios en la página web del diario El País, en particular los que se relacionaban con la mala evolución de la deuda pública española en los mercados y la fuerte subida que había experimentado últimamente nuestra prima de riesgo, y en definitiva con el fantasma de la intervención rondando de nuevo sobre nuestras cabezas, se me ocurrieron una serie de propuestas que se podrían llevar a cabo en España para salir de una vez del atolladero en que nos encontramos, propuestas que escribí en la red ESKUP de dicha web, a modo de un comentario más. Confieso que no están muy elaboradas y que obedecen más al cabreo del momento y al sincero afán de buscar salidas a esta especie de trampa en que está atascado el país, más que a una reflexión profunda y largamente meditada.

A pesar de ello, y aunque algunos me acusen de simplista o ingenuo, me he decidido a recuperarlas y a transcribirlas, casi sin cambios, en mi blog. A lo mejor, entre un disparate y otro, hay algo positivo que se pueda aprovechar. Ahí van estas propuestas:

  1. Formación urgente de un Gobierno de concentración, con la participación y/o el apoyo de todas o casi todas las fuerzas políticas parlamentarias.
  2. Creación de un banco público que trabaje de verdad al servicio de las familias y de las pequeñas y medianas empresas. Esta entidad competiría en el mercado financiero con todos los demás bancos y cajas de ahorros, como un actor más.
  3. Se aprobaría inmediatamente la contribución fiscal de la Iglesia Católica (IBI sobre su numeroso patrimonio inmobiliario) y de las grandes fortunas (Impuesto sobre el Patrimonio).
  4. Recuperación urgente de todos los procesos productivos, administrativos y de servicios deslocalizados y desviados a otros países (de Sudamérica y Asia, fundamentalmente).
  5. Establecimiento de gravámenes y restricciones severas a un gran número de productos extranjeros, cuya importación desequilibra en exceso nuestra balanza comercial.
  6. Fomento del consumo de productos y servicios nacionales.
  7. Desarrollo urgente, recurriendo incluso a la iniciativa pública, de instalaciones generadoras de energías limpias y renovables (debido a circunstancias que sería prolijo enumerar aquí, la energía solar está prácticamente sin desarrollar en España, pese a todo su gran potencial).
  8. Suspensión inmediata de todos los recortes puestos en marcha  en materia educativa y sanitaria. Racionalización, sí. Recortes y pérdida de calidad, no.
  9. Apoyo sin reservas a todas las actividades de investigación y desarrollo, por razones obvias de futuro del país.
  10. Corrección urgente del exceso de altos cargos en las administraciones y empresas públicas, que tanto sangra nuestros recursos (en cuanto a las empresas privadas, allá ellas con la política de recursos humanos que quieran llevar, pero creo que muchas de ellas padecen el mismo problema).
  11. Una de dos, o prohibición por ley de salarios superiores a los 300.000 euros anuales, o bien una fiscalidad mucho más agresiva y eficaz que la actual con las rentas muy altas. Es intolerable que ciertos ejecutivos perciban ingresos de 2, 4, 6 ó más millones de euros anuales, cuando a nuestros jóvenes les están ofreciendo salarios de miseria de 400 euros mensuales.

Yo añadiría otra acción más, que seguramente tendría que ir en el primer o segundo lugar de la lista, y es la negociación urgente de España con la Unión Europea, de igual a igual, de otro calendario muy distinto de ajuste presupuestario y consolidación fiscal, ya que está demostrado claramente que los objetivos actuales no sólo son imposibles de cumplir, sino que están empujando nuestra economía a una espiral recesiva, como reconocen ya muchas voces autorizadas (hasta el mismísimo FMI, dirigido por la señora Lagarde, lo ha declarado sin paliativos esta misma semana).

LA DESAFORTUNADA CACERÍA REAL

A continuación, reproduzco íntegramente mi comentario de hoy en el video-blog del periodista Iñaki Gabilondo (web del diario El País), a propósito del accidente sufrido por Don Juan Carlos de Borbón durante su viaje privado a Botswana, con el objeto de participar en una cacería:

Me apena profundamente que esta actuación de Don Juan Carlos, tan inoportuna, impopular y poco edificante, eche por tierra casi todo el prestigio que, a mi juicio, se ha ganado justamente tras un largo reinado de 36 años y 33 años de democracia, en cuya implantación el propio Monarca jugó un papel decisivo. Siempre he sentido un gran afecto por él, quien desde el principio y en todo momento quiso ser el Rey de todos los españoles. Su trabajo constante, su simpatía y su fuerte implicación personal en la marcha del país le han granjeado el respeto y la admiración de muchos, aún dejando aparte su actuación ejemplar aquel aciago 23-F de 1981. Yo, al menos, lo siento de esta manera.

Este viaje privado a Botswana ha sido un ejemplo de todo lo que no se debe hacer, por muchas razones: por ser una demostración de lujo y gasto excesivos, sobre todo en estos tiempos tan duros que estamos viviendo la mayoría de los españoles; por dedicarse a matar elefantes por puro placer, lo que dice muy poco de su sensibilidad hacia la Naturaleza (qué poco ha aprendido de la Reina en este aspecto, quien por su parte siempre ha mostrado un profundo amor por los animales); y, finalmente, por la imprudencia temeraria que ha mostrado, ya que a su edad, y por la responsabilidad pública que ostenta, no está para correr riesgos de estas características. Después de esto, le va a ser bastante difícil restituir el prestigio de que gozaba anteriormente.

De todas formas, desde mi modestísima opinión, yo aconsejaría a todos ser prudentes y evitar echar más leña al fuego con el tema delicado del futuro de la monarquía. No estamos en absoluto para crearnos más problemas ni abrir nuevos frentes de polémica, en estos momentos de profunda crisis económica, cuestión ésta que me parece mucho más grave para nuestra vida diaria y futura.

Buenos días, Iñaki y contertulios.

No hace muchas semanas, publiqué en este mismo blog un artículo titulado “AL REY LO QUE ES DEL REY” (23.12.11), en el que defendía el papel de Don Juan Carlos y de la Corona, cuando salieron a la luz la supuestas irregularidades y negocios fraudulentos de su yerno Iñaki Urdangarín.

¿GOLPE DE AUTORIDAD O GOLPE DE GRACIA A LOS ESPAÑOLES?

El nuevo Gobierno está actuando conforme a los mismos patrones que no hace muchos meses criticaba tan duramente en el gobierno de Rodríguez Zapatero, cuando el PP ocupaba los escaños de la oposición. En efecto, podemos comprobar que Rajoy y sus ministros están gobernando a impulsos, según soplan los vientos de los mercados de capitales. Hace poco más de una semana presentaron ¡por fin! los Presupuestos Generales para 2012, y ahora mismo acaban de anunciar un nuevo plan extraordinario de reducción del gasto en Sanidad y Educación por valor nada menos que de 10.000 millones de euros, como medida adicional a los severos ajustes contenidos en los propios PGE . Es decir, que a los más de 30.000 millones de euros de reducción presupuestaria previstos para este año, que ya de por sí constituyen un bajón de gran calibre, habrá que añadir la friolera de otros 10.000 millones más. ¿Motivo?: aplacar a los mercados, que de nuevo parecen estar empeñados en castigar la deuda pública española. Los ciclos se repiten, gobierne quien gobierne y se tomen las medidas que se tomen.

Me ha llamado la atención la portada del diario ABC de hoy, en directa relación con esta nueva decisión del Gobierno. Junto a una foto en primer plano del Presidente Rajoy, se lee en grandes titulares: “GOLPE DE AUTORIDAD”. Me resulta patético el esfuerzo realizado por la prensa de derechas en apoyo de las medidas del nuevo ejecutivo. En lugar de un golpe de autoridad, habría que calificar esto más bien como un bandazo fruto de la histeria.

A mi juicio, la verdadera autoridad consistiría en ir a Bruselas, cargado de datos y razones, y decir con claridad y rotundidad a las autoridades comunitarias que así no se pueden hacer las cosas, que un país como España no puede sumirse en una más que segura depresión con este plan de austeridad que se nos ha impuesto. Es imprescindible contar con un plazo mucho más dilatado para llevar a cabo la reducción de déficit prevista, y además hay que exigir una serie de contrapartidas y apoyos que aseguren en paralelo la recuperación de nuestra actividad económico-productiva y la creación de empleo, cuestión ésta última con la que todos se escandalizan (me refiero a nuestro nivel de desempleo), pero por la que nadie mueve un dedo para resolverla. Esto es lo que haría un auténtico gobernante, un estadista, en defensa de los verdaderos intereses de su pueblo.

Se constata con tristeza, una vez más, que todos los esfuerzos y sacrificios se exigen íntegramente a las clases trabajadoras y a los colectivos con menores recursos. La reforma financiera de Luis de Guindos ha sido extremadamente suave (“extremely light”, como podría decir él mismo al Comisario Olli Rehn, susurrándoselo  al oído, como es su estilo); no ha cambiado en absoluto el funcionamiento al día de hoy de la banca española, como tampoco lo ha conseguido la gran cantidad de liquidez puesta a disposición de las entidades financieras por parte del BCE. El crédito a familias y pymes sigue sin fluir, que es el objetivo último que se pretendía. Se ve cada vez más necesario contar con una banca pública, como el instrumento más eficaz para atender las necesidades de la economía real, ante el parón crediticio por parte de casi toda la banca privada nacional, cuyos intereses evidentemente se sitúan en otra órbita muy distinta a la de la gente de la calle.

La amnistía fiscal, por su parte, constituye una burla a la inmensa mayoría de la sociedad, que percibe cómo el Estado trata con guante de seda a los grandes defraudadores. Por último, ¿qué decir de la Iglesia? No solamente no aporta fiscalmente al erario público (¿para cuándo la aplicación del IBI a todo su enorme patrimonio inmobiliario?), sino que la contribución del Estado  a su sostenimiento económico no sufre la más mínima reducción, como sería lo lógico en esta fase recesiva que estamos padeciendo todos. Me parece sencillamente bochornoso.

Decididamente, hay muchos motivos para indignarse y gritar bien fuerte: ¡¡ASÍ NO, SEÑOR RAJOY, ASÍ NO!!

¿NOS CONVIENE EL PROYECTO DE “EUROVEGAS”?

Mucho se está hablando últimamente del megaproyecto del magnate norteamericano Sheldon Adelson, consistente en crear en España, bien en las cercanías de Madrid o bien en las de Barcelona, un gran complejo de hoteles, casinos e instalaciones varias de ocio, al estilo de lo que este acaudalado hombre de negocios ya posee en Las Vegas (U.S.A.) y Macao (China). Según las últimas noticias, parece que ahora mismo estaría más inclinado por la opción de implantarlo en Madrid, ya que en el área que se le ofrece junto a Barcelona sería del todo imposible levantar un grupo de altos rascacielos, que formarían parte integrante del complejo, debido a la proximidad del aeropuerto. Por su parte, los resp0nsables de la Comunidad de Madrid, con Esperanza Aguirre a la cabeza, no ocultan su entusiasmo por atraer el proyecto de Mr. Adelson hacia la capital de España.

Sin conocer con detalle la operación, y considerando que se abren una multitud de interrogantes en torno a ella, aún sin respuesta, me he permitido esbozar mis primeras impresiones sobre la cuestión en la red Eskup de la web de El País, en el foro que se ha desarrollado hoy ante las noticias más recientes acerca del proyecto “Eurovegas”. Las reproduzco a continuación.

* La verdad es que, como madrileño, no me hace ninguna gracia albergar este “mostrenco” en las cercanías de Madrid. No es el tipo de desarrollo que necesitamos. Suena a un gigantesco pelotazo urbanístico, que va a dañar gravemente el ya deteriorado medio ambiente de la Comunidad, y, una vez en marcha, va a consumir grandes cantidades de agua y energía. Los beneficios que genere, si al final funciona como los promotores esperan, se irán en su inmensa mayoría afuera de España; ténganse en cuenta las grandes exenciones y ventajas fiscales que se exigen. Y, en cuanto al empleo que se pueda crear, la cifra que se promete (unos 250.000 puestos de trabajo) me parece exageradísima, un auténtico espejismo. En todo caso, será en su mayoría trabajo de baja cualificación: camareros, limpiadores, vigilantes, etc. Por último, el complejo de ocio puede convertirse en un importantísimo foco de delincuencia a todos los niveles. Decididamente, no me agrada nada este proyecto.

* La cúpula del gobierno pepero madrileño, Esperanza Aguirre, Ignacio González y Percival Manglano, deben estar como locos bebiendo los vientos por el magnate Adelson, que debe representar para ellos el paradigma del éxito económico al más puro estilo yanki-especulativo. Deberíamos empezar a movilizarnos en serio los madrileños para evitar lo que tiene todo el aspecto de ser un desatino de grandes proporciones. No estamos en buenas manos para gestionar este asunto, con muchos aspectos turbios y pocas certezas.

* En caso de realizarse este proyecto, aportaría trabajo temporal, mientras durase la construcción, y luego trabajo precario y de muy baja cualificación, como ya he dicho en otra entrada (en ningún caso los 250.000 empleos que prometen, ni por asomo). Los grandes beneficios se los llevarían el señor Adelson y sus empresas, que además gozarían de grandes ventajas y exenciones fiscales, no aportarían nada a la seguridad social y dispondrían de una especie de “isla” en la que tendrían mano libre para realizar cualquier tipo de negocio, prostitución de lujo, tráfico de drogas, comercio ilegal, etc., etc. Sigo pensando que este tipo de proyectos faraónicos no nos convienen. Deberíamos estar ya escarmentados.

* El futuro de la Comunidad de Madrid, cuyo precario equilibrio podría venirse al traste con la implantación de este megaproyecto, es demasiado serio como para dejarlo en manos de Esperanza Aguirre y sus muchachos, a quienes parece que se les han convertido los ojos en monedas de dólar (como en los dibujos animados), y que deben estar dando saltitos de alegría alrededor de Mr. Adelson. Me remito a todos mis comentarios anteriores, y no me parece ni medio serio tener a pocos kilómetros del centro de Madrid una especie de “paraíso fiscal” en el que estuviesen suspendidas casi todas las leyes nacionales vigentes, incluida la Constitución.

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